lunes, 3 de agosto de 2015

Cecil y los excesos animalistas

La semana pasada nos enteramos que un dentista estadounidense mató durante una caza a un león en el Parque Nacional Hwange, en Zimbabue. La cosa quizás habría pasado de largo, de no ser porque el animal, llamado Cecil, era una atracción en el parque, y además un león rastreado como parte de un estudio de Oxford. La reacción fue enorme: Walter Palmer, el dentista, ha recibido centenares de mensajes de odio en su correo y redes sociales, carteles de repudio y amenaza en la clínica donde trabaja (la cual tuvo que cerrar), y se publicaron sus datos personales y de trabajo en Internet. Decenas de personajes famosos han manifestado también su rechazo a la muerte de Cecil.

Como es común, este episodio no ha hecho más que manifestar los extremos de acoso y maltrato psicológico -cuando no directamente físico- a los que llegan los animalistas, tan cegados por su amor a los animales -que llega a ser enfermizo con perturbadora frecuencia hoy en día- que no les importa estar afectando a Palmer, sino también a su familia, y a las personas que trabajan para él en la clínica. ¿Todos ellos deben pagar por su falta?


Es curioso que mientras los activistas estén tan preocupados por la muerte de un león, al mismo tiempo ignoren que Zimbabue tiene muchos problemas sociales y económicos, y que su presidente es básicamente un dictador. No, esto no es demeritar la causa de defender a los animales -aunque yo no la considero ni sensata ni inocua, y menos en este caso-, sino para ejemplificar un poco de la extrema misantropía que se maneja hoy en día desde el frente animalista. Y trato de no generalizar, pero este comportamiento es más común de lo que se cree.

Ante todo esto, conviene hacer algunas observaciones del caso.

Primero, Cecil era una atracción del Parque Hwame, pero no era la mascota de Zimbabue, como lo quieren hacer creer los animalistas y algunos medios que así lo venden. De hecho, para la mayoría de los zimbabuenses, ¡el león era enteramente desconocido! No es de extrañar que algunos medios hayan catalogado este incidente como un circo global, puesto que se pretende poner a un animal como el ícono de un país al que prácticamente el asunto le es indiferente: “¿Está diciendo que todo este alboroto es por un león muerto? Los leones son asesinados todo el tiempo en este país. ¿Qué hay de especial con este?”.

Segundo, la caza es legal en Zimbabue. Eso incluye a los leones, que son una especie amenazada, pues parte de las ganancias obtenidas por la caza son destinadas a la conservación. Que tuviera un rastreador o fuera parte de un estudio tampoco importa mucho, pues los expertos deben saber que las muertes por caza, legal o ilegal, son probables en la vida de un león, fuera o dentro de un parque. Es por ello, también, que la muerte de Cecil no ha generado mayor reacción para los zimbabuenses. No obstante, sí es reprochable para varios que se haya hecho en un área de parques, que evidentemente no cuenta (o no debería contar) como zona de caza, y que por lo tanto no hacía parte de la cuota anual de caza -si la caza debe existir o no, es harina de otro costal-.

Tercero, es muy difícil de creer que Palmer no supiera que estaba dentro de un territorio de parques y por lo tanto cazar dentro era ilegal, por mucho que dijera que confiaba en su guía y en el experto de caza. Por tanto, no suena precisamente a una excusa válida.

Cuarto, no tengo ningún motivo ni interés en apoyar la campaña de acoso que ha sufrido Palmer. No hay forma en que pueda yo apoyar la causa animalista, y menos en un caso como este. Sí, Palmer cometió un crimen, y definitivamente debe pagarlo. Pero esa decisión no le corresponde a una turba iracunda y sentimentaloide, sino a los organismos legales competentes que se encargan del asunto.

Es inconveniente e irresponsable otorgarle legitimidad a los justicieros sociales, especialmente en Internet. Es inconveniente porque ellos no buscan justicia, sino una venganza subjetiva, abstracta, que no se basa en el impacto de un crimen, sino en lo desagradable que es y lo cercano a sus creencias. Es irresponsable, porque el publicar los datos personales de un individuo y dejar mensajes de odio y amenaza abre la puerta a que personas especialmente intolerantes puedan tomar represalias mayores contra Palmer.

Yo repruebo profundamente la justicia por mano propia, porque es ciega e insegura, y puede caer sobre quien no lo merece, porque el ardor del momento impide pensar racionalmente -¿necesito indicar el caso de la chica que fue quemada viva en Guatemala por error de una turba?-. Y si no la apruebo en casos de crímenes humanos, mucho menos contra un cazador despistado. Nunca se trata de justicia, sino de satisfacer odios y venganzas, y al tiempo puede conducir a que otros decidan lo que es correcto o criminal, y no lo harán con base en argumentos racionales y objetivos. Y si ese es el tipo de “justicia” que quieren manejar los animalistas extremistas en medio de su misantropía, ya sea en forma de acoso, intimidación o violencia, podría perfectamente declarar mi misantropía hacia esos mismos animalistas -cosa que no haré, pues ni la tengo ni voy a caer en su juego-, que no merecen sino rechazo por sus ideas, como lo merece cualquiera que trasmita nociones dañinas.

Mencionaba antes que las acciones de los indignados por la muerte de Cecil afectan también a las personas cercanas a Palmer. Un artículo que hace una comparación entre este caso y el Gamergate -una polémica antifeminista en el Internet anglosajón-, además que ahonda en el problema de la justicia de la multitud, lo explica bien:

Esta campaña contra Palmer ha sido perturbadoramente exitosa. Su clínica dental está cerrada por el momento, y sus acosadores se regocijan de estar negándole un ingreso. Pero esto también inflige daño sobre personas que no mataron al león Cecil. Presumiblemente la familia de Palmer se basa en sus ingresos. Al igual que sus empleados, cuyos sustentos están ahora amenazados también. Cuando un usuario de Reddit señaló esto, más de 1500 usuarios votaron en apoyo de la respuesta de que ‘sus empleados están mejor trabajando en otra parte’. La multitud, por supuesto, no ha mostrado ninguna intención de ayudar a encontrar nuevos puestos de trabajo para los inocentes empleados dentales que están tratando de dejar sin trabajo.

Creo que no es necesario ampliar más. Queda a juicio de cada persona lo expuesto aquí. Como dije, Palmer debe pagar, porque sí cometió un crimen al cazar fuera de los parámetros establecidos para tal acto. Pero hemos sido demasiado ingenuos y descuidados al dejar que esta polémica se convirtiera en una tragedia griega. Una tragedia que, además, sirve para ejemplificar que la voz del pueblo rara vez es “la voz de Dios”, y que el comportamiento irracional y abusivo de la muchedumbre sigue siendo irracional y abusivo, por más que haya gente que diga que “en gavilla hay pie para hacer lo que sea”.

8 comentarios:

  1. Muy bueno el artículo y lo comparto casi completamente salvo la explicación de GamerGate.

    GG es una respuesta de los consumidores al antiperiodismo vendido del medio y sus horribles faltas éticas. Lo que lo hace peor es que se excusen en un victimismo pueril supuestamente machista, en personajes completamente psicópatas cuando no mentirosos como Zoey Quinn y Anita Sarkeesian.

    Si cuestionar los comportamientos de ese par es antifeminista, vamos mal...

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    1. Disculpa, pero recurrir a acoso y amenazas de violación y muerte no es precisamente caer en victimismo. Sé perfectamente cómo se comportan Quinn y Sarkeesian, y no tengo ningún aprecio por las dos, pero hay formas y formas de manifestar descontento, y esa no es una.

      En todo caso alguien me pidió que explicara un poco más sobre el tema, así que espero ampliar el asunto en una próxima entrada. Si tienes enlaces al respecto, mucho mejor.

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    2. Ahora, entiendo que en Vox hacen la comparación con el GamerGate porque es lo mismo que ha pasado con los animalistas que lloran a Cecil: el movimiento de indignación se salió de control, y cayeron en el mismo juego de los justicieros sociales.

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    3. Ya estoy leyendo varias cosas. Un poco complicado el asunto.

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  2. Algunos links:

    http://www.skepticink.com/prussian/2015/01/03/feminism-and-bullying-any-difference-whatsoever/

    http://reason.com/archives/2014/10/12/gamergate-part-i-sex-lies-and-gender-gam

    http://www.breitbart.com/london/2014/11/12/the-authoritarian-left-was-on-course-to-win-the-culture-wars-then-along-came-gamergate/

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  3. El asunto de preocuparse por los leones es que es una especie amenazada, no tiene sentido apoyar la conservación permitiendo la caza de esa especie vulnerable, ese gobierno africano es inepto y escaso de recursos para proteger la fauna, pues ni puede garantizar protección social, pero no debe ayudar permitir la caza, la embarra más, no digo solo la muerte de la criatura centro de esta tormenta, sino de un número más alto... Claro al menos que dichosas autoridades ya tengan controlada la población de leones y garantizada su estabilidad, lo que dudo.

    En conclusión los animalistas la cagaron, solo parecen tener impulsos ecoextremistas, meros sentimientos, pero no preocuparse por la biodiversidad, en lugar de perseguir al tipejo, si es que violó una norma, denunciarlo sin abrir posibilidades de exterminar al pobre y crear pedagogía de lo negativo de acabar con especímenes de poblacionesvulberables basadas en la razón.

    Por mi parte se me hace que la caza es una práctica innecesaria y estúpida, a menos que sea por fuerza mayor, de vida o muerte.

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    1. Comprendo bien el problema de los leones, y tampoco creo que haya estabilidad en la población de Zimbabue. Sin embargo, como dije, hay una cuota anual de leones cazados, y parte de lo obtenido se destina a la conservación de la especie -sí, suena absurdo, pero en muchas partes es así con otras especies-. Por otro lado, el estado de conservación del león, que en términos estrictos es una especie vulnerable (es decir, depende de la conservación para no entrar en peligro, o está por entrar a riesgo menor), no será el mismo en todos los países ni para todas las subespecies. Habría que evaluar bien su estado de conservación en Zimbabue.

      En términos globales, tampoco creo que deba permitirse la caza, pues el ecoturismo genera más ganancias que las cuotas anuales de caza. Pero, como dije, eso es tema para otro día. El problema principal es que los animalistas son antes ambientalistas que ecologistas, y nunca proponen soluciones, sino que organizan ataques. Como dices, se centran muy poco en educar a la gente para que se abandone la caza, y se enfocan más en comportamientos extremistas y agresivos. Mejor dicho, trabajan en la forma y no en el fondo del problema.

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