miércoles, 29 de julio de 2015

El Guasón y la evolución cultural de los gustos

Si hay un villano en el mundo de los cómics y el cine que se ha vuelto incluso más popular y quizás más admirado que su archienemigo heroico es el Guasón. El payaso criminal, asesino y caótico ha sembrado el terror durante décadas en las páginas de Batman y el interés de muchos aficionados. Su salto a la gran pantalla, primero con Jack Nicholson de la mano de Tim Burton, y después con el fallecido Heath Ledger junto a Christopher Nolan, terminó de cimentar su leyenda. Sin embargo, el año pasado se reveló que DC va a lanzar la película Suicide Squad en 2016, y el príncipe payaso estará en ella, interpretado por Jared Leto. En cuanto se conoció su aspecto, se levantó la polémica.


Lo admito: soy uno de los que al menos quedó desconcertado por la imagen punk del personaje, llena además de tatuajes que sirven como una especie de meta-referencia a sí mismo. Para muchos de los admiradores del Guasón -o más bien del Guasón de Ledger, ya hablaremos de eso-, la imagen de Leto fue decepcionante. Y el teaser tráiler recientemente en la Comic Con no hizo más que seguir levantando ampolla. Para muchos, este Guasón va a ser terrible.

A mí no me afecta tanto. Según lo veo, el principal problema del nuevo Guasón no será tanto por el desempeño que pueda tener Jared Leto, que dicho sea de paso es muy buen actor, sino por lo que el guión le tenga preparado, pues en ocasiones un buen actor no es suficiente para salvar una mala película, si la caracterización del personaje según el guión es muy inferior (véase a Tommy Lee Jones y su Dos Caras). Por otra parte, creo que la percepción altamente negativa que ha tenido, en comparación con lo poco que se conoce de su papel en Suicide Squad, se debe más a los zapatos que tiene que llenar: la interpretación de Ledger fue soberbia, y ciertamente su temprana muerte contribuyó también a la masiva recepción que tuvo su Guasón. Para muchos de los fanáticos de Batman, y especialmente a aquellos que lo son básicamente por la trilogía de Nolan -que probablemente no conocen ni la serie animada de los 90-, Ledger es sencillamente insuperable.

Algo que sí es confuso y molesto es cuando los aficionados se ponen a discutir si tal o cuál interpretación es mejor, por lo general sin tener claro qué es lo que la hace mejor. El Guasón es un ejemplo especial, puesto que cuenta con cuatro actores que lo han representado en un espacio de tiempo de más de cincuenta años. Muchos son los que dicen que el Guasón de Heath Ledger es mejor que el de Jack Nicholson o el de Cesar Romero (el de la serie de los sesenta), pero pocos los que explican su opinión. Dejan de lado que cada uno viene de una época diferente, con visiones y preferencias diferentes, y por lo tanto la caracterización será diferente.

Si lo midiéramos por el grado de fidelidad a los cómics, la verdad es que Ledger quedaría perdiendo frente a Romero y Nicholson, pues ambos son muchísimo más cercanos a su contraparte en los cómics. Romero era el Guasón de una época donde los cómics no podían tener contenido muy violento o sexual, y por eso su interpretación es más la de un criminal cómico, aunque peligroso. Nicholson, proveniente de unos años más oscuros, de muchas crisis, lo interpreta como un mafioso trastornado, con un negro sentido del humor, más cercano a la construcción del personaje durante toda su vida en el cómic. Ledger es un Guasón afín a una época de tensión política, y donde muchos consumidores de entretenimiento aprueban la violencia, aunque generalmente esperan que tenga un significado. Su Guasón anarquista y caótico fue el adecuado para la trilogía Nolan: no obstante, es el más lejano de los tres al personaje del cómic, aunque no por ello disminuye la calidad de su trabajo.


Este análisis me hace pensar que, así como el Guasón ha evolucionado y sus caracterizaciones se han ajustado a la época y a los valores y gustos de la gente de dicha época, de igual forma evolucionan las tendencias en artes como la literatura o el cine, ajustándose siempre a las necesidades del público. Incluso en áreas como la política y la religión se ve el intento por adaptarse y evolucionar junto a la idiosincrasia de la población a través del tiempo.

Pondré un ejemplo de una obra literaria que refleja la evolución cultural de un pueblo y su religión: la Biblia. Para nadie es un secreto que el Antiguo Testamento es muy diferente del Nuevo. Sencillamente, ambos son el producto de dos épocas históricas muy diferentes. El Antiguo fue escrito en una época de desarrollo del pueblo israelita. No, no la época de Moisés; dados los anacronismos y la búsqueda de unidad religiosa, es más probable que gran parte de sus textos antiguos fueran compilados y arreglados durante el reinado de Josías. En cualquier caso, es de una época donde el pueblo necesitaba orden y disciplina, por lo cual se instauraron las leyes tan rígidas del Pentateuco, que hoy a nosotros nos parecen tan monstruosas. Es, simplemente, una legislación primitiva para gente menos avanzada.

El Nuevo Testamento, en cambio, es más ameno, más centrado en el amor y la compasión, pero sobre todo en el proselitismo. Viene de la época del Imperio Romano, y de los inicios del movimiento cristiano, donde se buscaba no sólo predicar a los judíos, sino también a otras culturas. Dado que usar los viejos textos no era la mejor forma de buscar conversos, se fue matizando la historia y el mensaje de Jesucristo en los Evangelios, e incluso el tratamiento de los romanos con respecto a su juicio y muerte -comparen Marcos con Mateo, Lucas y Juan, en ese orden-, tratando de conseguir adeptos en esa cultura sin echarles en cara a sus autoridades la responsabilidad de la muerte de su Maestro. Ambos Testamentos hablan del mismo dios, pero mientras el Antiguo te presenta a una deidad estricta, celosa e iracunda, que no duda en dar muerte a quien irrespeta sus mandamientos, el Nuevo expone a un dios más amoroso y compasivo, aunque de hecho igualmente intolerante al pecado, sólo que no tan proactivo al ejercer “justicia” (eso queda para la otra vida).

Consideremos, también, cómo evolucionó la música junto a los movimientos juveniles de la segunda mitad del siglo anterior, centrándome un poco entre los cincuenta y los ochenta. Los primeros movimientos juveniles de contracultura fueron la Generación Beat de los cincuenta, de la cual surgieron los hippies, atraídos por la revolución sexual y la mística y espiritualidad proveniente de culturas orientales y amerindias, así como un rechazo a la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam. El rock psicodélico y fusiones de la música popular con instrumentos orientales son propios de este movimiento.

No obstante, dado el fracaso del movimiento hippie para generar un cambio en los sistemas políticos y las crisis económicas en países desarrollados al inicio de los setenta (particularmente en Reino Unido), surgió el movimiento punk, con una estética y comportamiento más agresivos -no necesariamente en términos de violencia, sino en notoriedad-, y alimentados principalmente por un discurso político anarquista. Junto a esta subcultura se desarrolló el punk rock, el cual derivó más tarde a un estilo más veloz, el hardcore punk. Este fue una de las bases para desarrollar el thrash metal -curiosamente, metaleros y punks no suelen llevarse bien aún en estos días, aunque no es regla general-, que sirvió como punto de partida para diversos subgéneros dentro del heavy metal.


Tal vez este ejemplo se sienta un poco forzado y confuso, así que nos iremos al génesis de la discusión del principio: los cómics. Ya sea que conozca en profundidad del asunto o que sea simplemente un diletante (lo que no es malo), quien maneja el tema de los cómics sabe que el cómic americano se divide en cuatro etapas -o cinco, dependiendo de a quién le preguntes-: la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la llamada más comúnmente Edad Oscura (de la cual se disputa si aún está en marcha).

La Edad de Oro nació con el debut de Superman en Action Comics #1, en 1938, hasta mediados de los cincuenta. En esta época, los cómics manejaban temas muy diversos (superhéroes, detectives, animales graciosos), y eran notablemente menos conservadores y moralistas de lo que serían años después. Pongámoslo así: Superman y Batman, hoy conocidos por su código moral que les impide tomar una vida, no tenían problemas en despachar a los villanos arrojándolos a un tanque de ácido o algo parecido. Quitaban vidas sin reparos.

Eso cambió a principios de los cincuenta, cuando el psiquiatra Fredic Wertham publicó un libro en 1954 donde responsabilizaba a los cómics con el aumento de la violencia y comportamientos nocivos en la juventud (les suena familiar). Esto llevó a que el Congreso de EE.UU. creara el Código de los Cómics ese mismo año -código que sobreviviría hasta apenas el 2011, cuando DC Comics y Archie Comics fueron las últimas editoriales en abandonarlo-. Esto, sumado a la disminución de las ventas en cómics tras la Segunda Guerra Mundial, fue la muerte de la Edad de Oro.

La Edad de Plata inició en el 56, con la publicación de Showcase #4 (primera aparición de Barry Allen, el segundo Flash). Con el Código respirando en la nuca y el tono conservador que tomó la sociedad, las editoriales de cómics producían historias más bien dirigidas a un público infantil antes que juvenil, con situaciones absurdas, supervillanos ridículos, códigos maniqueos de moralidad y caracterizaciones muy inferiores de los superhéroes de antaño (de ahí el tono de la serie televisiva de Batman de la época). Durante esta época destacó Marvel Comics, con superhéroes y personajes más humanos, con sus propios problemas personales. Fue Marvel, precisamente, de quien se considera dio el punto final a la Edad de Plata en junio de 1973, con la muerte de Gwen Stacy, la novia del Hombre Araña, en Amazing Spiderman #122.


Esto dio inicio a la Era de Bronce de los Cómics. En conjunto con un país que volvía derrotado en los setenta de la Guerra de Vietnam, el escándalo Watergate y los movimientos sociales, los cómics tomaron un tono más oscuro (Batman tomaría el estilo gótico y siniestro que permanece en la actualidad), resaltando especialmente los conflictos personales de los superhéroes (por ejemplo, Iron Man y su constante lucha contra el alcoholismo), y hubo un surgimiento de nuevos cómics de terror. Se tocaron temas como el abuso infantil, el consumo de drogas, el racismo y la discriminación, y se criticaban estamentos de poder como la política y la religión. Al mismo tiempo, en una vena más positiva, aparecieron los primeros superhéroes pertenecientes a minorías étnicas, y las superheroínas se hicieron más notables, dándole un toque de diversidad a los cómics.

Aunque ya había ciertas bases de años anteriores, se considera que la Edad Oscura de los Cómics (también conocida como Edad Moderna) inició en 1986. Durante este año ocurrieron tres sucesos importantes en la industria del cómic: el reboot de DC con Crisis en Tierras Infinitas y los lanzamientos de The Dark Knight Returns (El Regreso del Señor de la Noche), de Frank Miller, y Watchmen (Los Vigilantes), de Alan Moore. Estos trabajos dieron pie a una serie de obras mucho más oscuras, maduras y gráficas que en los años anteriores, enfocadas no sólo en los jóvenes, sino en un público más adulto, desencantado por la Guerra Fría y los conflictos sociopolíticos alrededor del globo. Los héroes ya tenían un código moral mucho menos simple que antaño, y los antihéroes, nacidos durante los setenta, se hicieron más notables y abundantes. A nivel técnico, surgieron varias empresas independientes a DC y Marvel con mayor libertad de contenido (Dark Horse, Image Comics), lo que permitió el surgimiento de otros cómics de gran calidad. En general esta etapa tuvo, a mi juicio, el mayor florecimiento en los cómics, con obras como The Sandman, Hellblazer, Hellboy, Spawn y muchas otras. Se dieron eventos muy importantes como la muerte de Superman, la caída de Batman a manos de Bane o la corrupción del Linterna Verde Hal Jordan.


Hay discusiones acerca de si la Edad Oscura culminó realmente. Quienes apoyan esto sitúan su final entre 1995 (año de publicación de Astro City) o 1996 (publicación de Kingdom Come) y el 2000 (primer número de Ultimate Spider-Man e inicio del Universo Ultimate de Marvel). Para quienes consideran que no ha terminado, afirman que la edad se mantiene más moderna que oscura, dejando atrás varios de los excesos de años anteriores, pero aún se mantiene un tono muy oscuro y agudo. Si hay algo que caracteriza más a los cómics del nuevo milenio, especialmente los de las grandes casas DC y Marvel, son los grandes eventos anuales y los crossovers que se dan con bastante frecuencia -y que, de hecho, empezaron a ser molestos hace tiempo-.

Si de algo sirve toda la cháchara anterior es para mostrar cómo las diferencias en los gustos y tendencias culturales de antaño tienen mucho que ver a la hora de modelar un personaje. Es por ello que tratar de definir si Heath Ledger hizo un mejor trabajo que Cesar Romero o incluso que Jack Nicholson como el Guasón es arriesgado y más bien miope, pues cada uno pertenece a una época con una diferente percepción del mundo, y por tanto, aunque representan a un mismo personaje, ninguno representa toda la historia y desarrollo del personaje, sino la del momento histórico en el que lo interpretaron.

Así termino esta disertación. Si debo hacer una apuesta sobre la caracterización del Guasón de Leto, diría que se enfocarán más en su violencia y comportamiento psicópata, y mencionarán poco de su ideología o sus motivos. Una pena, porque de sus múltiples representaciones en cine, televisión y animación, muy pocas han ahondado en su psique. No creo que por ello sea necesariamente mala pero, como dije, dependerá también de lo que esté planteado en el guión.

10 comentarios:

  1. Muy bueno el articulo Martin, estuve de acuerdo en gran parte (mas bien todo), en mi opinión, si quisieran ahondar mas en la psique del Joker en estas futuras películas, ojala y hayan tomado referencias de "the killing joke" y "Arkham asylum: serious house on serious earth".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Pues hay que ver qué referencias tomaron para este Guasón. Al menos un Arkham Asylum estaría bien.

      Eliminar
  2. Puede que el Joker cambie pero siempre se mantendrá constante en funcion del mundo en que habita, es decir como opuesto a Batman. Pero es cierto que cada generación da su interpretación de los personajes y tienen derecho a ello. Lo que tambien nos lleva a cuestionar a aquellos que desean que los personajes envejezcan unto con los lectores. Pero eso es harina de otro costal.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto. Yo no soy muy partidario de eso que los personajes envejezcan con nosotros, pero sí creo que hay un punto en que las historias o el uso de algunos personajes o elementos se hace repetitiva, y se necesita un cambio.

      Eliminar
  3. Con tu post me acordé de esto:

    "La mayoría de los cristianos de hoy serían condenados por Lutero y Calvino, que a su vez serían condenados por Aquino y Anselmo, que serían condenados por Atanasio y Agustín, que serían condenados por Pablo, quien sería condenado por Santiago, que sería condenado por el Cristo del evangelio de Juan, que sería condenado por las caracterizaciones sinópticas de Jesús, todos quienes serían condenados por la mayoría de las versiones de Yahvé en el Antiguo Testamento, quien sería condenado a su vez por las versiones aún más antiguas de la deidad."

    Tomado de: http://de-avanzada.blogspot.com/2014/08/ateos-antisistema.html

    Original de: http://debunkingchristianity.blogspot.com/2012/12/heretic.html

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Precisamente el cristianismo, por su edad e importancia, es un buen ejemplo de cómo se van adaptando las costumbres, necesidades y creencias de las personas, y de cómo un referente cultural, en este caso la religión, se adapta para sobrevivir a su aceptación entre las masas. Si no hubiera existido tanta gente enfrentándose a esas ideas, probablemente no se habría diversificado y modernizado -hasta donde le es posible, claro, de acuerdo con los dogmas- como lo ha hecho hoy.

      Eliminar
  4. Heath Ledger es insuperable, cumplió su trabajo, la película ayudó, y la imagen de su guasón es excelente a pesar de que no se sujete a los incuestionables cómics, prefiero el "realismo live action de las películas" a la exagerada y sobreexplotada, y muchas veces patética, ficción de los cómics.

    Existe gente reacia que se aferra a lo clásico, odia los intentos modernos de cambio y reinterpretación, como pasa en este caso, eso sí ese guasón nuevo no me genera nada en apariencia, pero el de los cómics, el de los juegos y los intentos en las películas, en aspecto me parecen ridículos o poco interesantes, algo, hizo en aspecto y en actuación, el difunto Ledger para crear otro guasón, excelente, para mí mejor que el de los cómics y sin requerir universos tan extendidos, sobreexplotación de ficción y tanto tiempo...

    Esto me pasa con Deathstroke, el de los cómics apesta (patada para los clásicos que odian los intentos de cambios o modificación actuales), de varios juegos y demás, el único salvable es el del juego Batman Arkham Origins, y, no se ignora el Slade Wilson de la serie Arrow, pero antes de quedar tuerto y hacerse malo (sea característica del estereotipo de Deathstroke), es excelente, le queda al actor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con respecto a lo primero, ese realismo live action no es realidad tan realista. Realista para el cine, sí, pero cuando vas a hacer una película sobre un justiciero enmascarado, ya sabes que la realidad no es algo con lo que vas a jugar. Otros han hablado del tema mejor que yo, pero en realidad ese enfrentamiento realidad/ficción es de por sí absurdo. Y sí, también creo que hay sobreexplotación de muchos elementos y personajes de Batman (por eso digo en la entrada que hay cosas en los cómics que ya aburren).

      Sobre lo segundo, algo que me gusta de las adaptaciones es cuando se atreven a modificar algunos aspectos de un personaje. El Guasón de Ledger es impecable, y aparte de su actuación creo que su éxito radica en que, a pesar de lo poco que Nolan recurre a los cómics, sabe mantener ciertos aspectos del personaje, como su personalidad caótica y anárquica, y todo el misterio sobre su origen, además de la forma tan brillante en que termina manipulando a mafia, autoridades y a Batman para que terminen jugando sus juegos. ¡Y al mismo tiempo mantiene su originalidad!

      De Arrow no he visto mucho, pero lo poco que he visto me dice que definitivamente su éxito no viene de la nada, y sus personajes son muy buenos. Y por ejemplo, y esto lo he dicho en una entrada anterior, si yo comparo Constantine con su cómic, Hellblazer, sale perdiendo completamente, en caracterización y universo. Pero Constantine es una de mis películas favoritas. Desgraciadamente, a los fanáticos empedernidos no los convences con adaptaciones ni aunque la película sea prácticamente todo el cómic, como pasó con Watchmen.

      Eliminar
  5. Que buen articulo, como siempre, desde que encontré tu pagina no puedo para de leer tus entradas, se aprende demasiado de ellas y hablas sobre multiples temas de importancia desde politica, pasando por cine, deporte, leyes y demas.

    ResponderEliminar