Los límites del mito de la “civilización judeocristiana”
I. Introducción En tiempos donde parece que el pensamiento religioso está creciendo, o al menos se empieza a presentar de nuevo como una fuerza unificadora de la población, es bastante común escuchar el mensaje de que Occidente es una civilización judeocristiana, que sus bases sociales y éticas yacen sobre la tradición histórica del judaísmo y su evolución natural hacia el cristianismo, el cual mantuvo un orden de siglos a través de las naciones que conforman lo que hoy llamamos sociedad occidental. Quienes promueven esta idea usualmente hablan de preservar instituciones y derechos históricos que, dicen, están basados en la cultura judeocristiana compartida, de modo que, o tienden a poner la religión como una necesidad para sobrevivir ante la incertidumbre contemporánea, o defienden un “cristianismo cultural”, una visión secular que defiende las prácticas e influencias sociales de la religión cristiana incluso sin profesar dicha fe.