jueves, 23 de julio de 2015

¿Puede un ateo declararse agnóstico y/o viceversa?

Introducción

Caray, la entrada número 100. De alguna forma parece lejana la tarde en que me senté a hablar acerca de la educación y la reacción de los padres ante el rendimiento de sus hijos. Podría pensar en muchos temas para comentar aquí, pero creo que voy a decantarme por uno un tanto espinoso, y es la “importancia” de las etiquetas en el escepticismo religioso.

Dawkins y el debate de Oxford

En Reino Unido fue muy conocido y publicitado el debate público realizado en 2012 por la Universidad de Oxford entre el biólogo evolutivo y divulgador científico Richard Dawkins, y el entonces arzobispo de Canterbury y cabeza de la Iglesia Anglicana, Rowan Williams. El debate se centró en las hipótesis y teorías del origen del Universo, y el papel de la religión en la vida pública. El diálogo entre las dos figuras, bajo la moderación del filósofo Anthony Kenny, fue respetuoso y cordial, y sorprendentemente los dos estuvieron de acuerdo en muchos puntos -excepto, por supuesto, en el tema de Dios como origen del Universo y todo lo existente-.


En un punto de la discusión, Kenny le dijo a Dawkins: “Usted, pienso, Richard, usted cree que ha probado la inexistencia de Dios”. La respuesta del biólogo fue inmediata: “No, no lo he hecho. Usted estaba equivocado cuando dijo eso. Yo construí en El espejismo de Dios una escala de 7.0 en la que 1 es que yo sé que Dios existe, 7 es que sé que Dios no existe, y yo me llamo a mí mismo un 6”. Cuando el filósofo le pregunta: “Entonces, ¿por qué mejor no te llamas agnóstico?”, Dawkins responde: “Lo hago”. Ante las risas del público, Kenny le señala que él es descrito como el ateo más famoso del mundo, a lo que Dawkins asegura: “Bueno, no por mí”.

Por alguna razón, muchos creyentes y supuestos escépticos tomaron dicha conversación como una evidencia de que Dawkins dejó de ser ateo, y peor, como si de alguna forma declararse agnóstico lo acercara más a la creencia, o les diera la razón a los religiosos. De hecho, alguien hizo un video en Youtube mostrando esa parte del debate de Oxford, junto a su biografía en la Wikipedia en inglés, donde su estatus había cambiado de ateo a agnóstico (cabe señalar que el video es del 2012, y en Wikipedia aparece nuevamente como ateo), poniéndolo como una prueba de que los ateos y fanáticos de Dawkins estaban frustrados por el cambio de su ídolo. Y precisamente, alguien le pasó este video en una pregunta a mi amigo David.

Ya conocía la respuesta de Dawkins hace tiempo, y siempre me produjo sorpresa. En particular, porque en El espejismo de Dios señalaba al agnosticismo (al menos, al permanente) como “cobardía intelectual”, así que es extraño que recurriera a esa “etiqueta”. Tal como mencionó David, y como pensé yo también, probablemente su respuesta se trató de una jugada de corrección política o mejor dicho, de cobardía, para evitar las connotaciones negativas que suelen darse ante la palabra ateo -irónicamente, la percepción entre creyentes y ateos del agnosticismo no la hace precisamente una mejor postura-. Parece innecesario, de todos modos, dada su notoriedad como crítico de la religión, cosa que no ha disminuido en nada tras el debate de Oxford, así que sus detractores lo seguirían tratando igual, independientemente de la etiqueta que use.

Debo ser muy específico con algo que personas cercanas ya saben: respeto a Dawkins, pero no lo admiro especialmente. No estoy de acuerdo con algunas de sus actitudes, ni algunas de sus ideas (como sus argumentos de apoyo al Proyecto Gran Simio), y quizás, como algunos aseguran, en los últimos años sus ataques a la religión perjudican su labor de divulgación científica. Sin embargo, y aunque a muchos les pese (no es mi caso), su labor como divulgador de la ciencia, el pensamiento crítico y el escepticismo es innegable, y definitivamente un legado: gracias a su trabajo, y al de otros como él, muchas personas han abierto sus mentes a la duda y la curiosidad hacia la ciencia y la razón. Pretender ignorar esto sería injusto y deshonesto.

Es por eso que me molesta bastante que haya personas que utilicen su respuesta en el debate de Oxford como una especie de contraargumento al ateísmo, o al menos al escepticismo religioso. ¿En qué forma declararse agnóstico disminuiría su activismo? ¿Y acaso mentía cuando dijo que él no se llamaba a sí mismo “el ateo más famoso del mundo”? Claro que no: así lo han llamado muchos, pero no él mismo. Esa respuesta no implica de ninguna forma que él no sea ateo. Como tampoco el declararse agnóstico implica que sea un pensador menos riguroso que cualquier otro ateo. Sí podría uno decir, quizás, que estaría siendo un poco inconsistente, por no decir cobarde, que aceptara por corrección política una postura que él mismo criticaba años antes, pero ¡oigan! El espejismo de Dios fue escrito en 2006. ¿No tiene derecho el hombre de revisar sus opiniones y cambiarlas?

Por supuesto, sus razones para “admitir” su agnosticismo son menos simples de lo que esperan algunos.

¿Por qué un ateo se llamaría a sí mismo agnóstico?

Aunque para los creyentes suene raro, que haya figuras del escepticismo que utilicen una u otra etiqueta no es poco común. El filósofo de la ciencia Michael Ruse ha aceptado ser calificado de agnóstico, aunque él prefiere definirse como ateo. El comediante Bill Maher, fuerte crítico de la religión, ha usado distintas etiquetas como ateo, agnóstico (esta la usó en su documental Religulous) y apateísta. Michael Shermer, escritor científico, también se ha definido como no creyente, ateo o agnóstico, aunque en una ocasión aclaró que prefiere simplemente el término escéptico.

¿Hay necesidad de hacer dramatismo por ello? No lo creo. En principio, con frecuencia el agnóstico mantiene una visión crítica de la religión y la creencia en deidades que no está muy alejada de la que tiene un ateo promedio. La diferencia tiende a ser puramente filosófica, y quizás, como aseguran algunos, artificial. Por ello, afirmar que quien se declara agnóstico deja de ser ateo es arriesgado y tramposo. Quien se define como ateo no es necesariamente más racional que un agnóstico declarado, ni este a su vez es más honesto en sus creencias que el primero. La capacidad racional no se maneja de forma jerárquica.

Por supuesto, sería imposible negar que hay personas que se declaran agnósticas sólo para escapar del debate religioso y presumir de intelectualismo, así como hay quienes se declaran ateos puramente por rebeldía y moda, especialmente en Internet. Eso no debería ser sorpresa, pero la inmadurez de unos no disminuye la calidad argumentativa de otros.

Sobre las diferencias entre llamarse ateo y agnóstico ya hablé antes, y no creo que sea necesario extenderse mucho. Repetiré lo que ya he señalado: el agnóstico es muy frecuentemente un ateo, y el ateo generalmente es agnóstico. ¿Por qué? Porque el agnosticismo es hablar sobre la certeza absoluta de conocimiento sobre la existencia o inexistencia de las deidades. Y sería muy raro encontrar a un ateo que diga estar seguro 100% de que Dios no existe. En ese sentido es agnóstico. Por supuesto, ante la ausencia de evidencia de la existencia de tal deidad -existencia cuya evidencia debe ser comprobada exclusivamente por el creyente-, y la comprobación científica de que nuestro Universo pudo tener un origen y funcionamiento que no dependa de un ente superior, es perfectamente normal y seguro que un agnóstico asuma su vida sin la existencia de deidades. Y en ese sentido es ateo.

De nuevo, esto tampoco excluye la existencia de agnósticos que sean creyentes, aunque sepan incomprobable la existencia de un creador. Por un buen tiempo yo fui uno de ellos. A pesar de ello, esto no significa que todos los agnósticos tienen una visión 50/50 de la divinidad, ni que al asumirse como tal uno le esté abriendo espacio al respeto a las creencias. Esos son más bien argumentos ideológicos que, al menos para mí, carecen de sentido y apestan más a hígado que a cerebro.

¿Y por qué hay quienes prefieren llamarse agnósticos o ateos en diferentes circunstancias? El filósofo Bertrand Russell lo explicó en un corto ensayo titulado ¿Soy ateo o agnóstico? Un ruego de tolerancia ante los nuevos dogmas:


Nunca sé si debo decir ‘agnóstico’ o si debo decir ‘ateo’. Es una pregunta bien difícil y me atrevería a decir que para algunos de ustedes también. Como filósofo, si estuviera ante una audiencia puramente filosófica debo decir que me describo a mí mismo como un agnóstico, porque no creo que haya un argumento concluyente que pruebe que no hay un Dios.

Por otra parte, si quiero dar la impresión correcta a un hombre ordinario en la calle pienso que debo decir que soy un ateo, porque cuando digo que no puedo probar que no hay un Dios, debo añadir igualmente que no puedo probar que no existen los dioses homéricos.

Ninguno de nosotros consideraría seriamente la posibilidad de que todos los dioses homéricos realmente existan y si aún se pusieran a trabajar en dar una demostración lógica de que Zeus, Hera, Poseidón y el resto de ellos no existen se van a encontrar en un horrible trabajo. No encontrarían tales pruebas.

Por lo tanto, respecto a los dioses olímpicos, hablando ante una audiencia puramente filosófica diré que soy un agnóstico. Pero hablando coloquialmente, todos nosotros diríamos respecto a esos dioses que somos ateos. Con respecto al dios cristiano debo, creo, tomar exactamente la misma línea.”

No, Russell no estaba tratando de decir que los ateos deban comprobar que Dios existe -sería raro viniendo eso de quien inventó la analogía de la famosa tetera que lleva su nombre-, sino que al ser una afirmación sobrenatural, esta no puede ni demostrarse ni desmentirse con total certeza. Al asumir esa idea, la persona está tomando una postura agnóstica. Por otro lado, cuando la persona comprende el Universo y las leyes que lo rigen, entiende que en el campo de las probabilidades, la existencia de un creador es una posibilidad muy remota, por lo cual se puede asumir que no existe, y en ese caso la persona agnóstica sería, a su vez, atea (lo que sería la mayoría de escépticos de hoy). Russell lo explica unos pocos párrafos más adelante:

Hay exactamente el mismo grado de posibilidad y probabilidad de la existencia del Dios cristiano como de la existencia del Dios homérico. No puedo probar que el Dios cristiano o los dioses homéricos no existan, pero no creo que su existencia sea una alternativa lo suficientemente probable como para ser digna de una seria consideración.

Tal como lo muestra Russell, no hay en realidad una rivalidad o exclusión entre el concepto de agnóstico y el de ateo. En tal caso, el uso de cualquiera de estas palabras por parte de una persona es más bien cuestión de filosofía y de percepción personal. Quizás esto se encuentre mejor explicado por Herb Silverman:

Así que mi ‘conversión’ de agnosticismo a ateísmo fue más definitoria que teológica. En realidad, dependiendo de cómo son definidos los términos y su contexto, puedo adecuadamente llamarme a mí mismo un ateo o un agnóstico, al igual que un humanista,  humanista secular, libre pensador, escéptico, racionalista, infiel, y más.

Soy curioso sobre por qué la gente encuentra ‘ateo’ mucho más amenazante que ‘agnóstico’, cuando los autoproclamados ‘ateos’ y ‘agnósticos’ frecuentemente mantienen idénticos puntos de vista. Como los ateos, los agnósticos casi nunca dan igual mérito a la creencia y la no creencia. Por ejemplo, yo no puedo probar ni refutar las siguientes afirmaciones:

Afirmación 1. El Universo fue creado hace 30 minutos y el creador implantó falsas memorias en todos nosotros.
Afirmación 2. Los infieles que no creen en el Monstruo de Espagueti Volador están condenados a arder por toda la eternidad en una tina de salsa de pasta caliente.

Asumo que todos somos ‘agnósticos’ acerca de estas dos hipótesis, pero al mismo tiempo estamos bastante seguros de que son falsas (yo también me llamaría a mí mismo ateo con respecto a tales creadores). La carga de la prueba está sobre la persona que está haciendo la afirmación –como debería ser con cualquier pretensión sobrenatural.”

Creo que ya lo he explicado bastante hasta este punto. El escéptico religioso tiene entera libertad de utilizar la palabra ateo o agnóstico, de acuerdo a su parecer, y no debería ser estigmatizado por ello, siempre que mantenga una coherencia en sus ideas.

¿Y qué hay de mí?

Los que me siguen o me conocen desde hace tiempo saben que siempre me he definido como agnóstico, o simplemente como un escéptico, lo que es un concepto más general. Sin embargo, también he hecho énfasis en que para mí, la probabilidad de la existencia de un ser superior es algo muy remoto, y creo que el Universo se explica y se mantiene muy bien sin un creador. Básicamente, soy un agnóstico ateo: lo usual, pues.

Me defino como agnóstico precisamente por filosofía -más exactamente, epistemología-: las hipótesis sobrenaturales son infalsables, y por tanto no se pueden ni comprobar ni refutar. Pero, por supuesto, podemos comprender, a través de la ciencia, que tales hipótesis son innecesarias para explicar lo que no comprendemos. Es responsabilidad del creyente presentar evidencia que pruebe la existencia de un creador, pues es él quien realiza una afirmación extraordinaria. Y estoy abierto a cualquier evidencia que lo pruebe, tal como lo estaría cualquier ateo o agnóstico. Tal como lo dijo Thomas Huxley, “dame alguna evidencia que justifique mi creencia en cualquier cosa y yo creeré”. Y si nadie ha conseguido mostrare evidencia de tal creador, ¿cómo podría creer?

No necesito usar la etiqueta de ateo para definir mi postura religiosa, al menos en este momento de mi vida. No se trata de comodidad, pues ya he sido mal señalado por llamarme agnóstico por algunos colegas: como dije, la percepción negativa que tienen muchos desde uno y otro lado la hacen una postura más bien incómoda. Cien entradas hasta ahora me han dado mucho tema de qué hablar, y creo que he podido demostrar hasta ahora que soy lo suficientemente racional y escéptico en el campo religioso sin usar una etiqueta más o menos dramática. Es posible que en un futuro cambie mis ideas, pero ahora mismo estoy mayormente conforme con lo que soy y lo que he logrado. Una palabra no debería importar para tener en cuenta eso.

Conclusiones

Para cerrar, agradezco a todos los lectores de este sitio y a todas las personas que me han apoyado a lo largo de estos años. Cien entradas parecen más bien poco para más de tres años, pero me he esforzado para que al menos la mayoría de ellas valgan la pena, y seguiré haciéndolo mientras pueda.

Y como es usual, si alguien está en desacuerdo con lo expuesto aquí, lo invito a que se tome un momento para reflexionar sobre todo lo que ha leído. No sé si de alguna forma cambie sus ideas, pero espero que al menos pueda, en un futuro, razonar mejor.

4 comentarios:

  1. YO SOY ATEO, LOS AGNÓSTICOS SON SOLO ATEOS SIN HUEVOS.

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  2. La idea o concepto de una inteligencia superior, ente o divinidad no nos resuelve nada, es banal y ni al caso.

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    1. Divertido, pero es una idea facilista menos eficaz de lo que muchos escépticos creen. Si la idea de una inteligencia superior fuera tan banal e incapaz de resolver algo, no sería una idea defendida por miles de millones de personas alrededor del mundo. No es simplemente cuestión de educación, sino que la idea de una deidad ayuda a muchas personal a resolver ese conflicto interno que se tiene con la idea de que somos finitos, y todo termina con la muerte.

      Por supuesto, el concepto de un creador abre muchas otras interrogantes, que son las que los escépticos religiosos usamos para cuestionar dicho concepto, pero convengamos que es una idea que da sosiego a muchas personas, aunque sea a costa de renunciar a parte de su individualidad y libertad.

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