domingo, 25 de octubre de 2020

Perspectivas del autismo en la ficción

 

1. Introducción

Trescientas entradas. Ocho años de estar escribiendo. Trescientas reflexiones, opiniones y quejas. Muchas entradas de las que me siento orgulloso, y otras… pudieron ser mejores; entradas con las que me identifico hasta hoy, y entradas que veo y digo, ¿cómo pensaba así en ese momento? Ha sido un largo recorrido, así que para hacer una especie de conmemoración escribiré esta vez sobre un tema que llevaba en el tintero hace meses. Necesitaba antes consultar la principal razón que me motivó a hacer esta entrada, y por fin pude cumplirlo hace poco: ver el anime de Given para hacer un análisis sobre cómo se aborda el trastorno del espectro autista (TEA) en la ficción.


Un poco de exposición antes: Given (estilizado given), de 2019, es la adaptación al anime del manga escrito e ilustrado por Natsuki Kizu, el cual se lleva publicando desde 2013. De demografía josei (mangas enfocados a mujeres adultas), este drama romántico BL (relaciones homoeróticas entre personajes masculinos[1]) sigue la vida de los cuatro miembros de una banda de rock de secundaria, y las relaciones entre sus miembros, con un mayor énfasis en la relación entre Ritsuka Uenoyama, el guitarrista de la banda, un joven con talento para la música pero que había perdido la pasión por componer, y Mafuyu Satō, un chico tímido y peculiar pero con una voz increíble cuya irrupción en la vida de Ritsuka resucita su entusiasmo por la música. La historia es muy interesante y ligera –son 11 episodios de menos de media hora-, y lo es más para mí porque, más allá de algunas interpretaciones que mencionaré más adelante, el personaje de Mafuyu tiene suficientes señales para identificarlo como una persona con TEA, aun si jamás es dicho de forma explícita en la serie.

Llegué a esta obra gracias a un video de la youtuber Marina Golondrina, a quien ya he mencionado más de una vez en el blog, donde se hace una recomendación de mangas/animes con temática LGBTI. En dicho video, Marina destacaba el trabajo de Given al presentar a un personaje "neurodivergente” de forma positiva, alejado de los estereotipos que se suelen manejar en la ficción, y como le comenté en su video, eso me llamó la atención, pues desde mi diagnóstico como autista he estado asimilando todo lo que significa el TEA y cómo ha impactado a través de mi vida, en un proceso por reconocerme y valorar lo que soy y lo que he llegado a ser. Su video me inspiró a abordar por mi cuenta las problemáticas y ejemplos de representación del TEA, y quedé además con el compromiso de presentarle mis reflexiones sobre el tema, así que desde aquí te mando un agradecimiento, Marina, y un abrazo por prender la llama de esta gran idea.

Antes de iniciar, vamos a aclarar algunos puntos:

1) Desde la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM-5, por sus siglas en inglés) en 2013, los diferentes subgrupos de trastornos autistas como el síndrome de Asperger y el trastorno desintegrativo infantil fueron integrados como parte del TEA, reconociendo que los diferentes grados en que se manifiestan los síntomas y condiciones asociados con el autismo varían mucho a nivel individual, por lo cual no se puede interpretar el autismo como una escala de gradientes sino como un continuo. Así que si en ocasiones me refiero a mí mismo o a otro personaje como autista, aspi o persona con TEA, comprenderán que todo hace parte de un mismo concepto global.


2) Inspirado por la definición de los Eternos en The Sandman, obra fantástica del gran Neil Gaiman, como “un punto de vista”, y teniendo en cuenta al TEA como un continuo, dejo en claro que todo lo que mencione sobre cómo me identifico con algún personaje o situación es mi perspectiva personal. De igual manera, así es como voy a referirme a los personajes presentados en este análisis, o mejor dicho a su construcción: como perspectivas. El autismo no define a una persona, así que su condición no hace más que darle un enfoque muy individual en su relación con su ambiente y las personas que lo rodean, así que cada paciente con TEA guarda una perspectiva muy personal de ello, y no pretendo actuar como vocero de todas ellas.

3) Con excepción de Given, sólo tomaré en cuenta las perspectivas que hayan sido explícitamente identificadas como autismo dentro de la obra, así como las que dan suficientes pistas para ser asociadas con ello. No me apoyaré en la narrativa transmedia como las entrevistas a autores o actores, porque creo que una obra de ficción debe poder sostenerse por sí sola, y me parece que en estos casos vale mucho más lo que nos narra o implica dentro de su historia.

4) Con excepción de Plaza Sésamo, tampoco tomaré en cuenta trabajos que estén enfocados en informar al público sobre el autismo, como Habla María o el manga With the Light, los cuales por cierto recomiendo sobre todo para aquellos padres que entienden lo que significa criar a un hijo con TEA. Y podría haber dicho algo sobre La mujer perfecta, una telenovela venezolana donde una de las protagonistas, Micaela (interpretada por la tristemente fallecida Mónica Spear), presenta Asperger, pero como no la he visto ni he encontrado mucha información al respecto no sé qué tan bien representa la condición; entiendo, eso sí, que ayudó a que mucha gente en Venezuela se familiarizara con ella.

5) Atypical es un desastre inconsistente. Ehhh… ¿necesito decir más?

6) Es imposible explicar las perspectivas en ficción sobre el autismo sin entrar en detalles de la trama de diferentes obras, así que alerta de spoilers.

2. El principio de la disyuntiva: ¿por qué es tan difícil representar el TEA?

De toda la parrafada anterior en el primer punto, creo que ya pueden ir comprendiendo la respuesta a esta pregunta. Las personas tienden a formar preconcepciones o estereotipos en torno a determinadas ideas, y eso es fácil de explotar en la ficción: por ejemplo, si un personaje aparentemente ileso tras una pelea empieza a sangrar por la boca, sabemos que recibió una herida mortal aun si no la vemos. Si nos presentan a alguien tosiendo de forma constante, en especial con sangre, reconocemos de inmediato que puede tener tuberculosis o alguna lesión pulmonar grave. En otras palabras, los problemas de salud son bastante propensos a generar una visión preconcebida, debido a que en tiempos con menos avances de salud era muy frecuente ver los estados más desastrosos de una condición médica: no toda la gente que tose de forma constante se va a morir, pero eso no habría sido un buen gancho para empatizar un poco con John Constantine.


El problema con trastornos neurológicos o condiciones del desarrollo psicológico y cognitivo como el TEA es que manejan criterios de diagnóstico bastante complejos, que involucran diferentes síntomas los cuales, como mencioné antes, varían en presencia e intensidad entre pacientes: de ahí que por ejemplo el autismo sea un “trastorno del espectro”. Por ejemplo, en mi casa somos tres hermanos, todos con TEA, pero así como compartimos algunos déficits de comunicación e interacción, diferimos en restricciones a patrones de conducta y sensibilidad a estímulos sensoriales. De modo tal que si por ejemplo tomaran a mi hermana como un ejemplo de TEA para una obra literaria, no nos representaría del todo a mi hermano ni a mí, y por supuesto no representaría tampoco al llamado autismo clásico, donde al menos un tercio de los pacientes no alcanza un desarrollo pleno del lenguaje verbal. Como dice una frase en inglés, “si has conocido a una persona con autismo, has conocido a una persona con autismo”.

Otro problema, por supuesto, es que como muchas condiciones mentales el autismo no era del todo comprendido en las primeras décadas desde su definición clínica, y por lo tanto sus causas y tratamiento han variado a través del tiempo. Sería un poco tonto enojarse con la película Change of Habit por presentar el autismo como un problema causado por la ausencia de calor materno, puesto que salió en 1960, y esa era una hipótesis aceptada en la época: por otro lado, aun cuando Rain Man fue estrenada en el 88, el impacto de la historia de Raymond Babbitt (ya llegaremos a eso) sigue influenciando de forma notable la perspectiva hollywoodense sobre el TEA, para bien y para mal.

Estas dos limitaciones creativas, por llamarlas de alguna forma, son alimentadas sin intención por la amplia visibilidad de casos de alta funcionalidad, como la doctora Temple Grandin o la activista ambiental Greta Thumberg, o los llamados savant (de nuevo, hablaré de eso en un momento); con estos últimos, a menudo se abusa en la ficción de la idea de que las personas con autismo por lo general son bastante talentosos en áreas como matemáticas, ciencias o música (pueden abarcar muchas otras áreas), que acumulan conocimiento enciclopédico de temas restringidos (es usual, pero otras personas pueden manejar muchos conocimientos variados) o que destacan de forma excelsa y nata en un área particular (en realidad, en la mayoría de los casos requiere de tanto esfuerzo y dedicación como el talento de cualquier “neurotípico”). Esta imaginería es la que suele estar fija en la mente de las personas cuando se habla de autismo… si es que lo entienden en primer lugar, porque un último problema es que rara vez se presentan las perspectivas del autismo desde el punto de vista del personaje, y en consecuencia el público no llega a conocer realmente el trastorno.

Pero toda esta explicación general podría quedar un poco dispersa si no aterrizo la información con ejemplos más concretos, ¿cierto? Así que vamos a desgranar algunas perspectivas que, o fueron mal concebidas, o han ayudado a perpetuar los estereotipos del TEA en la ficción. De esta manera podremos distinguir mejor a aquellas que sí lo hicieron bien.

3. El efecto Rain Man-Sheldon: cuando las confusiones se fijan

Por mucho y que duela, Rain Man es quizás el principal culpable de los estereotipos condescendientes y exagerados sobre el TEA en la ficción contemporánea. Hay que admitir que cuando esta película inspirada en la vida del savant Kim Peek (de quien se descubrió tras su muerte que no era autista, sino que más bien padecía de síndrome FG) salió a la luz, era bastante justa para su época, y además ayudó a humanizar a los pacientes con trastornos del desarrollo: consideren que aún hoy en día, cuando alguien habla por ejemplo de un paciente con esquizofrenia, lo define práctica y totalmente por su diagnóstico, no por su persona, lo cual es bastante degradante e injusto. Ahí está el principal mérito de Rain Man, demostrar que las personas “neurodivergentes” también son personas más allá de su condición neurológica, y merecen respeto como cualquier otra, contribuyendo a que la gente mirara con menos lástima a este grupo poblacional.


El problema es que la película terminó codificando en la visión hollywoodense la idea de que el autista es casi siempre un savant peculiar: una persona con una mente brillante, pero que tiene problemas para comunicarse y comportarse a nivel social, siendo que este tipo de casos comprenden apenas una décima parte del espectro autista (las capacidades cognitivas también son muy variadas entre casos de TEA), lo cual frustra tanto a personas dentro del espectro que no pueden cumplir con las expectativas como a los familiares que buscan un pronóstico más optimista, e incluso a empresas comprometidas a una oferta de empleo más inclusiva, pero confundidas por dicha visión romantizada. En otras palabras, Rain Man contribuyó a restringir la interpretación popular de una condición tan amplia y compleja como el espectro autista, al punto que dentro de la comunidad la película es más bien criticada hoy en día, o en el mejor de los casos vista como un producto nada especial.

No es difícil citar películas y series con ejemplos de este estereotipo: están por ejemplo The Cube y Mercury Rising; incluso The Good Doctor, a pesar de muchos aciertos, tiende a exagerar ciertos detalles. Pero quiero centrarme en una reciente que para mí es, de lejos, la peor perspectiva de autismo que he visto en la ficción. Para nadie es un secreto que The Predator es por sí sola una mala secuela que no supo transmitir el violento horror de la franquicia y degradó la figura y motivaciones del cazador extraterrestre. Por alguna razón, la película incluye a varios personajes con condiciones neurológicas, algunos tratados con más respeto que otros, pero quien afecta de forma directa la trama de la película, Rory McKenna (Jacob Tremblay), el hijo autista del protagonista, sale peor librado del guion. Nos muestran que el chico tiene una inteligencia sencillamente imposible, siendo capaz de descifrar un complejo lenguaje extraterrestre y operar su tecnología en cuestión de horas, pero al mismo tiempo entra en crisis de ansiedad con la alarma de incendios de su escuela –de hecho, es lo único que lo identifica como autista en la película-. Eso último no es inusual: lo raro es que después lo vemos en medio de explosiones y tiroteos con automáticas, ¡y nunca reacciona de la misma forma a ese tipo de sonidos! Peor aún, el chico sale a jugar con la máscara y las armas del Depredador, y cuando un abusón lo ataca el armamento se activa y lo estalla. ¡El chico asesinó sin intención a otra persona, y después de eso se va caminando como si nada, nunca lo menciona ni parece acongojarle! ¿De verdad me están diciendo que no fue capaz de procesar lo que había ocurrido? Él sabe que su padre es francotirador del Ejército, y entiende lo que hace en su trabajo. ¿En serio me dicen que Rory no sintió ni siquiera temor o ansiedad ante la situación? ¿Ni siquiera lo aturdió el ruido de la explosión? ¿Necesitaban que la trama avanzada más rápido, o se quedaron con ese otro estereotipo horrible de que las personas con autismo no sienten empatía o afecto?


La cosa se pone más insultante cuando el Depredador evolucionado, de quien nos dicen está colectando ADN de criaturas peligrosas e integrándolas al genoma de su raza, empieza a perseguir al chico, identificándolo como un “verdadero guerrero” (suspiro…), y de repente la doctora Casey Bracket (Olivia Munn) comenta que quiere a Rory porque su autismo es “el siguiente paso de la evolución”. Dejando de lado que la evolución no tiene un punto fijo de camino (y se supone que es bióloga evolutiva…), una condición que genera dificultades a nivel de comunicación e interacción social en una especie primate muy social, donde un buen número de variaciones individuales pueden requerir asistencia permanente, no parece ofrecer mucha ventaja adaptativa. No sé, si me hubieran dicho que lo buscaba por su alta inteligencia sería más creíble, pero la forma en que presentan el autismo del chico como una especie de súperpoder que una raza de cazadores espaciales desea es tan condescendiente que llega a ser irrespetuoso. Autistas o no, háganse un favor y no vean esta porquería. Es más preciso el comentario sobre el autismo en Mercury Rising (“Autismo… ¿significa que no capta nada?” “No. Significa que capta todo.”) que toda esta cosa.

Otro tanto pasa con un personaje que no es autista (según sus creadores), pero al que mucha gente asume como tal y por lo tanto terminan malinterpretando sus acciones y a las personas en el mundo real: Sheldon Cooper. Seré franco: las primeras tres temporadas de The Big Bang Theory me gustan mucho. El problema es que cuando tienes a un quinteto de personajes con características fijas que son amigos en buena parte por ellas, alargar tanto la serie compromete su desarrollo porque se hace difícil hacerlos evolucionar y buscar excusas para mantenerlos juntos al mismo tiempo, así que o los desarrollas poco o las historias se van al carajo. Y aunque los personajes sí fueron desarrollándose más de lo esperado para una comedia, las historias poco a poco se fueron al carajo, a pesar de que aún se podían ver episodios graciosos o entrañables (y admito que me gustaba mucho el toque de horror que aportaba Emily Sweeney).

Pero íbamos con Sheldon. Para ser un personaje que supuestamente no fue concebido como autista (según el co-creador de la serie, Bill Prady), fue construido con tantos déficits de interacción y comunicación, tantos patrones y conductas ritualizadas, y con una adherencia tan inflexible a ellos que entra en crisis y pataletas si proponen siquiera salir de ellas, que para muchos espectadores es imposible verlo de otra forma: de hecho, es imposible que me presentes un esquema conductual tan complejo y me digas que no tiene ninguna condición neurológica, porque por más que sea una comedia, eso no es posible bajo ninguna circunstancia. Y ahí está el problema, porque una cosa es la conducta y otra la personalidad. Sheldon es arrogante, grosero, perfeccionista, infantil y controlador; se cree superior a las demás personas, y es patológicamente incapaz de reconocer sus errores. La confusión que genera en los espectadores es nefasta, porque a Sheldon en la serie se le da luz verde a una cantidad de comportamientos y actitudes que a un autista de la vida real jamás se le permitirían -es un problema similar con el personaje del Dr. House y el relato de cómo decidió hacerse doctor-, de modo que no hay un buen balance entre la comedia y la realidad.


Sí, Sheldon se vuelve más “flexible” a través de las temporadas, pero muchos ejemplos son más bien concesiones menores dentro de sus propios límites que los otros aceptan con resignación, incluso su pareja, así que lo siento por sus fanáticos pero en síntesis, si bien no lo odio, me parece que termina siendo un personaje desastroso en ese sentido. A una persona con TEA se le debe hacer saber de forma respetuosa cuando está cometiendo un error o alguna imprudencia, porque al no reconocer ciertas señales sociales a veces no nos damos cuenta de que estamos haciendo algo incorrecto. A nadie en la vida real se le debe permitir ser como Sheldon: eso es tóxico para la misma persona y aquellos que lo rodean. Por eso no lo incluyo en las perspectivas de personajes “ambiguos” que mencionaré más adelante: sea que los creadores tuvieran en mente o no el síndrome de Asperger cuando construyeron su personaje, y al margen de la comedia que proporciona, me parece una muy mala perspectiva que confunde y perpetúa estereotipos torpes. Los trastornos de desarrollo neurológico no son excusas para portarte como un imbécil.

Y ya que menciono esto último, no puedo pasar por alto el terrible episodio de South Park Ass Burgers (que por alguna razón, en Latinoamérica tradujeron como “Anoburger” y lo doblaron así incluso cuando se referían al Asperger). Después de un episodio excesivamente dramático (Te haces viejo) que parecía amenazar con un cambio, Ass Burgers abre con Stan siendo diagnosticado con Asperger por causa de una vacuna (se supone que eso fue una crítica a los antivacunas), y al ir a un grupo de terapia de personas con el síndrome, resulta que en realidad todos están fingiendo, y el grupo es una tapadera para unos cínicos que dicen que el Asperger no existe y literalmente creen que el mundo se ha convertido en mierda, y sólo ellos son capaces de verlo… lo cual parece dar la impresión de que son gente que usa el diagnóstico de Asperger como excusa para hacer y decir pendejadas, y se antoja bastante similar a cuando Parker y Stone decían que “El Hombre-Oso-Cerdo” (ejem, cambio climático) no existía y Al Gore se lo inventaba todo, generando implicaciones decepcionantes sobre el propósito final de la broma en Ass Burgers.


Un último recurso menos recurrente con respecto al TEA son las perspectivas “mágicas”, esas donde el personaje autista milagrosamente se “cura” de su condición. Esta visión suele ser aplicada con perspectivas de autismo más clásico, que suelen tener un matiz mucho más negativo de lo que representa el trastorno del personaje para sus seres queridos, al ser una tragedia inmediata en lugar de una condición con la que se puede vivir, así que la “cura” es una forma melosa y grosera de otorgar un “final feliz”. Casos como House of Cards (una película de 1993 que no tiene nada que ver con la serie), Molly (un filme muy poco conocido protagonizado por Elizabeth Shue) y la serie Eureka son un ejemplo de esto. Siendo claros, es cierto que con terapia y acompañamiento, una persona con TEA puede ajustarse mejor a las conductas sociales, captar la comunicación no verbal y flexibilizar algunas conductas repetitivas o patrones fijos, entre otras cosas, y yo he dicho que no puedo reprochar a quien busque las causas genéticas del autismo en pos de desarrollar algún tipo de “terapia genética” a futuro, pero por más que Butch Hartman diga lo contrario el autismo no tiene cura. Es un trastorno, no una enfermedad.

4. Entre Rangers y Muppets

Habiendo dejado claro los errores que aún se suelen cometer a la hora de representar las perspectivas del autismo, hay que empezar a escarbar en busca de visiones más realistas y precisas. ¿Existen? Sí, y de hecho hay bastantes, en especial en las décadas recientes, ya que tanto la mayor comprensión médica sobre el TEA como la mayor conciencia popular al respecto permiten que los autores aborden mejor esta condición, presentando personajes más balanceados con los que el público se pueda relacionar.

Un ejemplo lo tenemos en Billy Cranston, el Ranger Azul de la película de Power Rangers de 2017. A pesar de que el filme tuvo muchos problemas en el guion, particularmente en el balance drama/acción, hace un buen trabajo al darle una profundidad a cada uno de los protagonistas, alejándose de la simplicidad de los personajes de Saban Entertainment: cada uno de ellos tiene sus conflictos y problemas personales, y como explica Axl Kss en su análisis, el hecho de que cada Ranger pueda empatizar con las experiencias de los otros los hace vincularse mejor como equipo. En el caso de Billy, su lado nerd y sus habilidades de genio presentes en la serie original son complementados en cierta forma por su autismo, el cual es expuesto de forma sencilla y precisa: puede verse abrumado en situaciones de ansiedad, no le gusta el contacto físico con extraños, no comprende los sarcasmos ni dobles sentidos, tiene un orden lógico para sus objetos personales, y no reconoce fácilmente cuando debe hacer silencio o no pensar en voz alta; hablar de más tal vez sería la única exageración de su personaje, pero tampoco llega a ser inesperado en una persona con TEA. El mismo Billy está consciente de cómo ello le dificulta socializar con las personas, y ese es su conflicto personal, pero una vez que empatiza con los miembros de su equipo (y esto es importante destacarlo) es quien más se esfuerza en mantenerlos juntos una vez que los problemas empiezan a surgir.


Ah, sí: y que haga “el meneaíto” con el Megazord al final de la película no es contradictorio con su condición. Que a un autista se le dificulte reconocer ciertos tipos de humor no significa que no sepamos hacer humor: lo que pasa es que a menudo son cosas que sólo son graciosas para nosotros mismos o quienes nos conocen bien.

Otra perspectiva más balanceada, sin ser 100% precisa, es el personaje que da su nombre a la película Adam, una comedia romántica de 2009. Adam (Hugh Dancy) es un ingeniero electrónico apasionado por la astronomía y la exploración espacial, pero está lidiando con el reciente fallecimiento de su padre, la pérdida de su trabajo y una maestra de escuela, Beth (Rose Byrne) que se acaba de mudar encima de su piso y la cual por alguna razón se empieza a interesar en él. El director, Max Mayer, quería narrar una historia sobre el Asperger, y ciertamente le da un enfoque descarnado: Adam es una persona de rutinas estrictas, no reconoce las bromas ni los sarcasmos, es incapaz de decir mentiras, tiende a ser demasiado honesto para su propio bien, le gusta enfocarse en su pasión. Por desgracia, también le cuesta manifestar sus sentimientos y emociones, y eso le hace difícil establecer relaciones. Hay que destacar que Dancy consultó a diferentes personas con Asperger para que le contaran sus experiencias y así aprender mejor sobre sus dificultades, a fin de hacer un papel más sólido. Quedan detalles no siempre consistentes sobre el guion, pero Adam es una película tristemente realista y agridulce sobre los problemas que tienen algunas personas con autismo para conectar con otras personas, y cómo son vistos por los demás, una discusión que merece darse lejos de la idealización que suele darse sobre el tema.


Y una serie de televisión que vale la pena mencionar es Everything’s Gonna Be Ok, una comedia de este mismo año donde un joven llamado Nicholas (Josh Thomas, quien es creador de la serie) se entera que su padre está gravemente enfermo y ahora le corresponde a él la custodia de sus dos hermanas paternas, las adolescentes Genevieve (Maeve Press) y Matilda. Esta última, de 17 años, es autista, y es una de las mejores perspectivas que ha ofrecido la ficción, pues está alejada por completo de estereotipos y aborda debates interesantes (ayuda que Kayla Cromer, la actriz que la interpreta, sea autista en la vida real). Matilda prácticamente no reconoce los sarcasmos y las mentiras, es toscamente honesta, dice lo que piensa sin matizar los temas, puede tener ataques de ansiedad y pánico un tanto infantiles, y le incomoda el contacto físico con extraños. Al mismo tiempo ella está consciente de su condición, y aunque desearía ser más “típica”, sintiéndose a veces como una carga para su familia, ha aprendido a darse cuenta cuando hace las cosas mal. A través del personaje, la serie incluso se atrevió a abrir un debate sobre la exploración de la sexualidad y el consentimiento en personas con condiciones neurológicas sin predicar una respuesta final, algo bastante osado teniendo en cuenta que en muchas ocasiones se nos “desexualiza” en la ficción (te estoy mirando a ti, Temporada 1 de Atypical). Cromer especificó que las decisiones de Matilda en el Episodio 6 no fueron las correctas por estar ebria, no porque no pueda consentir el sexo debido a su autismo, y esa es una conversación que a menudo se esquiva, y seguro es muy difícil para un padre.


Finalmente, un ejemplo más cercano para los niños pequeños y sus padres se encontró hace unos años en Plaza Sésamo o mejor dicho, Sesame Street. En 2017, el programa presentó a Julia, una Muppet de cuatro años con autismo, como parte de una iniciativa de concienciación sobre el autismo: para crear al personaje, se consultó con expertos, entre ellos la activista Julia Bascom, de Autistic Self Advocacy Network (ASAN), y la titiritera detrás de Julia fue Stacey Gordon, cuyo hijo tiene autismo. Julia no habla mucho, tiende a agitar los brazos cuando se emociona, repite las últimas palabras que dice (ecolalia), lleva un conejo de peluche como objeto de confort, detesta los ruidos fuertes y ser tocada de repente, pero en general es una niña tranquila y muy amistosa. Por desgracia el año pasado hubo un conflicto entre la ASAN y Sesame Workshop, la organización detrás de la serie, porque si bien Julia fue desarrollada con cuidado, el material promocional que se estaba usando fue creado con apoyo de Autism Speaks, una controversial organización que, entre otras cosas, promueve la visión del autismo como una enfermedad y alguna vez apoyó la ya desacreditada hipótesis de las vacunas. Como resultado, la ASAN cortó sus vínculos con Sesame Street por perpetuar estigmas sociales, pero parece que eso no afectó la presencia de Julia en la serie, y esperemos que los productores mantengan su caracterización.


5. Por qué Mafuyu Satō funciona

Una vez presentadas perspectivas más positivas y realistas del TEA, puedo detenerme a hablar del personaje que inspiró a que esta fuera la entrada 300 del blog, Mafuyu Satō. Para empezar debo destacar el anime de Given: los personajes interactúan bien, hay momentos de comedia, escenas serias que tocan el corazón y el romance lleva buen ritmo. Reconozco que nunca había visto una serie de estilo BL, pero la verdad pude conectar bien con la historia, y buena parte de ello fue gracias a la perspectiva que ofrece con Mafuyu, que a mi parecer es una bastante sólida de lo que implica compartir rasgos del TEA.


A Mafuyu nos lo presentan en el primer episodio sentado en las escaleras donde Ritsuka se disponía a descansar, y de inmediato notamos que hay algo inusual con él: se toma mucho tiempo en responder, divaga con la mirada durante las conversaciones, no es muy expresivo pero se emociona demasiado por cosas que no son tan extraordinarias y tiene un apego profundo a una guitarra que ni siquiera sabe tocar. Ritsuka queda especialmente intrigado con esto último, y decide enseñarle a usar ese instrumento, así que las cosas avanzan y termina presentándolo a los miembros de su banda; más adelante en la serie descubrimos además que tiene una voz increíble para el canto.

Los rasgos que vemos son de hecho bastante usuales entre personas con TEA, y no es porque no te estén prestando atención: es porque te prestan demasiada atención, por decirlo que alguna forma. Hay una mayor sensibilidad a estímulos visuales o auditivos, y por eso es muy frecuente evitar el contacto visual o dirigir la mirada a otro sitio, en especial si están nerviosos. De manera similar, cuando esos estímulos sobrepasan un umbral de tolerancia se hace necesaria una vía de escape o algo que filtre la información que va llegando, sea divagar en pensamientos sobre cosas aleatorias o recuerdos de obras de ficción, llevar un artículo personal para entrar a una zona de confort o buscar algún objeto que ayude a limitar los estímulos. Por ejemplo, en mi caso uso audífonos cuando trabajo con muestras en el laboratorio, a pesar de que no es muy seguro en caso de emergencias, no sólo porque adoro escuchar música sino porque el silencio se hace ensordecedor: empiezo a prestar atención al sonido de la nevera de muestras, al aire acondicionado, a cuchicheos en oficinas cercanas, y eso es muy molesto. De modo que cuando parece que Mafuyu se desconecta por momentos es más bien una señal de que está evitando sobrecargarse.


La banda decide proponerle a Satō que sea su vocalista, pero él no se siente preparado para presentarse frente a un público, y es aquí donde conocemos mejor sus conflictos personales. Nos enteramos que la guitarra que lo acompaña a todas partes es un recuerdo de su novio y amigo de la infancia, Yuki, quien se quitó la vida tras una discusión. Esta tragedia claramente impactó a Mafuyu, pero la serie nos deja claro que no sólo siente algo de responsabilidad, sino que además le duele el no poder expresar su dolor como la gente esperaría que debe hacerlo. Él se siente culpable por no poder –según él- mostrar sus emociones como la gente normal, y debo decir que eso es algo que yo comprendo muy bien, porque sé lo que significa que la gente confunda tus expresiones o la falta de algunas como algo diferente. Es por ello que Mafuyu no se cree capaz de cantar frente a un público: no siente que pueda transmitirle lo que siente por dentro con la música. Y esto da lugar a un momento que me encantó, y que de hecho conversé con mi psicóloga hace poco durante la terapia, que es cuando Ritsuka lo enfrenta para que deje de menospreciarse a sí mismo. ¿Cómo puede decir que no es capaz de transmitir sus emociones, si fue invitado por Ritsuka a unirse a la banda gracias a que tan solo su voz llegó a conmoverlo? ¿Cómo puede afirmar que no logra expresar bien lo que siente cuando el mismo Ritsuka lo está viendo ahí, de pie frente a él, con una cara de obvio dolor, de tristeza?


Hay cierto debate en torno al peso de la tragedia de Yuki en el comportamiento de Mafuyu. Hay quienes dicen que no es que tenga rasgos autistas, sino que el perder a su novio y compañero lo hizo reprimir sus emociones. Y aquí yo tengo que decir que la misma serie se encarga de mostrar que no es así. Los flashbacks de infancia nos muestran a un Mafuyu que, cuando niño, ya era menos expresivo de lo usual para un niño de su edad, y además lo vemos ordenando sus trenes de juguete de forma muy específica, un rasgo clásico en muchos niños con autismo; también sigue muy bien órdenes metódicas, como cuando enciende el amplificador por primera vez sin un solo error; e incluso algo tan pequeño como no tomar gaseosas sugiere que le incomodan las bebidas carbonatadas (recuerden, sensibilidad a estímulos sensoriales). La chica que lo conocía de una escuela anterior resalta también que incluso cuando salía con Yuki era más bien introvertido y de pocas palabras, y sus inusuales expresiones de emoción ante cosas pequeñas como afinar o cambiar las cuerdas de una guitarra no son tampoco de alguien reprimido por trauma. Lo que vemos en Mafuyu al respecto es depresión y culpa, como mencioné antes: culpa por sentir que tiene cierta responsabilidad en la muerte de Yuki, y culpa por no poder expresar su dolor como se supone es lo normal para el resto de personas. Es por esto que no ha podido procesar el duelo de forma natural; su encuentro con Ritsuka y su inclusión en la banda le permiten por fin encontrar una vía de expresar todo ese dolor, empezar a aceptar la pérdida de Yuki y reconocer que puede seguir adelante con su vida.


Given también nos da algunos atisbos sobre la infancia de Mafuyu, que si bien no son profundizadas sí que tienen un peso importante en la forma que se percibe a sí mismo en el presente. Nos dicen que su madre tiene que viajar por trabajo, y es evidente que su padre es abusivo con él, al punto que cuando conoce a Yuki no le responde en un inicio porque su padre le dijo que no hablara con nadie. Aun si Mafuyu no tiene un diagnóstico acerca de lo que tiene, se implica que desde pequeño reconoce que es diferente, y es implicado que no ha sido una retroalimentación positiva. Como todos sabemos, la infancia es un período fundamental en el desarrollo emocional y de la personalidad, y en el caso de las personas con autismo es fundamental fortalecer su autoestima, hacerles sentir que son capaces de hacer las cosas, porque de lo contrario se formarán una imagen limitada de su propio ser y eso acentuará sus dificultades ya presentes en interacción social, tal como ocurre con Mafuyu en la serie.

Lo positivo que ofrece Mafuyu como perspectiva es que permite diseccionar el estigma de que las personas autistas no sentimos empatía o no podemos formar relaciones afectivas, y lo hace a través de un tema delicado como es el suicidio de una pareja. Como con todo grupo humano, un autista puede desear tener pareja, puede sentir deseos sexuales, o puede que simplemente no le interese nada de ello; puede ser afectado por perder a un familiar, un amigo, o incluso una mascota muy querida. Ninguna de esas emociones está ausente en la comunidad del TEA. La diferencia es que a nosotros nos cuesta mucho más expresar nuestros sentimientos y emociones, tanto de forma verbal como no verbal, pero eso no significa que no podamos sentirlas como el común denominador.


Mafuyu encarna bien esa lucha: no tiene que recurrir a estereotipos marcados, ni es demasiado específico en sus rasgos como para excluir a otras personas dentro del espectro. Sólo nos presenta lo duro que es vivir el día a día lejos de las expectativas de interacción social. Es por eso que la historia de Given me llegó tanto: porque puedo llegar a empatizar profundamente con el conflicto interno de Mafuyu y su recorrido para procesar el duelo y construir la confianza en sí mismo, hacer las paces con su propia condición. Independiente de tu orientación sexual o tu condición neurológica, esta es una historia de superación que vale la pena tener en cuenta, y es por ello que la perspectiva que ofrece Mafuyu del TEA es una de sus mejores cualidades.


6. Incertidumbres bien ejecutadas

Quizás les parezca curioso que destaque tanto a Mafuyu como un personaje con TEA, puesto que a pesar de que tenga tantos rasgos del espectro y sea un ejemplo de cómo ciertos estereotipos pueden ser dañinos, la serie jamás dice de forma explícita que lo sea. Y esto me sirve para abordar un último tema: que a menudo han sido personajes con condiciones neurológicas no especificadas los que terminan representando mejor una perspectiva del autismo. Esto pasa en primer lugar porque, al no dar un diagnóstico explícito, los autores tienen más libertad creativa para desarrollar los aspectos conductuales de los personajes sin verse restringidos por la visión estereotípica del TEA en la ficción.

Por otro lado, como estos personajes son escritos de forma tal que su condición innombrada no es necesariamente la fuerza conductora de su desarrollo, se pueden presentar los rasgos de forma más o menos sutil, sin un diagnóstico explícito pero con la evidencia necesaria para que el público pueda reconocerlos sin deshumanizar a los personajes que los manifiestan. Es justo lo que ocurre con Mafuyu, y de ahí que el debate de hasta dónde influye su pasado y su tragedia en su comportamiento es uno que se puede esperar con este tipo de perspectivas. Y es algo bienvenido, por supuesto.

Tomemos el caso de Newt Scamander, el protagonista de Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Interpretado por el talentoso Eddie Redmayne, en cuanto vemos a este magizoólogo en pantalla nos damos cuenta que es peculiar: evita el contacto visual, es más bien tímido, demasiado franco al hablar (como cuando le dice a Jacob que podría romperse el cráneo, o cuando encuentra ridículas las leyes de la MACUSA con respecto a los nomaj frente a una funcionaria de la MACUSA), no sabe mentir muy bien y manifiesta un interés muy profundo en un tema específico (en este caso, las criaturas mágicas), al punto que junto a ellas prácticamente parece otra persona; pero es un tipo muy leal y honesto, y en el fondo quiere hacer amigos como cualquier otro ser humano.  Es claro que su condición particular lo hace empatizar mejor con las criaturas mágicas, dado que sabe lo que significa ser diferente y malinterpretado por la ignorancia de los demás, vivir en tensión ante las cosas que lo rodean, y no necesita complicarse con muchas palabras para comunicarse con ellas. De paso, evitar la mirada fija le viene de perlas para relacionarse con las criaturas sin incomodarlas (muchos mamíferos interpretan las miradas fijas como una señal de conflicto; de ahí que los zoológicos tengan en ocasiones esta advertencia). Básicamente, Newt es como una Temple Grandin, pero con magia.


Un ejemplo más clásico y que quizás se pasa un poco por alto es Léon, el protagonista de la película homónima de Luc Besson de 1994, que aquí en Latinoamérica conocemos como El perfecto asesino. Léon (Jean Reno) trabaja como “limpiador”, un asesino profesional a sueldo, pero cuando lo vemos fuera de su labor encontramos a una persona más bien inusual que sigue una rutina diaria muy estricta, únicamente bebe leche, no es de hablar mucho ni muy complicado, tiene una fascinación casi infantil por las películas clásicas, cuida con dedicación una planta, y ni siquiera está a cargo de su propio dinero (aunque esto último es más bien causa de una pobre educación que de su condición, ya que es iletrado). Sin embargo, en cuanto lo vemos en abrigo, gorro y lentes oscuros, es determinado y preciso, un profesional consumado en su oficio criminal, al punto que es llamado “el mejor asesino de la ciudad”. La película nos permite profundizar más en su lado humano cuando acoge y entrena a Mathilda (Natalie Portman en su primer papel), pero hace todo lo posible para que ella se aleje de la vida que él eligió llevar; que evite recorrer el camino de la venganza y busque rehacer su futuro.


Un caso femenino muy popular de estas perspectivas es Temperance Brennan (Emily Deschanel), la popular Huesos de Bones. Hay que destacar que Hart Hanson, el creador de la serie, sí caracterizó a Brennan basada en una amistad aspi, pero como temían que una etiqueta afectara la audiencia en Fox, decidió no hacer explícito un diagnóstico. Sin embargo es más que evidente la forma en que se manifesta: Huesos es extremadamente lógica y racional, y en su trabajo como antropóloga forense es analítica y detallada, pero carece de buenas aptitudes sociales, le cuesta expresar sus emociones e ideas, y en las primeras temporadas le costaba muchísimo más reconocer bromas sarcásticas y tendía a ser un poco insensible al comunicarse con otros. Es a través de su interacción con el agente Booth, una persona más franca y extrovertida que no tiene problemas en abordar otros enfoques en los casos y señalarle su ocasional falta de tacto, que empieza a ser más flexible en su pensamiento y expresarse de forma más abierta y empática con otras personas. No es que Brennan no pudiera relacionarse de forma exitosa con otras personas -ahí tenemos a su equipo de laboratorio- pero, como yo mismo puedo confirmar, a veces salir de nuestra zona de confort de forma controlada, pero directa, puede ayudar mucho a un autista a madurar su forma de interactuar con los demás, y ese es un ejemplo que Bones supo transmitir.


Del lado del anime también tenemos otros ejemplos de estas perspectivas ambiguas, además de Mafuyu Satō. Por ejemplo está Ranpo Edogawa, de Bungō Stray Dogs, que en cierta forma es lo que Sheldon Cooper debió haber sido si no hubieran acentuado tanto los rasgos más desagradables de su personalidad por el bien de la comedia. Miembro de la Agencia de Detectives, Ranpo tiene unas capacidades intelectuales y deductivas fenomenales, pero es sorprendentemente infantil; es arrogante (pero nunca al extremo de Sheldon), aunque ni siquiera sabe cómo tomar un bus u orientarse en lo más mínimo (les aseguro que esto sí puede pasar en algunos casos de TEA); y es difícil hacerlo trabajar en cosas que no son de su interés inmediato. Llega a tener un enfoque más humano cuando nos enteramos que cuando era más joven su capacidad deductiva y su incomprensión de las normas sociales lo hicieron alienarse de la gente, hasta que Fukuzawa, el presidente de la Agencia, lo acogió y le convenció que sus facultades analíticas eran una habilidad sobrenatural. Su “Ultra Deducción” es, pues, un mecanismo de afrontamiento que le permite integrarse de forma más fluida a la sociedad, y a pesar de ser perezoso y pedante guarda mucha lealtad a sus compañeros de la Agencia.


Finalmente tendríamos a Agito Kanō, de Kengan Ashura. Esta es una asociación más arriesgada, dado que algunos datos menores (pero interesantes) vienen de omakes, es difícil separar algunos rasgos del horrible trauma que sufrió, y otros rasgos de su personalidad parecen más esquizoides, aunque vale la pena señalar que hay otras condiciones mentales que presentan comorbilidad con el TEA (es decir, una o más condiciones se manifiestan al mismo tiempo que la condición principal). El Colmillo de Metsudo tuvo que sobrevivir luchando con toda ferocidad posible a un enfermizo ritual Gu[2] efectuado con seres humanos, siendo casi un niño, y aunque Metsudo Katahara logró rescatarlo y rehabilitarlo, las consecuencias de esa experiencia brutal siguen presentes en su psique, manifestadas a través de su sed de combate durante una pelea Kengan y su mecanismo de disociación: el cambio de pronombres entre el neutro y educado watashi al brusco y más masculino ore, como lo que ocurría con Kenshin Himura en Rurouni Kenshin/Samurái X[3].


Fuera de ellas, sin embargo, aunque es muy funcional e incluso culto sigue teniendo ciertas peculiaridades: es de pocas palabras, tiene poca expresividad facial o sus expresiones son excesivas en ciertas situaciones, y es un tanto ingenuo y literal en su comprensión de frases; no obstante es bastante amable incluso con los luchadores que ha enfrentado previamente, y guarda un inmenso respeto y lealtad a Metsudo por haberlo rescatado y educado. Por otro lado sólo bebe licores mezclados porque no soporta las bebidas carbonatadas; prefiere los baños muy calientes; y si bien el traje completo que usa al combatir sugiere que su piel es frágil, también implica un filtro sensorial. Por supuesto no hay que olvidar que su principal enfoque y visión del mundo es a través del combate, y su estilo “Sin Forma”, que le permite adaptarse y “evolucionar” en las peleas, es más bien una combinación de los cientos de movimientos de lucha que ha visto y aprendido en todos los combates a lo largo de su vida y un análisis selectivo casi instintivo para escoger la mejor acción al contrarrestar un ataque; de hecho su combate con Gaolang Wongsawat, uno de los mejores del manga, muestra que dicho estilo puede llegar a ser hiperreflexivo, lo que limita su efectividad contra oponentes con un estilo de pelea más simple, a semejanza del dilema del ciempiés. Cuando lo vemos de vuelta en Omega es mucho más amigable y expresivo, e incluso hace bromas a costa de otros, lo cual tiene sentido tras haber tenido más tiempo para recorrer el mundo e interactuar con otras personas. Después de todo, en especial para una persona con rasgos del TEA, pasar la mitad de tu vida rodeado de hombres a dieta de proteína y entrenando para ser guardaespaldas y luchadores no te da las mejores facultades sociales.

7. Conclusiones

No imaginé que esta sería una entrada tan extensa, pero la verdad me apasioné mucho con este tema. Muchas de estas historias y perspectivas son experiencias que he disfrutado observar, y era justo y necesario que tuvieran un espacio en este blog. Con ello, espero haberle dado a conocer a otras personas, sean autistas o no, aquellas que fueron mejor desarrolladas y expuestas: así pueden dejar de creer que sólo existen Raymond Babbitt y Sheldon Cooper, y los que tengan interés en consultar o desarrollar historias con personajes que presenten condiciones neurológicas evitarán recurrir a estereotipos y confusiones que cada vez se están dejando más en el pasado.

Espero también que hayan comprendido que vale la pena ser más flexibles con lo que esperamos ver en una perspectiva ficticia. Es conceptual y estadísticamente imposible crear una perspectiva del autismo que abarque todas las características de diagnóstico del TEA; lo que sí se puede esperar es que se apliquen los criterios de forma balanceada, de modo que una representación pueda ser un enfoque más realista y humano que los espectadores puedan reconocer incluso sin ser explícito, y que al mismo tiempo sepan apreciar al personaje como algo más allá de su condición.

Sin duda, como conmemoración esta entrada es a mi parecer la mejor que pude haber escrito. No me queda más que agradecer a los lectores que hayan llegado hasta el final de este exteeenso análisis, y que puedan acompañarme a futuro en otras reflexiones que vengan en el blog. Muchas gracias a todos.

Notas

[1]Uso el término BL para evitar confusiones con lo que se suele entender por yaoi, la pornografía homosexual masculina. Given es una serie romántica, no pornográfica, así que es importante hacer esa distinción.

[2]En las tradiciones del sur de China, el gu era una toxina utilizada en la magia negra, la cual se fabricaba típicamente encerrando decenas de animales venenosos (ciempiés, serpientes, escorpiones, etc.) dentro de un recipiente cerrado y esperar a que se devoraran entre sí hasta que quedara un último sobreviviente, del cual se extraía el veneno que supuestamente concentraba las toxinas de las criaturas devoradas.

[3]En el manga Rurouni Kenshin, el protagonista usa consigo mismo de forma cotidiana el pronombre sessha, un término arcaico usado por los samurái que podría traducirse como “este humilde servidor”, pero cuando entra en verdadera furia usa el ore, lo cual significa que ha vuelto a ser Battousai el Destajador. Como suele ocurrir, este tipo de sutilezas lingüísticas son difíciles de traducir en otros idiomas, por lo cual suelen desconocerse.

4 comentarios:

  1. Hola! Estaba buscando alguna entrevista o algo que confirmara que Mafuyu del anime Given es parte del TEA pero se me ha hecho difícil. Al ser yo una persona con TEA me sentí muy identificada con él (no completamente porque por supuesto podemos tener características distintas como parecidas). Quería agradecerte por escribir esta publicación, es muy bonita y acertada. Me gusta tu blog, sigue escribiendo!! :))

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    1. ¡Hola! Muchas gracias por el apoyo. Fue una entrada a la que dediqué mucho esfuerzo y cariño.

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  2. De hecho he estado investigando mucho sobre el autismo, por que he empezado a sospechar sobre mi misma. De pequeña siempre fui literal (incluso hoy en día me cuesta y debo repetir el chiste varias veces), el como siempre debo salir con una cartera de medio lado o me pongo nerviosa, no poder ir al baño cómodamente si las baldosas no son simétricas, salado debe ser caliente, dulce frio. Cuando me hablan tengo que tener el celular en mi mano para no mirar a la cara con quien hablo (ni siquiera estoy revisando nada, solo estoy sobre estimulada).

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    1. Pues, por lo que me describes, creo que sería importante acudir con un profesional del tema. Saludos, y mucho apoyo.

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