miércoles, 26 de agosto de 2015

Todo sobre el Primer Festival Distrital de Rock

Este fin de semana se realizó en Santa Marta el Primer Festival Distrital de Rock. Auspiciado por la Alcaldía, el Parque Bolívar fue el escenario para diversas bandas locales, entre aficionadas y profesionales, que concursaron y sacudieron a la gente con un buen repertorio entre el rock y el metal. La joya del evento fueron las bandas invitadas: Revólver Plateado, Koyi K Utho y Doctor Krápula. Como aficionado a la música rock que soy, no quise perderme este evento, y dejó una experiencia bastante interesante que amerita ser descrita.


La verdad es que al principio titubeé un poco sobre ir o no, puesto que a ese tipo de planes salgo con amigos que son muy locos, y generalmente terminamos con bastantes tragos encima, cosa que intento evitar desde que empecé mi trabajo -sin mucho éxito, debo admitir-. Y aunque he asistido a varios toques en Santa Marta, la verdad es que no me considero propiamente un metalero. Sin embargo, cuando vi que Koyi K Utho y Doctor Krápula venían a la ciudad, cosa que no ocurre todos los días, me decidí de inmediato. Koyi es una de las primeras bandas de metal que escuché en mis años de colegio, y de los Krápula me gustaron mucho sus primeros álbumes (no tanto los últimos). Valía la pena la experiencia, aunque termináramos ebrios como siempre.

Como los toques no suelen empezar temprano, la primera noche, el sábado, llegué a las siete para encontrarme con mis amigos. A medida que iban llegando, decidimos que sólo habían un puñado de bandas interesantes, y varios de mis amigos estaban esperando que se hiciera un pogo frente a la tarima, así que preferimos escuchar desde fuera de las barandas, y cada vez que una de las bandas con música “pogueable” subía al escenario, entrábamos -la entrada era libre, aunque requisaban dentro, así que hicimos marrullas para poder pasar el alcohol-.

La locura empezó para nosotros cuando tocó Insane Crusher. El thrash de esta banda amateur calentó los ánimos, y el pogo no tardó en aparecer. Yo, que nunca en mi vida me había metido a un círculo de esos, terminé casi arrastrado por una amiga en medio del pogo, y pronto me hallé a mí mismo usando los brazos como podía para rechazar los empujones de otras personas -más de uno entró de forma sucia-, y tratando que no fuéramos derribados por un gringo que nos doblaba a cualquiera de los dos en tamaño, y que, aunque no entraba fuerte, con su obvio volumen el impacto era tremendo. Diría que fue mi cuota para el resto de la vida, pero sospecho que es demasiado pronto para asegurarlo.

La otra banda que gozamos al máximo ese sábado fue Tragedia, máximo representante de la escena metal en Santa Marta. Por supuesto no entré a ese pogo, pero sí que disfruté cada una de sus canciones. Creo que después de eso no volvimos a entrar.

Entre las otras bandas que se presentaron la noche del sábado, varias no eran muy buenas. Podría destacar a Sin Retorno (que tocó muy bien), Sinónimo de Cole (me parece que la nueva vocalista esfuerza mucho su voz), y sobre todo la extrañeza de Revival, una banda de rock cristiano que, dejando de lado el contenido de sus líricas, tenía buen sonido, aunque la voz del vocalista era simplemente pésima, lo que impedía disfrutar su música por completo. A pesar de todo eso, en general, la música del sábado fue muy buena, y definitivamente se gozó al máximo.

Ni la pinta ni la edad fueron impedimento para disfrutarlo (foto: Khris Romero).

Hubo algo, en particular, que fue desagradable, aunque esperado, en el festival. Una y otra vez, mientras las bandas preparaban sus instrumentos, ponían en la pantalla videos de la campaña de la Alcaldía, “Santa Marta está cambiando” -dio pena ajena, además, que pusieran a las bandas invitadas a repetir el eslogan-. Era obvio, claro, porque es la Alcaldía la que financió el Festival Distrital -cosa que dejaron muy clara los presentadores del evento-, pero la reiterada propaganda se hace molesta, tanto que sólo faltó ver la cara de Rafael Martínez, el candidato de Carlos Caicedo, con el sospechoso mensaje “Sigamos con el cambio” -aunque dado el extremo parecido entre los dos, parece incluso difícil distinguirlos, y perfectamente podrían haber colado su cara-.

Después de una noche bastante agitada en el combo de amigos, llegó el domingo, el día de la premiación y la presentación de las grandes bandas. Quedamos de encontrarnos a la misma hora, pero desafortunadamente la lluvia del mediodía retrasó la prueba de sonido de las bandas finalistas, y el festival empezó más tarde, por lo que cada banda concursante terminó tocando únicamente dos canciones. Nuevamente, Insane y Tragedia movieron a la gente, pero esta vez el pogo fue mucho más grande (por la mayor concurrencia), y muchísimo más agresivo.

La polémica mayor se dio al momento de la premiación. Para cada categoría, amateur y profesional, se escogieron dos bandas. Con los ganadores profesionales no hubo problema: Sinónimo de Cole, en segundo lugar, es una buena banda a pesar del cambio de vocalista; y creo que ni un solo metalero samario pestañearía en contra del triunfo de Tragedia. El problema fue con la categoría amateur. Mientras que el segundo lugar se lo llevó Sin Retorno, y la gente estuvo de acuerdo, Revival fue declarada la ganadora del primer puesto, ante el evidente desconcierto de los presentes, quienes esperaban ver en ese puesto a Insane Crusher. Fue aún más incómodo cuando Simona Sánchez (sí, la de Radiónica) y el otro presentador (lo siento, nunca me interesó su nombre) pidieron aplausos para la banda. El silencio entre los presentes fue casi absoluto.

Comparto su desazón. Como ya dije, a pesar del mensaje evangelizador de sus letras, Revival hacía buena música con sus instrumentos, pero el vocalista era horrible. En contraste, Insane equilibraba mejor canto y música, y movía a muchísima más gente. Por otra parte, considerando la afiliación religiosa del alcalde Caicedo y su obvio apoyo a eventos cristianos, uno no puede evitar pensar que hubo cierto conflicto de intereses en el jurado. No obstante, como no hay una sola evidencia tangible de ello, la elección de Revival no pasará de ser un sinsabor y una mala elección.

¡Y llegaron las bandas nacionales! La primera en subir al escenario fue Revolver Plateado, y como casi ninguno en el grupo los conocía, o se les hacía interesante, no entramos a escucharlos. La cosa cambió con Koyi K Utho. Los bogotanos post-apocalípticos sacudieron la ciudad, interpretando varias canciones, entre nuevas y algunas que ya son clásicos, como Demential State y Experimental Ape. En medio del espectáculo, y de un pogo aún más agresivo que los anteriores -a mi amiga se le ocurrió entrar de nuevo, y recibió un codazo en el vientre que le terminó la fiesta por un buen rato-, Cartridge, el vocalista de la banda, usó una de sus canciones como un tributo a aquellos que padecen de cáncer. Un tanto sorpresivo.


Finalmente, más o menos a las dos de la madrugada, Doctor Krápula cerró con broche de oro. Soy un tanto ambivalente con ellos: los primeros álbumes me gustaron, pero el tono buenrollista, ecologista y místico de los posteriores me repele, más allá de algunas canciones como Buscando el amor o Mi sol. La mayoría de las canciones, por supuesto, fueron de esos trabajos posteriores (la primera que mencioné fue una de ellas), y muy poco de mi gusto, con la excepción de Activación -de un álbum que ya apestaba a mamertismo-. No obstante, justo cuando pensé que se iban sin interpretar nada de lo viejo, Mario Muñoz preguntó: “¿A cuántos de ustedes les gusta el fútbol?”. ¡Oh, sorpresa! ¡El pibe de mi barrio! Esta canción, junto a La fuerza del amor, la última de la noche, fueron canciones que disfruté cantar a pleno. ¡Por fin un poco del Doctor Krápula de sus mejores tiempos! Una buena forma de culminar el evento.

Como pueden ver, fue un fin de semana bastante movido, y definitivamente para recordar. Seguro, tuvo sus puntos bajos, pero esos pueden perdonarse ante lo espectacular del Festival. Sólo espero que este evento pueda sobrevivir a los años, y que no se convierta en otro gancho de las campañas políticas de hoy.

Para mis coterráneos, ¿qué tal fue la experiencia del Primer Festival Distrital de Rock? Pueden dejar sus comentarios al respecto.

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