lunes, 20 de octubre de 2014

El problema del doble rasero

Tras el triste deceso de 11 indígenas en la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los comentarios más sonados al respecto fue el del mamo Ramón Gil, quien afirmó que había sido un castigo de la naturaleza, por no pagar tras la tala y deforestación indiscriminadas de la Sierra Nevada de Santa Marta. “Le quitamos 11 para que reflexione, analice y hable con los hermanitos menores y les advierta también”, dijo que fueron las palabras de la naturaleza.

Sorprendentemente, pocos se sintieron ofendidos o, por lo menos, extrañados, por la explicación sobrenatural que dieron los indígenas a un problema que puede explicarse por el cambio climático: algo de lo cual, por supuesto, somos responsables, pero que no requiere de alusiones a seres espirituales para ser definido ni controlado. Muchos se excusaron con la típica frase “Son sus creencias, hay que respetarlas”; eso, a pesar de que nos sentimos indignados cuando un pastor cristiano asegura que los terremotos en Chile son causados por la actitud abierta hacia la comunidad LGBTI; una idea no muy lejana de la que sostiene Ramón Gil acerca de la tragedia en la Sierra.

Un amigo, David Osorio, ya se encargó de señalar los peligrosos paralelismos entre las creencias wiwa y los peores aspectos del Dios abrahámico en los que tantos fundamentalistas cristianos creen; por ello, no voy a centrarme demasiado en ese aspecto. Mi discusión es acerca de un hecho que las reacciones de la gente ante este tipo de afirmaciones ponen en evidencia. Se trata de un sesgo cognitivo, a través del cual analizamos determinadas ideas y afirmaciones de una forma muy laxa, y en cambio manifestamos mayor rigor al evaluar otras: el doble rasero.


El doble rasero (o doble moral, una forma más coloquial de llamarlo) es uno de los sesgos cognitivos más comunes, realizado de forma tanto intencional como inadvertida. Lo vemos en políticos, líderes religiosos, maestros, alumnos. Hay ejemplos muy prácticos: el cristiano que pide evidencias de la teoría de la evolución (y cuando se le otorgan, las suele desechar como insuficientes), pero que acepta la existencia de Dios puramente por fe, como si la afirmación de un ser sobrenatural estuviera exenta al menos de un análisis lógico; el izquierdista que condena los regímenes nazis y fascistas del siglo pasado, pero que ve la dictadura castrista como “un ejemplo para el mundo” (cientos de cubanos se aventurarán como balseros por gusto, entonces); el rockero que desprecia las canciones de reggaetón por sexistas y vulgares, pero que puede disfrutar sin problemas canciones de rock y metal con igual contenido fuerte; las personas que aplauden a un hombre con muchas amantes como un “macho”, pero que llaman “puta” a una mujer que se comporte igual. De reyes a campesinos, el doble rasero nos puede afectar a todos.


¿Por qué es tan común utilizar un doble estándar para analizar conceptos e ideas ajenas de forma diferente a las propias? Desafortunadamente, la mente humana tiende mucho a la subjetividad. Nos gusta basar nuestro criterio más en emociones que en razón y evidencia. Por ello, somos más defensivos ante ideas que son más acordes con nuestra tranquilidad emocional, por decirlo de un modo. Entonces, ante la falta de objetividad, el análisis crítico de ideas ajenas vs propias se convierte en un ejercicio imparcial. Nos hacemos más críticos y duros hacia las ideas que perturben nuestro sistema de creencias, sea en política, religión, ecología, etc. De esta forma, terminamos favoreciendo a las ideas más acordes con nuestra forma de pensar.

Y esto es un error. Necesitamos tener una mente más amplia a la hora de discutir creencias e ideologías. Nada ganamos con mantenernos tercamente aferrados a que nuestras ideas son inmunes al análisis crítico. Es precisamente a través del debate que enriquecemos nuestro conocimiento, y podemos desechas posturas erróneas que carecen de base alguna. Es a través de la lectura y el análisis de distintas posturas, propias y ajenas, lo que permite formar una conclusión final que dé forma a nuestra propia forma de ver el mundo.

Pero, por supuesto, se debe ser cuidadoso. Todo argumento requiere de evidencia para ser tomado en cuenta. Tal como lo mencioné en la entrada anterior, una idea que carezca de evidencia alguna no es una idea válida, y por lo tanto debe ser replanteada, o simplemente no merecerá consideración. De igual forma, aunque se esté abierto a debatir con personas que aporten ideas diferentes a la suya, si esa persona no está dispuesta a abandonar un argumento inválido, o mantiene una idea sin importar cuánta evidencia en contra se dé, o de cuánta a favor carezca, entonces es un debate inútil.

Por ello, conviene alejarse de personas de posturas inflexibles, de lo cual sufren, desafortunadamente, muchos fundamentalistas religiosos y los populares “mamertos” (lo que, obviamente, no ayuda a lo que intentan defender). En resumen, mantenga su mente abierta, pero no tanto como para que cualquier idea vacua y sin argumentos entre en ella. Eso no es doble rasero: es simplemente ser consecuente con las reglas del debate y el análisis crítico.

Es posible que muchos no estén de acuerdo con esta crítica. Algunos incluso se habrán ofendido por los ejemplos de doble rasero otorgado. Como siempre, yo invito a reflexionar. A los que se hayan molestado por dichos ejemplos, les digo: tomen ese enojo como una señal de que están aplicando un doble estándar, y siéntense a analizar de forma crítica y honesta sus ideas.

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