domingo, 31 de mayo de 2015

Guía práctica para entender posturas religiosas

Introducción

Creo que sería casi completamente imposible encontrar un lugar en la Tierra donde no se tenga una noción de lo que es la religión o de dios alguno. Podría decirse que nuestra relación con la idea de la existencia de seres espirituales es ineludible, sea de forma afirmativa o negativa. Y a pesar de esto, aunque constantemente se pide respeto para las creencias de otras personas, o se acepta que son verdaderas para la persona que las sostiene, al más puro estilo relativista, por lo general desconocemos en qué consisten dichas creencias.


Y se tiende a ser incluso más específico, pues muchos creen que no hay más que dos posturas de creencias: o existe al menos una deidad, o no existe. Esto es técnicamente cierto, pero en cada lado hay distintos enfoques que hacen que la reducción de las opiniones religiosas a teísmo y ateísmo sea más bien inadecuada para comprender el sistema de creencias de una persona. Por esto, y ya que este blog es leído tanto por creyentes como escépticos, decidí hacer una síntesis de las diferentes visiones acerca de la existencia e inexistencia de deidades.

Antes de empezar: al hablar de posturas religiosas, estoy incluyendo visiones teístas y no teístas (un término un poco más global que ateísmo, como veremos más adelante). Sin embargo, esto no es lo mismo que decir que la no creencia sea una religión o un sistema de creencias propiamente dicho, pues no está basada en un texto antiguo o una serie de dogmas. No hay un manual sobre cómo ser un no creyente. Al hablar de posturas religiosas me estoy refiriendo a la opinión filosófica sobre la visión de uno o más seres superiores como origen del Universo.

Seguramente más de uno considerará que las clasificaciones de posturas religiosas son artificiales e imprácticas. Artificiales… sí, en el mismo sentido que lo son los nombres de teísmo o ateísmo: palabras elaboradas por el hombre. Que sean imprácticas es muy discutible, puesto que el sistema de creencias personales de un individuo es algo muy complejo como para definirlo en términos de blanco y negro. Hay diferentes matices. A pesar de lo complicadas que puedan ser, estas clasificaciones resultan útiles para muchos.

Sin más, empecemos. Las siguientes categorías son aleatorias, así que el lector no debe asumir que son inamovibles, sino una forma didáctica de presentar las posturas religiosas.

1. Posturas “tradicionales”.

Son las más conocidas por la gente, o al menos las más “fáciles” de comprender. Se trata de las que podrían considerarse opiniones estándar: la deidad y lo espiritual existen o no existen. No hay muchos matices al respecto.

Teísmo


Esta es la más fácil de comprender para cualquiera. El teísmo es, simplemente, la creencia en la existencia de al menos una deidad trascendente que interactúa de forma activa con el Universo existente. Aquí están incluidas la mayoría de las religiones actuales: cristianismo, islam, judaísmo, hinduismo, etc. Las ideas principales de una religión teísta están organizadas en un cuerpo de dogmas incuestionables –aunque dentro de las mismas religiones se suele discutir sobre algunos de ellos-, a menudo condensados en textos de carácter sagrado que también sirven como código moral y ético de los fieles.

Históricamente existen diferentes formas de organizar un sistema teísta de creencias que pueden ser rastreados a través del tiempo, y de los cuales sobreviven muchos hoy:

El monoteísmo es la creencia en la existencia de un único dios personal. El ejemplo más puro es el Yahweh del judaísmo. El Dios cristiano es un caso más diverso, pues generalmente se concibe en una forma trinitaria (tres dioses en uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo), aunque algunas vertientes cristianas definen a Dios como una entidad distinta y superior a Cristo.

El politeísmo, en contraste, postula la existencia de varios dioses. La mayoría de las religiones en civilizaciones antiguas tenían este enfoque, y actualmente el hinduismo es el mejor ejemplo. Cabe señalar que dichas religiones suelen ser territoriales: se acepta que otras culturas adoren a sus dioses, pero sólo los de la propia cultura merecen nuestro culto.

Derivaciones de lo anterior son el henoteísmo, donde se acepta la existencia y adoración de varios dioses, aunque con un culto consistente a un solo dios principal; y el monolatrismo, donde sólo se acepta la existencia de otros dioses, pero se adora a una única deidad.

Ateísmo


En un sentido general, el ateísmo puede definirse como el rechazo a la creencia en la existencia de uno o más dioses. O como también se describe, ausencia de creencia en dicha existencia. Por lo general el ateo basa su postura en argumentos filosóficos y científicos que ponen en duda la existencia de un ser divino, o que muestran que no es necesaria la intervención de uno para explicar el origen del Universo.

El término, proveniente de la antigua Grecia, tenía un significado muy diferente al acuñado en siglos posteriores. En la Antigüedad, ateo era cualquier persona que no rendía culto a los dioses de una determinada religión. Así, por ejemplo, para los romanos, los cristianos eran ateos, puesto que no adoraban a las deidades de su panteón.

Suele decirse que el ateísmo niega la existencia de dioses. Esto es más bien un error de percepción muy común. No se trata simplemente de “negar” dogmáticamente la existencia de una deidad dando un salto de fe, como afirman muchos creyentes; es que el ateísmo no acepta tal afirmación con base en simples creencias, sino que pide evidencia para sustentar esa visión. Y ante la debilidad de los argumentos teístas y la ausencia de evidencia material de una deidad (pues se trata de una proposición infalsable), el ateo puede asumir perfectamente que dicha deidad no existe.

Dentro del ateísmo hay una serie de filosofías y actitudes que vale la pena mencionar:

El humanismo secular es una filosofía de vida que acepta el uso de la razón crítica y el método científico para la búsqueda de verdades objetivas y soluciones a las problemáticas y cuestiones del ser humano, en contraposición a los dogmas y tradiciones religiosas, las cuales deber estar abiertas al debate y la crítica. Plantean que la ética no requiere de la religión para ser practicada por el hombre.

El laicismo es una ideología política que aboga por la separación total entre iglesia y Estado. En otras palabras, el Estado debe ser totalmente ajeno a los credos religiosos: no debe intervenir para que una religión prime sobre las otras, ni debe imponer normas y valores provenientes de ninguna religión, con el fin de garantizar la igualdad e inclusión de todos los miembros de la sociedad, y la libertad de conciencia.

El antiteísmo y la antirreligión son posturas relacionadas. El antiteísmo es la oposición a la creencia en las deidades, que consideran dañina para la sociedad, mientras que la antirreligión es la oposición a la religión organizada, mas no necesariamente a la creencia en sí.

Es menester señalar que las anteriores ideas no son equivalentes del ateísmo: no todos los ateos son humanistas seculares, ni todos son antiteístas o antirreligiosos. El laicismo, de hecho, no es exclusivo del ateísmo, puesto que también hay creyentes que defienden esta ideología.

Agnosticismo

El agnosticismo es la opinión de que la existencia de deidades u otros seres sobrenaturales es una cuestión desconocida o incognoscible; esto es, que no puede saberse. Se le considera una postura relacionada, aunque distinta, al ateísmo, en el sentido de que este se basa en la creencia, mientras que el agnosticismo lo hace en el conocimiento. En otras palabras, el ateo rechaza la existencia de Dios, mientras que el agnóstico asegura que no puede conocerse.

El término fue creado por Thomas Henry Huxley como el opuesto del gnosticismo. No, no el gnosticismo que siguen muchas sectas de hoy en día, que afirman cosas sumamente ridículas -como que el ser humano se reproducía originalmente sin necesidad de sexo (!)-; por gnosticismo, se refería a la visión de que es posible conocer con total certeza la existencia de un ser divino. Los argumentos del agnosticismo se centran, principalmente, en la infalsabilidad de las hipótesis sobrenaturales y la subjetividad de las experiencias y evidencias disponibles al respecto.

El agnosticismo suele ser visto como una visión 50/50, que asegura que la existencia y la inexistencia de deidades son igualmente probables. Esto no es raro, pero también es frecuente encontrar agnósticos con posturas más fuertes, puesto que, aunque se afirme que la existencia divina es algo incognoscible, la evidencia (o falta de evidencia) disponible permite asumir una u otra visión sin problemas. Esto ha granjeado críticas de ateos y creyentes sobre la necesidad o incluso relevancia de la etiqueta de agnóstico.

Aunque algunos representan esta relación entre agnosticismo y teísmo/ateísmo con el espectro de probabilidad teísta, comúnmente se utiliza un diagrama ortogonal de flechas para ejemplificarla mejor. Así, pueden existir teístas agnósticos (básicamente fideístas), que aceptan la existencia de un dios, aunque consideran que no puede verificarse su existencia; y ateos agnósticos, los cuales creen que dicha existencia no puede comprobarse o refutarse con certeza absoluta, pero que ante la falta de evidencia asumen su inexistencia. Como comparación curiosa, si bien la mayoría de los ateos pertenecen al segundo grupo (y probablemente la mayoría de los agnósticos, aunque insistan en la neutralidad), es bastante raro encontrar teístas agnósticos, puesto que el teísmo hace énfasis en la certeza de la existencia divina, y es por ello crítico de la posibilidad de duda.


2. Posturas “evolucionadas”.

Estas son visiones filosóficas que derivan de las anteriores (por ello el mote de “evolucionadas”). Las diferencias con las posturas “tradicionales” podrían definirse en una diferente concepción de la relación de las deidades o espíritus con el mundo material.

Deísmo


El deísmo plantea que el ser supremo creó el Universo y las leyes que lo rigen, pero no interviene en su funcionamiento; es decir, hablamos de una deidad impersonal -rasgo que compartirán el panteísmo y otras filosofías religiosas relacionadas-. Asegura que se puede buscar y conocer al Creador a través de la razón y la observación del mundo natural, en contraposición a las manifestaciones sobrenaturales del teísmo. Por ende, hay un rechazo a los dogmas y doctrinas de las religiones organizadas, así que no hay un cuerpo de creencias deístas más allá de su filosofía principal.

El deísmo tiene sus bases en el pensamiento de algunos filósofos de la antigua Grecia, aunque su teología como tal se desarrolló a partir de la Ilustración, gracias a escritores y filósofos como Voltaire y Rousseau, y tuvo gran influencia en líderes políticos como Robespierre y los fundadores de Estados Unidos.

Dentro del deísmo existen dos subdivisiones además del deísmo estándar:

En el pandeísmo se postula que el Creador diseñó al Universo siendo una entidad consciente, y cuando hubo terminado se sumergió dentro de este como un ser no consciente, convirtiéndose esencialmente en el Universo. La deidad no es antropomórfica, sino abstracta. Es una visión con influencias panteístas, que veremos más adelante.

Por otra parte, el panendeísmo, semejante al panenteísmo, afirma que el Creador se encuentra sumergido en la creación, pero trasciende de ella, y es posible acceder a él a través de experiencias metafísicas como la meditación o la oración, lo cual la diferencia del deísmo tradicional.

Cabe señalar, finalmente, que dentro de algunas religiones hay grupos deístas.

Panteísmo


Esta creencia señala que no hay división entre el Creador y el Universo, puesto que el Creador es su creación: en otras palabras, el Universo está compuesto en su todo de una deidad inmanente (es decir, que su presencia divina está dentro del mundo material).

El panteísmo tiene su origen en el trabajo Ética demostrada según el orden geométrico del filósofo Baruch Spinoza, quien lo escribió como una respuesta a la dualidad mente-cuerpo de Descartes, señalando que el cuerpo y el espíritu son lo mismo, y usando la palabra Dios como un sinónimo de una sustancia universal que compone el todo. Curiosamente, al día de hoy, aún se discute cuál era la verdadera inclinación religiosa de Spinoza; no obstante, su trabajo es reconocido como uno de los pilares del panteísmo.

Hay raíces más profundas dentro del panteísmo en la visión de filósofos presocráticos como Heráclito y Anaximandro y en los estoicos. También se considera que las formas más tempranas del taoísmo eran panteístas. Ya hace varios siglos la Iglesia Católica condenaba como herejía las visiones panteístas sobre la creación -aunque no con ese nombre, puesto que el término panteísmo vino a acuñarse mucho después de Spinoza-. De hecho, el monje Giordano Bruno, quemado en la hoguera por los católicos, mantenía una visión cosmológica que puede considerarse panteísta.

Se considera al panteísmo como una forma religiosa del monismo -visión filosófica según la cual la variedad de lo existente se explica con una sola realidad, sustancia o causa primaria-, aunque existen algunos pensadores que lo consideran como una postura no religiosa, puesto que al considerar que deidad y Universo son esencialmente lo mismo, hay una negación de la personalidad y trascendencia divinas, por lo que, como tal, no habría una deidad a la que adorar.

Como ocurre con el deísmo, algunas religiones como el hinduismo, o incluso el cristianismo, también tienen conceptos panteístas. Es también bastante probable que un buen número de teístas en el mundo tengan en realidad una concepción panteísta del mundo, puesto que no es infrecuente escuchar a una persona diciendo que Dios y la Naturaleza son lo mismo.

Apateísmo


El apateísmo es una filosofía que se manifiesta en la ausencia de interés por la discusión de la creencia o no creencia en deidades. El apateísta no está interesado en afirmar o negar la existencia de un dios, sino que vive su vida como si no existiera alguno, aplicando la razón para explicar los fenómenos a su alrededor. Es por ello que también se le denomina ateísmo práctico -título que comparte en ocasiones con el agnosticismo-.

Para el apateísta, la existencia de la deidad es un asunto irrelevante, puesto que no existe evidencia o refutación satisfactoria de tal existencia (de nuevo, es una hipótesis infalsable), y si existe, la deidad no está interesada en los asuntos de los hombres. Por ello ve esta discusión como improductiva e innecesaria.

El apateísmo se caracteriza por una ausencia de motivación religiosa -en tanto que la moral no requiere de un dios creador, y menos de una religión, para existir y ejercerse-, una indiferencia hacia cualquier religión, y una crítica a las motivaciones para discutir la existencia divina. Puesto que no hay evidencia de una deidad, y si existiera debería ser una evidencia clara, no sujeta a interpretaciones, no hay razón para preocuparse por dicha existencia.

Ojo, el apateísmo no es lo mismo que la ausencia de activismo escéptico o crítica contra las religiones. Por ejemplo, el comediante Bill Maher, que entre otras cosas se define a sí mismo como apateísta (el ejemplo más famoso de uno), critica con frecuencia a diversas religiones, como se puede ver en su documental Religulous.

Finalmente, la indiferencia del apateísmo hacia las doctrinas religiosas puede observarse también en las mismas religiones organizadas. Como señala el filósofo Daniel Dennett, y como muchos podemos constatar, gran parte de los fieles de religiones como el catolicismo siguen esta fe por cuestiones sociales o familiares, y son más bien apáticos hacia sus rituales o incluso sus dogmas.

3. Posturas “raras”.

Estas últimas son posturas poco conocidas o comunes, o aquellas que posiblemente la gente ya conoce, pero que no logra identificarlas como lo que son (de ahí la etiqueta de “raras”). Los argumentos y filosofías sobre la deidad y lo espiritual son similares a los de las anteriores visiones.

Animismo


Tenía dudas sobre colocar aquí esta visión, puesto es probablemente fue la primera forma de espiritualidad de nuestra especie. Aun así, debido a que no es tan conocida por la gente, a pesar de su antigüedad, y además se le considera un sistema de creencias diferente al de la religión organizada -discusiones del campo de la antropología de la religión-, aquí está.

El animismo es una forma de creencia difícil de definir, pues cada cultura tiene sus propias mitologías y rituales, y es un sistema de creencias con una estructura cotidiana, que por otra parte suele carecer de planteamientos éticos como los de las religiones teístas. La principal característica principal de las mitologías animistas radica en que todas las partes de la Naturaleza tienen alma -no sólo humanos, animales y plantas, sino también montañas, ríos, etc., e incluso conceptos abstractos como los nombres-, y dicha alma puede desplazarse independiente de su cuerpo físico. En ese sentido, y a diferencia de muchas religiones teístas, el ser humano no es superior a otros seres de la Naturaleza, sino parte de ella. El animista carece además de una visión dualista del mundo, puesto que el mundo material y el espiritual no están separados. Suele darse una veneración a los espíritus de los ancestros.

El animismo también cuenta con algunas variaciones:

El fetichismo es la adoración a ciertos objetos materiales que se cree cuentan con gran poder espiritual, y que puede influir sobre otras personas. Relacionado a este se encuentra el totemismo, según el cual cada persona tiene una conexión espiritual con otro ente físico, ya sea un animal, planta u objeto, que actúa como su tótem o espíritu guardián. Un tótem actúa como protector y símbolo de un determinado clan o grupo familiar.

En el chamanismo, se alcanzan estados alterados de conciencia con el fin de interactuar con el mundo espiritual y utilizar su energía para influir en el mundo material, generalmente en el tratamiento de alguna enfermedad o la solución a otros problemas cotidianos. Al intermediario entre el mundo material y el espiritual se le denomina chamán.

Aunque en el animismo generalmente no se habla de dioses, sino de espíritus, algunas expresiones religiosas como el sintoísmo japonés presentan características tanto animistas como politeístas, al darse la existencia conjunta de dioses y espíritus naturales. Igualmente, si bien es un sistema de creencias principalmente asociado a culturas primitivas o antiguas, existen grupos contemporáneos, como neopaganos o el movimiento de la Nueva Era, que poseen varios rasgos animistas. El espiritismo también es una religión monoteísta con rasgos que podrían considerarse animistas.

La visión panteísta tiene similitudes con el animismo, en cuanto que hay una relación entre lo material y lo espiritual; sin embargo, mientras que para el animismo cada alma es única a un cuerpo físico, en el panteísmo se comparte la misma sustancia espiritual entre todos los seres vivos.

Panenteísmo


Este concepto religioso puede resumirse en “la deidad contiene el Universo”. Definido más claramente, el panenteísmo postula que la deidad o grupo de deidades penetran dentro del Universo, pero trascienden más allá de él; se encuentran dentro de él, pero se extienden más allá de sus  límites.

De manera similar al animismo, el panenteísmo está presente en varias culturas antiguas. Muchas de las tribus norteamericanas mantenían (y mantienen) sistemas de creencias que son principalmente panenteístas, con la deidad contenida dentro de la creación, pero también trascendiendo de ella, concepto que varias tribus definen como el Gran Espíritu -si han visto el manga Shaman King o su anime, tal vez ya comprenden un poco de lo que hablo-. Los fundamentos neoplatónicos son politeístas y también panenteístas, manejando un concepto de divinidad referido como Logos, una fuerza original.

Filosóficamente, la visión panenteísta también es atribuida al trabajo de Spinoza, pues en el ya mencionado Ética, sostiene que las cosas individuales son extensiones o modificaciones de los atributos de Dios y en escritos posteriores niega comparar la deidad y la Naturaleza como indistinguibles. Para él, el Universo es un modo (modificación) de los atributos de Pensamiento y Extensión, mientras que Dios tiene muchos atributos más, por lo que la creación sólo sería una expresión de esos únicos atributos.

Al igual que ocurre con el panteísmo, algunas religiones como el cristianismo, el gnosticismo e incluso el islam han tenido creencias panenteístas.

Religiones no teístas

Típicamente el no teísmo es una creencia que manifiesta rechazo a la adoración de un dios o dioses personales. Es fácil comprender que visiones como el ateísmo, el agnosticismo y demás posturas escépticas son incluidas dentro del no teísmo, y su ejemplo más obvio; no obstante, también hay creencias, como el deísmo y el panteísmo, e incluso religiones organizadas que encajan dentro de la perspectiva no teísta. Pueden adivinar una de ellas con la siguiente imagen:


Si usted pensó en el budismo antes de fijarse en nuestro querido Homero Simpson, está en lo correcto. Una de las diferencias primordiales del budismo con otras visiones religiosas radica en que los seres superiores no son más que un estado de reencarnación dentro del saṃsāra, así que los llamados devas -que nosotros asociamos con los dioses-, aunque poderosos, están lejos de los asuntos humanos, y al morir volverán a renacer en otro mundo. La liberación sólo puede alcanzarse en el mundo de los humanos a través de las enseñanzas del budismo.

Por otra parte, en el budismo mahayana (el más extendido y laico) existe la intervención de seres espirituales que ayudan al individuo en la búsqueda de su liberación, los llamados bodhisattvas. No obstante, no deben confundirse con dioses: son humanos a puertas del Nirvana, pero que se mantienen en este mundo para ayudar a otras personas a alcanzar la iluminación.

Otras religiones como el jainismo y las religiones chinas son también consideradas no teístas, al no aceptar la existencia de dioses creadores. En el caso del jainismo, incluso algunos filósofos hablan de transteísmo, puesto que los dioses existen, pero no son el estado espiritual mayor, el cual se alcanza con el moksha (liberación del espíritu).

Ignosticismo


El ignosticismo es una visión teológica que puede ser vista como una variación del ateísmo y el agnosticismo, o como una postura diferente. El ignosticismo asume que cualquier postura que se tome sobre la inexistencia de la deidad es absurda, puesto que el tema de debate (la deidad) carece de una definición clara para todas las partes, y aquellos con una definición no ofrecen medios por los cuales tal definición pueda ser sometida a prueba. Por ello, para el ignóstico, debe tenerse primero una definición coherente del término Dios antes de siquiera debatir acerca de su existencia o inexistencia.

Dado que el ignosticismo no se enfoca en los debates sobre la existencia divina, y como tal quien lo profese viviría sin la necesidad de una deidad, podría compararse con un ateísmo práctico, es decir, un apateísmo. Sin embargo, hay diferencias claras. Por ejemplo, un agnóstico diría que la posibilidad de afirmar con total certeza la existencia o inexistencia de una deidad es imposible, mientras que el apateísta opina que tal debate carece de importancia, aunque puede asumir que la deidad existe o no. Un ignóstico, en cambio, considera que no tiene sentido tomar partido sobre la existencia de algo que ni siquiera puede ser definido correctamente -ya sea por el mal planteamiento de los argumentos, o su infalsabilidad-, pues no es un verdadero debate.

El ignosticismo también es comparado con el no-cognitivismo teológico, que afirma que palabras como Dios carecen de significado cognoscible, y por ello carece de sentido discutir sobre ello. La diferencia es que, por ejemplo, los no-cognitivistas pueden asumir los conceptos abstractos de la deidad como sin sentidos, mientras que rechazan los dioses antropomórficos como simplemente falsos; en contraste, los ignósticos entrarán a debatir si se les ofrece una definición coherente de deidad, abstracta o no.

Consideraciones finales

Tuve la idea de armar esta entrada tras un pequeño debate en un grupo de Facebook sobre deísmo y ateísmo. Hubo un intercambio de definiciones e ideas sobre lo que significa un debate entre ambas partes, y me di cuenta que muchas personas tienen ideas propias de lo que significa ser de tal o cual posición teológica. Por ello decidí buscar los conceptos más claros posibles sobre cada postura y presentarlas aquí.

Uno de los miembros, definido como ignóstico, hizo una analogía de algunas posturas usando unicornios como ejemplo, y dice al final que, ante la infalsabilidad de una hipótesis como la divina, las posturas más correctas serían el agnosticismo, el apateísmo y el ignosticismo, aunque puede igualmente asumirse su inexistencia dada la falta de evidencia. El lector puede asumir aceptar o no la primera parte de su opinión, pero soy claro en la segunda: estamos de acuerdo. Si bien no puede decirse que la ausencia de evidencia es evidencia de ausencia, encuentro absurdo creer en la existencia de algo de lo que no se tiene una sola evidencia clara y objetiva. Lo que siempre digo: yo podría creer en una pelota inmaterial y gigante con doce brazos que rodean la Tierra, y nadie podría probar que lo que digo es mentira. Es por eso que se usa la carga de la prueba, ¿cierto?

Los lectores creyentes se dirán: “¿Y qué queda para nosotros, entonces?”. Bien, usted puede creer en lo que quiera. Puede pensar que hay un dios personal, o que no interviene en su vida, y puede tener los libros sagrados que quiera a su disposición para asegurar que sus creencias son reales. Pero también tendrá que aceptar que los escépticos no vemos los textos antiguos y las experiencias personales tipo “Dios existe porque lo siento en mi corazón” como una evidencia real de su existencia, y por lo tanto tenemos derecho de dudar de tal afirmación y someterla a un análisis crítico. Ninguna idea ni creencia está por encima de ello.

Finalmente, aunque me considero un poco como un nerd de las religiones, tengan por seguro que soy tan humano como cualquiera, y puedo equivocarme. Es posible que haya algo en los conceptos presentados aquí que sea incorrecto o que necesite una ampliación, así que siéntanse libres de decirlo en los comentarios, siempre que sea en un lenguaje adecuado.

Y para terminar, continuaré con las analogías del ignóstico antes mencionado, pero con dragones, que me gustan más.

Teísta: “Creo en dragones específicos guiado por una tradición”.
Deísta: “Creo en dragones inespecíficos, pero los busco”.
Animista: “Creo que hay dragones menores en cada ser vivo u objeto inanimado”.
Panteísta: “Creo que los dragones son uno con el Universo”.
Panenteísta: “Creo que los dragones están dentro del Universo, y más allá de este”.
Ateo: “No creo en la existencia de dragones de ninguna clase”.
Agnóstico: “Creo que no puede saberse con total certeza la existencia o inexistencia de dragones”.
Apateísta: “Creo que la existencia de los dragones es un asunto sin importancia”.
Religioso no teísta: “Creo que existen dragones, pero no interactúan con nosotros a ningún nivel, y por ello no son importantes”.
Ignóstico: “¿Qué entiende usted por ‘dragón’?”.

Y unos cuantos chistes de bombillos para los escépticos:

¿Cuántos ateos se necesitan para cambiar un foco?
Dos; uno que lo cambie y otro que lo grabe para que después no digan que Dios lo hizo.

¿Cuántos agnósticos se necesitan para cambiar un foco?
¿Estás seguro que ese es el casquillo donde se enrosca? Podría ser un sistema de aspersión. Hasta donde alcanzo a ver, no estoy seguro. No hay forma de saberlo.

¿Cuántos apateístas se necesitan para cambiar un foco?
No me importa cambiar ese foco.

¿Cuántos ignósticos se necesitan para cambiar un foco?
Primero dígame cuál encaja.

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