lunes, 30 de diciembre de 2013

¿Era Hitler católico? Política, superstición y ateísmo

Si hay una figura controvertida en la Historia, es Adolf Hitler. Las consecuencias de su desmedida ambición durante la Segunda Guerra Mundial siempre harán eco en la memoria de la gente. Y por supuesto, hay quienes desde una postura religiosa o escéptica usan sus acciones como justificación para la humillación del lado contrario.

Así, por ejemplo, los creyentes aseguran que Hitler era ateo, y sus acciones demuestran que, sin la fe en un creador, la moral se mantiene. Por su parte, los ateos utilizan sus discursos públicos y su aparente apoyo a la Iglesia Católica como prueba de que era una persona religiosa. Sea cual sea la opinión, Hitler se ha convertido en un caballo de batalla para defender las posturas de una creencia. ¿Cuál de ellos tiene razón? ¿Qué era Hitler: un católico miserable o un ateo oportunista? Y en cualquiera de los casos, ¿cómo se confronta esto con otros dictadores del siglo pasado, muchos de ellos comunistas y ateos? ¿Es la influencia de la religión o la falta de ella la responsable de sus acciones?

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Aunque aún hay discrepancias y debates entre los biógrafos y los historiadores de Hitler, se sabe que fue criado como católico por su madre, pero al hacerse mayor, dejó de asistir a los ritos y sacramentos. Esto parece dar apoyo a la opinión de los ateos. Sin embargo, la mayoría de los historiadores coinciden en que Hitler era profundamente anticristiano, y rechazaba la superstición católica. Si bien los discursos donde el Führer critica el ateísmo son varios, esto obedecía a una estrategia de difamación de las ideas comunistas, en las cuales el ateísmo juega un importante papel en su definición ideológica. Extractos del diario de Joseph Goebbels y comunicaciones personales demuestran que Hitler detestaba cualquier superstición religiosa, creía que la ciencia sobrepasaría a la religión, y desestimaba las creencias de algunos de sus colaboradores cercanos. Y la posición secular del gobierno nazi, y los ataques a la religión y la persecución de creyentes a partir de 1937 demuestran que no era precisamente un cristiano.

¿Y qué hay de los discursos donde apoyaba el cristianismo? Es más que claro que Hitler buscaba dar una opinión benévola de sí mismo ante la mayoría creyente de Alemania, y el respaldo de una organización tan poderosa como la Iglesia Católica era fundamental para él. Los discursos con retórica religiosa también eran una forma de darse a sí mismo un carácter divino, obteniendo así el apoyo de las masas.

No obstante, esto no significa que Hitler fuese ateo, ni que hubiera rechazado por completo la idea de un creador diferente al Dios judeocristiano. Nuevamente hay debate entre los estudiosos, pero la mayoría concuerda en que Hitler era probablemente deísta. Se sabe que el movimiento nazi estuvo relacionado con el ocultismo (aunque en un grado menor del que suele creer la gente), y la persecución de ateos durante la Alemania nazi es una clara muestra de que el Führer no era partidario de esta postura, si bien cabe la posibilidad de que la razón de esta persecución era la asociación del ateísmo al comunismo.

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La gran pregunta que quedaría es: ¿la postura religiosa de Hitler tuvo influencia en sus acciones? Muchos ateos dirían que sí, puesto que está demostrado que no era uno de los suyos. Sin embargo, esto mismo podría decirse de Stalin, Mao o Mussolini, ateos acérrimos, y que cometieron igualmente persecuciones y ejecuciones contra los grupos religiosos.

A esta interpretación, algunas personalidades del ateísmo objetan que estos personajes cometieron sus crímenes en nombre del comunismo (y el fascismo en el caso de Mussolini), y no del ateísmo. No obstante, y tal como sostiene el filósofo Dinesh D’Souza, al ser el ateísmo una ideología importante en la fundamentación de estas doctrinas políticas, es claramente implícita su influencia en las acciones de los líderes comunistas y fascistas sobre la religión. Y si estos se proclamaron desde su postura política, queda un ejemplo duro de rebatir: Albania. El líder Enver Hoxha estableció este país como un Estado ateo (el único hasta la fecha), y como tal, declaró la prohibición constitucional de la religión, nacionalizó propiedades de instituciones religiosas, prohibió la literatura religiosa y expulsó, torturó y asesinó a muchos creyentes, sacerdotes, monjas y figuras religiosas. Es difícil reconciliar esto con la afirmación de que no hubo influencia del ateísmo en los crímenes comunistas.

El escritor Sam Harris respondió a D’Souza, planteando que el gran fallo en el fascismo y las dictaduras comunistas no es que fueran ateos, sino que tenían un carácter excesivamente religioso. Hay algo de cierto en esto. El caudillismo en el fascismo y el comunismo tiende a crear cultos a la personalidad, y es indudable que los dictadores se aprovecharon de eso para ejercer el poder con mayor crudeza. Sin embargo, esto les da más un carácter sociocultural que religioso. Es poco probable que Mussolini, Stalin o Hoxha pensaran en sí mismos como personajes de carácter divino, y por muy enajenados que estuvieran sus seguidores, tampoco es probable que los creyeran hacedores de milagros. La tendencia de culto de la sociedad fue, entonces, una herramienta que usaron los dictadores en el siglo XX para manipularla y dirigirla a su antojo. Pero en todo caso, esto no invalida la influencia del ateísmo en sus ideologías políticas, ni indica algún grado de religiosidad en estos hombres que pudiera explicar su comportamiento criminal.

Finalmente, algunos dirán que todos estos crímenes los cometieron como hombres, no como ateos. Pero, entonces, ¿no habría cometido Hitler sus crímenes simplemente por su carácter, y no por sus creencias religiosas o por su nazismo? Y, siendo así, ¿cuántas muertes provocadas por las Cruzadas, o la Inquisición, fueron realizados desde una postura religiosa, y cuántos por conveniencia política, o simple decisión humana? Si se alega que todos los crímenes cometidos por la Iglesia Católica son debidos exclusivamente a su filosofía religiosa, entonces estaríamos cometiendo un doble rasero ante estos sucesos históricos. Y esa es una falla intelectual muy grave.

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Independiente de sus creencias o su ideología política, es claro que, al final, son las decisiones del mismo Hitler las que definieron sus actos y la imagen que se tiene de él hoy en día. Si su ideología política estuvo muy influenciada por sus ideas religiosas, y estas tuvieron importancia en sus acciones, entonces no se puede conceder un ápice de piedad al ateísmo dentro de la doctrina comunista, que tanto sirvió a los dictadores para cometer crímenes contra la comunidad religiosa.

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