lunes, 11 de mayo de 2015

Imposturas religiosas: malas analogías para la religión

Recordarán los lectores que hace unos meses escribí una entrada para desmentir la idea, según la página Ateísmo al descubierto, de que la carga de la prueba recae sobre el ateo y no sobre el creyente. Bien, la semana pasada volvieron al ataque con un estado que evidencia la falencia de análisis crítico de los moderadores, como se puede ver a continuación.


Antes de iniciar la discusión: no, no se trata de atacar constantemente a Ateísmo al descubierto. Cualquier otra página podría haber compartido un estado similar y lo criticaría igual. Pero ellos fueron los primeros en hacerlo, así que su nombre está aquí en el análisis.

El estado parece algo sensato, y no carece de veracidad. Después de todo, lo problemático no suelen ser las creencias, sino lo que las personas decidan hacer con ellas. Sin embargo, lo que Ateísmo al descubierto propone aquí no es más que una falacia de falsa analogía. Es decir, se está explicando cómo las acciones de una persona no necesariamente tienen que ver con sus creencias, pero no se está probando que efectivamente la religión no influye en las acciones de una persona.

¿Por qué no funciona la analogía entre la religión y un cuchillo? Porque un utensilio de cocina no es lo mismo que un sistema de creencias. Un cuchillo no fue construido a partir de un texto antiguo que presume de ser revelación divina, ni lleva escritos preceptos que discriminen a diferentes minorías, mientras que las religiones sí tienen todas estas cosas. Un cuchillo no proclama que los homosexuales, los no creyentes y los sexualmente liberales no llegarán a los cielos; la Biblia sí. Un cuchillo no invita a derramar la sangre de infieles; el Corán sí. Un cuchillo no divide a la gente en clases sociales dependiendo de su origen espiritual; el Código de Manú sí.

Con frecuencia, quien usa este tipo de analogías está engañándose a sí mismo, negando cualquier posibilidad de una observación crítica a su fe. Y ese es el problema de la moderación, cosa que ya mencione antes: al rechazar cualquier análisis objetivo de su creencia, están permitiendo que sobreviva el aliento para los fundamentalistas. Sí, es cierto que la religión no es una pistola en la cabeza con la que te fuerzan a hacer algo, y al final depende de la persona ceñirse a tal o cual comportamiento. Pero un sistema de creencias que avala la discriminación es un sistema de creencias que a la larga da origen a la violencia, y como tal las religiones sí pueden tener una influencia nefasta en la sociedad (y a lo largo de la historia de la humanidad, la han tenido).

¿Saben lo que es más desconcertante? Que muchos de los religiosos moderados rechazan ciertas posturas de su fe porque saben que son equivocadas, y a pesar de ello defienden la infalibilidad de sus libros sagrados, aunque tales equivocaciones estén escritas en ellos. Y esa posición autocomplaciente, cuando no es ingenuidad vergonzante, se trata de descarada hipocresía.

Que deba o no desaparecer la religión es un tema aparte a lo expuesto aquí. Ya he mencionado en otras ocasiones que no soy particularmente antirreligioso; no obstante, creo que, ante los problemas y retrasos que causa actualmente en muchas sociedades, de desaparecer las religiones organizadas (lo que no es lo mismo que la creencia) no se perdería gran cosa. Seguro, probablemente constituiría una pérdida a nivel cultural, pero un sistema de creencias que avala la discriminación y sirve de abono para la violencia no se puede mantener simplemente por “tradición” o “ancestralidad”. ¿Quién tendría el valor de decir, por ejemplo, que abandonar la ablación femenina o las corridas de toros sería un empobrecimiento de la cultura?

Y no, no estoy haciendo una analogía, porque hay diferencias fundamentales entre las tres costumbres. Simplemente explico que el carácter de tradición no debe ser argumento para defender una costumbre social y éticamente nociva, algo en lo que la religión se convirtió hace mucho.

Así termina esta disertación. Si hay personas que no están de acuerdo con lo expuesto, los invito simplemente a reflexionar. No estoy diciéndole a nadie que abandone su religión (aunque no sería una pérdida, insisto), pero tómese al menos su tiempo para meditar si la creencia que usted defiende con tanto fervor es moralmente la adecuada. Decir que las religiones no tienen que ver con la violencia es ignorar que suelen avalar la discriminación. El primer paso para la humildad y la sabiduría debería ser reconocer que su religión carece de verdadera autoridad moral, en tanto que defienda posturas incorrectas.

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