martes, 23 de agosto de 2016

Carta a la madre cristiana soltera

Hola, querida madre. Sabes que puedes ser católica, pentecostal, bautista o de cualquier denominación protestante: en cuanto creas en Jesús de Nazaret como Hijo de Dios y el Mesías, eres invariablemente una cristiana. Eso es lo de menos. Te escribo estas palabras porque he visto tu actividad y la de muchas personas con tus mismos ideales y creencias en las redes sociales en las últimas semanas. Estoy muy seguro que marchaste hace unos días intentando defender “el diseño original de la familia”. Bien, déjame compartirte algunos detalles para que comprendas por qué tus acciones resultan siendo negativas y perjudiciales para ti y para nuestra sociedad.



Empecemos por lo básico: tú tienes todo el derecho y libertad de tener las ideas y creencias que prefieras. El problema es que esas son creencias personales, basadas en un libro antiguo al que tú y otras personas han decidido darle la categoría de sagrado y verdad absoluta. Pero estos son simplemente asuntos de fe, no hechos comprobados. Por lo tanto, como verdades subjetivas, las reglas bíblicas pierden fuerza frente a los hechos científicos.

Y los hechos científicos son claros: el Universo no requiere del diseño de un ser superior para existir, y está comprobado que las especies actuales son parte de procesos de selección natural y evolución. Claro, eso no es necesariamente una prueba de que no exista algún dios, pero sí de que no se requiere para que todo exista. Y por supuesto, también está comprobado que la homosexualidad está presente en más de 1500 especies animales; se trata de un comportamiento no tan inusual, y ciertamente no es antinatural ni anormal como te has conminado a creer. Por ello, muchos nos sentimos plenamente facultados a cuestionar y refutar cualquier hecho supuestamente afirmado por Dios en la Biblia, por mucho que a ti eso te parezca blasfemo. En general, te darás cuenta que no cristianos, no creyentes y homosexuales tienen derecho a tener las mismas condiciones y libertades constitucionales que tú.

Por desgracia, son minorías sociales que históricamente han sido oprimidas y menospreciadas por las leyes de estilo confesional que impregnaban nuestra anterior Constitución, y aunque ya 25 años han pasado desde que creamos una Constitución más igualitaria y pluralista, aún hay muchas lagunas en el cumplimiento de dicha igualdad, especialmente porque desde los hogares y las escuelas, los lugares más importantes para la formación infantil, seguimos enseñándoles que estas personas son pecadoras y anormales. No podemos decirte que no eduques a tus hijos en tu casa con tus creencias religiosas, pero sí podemos exigir que en las escuelas se reduzca a la nada cualquier tipo de discriminación. Y para eso es importante enseñar en las escuelas que hay diversidad de raza, credo, condición social, orientación sexual e identidad de género. A diferencia de lo que te han hecho creer muchos líderes y políticos farsantes en Internet, esto no es imponer ninguna ideología de género: es simplemente garantizar que los estudiantes comprendan que estas diferencias no son motivo para discriminar, por más que sus creencias personales los llamen a ello.

Y no me digas que no estar de acuerdo con las “ideas” de una persona (como si ser homosexual o transexual fuera algo que se decide) no es discriminación, ni que es una opinión como ser hincha de un equipo de fútbol, porque no es lo mismo. Eso sería válido si no estuvieras defendiendo tan activamente que estas personas no deben tener derecho a casarse, ni a adoptar niños. Como ciudadanos de derecho, ellos deben estar sujetos a las mismas condiciones, derechos y responsabilidades que tú. Y esto último es algo que debes entender plenamente: por su carácter laico, el Estado no puede promulgar leyes que reduzcan los derechos y condiciones de una minoría social, y mucho menos basadas en argumentos religiosos porque, como ya te dije, estas son creencias personales de carácter subjetivo, y tu visión religiosa no es la única que existe. Muchas personas no creen en la imagen cristiana de Dios; muchos ni siquiera consideran que la existencia de un dios sea necesario o relevante para ser una buena persona, como es mi caso. Y como ningún dios ha bajado en los últimos años a resolver el embrollo de las miles de religiones de hoy en día, el Estado no puede favorecer las ideas de un grupo religioso particular, aunque sea la religión mayoritaria. Eso sí sería imposición de creencias, y sería inconstitucional.

Hay un trasfondo irónico en esto. Tú afirmas que defiendes estas ideas porque es lo que está escrito en la Biblia. ¿En qué parte exactamente? Si me señalas el Levítico, debo decirte que ahí también te prohíben comer cerdo, y más adelante el Deuteronomio afirma que un violador debe casarse con su víctima. ¿Seguimos también todo eso? Si me dices que cuando vino Jesús todas esas leyes fueron cambiadas, debo señalarte que él es específico en el sermón del monte cuando afirma que esa no es su labor (Mateo 5, 17-18). Si me dices que te guías por el Nuevo Testamento (1 Corintios 6, 9), entonces debo decirte que también en él te dicen que a ti no te corresponde enseñar ni ejercer ningún tipo de dominio, sino permanecer en silencio (1 Timoteo 2, 12). ¿Entonces con qué derecho predicas? ¿O vamos a seguir fielmente unos pasajes y los otros no?

Y ya que llegamos a esto, déjame indicarte que la Biblia ha sido por mucho tiempo usada para oprimir a las personas. Hace dos siglos, muchos decían que los negros eran seres inferiores; hace unos sesenta o setenta años, aún los segregaban socialmente; en la misma época, tú no tenías ningún derecho a votar, como no lo tenía antes ninguna mujer. Debo decirte que los líderes de la religión que sigues estaban en contra de que la mujer saliera a estudiar y trabajar, pues su lugar correspondiente era la casa, haciendo oficio, y fue precisamente la gente que cree que la religión no tiene por qué dominar cada aspecto de la vida la que logró que ahora tú puedas estudiar en una Universidad y conseguir un empleo para mantener a tus hijos. De hecho, hasta hace unos años, que tú seas madre soltera habría sido visto como algo abominable, anormal y un mal ejemplo por los mismos religiosos que ahora dicen lo mismo de la comunidad LGBTI. Ni siquiera aquellas que se casaron después de quedar embarazadas se salvaban de su dedo acusador. ¿Realmente te parece que son las personas más confiables para escuchar?

Sé que tu interés principal seguramente es proteger a tus hijos y que compartan tus ideas, y puedo comprender eso. Y no creo -hasta cierto punto- que sea abusivo que intentes trasmitirles tus creencias a tus propios hijos. Sin embargo, preferiría que no trasmitieras tus temores y odios a unos niños que no pueden comprenderlo. Especialmente, porque un niño que teme es un niño que odia, y el odio no es más que la antesala a la discriminación y la violencia. Obvio, no espero que tus hijos salgan y agarren un fusil automático para cometer una masacre como la de Orlando, porque creo que eres lo bastante temerosa de Dios para aborrecer la violencia. Pero hay muchas formas de violencia, y a menudo las palabras hacen mucho más daño que cualquier bala. Recuerda el caso de Sergio Urrego, ese muchacho que se quitó la vida ante la discriminación, y la razón por la cual se ha realizado esa campaña en los colegios que tú tanto temes. Al oponerte a ella, estás perpetuando la mentalidad conservadora y discriminadora en nuestra sociedad, y la mantienes viva al pretender educar a tus hijos con tus ideas sin que nadie los confronte y les diga que su madre se equivoca.

¡Déjalos vivir su niñez tranquilos! Evítales las iglesias, porque no tienen concentración ni paciencia para esos rituales. Déjalos que jueguen con sus amigos. Dales un libro: ayúdalos a cultivar su pasión por las artes y las ciencias. Que nunca estén lejos de sus manos todas esas fuentes de conocimiento, porque todo eso le ayudará a formarse un criterio propio, para que cuando sea mayor pueda decidir por sí mismo seguir una fe o no. Y de paso, también aprovecha tú toda esa información. Tal vez leas otras cosas aparte de la Biblia, tal vez la Biblia sea tu única conexión con la literatura. En cualquier caso, recuerda que sólo se trata de una guía, pero no de una regla universal: hay cosas que pueden servirte para tu vida, y otras cosas que no. Aprovecha sólo los pasajes que te parezcan sanos, y desecha cualquier versículo que te diga que debes mirar por debajo a las personas. Nunca repitas como loro todo lo que en la Biblia está escrito: eres una persona racional, no un guacamayo con lobotomía. Ten un poco de criterio propio tú también.

Creo que es todo lo que tengo para decirte. Tal vez hagas caso a todo lo que te he dicho hasta ahora, tal vez no. En todo caso, mi intención ahora mismo es mostrarte que estás del lado equivocado del mundo y la realidad, y espero que no sea muy tarde para que comprendas por qué. Se despide, el Pensador Sereno.

2 comentarios:

  1. Qué hermosa carta! muy respetuosa y llena de criterio y razonamiento, me encantó!

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    1. Muchas gracias. Me inspiré por una prima que ahora mismo pasa por esa etapa; pensé que podía tratar de escribir algo que pudiera ser leído tanto por ella como por cualquier madre soltera, intentando ser lo más cordial posible.

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