martes, 5 de mayo de 2015

Sobre la moringa y las plantas curalotodo

Cualquiera que esté pendiente de Radio Galeón aquí en Santa Marta se habrá percatado que desde hace algunos meses (quizás más tiempo) se viene promocionando un producto a base de moringa como medicina para diversos males Según la promoción, que se encuentra en su última semana (desde hace varias semanas), esta planta sirve para enfermedades tan diversas como los problemas renales o el cáncer, y también para mejorar la potencia sexual o para regular los niveles de azúcar y grasas en la sangre.


Por supuesto que esta no es la primera vez que oigo hablar de una planta milagrosa, como ya ha pasado antes con la sábila o el noni, y seguro que tanto mis coterráneos samarios como personas en otros lugares de Colombia lo saben bien. ¿Recuerdan el boom que hubo a principios de la década pasada con el jugo de noni? ¿Ese que aseguraba curar el cáncer, y que incluso podía ayudar a mejorar los síntomas del SIDA? Muchas personas en Santa Marta no esperaron a comprar dicho producto –por lo demás costoso, como muchas de estas “medicinas milagrosas”-, y prefirieron cultivar el árbol en sus casas, lo cual se suponía era mucho más barato. El éxito culminó cuando se demostró que todos sus supuestos beneficios a la salud de enfermos crónicos no eran más que afirmaciones sin fundamento científico. De hecho, el alto contenido de potasio de este jugo lo hace imposible de beber para personas con problemas renales, y un alto número de casos de hepatitis en personas que consumieron jugo de noni se ha relacionado con la presencia, en su fruto, de compuestos que pueden ser tóxicos para el hígado (aunque las pruebas no son del todo concluyentes). Así, muchos terminaron con un árbol decorativo en sus patios, cuyos frutos terminan convirtiéndose en una peste insoportable, olfativamente hablando.

Nada de esto, sin embargo, ha hecho escarmentar a la gente, aparentemente. De hecho, al parecer, uno que otro árbol de moringa que se yergue en la ciudad se está viendo afectado, porque no falta alguien que le arranque hojas o frutos para prepararse la dichosa medicina, ante la dificultad de costearse lo que ofrecen en Radio Galeón (casi 50 mil pesos no son algo que uno quiera gastar a la ligera).

Si hay algo positivo que resaltar en la moringa, es su indiscutible contenido nutricional. De hecho, mientras que en nuestra tierra dichas propiedades son aprovechadas usando la planta como forraje para el ganado, en varios países de Asia forma parte de un buen número de platillos, e incluso algunas ONGs la utilizan para sus estrategias de lucha contra la desnutrición. En cuanto a sus propiedades médicas, si bien es una planta utilizada en la medicina tradicional de varios países, no hay evidencia actual de que tenga las propiedades que le adjudican: diversos estudios aseguran que, en humanos, no tiene efecto alguno sobre los niveles de lípidos en la sangre. Y como muchas plantas medicinales, consumir directamente las hojas o las raíces es riesgoso, debido a la presencia de compuestos tóxicos.


Pero si no hay seguridad sobre los beneficios de la moringa, y existe el antecedente del noni, ¿por qué la gente sigue confiando en estas plantas milagrosas? Se me ocurren dos cosas: costo y manipulación del producto. El costo es simplemente lo que la gente esté dispuesta a pagar por la planta. Y no me refiero necesariamente a los “medicamentos” de moringa o al jugo de noni –de nuevo, muy costosos y poco accesibles para muchas personas-, sino a la planta en sí, como ya quedó explicado con la gente que cultivó noni o que saquea moringas en la ciudad. También es aplicable para las muchas frutas que hoy en día, aseguran muchos, son excelentes medicamentos contra enfermedades graves (el cáncer es la más popular). Puede ser el mango, puede ser la piña, puede ser el mamón: cada cierto tiempo aparecen memes en las redes sociales asegurando que alguna fruta es la panacea, y que si esto no se publicita más es debido a la intervención de las “grandes farmacéuticas” -porque muchas “medicinas” alternativas no están satisfechas sin una teoría conspirativa-, que no quieren ver afectados sus bolsillos. Cada fruta es relativamente barata (en comparación con un tratamiento médico a largo plazo), lo que la convierte en un atractivo para personas de escasos recursos que no pueden pagarse los medicamentos costosos que su enfermedad requiere.

Un ejemplo de estos memes: el mamón cura el cáncer. Nótese la cifra exagerada que ponen para resaltar su supuesta efectividad: “más fuerte que 10.000 quimioterapias”.

La manipulación, por otra parte, es esa fastidiosa tendencia de que lo “natural”, lo inalterado, es mucho mejor que lo producido por una compañía farmacéutica. No es raro ver que en algunas tiendas naturistas se diga que los medicamentos que te manda el médico intoxican tu cuerpo, por lo cual necesitas un producto natural para purificar tu organismo. Otros son directamente más charlatanes y culpan a las farmacéuticas de venderte productos que no curan o tratan tu enfermedad, sino que la prolongan para seguir exprimiéndote ganancias. Ante eso, cualquier imagen que diga que el mamón es buenísimo contra el cáncer suena como una oferta maravillosa para un enfermo con pocos recursos, que ve la posibilidad de consumir un producto natural que podría curarlo.

El problema de la medicina herbolaria es que, aunque puede ser cierto que una planta tenga compuestos que alivien ciertos síntomas o incluso enfermedades, con frecuencia hay presencia de otros compuestos tóxicos que pueden afectar el organismo, y como el producto se entrega puro, sin procesar, la probabilidad de consumir dichas toxinas se incrementa. Miren por ejemplo la ruda: puede ser usada para aliviar algunos síntomas de la conjuntivitis, como un antiespasmódico o incluso para tratar problemas menstruales, pero es un abortivo muy fuerte, e incluso puede producir hemorragias uterinas si se usa repetidamente. Y eso lo saben los que trabajan con estas plantas como medicina.

En la ciencia médica se separan los principios activos de los componentes tóxicos. Piensen en la aspirina. ¿Saben de dónde se obtuvo el ácido acetilsalicílico? De la corteza del sauce blanco. Muchos pueblos antiguos usaban hojas y corteza de este árbol como medicamento: los científicos simplemente se centraron en separar el principio activo para que fuera más accesible y menos complicado de obtener para la gente del común –no es como si pudieras encontrarte sauce blanco a la vuelta de la esquina-. Así es como se han obtenido muchos medicamentos. No es que cualquier día un médico se sentó en un laboratorio y sacó penicilina quemando un trozo de plástico, sino que fue un descubrimiento casi accidental de un suceso natural. Lo que se hizo fue aprender a obtener el componente activo que funcionaba como antibiótico. Y hoy en día se puede sintetizar de otras formas, pero siempre obteniéndose de forma orgánica –no hay tal cosa como la medicina “natural”, porque ningún medicamento se saca de una piedra; no es más que un término utilizado por un lobby comercial-.

Es lo que tengo que decir. Como siempre, posiblemente haya personas que no estén de acuerdo con lo dicho aquí, así que los invito simplemente a reflexionar. Sean cautelosos con esas promociones que aseguran que tal o cual planta es el remedio para los grandes males. No existe tal cosa como una panacea.

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