miércoles, 9 de noviembre de 2016

El pez de Einstein y el elogio de la mediocridad

Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido”.
Frase atribuida a Albert Einstein.

Los seres humanos somos todos diferentes. Es un hecho. A pesar de ello, podría decirse que todos tenemos la misma capacidad mental, el mismo potencial de aprender las mismas cosas. Es decir, no hace falta ser un superdotado para estudiar sobre la evolución de los moluscos o la composición de los cuerpos espaciales. Se necesita un proceso de educación, de amor por el conocimiento, de construir una mente curiosa e inquisitiva, que nunca se quede conforme con nada. Hipotéticamente hablando, es algo que podría estar al alcance de cualquier persona.

Sin embargo, llegan entonces personas que te dicen que estás bien como estás, que todas las personas tienen distintos tipos de “inteligencia” (pueden haber distintos enfoques en información y el análisis de la misma, pero no creo que eso pueda llamarse una diferente “inteligencia”), y que no es necesario que aprendas de temas que no dominas para ser todo un profesional. Ya lo saben: ¿para qué la factorización, si no la vamos a usar? ¿De qué me sirve saber de ciencia si quiero ser político? Es entonces cuando se recurren a frases grandilocuentes que son más bien exaltaciones del conformismo y la pusilanimidad para apoyar la idea de que no todos tenemos la misma capacidad intelectual y hay que dejarlo así. Y es entonces cuando una de las frases más utilizadas es esa supuesta frase de Albert Einstein que ven al principio de la entrada.


Superficialmente, la frase es hasta bonita. Todos somos genios; el problema es que nos piden capacidad para realizar tareas que no nos corresponden. Y tiene cierto grado de verdad, aunque no el que le suelen dar algunas personas. La cosa es que esta frase no es más que un elogio de la mediocridad que puede llegar a ser desastroso, y lo puedes comprobar cuando piensas en la siguiente frase de Ego, un bloguero con mucha experiencia (y que además, es docente):


Antes de analizar el tema con más cuidado, empecemos por lo más básico: esta frase no es de Einstein. La página Quote Investigator hizo un análisis de su origen, y aunque es una alegoría que data de finales del siglo XIX, y ha sido modificada y referenciada a través de las décadas, la referencia más antigua sobre la frase construida de la forma en que lo conocemos y la autoría del físico alemán es del 2004, en un libro de autoayuda (¿dónde más?) de Matthew Kelly. No hay forma de que Einstein escribiera tal cosa, y es probable que tampoco haya aprobado una visión así del ingenio y la inteligencia.

Sospecho, al menos por lo que he visto, que la asociación de Einstein con la alegoría del pez surge a partir del famoso mito de que el físico alemán fue un mal alumno en matemáticas. Contrario a lo que se cree, Einstein dominaba muy bien la materia en el colegio y tenía buenas notas, aunque no era considerado un alumno excepcional. De hecho, cuando el joven alemán se presentó a los exámenes de ingreso en la Politécnica Federal Suiza en Zürich, con 16 años, tuvo notas excelentes en matemáticas y física, si bien no logró alcanzar el estándar requerido de ingreso. A los 17 años, ya estaba dentro del diplomado de enseñanza de matemáticas y física de la Politécnica. Nada mal para un supuesto fracasado en matemáticas, ¿no lo creen?

Bajar de su pedestal a una figura científica tan notable como Einstein como el mito antes mencionado permite a las personas del común sentirse más cercanos a él, al ver que, aunque puedan ser poco talentosos en algunas áreas del conocimiento, eso no los convierte en perdedores. En sí, eso no es un mal sentimiento. El inconveniente es que se ha transformado esa idea en la errónea creencia de que no es necesario aprender aunque sea un poco de las áreas en las que no somos muy buenos. Y esa es una receta para el desastre.

Un ejemplo para que se sitúen en lo problemático que es eso: durante el gobierno de Felipe Calderón se dieron una serie de decisiones estúpidas que provocaron un mayor impacto de la guerra contra el narcotráfico en la población, o que dejaron en evidencia que el mandatario era increíblemente ignorante. Un gobernante inculto, que no es capaz de rodearse de personas que puedan suplir sus carencias intelectuales, nunca va a tomar las decisiones correctas que permitan encaminar el país al progreso y la democracia.

Es aún peor cuando el pueblo es tan o más ignorante que los que lo gobiernan, porque entonces no saben elegir a sus líderes, y no son capaces de discernir entre propuestas sensatas y demagogia. Ahí tenemos a Donald Trump, que entre chiste y chanza acaba de convertirse en presidente de los Estados Unidos, apoyado por un amplio sector racista, machista, ignorante en temas científicos, homofóbico y xenófobo que culpa de todos sus problemas a los extranjeros y a los gobiernos liberales, y al que Trump le dice lo que quiere oír: que está bien ser racista, machista, ignorante en ciencia, homofóbico y xenófobo (no por nada dijo que amaba a la gente sin educación). Ahí tenemos a Álvaro Uribe, que capitalizó la poca cultura de un pueblo a través de mentiras y medias verdades en su campaña por el No para dar un golpe contundente contra el plebiscito el dos de octubre. No sorprende que se diga que, de ser las elecciones de Estados Unidos en nuestro país, Trump arrasaría igualmente de lo lindo.


Claro, podemos responsabilizar también en parte a los problemas económicos en ambos países, a la inseguridad y al destape del pensamiento conservador de buena parte de la población, pero todo eso sería manejable con un nivel aceptable de educación. Si la gente tuviera un nivel mínimo de conocimiento de ciencia, historia, política, economía y relaciones exteriores, aun estando jodidos económica y socialmente o en materia de seguridad, al menos lo pensaría dos veces antes de darle un voto a un cretino discriminador como Trump o a un cínico autoritario como Uribe.

Y ese es el punto. No es necesario que te montes al árbol, sino que por lo menos sepas lo mínimo sobre cómo hacerlo. Nadie tiene que ser un Sagan, un Hawking o un Einstein en ciencia, historia o política, pero un mínimo conocimiento en esas áreas nos permite tomar mejores decisiones a largo plazo. Nos hace ser más cautelosos y escépticos, y menos crédulos e ingenuos ante tantos falsos curanderos, demagogos fascistas o pseudoizquierdistas, negacionistas del cambio climático y pastores charlatanes. Saber lo necesario en otras áreas del conocimiento, sin que tengas necesariamente que dominarlas todas al dedillo, permite desechar todas esas ideas tóxicas para la sociedad. Nada ganamos con convencernos de que somos unos peces mediocres porque, tal como dijo Ego, el día que alguien como Peñalosa destruya los humedales en Bogotá, o que los burromaestres de turno acaben con la Ciénaga Grande de Santa Marta, ellos nos pueden decir perfectamente que no nacieron para trepar el roble de la ciencia. ¿Con qué los vamos a cuestionar entonces?

Desafortunadamente, la alegoría del pez sí acierta un poco en algo, y es que el modelo de educación en muchos países es insuficiente incluso para enseñar las bases para trepar. Empecemos por el hecho de que la evaluación de los contenidos educativos suele reducirse a memorizar y repetir como loro lo que se enseña en el salón, sin un adecuado análisis de la información, y para colmo ahora ni siquiera se da toda la información pertinente. Tenemos de nuevo a México, donde las escuelas afiliadas a la Universidad Autónoma de Yucatán redujeron los semestres de materias como Filosofía, Física y Química, Historia se volvió optativa y ni siquiera hay Geografía. Aquí en Colombia, tenemos un alcalde que cree que enseñar filosofía en los colegios no es útil para los pobres (¿de qué les sirve aprender a pensar y analizar? Mejor que sean obreros, ¿cierto?), y universidades como la del Magdalena, que reducen los horarios semanales de materias con contenidos densos. ¿En qué quedó todo ese cuento de la formación integral? Así es complicado tener siquiera las bases mínimas para aprender a analizar la información que recibimos y, en suma, nos mantiene anclados en la ignorancia y el subdesarrollo.

Como siempre, si alguien está en desacuerdo con lo expuesto aquí, aproveche para reflexionar un momento. Usted puede sentir que tiene mejor destreza o capacidad de análisis en un área del conocimiento, pero siempre es de mejor provecho tener un manejo básico de otras áreas, pues a largo plazo esto le permite contribuir mejor al desarrollo de la sociedad en la que le tocó vivir.

2 comentarios:

  1. Yo aquí leyendo tu entrada con mucho interés, cuando me topo con que me citas, jajaja. Muchas gracias, colega.

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    1. Je, de nada. Lo que escribiste me animó a hacer esta entrada, que es algo de lo que quería hablar hace mucho.

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