miércoles, 13 de mayo de 2015

La objetividad sí es necesaria

Esta es una entrada que tenía pendiente desde hace meses. Con motivo de la nominación del pseudodocumental 970 a los Premios India Catalina (que no ganó), compartí en Facebook una carta abierta de mi amigo David a los miembros del comité técnico, pidiéndoles que retiraran el trabajo de Victoria Solano de la categoría de Mejor Documental. En su momento comenté en mi publicación que la objetividad sí es valiosa en la investigación (a diferencia de lo que cree Solano, quien presentó conclusiones prestablecidas en un tono sentimentaloide), y alguien me replicó que la objetividad “no existe”. Mi asombro fue evidente, y después de un corto debate, según el cual al defender la objetividad yo estaba vulnerando los derechos humanos (¿?), dicha persona me envió un artículo de la revista Convergencia, de la UAEMéx, titulado La nueva agenda de la filosofía del siglo XXI: los estudios para la paz. Los autores abogan por una metodología de deconstrucción (en la forma de denuncia de situaciones de violencia, marginación y exclusión) y reconstrucción (en el planteamiento de alternativas pacíficas). Suena atractivo, ¿no?

Excepto que entre las ideas expresadas en el artículo se encuentra un claro anticientifismo y una especie de reproche a Occidente, lo que parece ser “lo más trinado” en estos días de poscolonialismo y relativismo. A pesar que los autores mencionan la necesidad de la interdisciplinariedad, cosa que yo comparto, hacen énfasis en “la elaboración de nuevas epistemologías, poniendo bajo crítica el mismo concepto de ciencia occidental”. Inmediatamente presentan una serie de nuevas “fronteras de las ciencias”, con el fin de establecer un nuevo paradigma científico, donde la primera de todas dice: “En lugar de la objetividad, deberíamos resaltar el carácter intersubjetivo de la ciencia que pone de manifiesto la interpelación mutua entre las personas implicadas”, seguido de otras ideas que hablan de una ciencia de contenido más emocional (y hasta cierto punto cursi) que racional.

Detecto un problema inmediato en lo que plantean. Yo sería el primero en decir que cualquier hipótesis científica es susceptible de análisis y crítica; no obstante, ¿todo el concepto en sí de ciencia necesita revaluarse en pos de una nueva epistemología? ¿Y por qué la llaman “ciencia occidental”? ¿Acaso en Oriente, en África, no hay también este tipo de ciencia? Porque si lo plantean de esta forma se está siendo evidentemente discriminatorio -y autoaniquilante, pues las ideas que los autores presentan surgieron a partir de planteamientos filosóficos “occidentales”, y la filosofía es una ciencia como tal-, y por tanto es un despropósito para los estudios de paz que pretenden construir.

Volveré a esto más adelante. El principal inconveniente es que los autores proponen reemplazar la objetividad con la intersubjetividad. ¿Qué es eso? Básicamente, consiste en enfatizar las relaciones personales entre individuos para la construcción de conocimiento. En palabras castizas, el conocimiento se obtiene a partir de consenso. No es difícil ver de dónde proviene este planteamiento: el siempre complicado y sobrevalorado posmodernismo.

La corriente posmodernista se caracteriza por un rechazo completo a los fundamentos del modernismo y a la racionalidad en sí. Para los posmodernistas, presumir de saber la verdad es un acto sacrílego, pues esta no es más que una construcción social dependiente de la percepción del sujeto, el contexto histórico en el que se sitúe, o incluso en la sociedad en la que se dé. En ese sentido, para los posmodernistas la objetividad no es algo absoluto, puesto que es un concepto que pertenece a la “ciencia occidental”, y los métodos de dicha ciencia no son aplicables a otras formas de conocimiento.

De hecho, para el filósofo Thomas Kuhn, si dos ciencias no manejaban el mismo lenguaje teórico entonces no se podían comparar adecuadamente, y es imposible decir que una sea superior a la otra, con o sin evidencia de ello (inconmensurabilidad). También creía que las revoluciones científicas no se daban por análisis de evidencias a favor o en contra de un paradigma, sino que ocurrían por consenso científico. Sí, como comprenderán, el relativismo, ya sea cultural o filosófico, está asentado dentro del pensamiento posmoderno.

El gran problema del posmodernismo y el relativismo es creer que toda forma de conocimiento es el resultado de interacciones sociales, y es por ello que afirman que la objetividad “no existe”. Señores: la ciencia no es una democracia en la que el número de científicos apoyando una hipótesis determinada es lo que define una nueva teoría científica. La teoría newtoniana de la gravedad no se considera correcta simplemente porque un grupo de señores en bata decidieron que era más bonita: las hipótesis de Newton pudieron comprobarse a partir de experimentos y ensayos enmarcados en el método científico. Eso, señores, es objetividad: tener en cuenta los datos y evidencias antes de aceptar una idea, una hipótesis. Esto no es un pensamiento patrimonio de Occidente: el pensamiento científico y sus métodos son aplicables a cualquier persona, pues no es un razonamiento difícil de hacer.


A los posmodernistas les incomoda aceptar el método científico, porque lo consideran una creación “occidental” y arrogante que desprecia cualquier otra forma de conocimiento. Sin embargo, ¿no es más arrogante creer que un chamán tiene el poder de curar enfermedades, simplemente por pertenecer a una “cultura ancestral”? Puede que las bebidas que prepare sí tengan propiedades medicinales, pero dichas afirmaciones deben comprobarse a través de un análisis riguroso antes de asumirse como tales. Aceptarlas sin comprobación sería irracional. Creer que toda forma de conocimiento surge de una perspectiva enteramente subjetiva es irracional desde su núcleo, pues entonces, ¿no es subjetiva también la idea de que toda verdad es subjetiva? El relativismo del posmodernismo hace que se destruya a sí mismo. Todo no vale, puesto que se estaría violando el principio de contradicción; no es posible que la homeopatía sea verdadera al mismo tiempo que la química, ni el creacionismo junto a la evolución de la vida. La evidencia debe prevalecer ante la ideología y la creencia.



La principal razón por la que los posmodernistas se oponen al método científico de la ciencia “occidental” es más cultural e histórica que filosófica. Ocurre porque las civilizaciones europeas oprimieron a muchos pueblos tecnológicamente menos avanzados. De hecho, según los autores, las culturas no occidentales han sido “subordinadas” y “silenciadas por la cultura occidental del pensamiento único”. Sería insensato debatir las acciones negativas y crueles de muchos episodios de colonización y conquista –aunque, siendo sensatos, cada pueblo humano ha crecido sobre los huesos de otro-; no obstante, ni esto niega la funcionalidad del método científico, ni pone en un pedestal cualquier expresión cultural o conocimiento de los pueblos oprimidos. Esa es una muy mala falacia por asociación. Que la Conquista haya sido una atrocidad no invalida de ninguna forma el aporte cultural proveniente de la civilización europea (aunque tampoco justifica sus acciones), ni significa que todas las costumbres de los pueblos indígenas eran dignas o moralmente adecuadas. Y no significa, de ninguna forma, que el método científico sea reprochable.

La idea de los autores de fomentar las relaciones sociales y dejar de lado la objetividad como parte de estudios para la paz es atractiva, pero insostenible. ¿Por qué? Porque cuando estamos, por ejemplo, hablando entre culturas, habrá diferencias fundamentales que generarán conflicto, y los cuales la intersubjetividad no resolverá de ningún modo. Pensemos, por ejemplo, en la ablación del clítoris que se practica en algunos países africanos y de Oriente Medio, así como en algunas tribus indígenas americans. La objetividad nos dice que cualquier costumbre que propicie daño al cuerpo humano es una barbaridad que debería desaparecer, pero de acuerdo con las ideas posmodernistas, esa es simplemente nuestra percepción occidental, y no debemos imponerla. La intersubjetividad nos llevaría a ignorar el daño, y en cambio dialogar acerca de ello. ¿Sobre qué? ¿Métodos más higiénicos de mutilar a sus niñas? Si se trata de que abandonen dicha práctica, entonces debemos asumir que estos pueblos no tienen la razón al practicar la ablación, porque ningún humano debería mutilar a otro, y menos a un menor de edad sin la capacidad de discernir sobre estos actos. Eso sería un pensamiento racional, y por lo tanto objetivo, y destruiría inmediatamente el marco intersubjetivo de los “estudios para la paz”. Incluso tratar de “humanizar” la ablación sería un acto objetivo, porque sabríamos el daño que hace, y al tratar de minimizarlo asumimos que es una costumbre bárbara.

Es sumamente molesto que se diga que la objetividad no existe (o que está sobrevalorada, como afirma Victoria Solano), y lo es aún más cuando se asegura que defenderla es pisotear los derechos humanos. Pisotearlos es permitir que existan personas que mutilen a sus hijas sólo porque es “su cultura” y “su percepción”. Pisotearlos sería creer que no tenemos derecho a indignarnos por el trato a las mujeres en los países islámicos simplemente porque es cosa de su religión. Pisotearlos sería aceptar que se discrimine a una persona por nacer de alguna parte (o ninguna) del cuerpo de un dios primordial, simplemente porque así lo creen en otro país. Eso sí sería pisotear los derechos humanos. Los posmodernistas que tanto abogan por el multiculturalismo acrítico son quienes más permiten que se violen los derechos humanos.

Por supuesto, no se trata de llegar a otro país y cambiar sus costumbres a sangre y fuego. Eso sería una imbecilidad gigante como el Everest. Es necesaria la educación y por qué no, el diálogo también. Sin embargo, no podemos dejar de comprender que es necesario un análisis racional en el tema a discutir, y si esto se hace, entonces podremos darnos cuenta que, por más que los posmodernistas y relativistas culturales así lo quieran, un pensamiento científico y objetivo nos dirá quién tiene la razón en un debate. Y este pensamiento lo aplicamos diariamente; después de todo, cualquier posmodernista seguirá mirando ambos lados antes de cruzar la calle.

Porque la preferencia no valida la creencia.

4 comentarios:

  1. No le digas a Catalina Ruiz-Navarro que la verdad no se decide por consenso, que va y se nos suicida.

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  2. Yo tuve una charla con 2 relativistas sobre la ciencia "occidental" en contraposición, supuestamente, de la ciencia oriental, la "medicina alternativa" y naturista. Por supuesto me dijeron que los estudios revisado por pares y publicados en una revista de buena trayectoria hace parte de la imposición de esta ciencia lucrativa y que viene de "El sistema".

    ¡Muerte a la objetividad!

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    1. Esa siempre es su excusa: la imposición del "sistema", ese que nadie puede explicar bien, pero al que todos los relativistas acuden. Es difícil debatir con gente así, porque son intransigentes y dogmáticos: nunca van a aceptar la información que vaya en contra de sus creencias.

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