viernes, 22 de mayo de 2015

Nacionalismo inútil (XI): ¿por qué aprender otro idioma?

Desde el colegio, no recibimos únicamente lecciones sobre nuestro propio idioma, sino también en otros idiomas que en el futuro puedan ayudarnos a comunicarnos con otras personas. En algunos colegios puede variar, pero no estaría equivocado decir que la norma es el inglés. Y cuando entramos a la Universidad, esta preparación en una segunda lengua incluso se profundiza, pues gran parte de la información importante para una carrera se encuentra en inglés. Este idioma se ha convertido en la lengua universal.

No obstante, no han faltado las personas que dicen que es innecesario e incluso traicionero aprender otro idioma, y especialmente el inglés. ¿Sus razones? Muchos alegan que el español es nuestro idioma nativo, y que no es necesario aprender otro, porque no somos gringos. Otros aseguran que aprender inglés es una forma de permitir la dominación cultural por parte de los extranjeros. Sí, todo eso suena un tanto absurdo, pero lo he visto.


Creo que no sería exagerado afirmar que la postura que mantienen estas personas es mitad ignorancia ideológica y mitad pereza educativa. Antes de explayarme en esos puntos, hablaré un poco sobre el origen y la necesidad de un idioma universal.

Desde hace siglos, más de un pensador se dio cuenta que era necesario tener o construir un idioma que permitiera a cualquier persona en el mundo comunicarse con otra, a pesar de sus diferencias lingüísticas originales. Por decirlo de una forma poética, ayudarlos a superar la torre de Babel. Con esta idea en mente, se han creado algunos idiomas como el esperanto, el interlingua y el volapük. Sin embargo, aunque cuentan con un importante número de hablantes, estas lenguas artificiales no tuvieron el éxito esperado.

Sin embargo, la globalización y la ruptura de burbujas de aislamiento de varios países alrededor del mundo han propiciado que actualmente el inglés sea la verdadera lengua universal, o la que está en el camino más corto de convertirse en una. El inglés ha permitido una mayor comunicación a nivel comercial, cultural e intelectual entre los países, por lo que en estos momentos es altamente recomendable -no, es casi imperativo- que una persona que salga al mundo laboral tenga un cierto dominio en este idioma.

¿Por qué hablo de ignorancia ideológica? Porque quienes se oponen al uso del inglés como lengua universal desde una postura política -¿necesito decir en qué lado del espectro se ubican?- están cometiendo lo que ya comenté en la entrada anterior: una falacia por asociación. Si el imperialismo estadounidense es nocivo para la estabilidad mundial, entonces cualquier aporte cultural o tecnológico de Estados Unidos lo es. ¿No es eso un sinsentido? Cualquier persona medianamente sensata desaprobaría la actual política exterior de Estados Unidos, y yo no soy la excepción, pero de ahí a desechar una herramienta de comunicación y conocimiento como lo es ahora el idioma inglés es algo muy diferente. Es, como se diría popularmente, confundir gimnasia con magnesia: una cosa no tiene que ver con la otra. Es innegable que el uso de una lengua universal es necesario para un mayor entendimiento entre personas de diferentes países. Limitar esa posibilidad por cuenta de ideologías políticas es una tontería.

Pongamos un ejemplo práctico, en biología. Tanto el estudiante como el profesional saben que la mayor parte de la información en este campo no se encuentra en español, y si uno quiere que su labor empiece a ser reconocida a nivel mundial, entonces es imposible quedarse únicamente escribiendo en nuestro idioma. Cierto, uno debe tener su cuota de artículos y trabajos en español, porque eso ayuda a impulsar el crecimiento de revistas científicas en nuestra propia lengua, pero es necesaria también una producción considerable en inglés, porque es actualmente el idioma que más permite la transmisión de conocimiento científico. ¿Y debe eso limitarse por cuenta de la mala política? No lo veo racional.

Es algo fácil rastrear razones un poco más profundas para esto, y es la insistencia de muchas personas en mantener la “pureza cultural” de su país. Esta es una idea propia del romanticismo, el cual manifestaba un abierto rechazo al racionalismo en pos de la exaltación de los sentimientos, y dio origen a la idea de que cada pueblo debe mantener su cultura y costumbres inalteradas. Sin embargo, cerrarse a la influencia de otras culturas es retrasar nuestra propia cultura. Muchos países iniciaron su camino al progreso cuando decidieron abrirse a otras culturas y personas, y mientras integraban dichas influencias a la suya, empezaron a enviar su propia influencia cultural a otros países. Además, la postura nacionalista de rechazar cualquier influencia extranjera es incluso peligrosa. Nos recuerda Gabriel Andrade que “estas ideas han conducido a las formas más escandalosas de nacionalismo y xenofobia, y tienen una gran dosis de responsabilidad en los más graves conflictos militares del siglo XX”. Es necesario dejar atrás ese chovinismo irracional.

¿Y qué hay de la pereza educativa? Bueno, porque si bien hay personas que creen por convicción en el uso del inglés como una forma de dominación cultural, otros usurpan esas ideas para ocultar el hecho de que, simplemente, no les interesa aprender otro idioma. ¿Le parece que eso sea una excusa seria? Hay que decirlo: aprender y dominar una segunda lengua no es tarea fácil, y muchos prefieren evitar invertir el tiempo en tan agotadora actividad. Pero, dados los ejemplos anteriores, es obvio que los beneficios de dominar un idioma prácticamente universal superan por mucho las dificultades y molestias del proceso de aprendizaje.


Y con esto termino. Para los que están en el proceso de aprender inglés y sienten dificultades, simplemente recordarles que será una gran ventaja a largo plazo. Así que:


P.D: Para un enfoque similar sobre el bilingüismo, pueden ver las entradas de Gabriel Andrade En contra de la babelización y Sobre la educación bilingüe en Venezuela.

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