martes, 31 de diciembre de 2013

Apoyo a Caterina Simonsen

Hace algunos días, se hizo eco en Internet la historia de Caterina Simonsen, una joven italiana de 25 años con varias enfermedades congénitas, y que prácticamente respira a través de tubos de oxígeno. La indignación fue gigantesca cuando la joven publicó una foto en su cuenta en Facebook agradeciendo que, sin la investigación médica basada en la experimentación animal, ella “habría muerto a los nueve”. De inmediato, cientos de activistas anti-vivisección y defensores de los derechos de los animales llenaron su cuenta con mensajes de odio, y muchos con deseos de muerte. La joven, quien aspira a ser veterinaria, tuvo que salir en la televisión para defenderse, criticando al mismo tiempo la incoherencia y la aparente misantropía de los activistas, y al poco tiempo después fue internada en el hospital por un problema respiratorio (es probable que deba pasar Año Nuevo en el hospital).

Si fuera una cuestión aislada, y si yo fuera la misma persona de hace unos años, probablemente no me habría interesado en dialogar acerca de este tema. Sin embargo, después de saber que hay cientos de personas que defienden a capa y espada la prohibición del uso de animales en la investigación biomédica, es imposible mantenerse callado ante este acto de simple hipocresía, egoísmo e idiotez.

Uno de los mayores fracasos del movimiento ambientalista, que no ecologista (a diferencia de los ecologistas, los ambientalistas nunca brindan soluciones), actual, es que se ha hundido tanto en la subjetividad que hay cientos de personas que parecen creer que la vida de un animal se mide en términos incluso superiores a los de una vida humana. He tenido que leer comentarios de gente que preferiría que muera media humanidad antes que perder la vida de un solo animal. Y no hay nada más triste que una persona que está de acuerdo en sacrificar a los de su misma especie para proteger a un ser completamente diferente.

Y ahí radica la hipocresía de los activistas. La investigación biomédica con animales ha permitido obtener grandes éxitos en el campo de la medicina que, de basarse sólo en aproximaciones teóricas, habrían sido casi imposibles de definir. Ha permitido salvar la vida de millones de personas en el mundo. A los activistas, por lo general, no les gusta esto, pero es muy cómodo despotricar contra una persona gravemente enferma si no pertenece a tu familia, ¿no es así? ¿Cuántas vidas animales sacrificarías si con eso salvaras a tu hermana, a tu madre? Hay quienes ven esto como “especismo”, un término estúpido, puesto que no hay una sola especie que ponga el bienestar de un organismo de otra especie por encima de sí misma. Los animales están limitados por su instinto; nosotros, porque nuestra mayor arma de supervivencia, el intelecto, no se debe sacrificar ante otra especie. No es especismo dedicar tu inteligencia a buscar el alivio de una enfermedad congénita, aunque esto suponga el sacrificio de algunos animales. Si puedes obtener resultados exitosos, entonces ese sacrificio no habrá sido en vano.

Dejando de lado el elemento emocional, un segundo elemento a considerar es que la experimentación animal evita las enormes dificultades éticas de la experimentación con seres humanos (al fin y al cabo, son miembros de nuestra especie).  Y no es una opción poco tentadora: mantener las condiciones adecuadas para los animales de laboratorio es mucho más costoso que trabajar con sujetos de prueba humanos. Y si bien es poco probable que hayan personas dispuestas a someterse a estas pruebas riesgosas, una escena en Blade: Trinity hace retorcer las entrañas: cientos de indigentes usados como ganado para extracción de sangre, el alimento de los vampiros. Hay millones de indigentes en el mundo, sin papeles, y aparentemente sin preocupaciones. No es descabellado el uso de algunos en pruebas y experimentos médicos. Es fácil tomarlos de las calles, y al encontrarse en el escalón más bajo de la sociedad (lumpenproletariado, los llamaba Marx), a nadie le dolerá que desaparezcan algunos. Ya pasó algo semejante en Barranquilla, hace mucho tiempo, con la matanza de Unilibre.

Ahora, cabe resaltar que esto no significa que la libertad de experimentar con animales sea total. Aunque yo no creo en los derechos animales (en tanto que la agencia moral es un rasgo común exclusivo al ser humano), los científicos deben manejar un grupo de lineamientos éticos necesarios para trabajar con sujetos de prueba animales. En primer lugar, la experimentación debe ahorrar el sufrimiento innecesario al animal, en la mayor medida que esto sea posible. Y segundo, si se considera necesario sacrificar al animal, esto se hará de forma indolora, que no implique gran sufrimiento.

Por estas razones, yo me sumo a las voces de aliento que ha recibido Caterina de los pocos valientes que no han temido mostrar su apoyo a la investigación biomédica. Deseo que se alivie pronto, y que pueda disfrutar de la vida que, gracias a la experimentación animal, aún conserva.


Feliz Año Nuevo.

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