domingo, 6 de abril de 2014

La "vergüenza" de ser humano

Desde hace algunos años, la gente se ha interesado intensamente en la defensa y el respeto a los animales. Eso es respetable. Sin embargo, igualmente han surgido muchas personas que defienden de tal manera a los animales, que están dispuestos a protegerlos a toda costa, aún si eso implica lastimar a otras personas. Lo peor de esto es que muchas de esas personas animalistas manifiestan un sonado desprecio por la humanidad como especie.

Es una cuestión bastante contradictoria, pero no es poco común. Y no me refiero solamente al episodio de Caterina Simonsen, que ya comenté antes. Hace un par de semanas, se hizo popular una imagen de un hombre terriblemente golpeado, según la noticia, porque maltrató a su perro, y gente que lo supo buscó su vivienda y lo molieron a golpes después de quitarle la mascota. Entre los comentarios, surgieron personas que pedían buscar a todo el que maltrate a un animal y darle una paliza hasta dejarlo como el mencionado “semihumano”. Otra perla similar: en India, encontraron un rinoceronte asesinado por cazadores furtivos. Los aldeanos localizaron a los hombres y los asesinaron.



Algunos dicen que la imagen del hombre es trucada, y que la noticia es falsa. Desconozco si esto es cierto, y ese no es el punto principal. El punto aquí es reflejar el extremismo de algunos de los autoproclamados “amantes de los animales”. Preparados a golpear, brutalizar e incluso matar a otros seres humanos en su cruzada animalista. Y los que no lo hacen, con frecuencia son vistos comentando en las redes sociales, celebrando estos despreciables actos, y manifestando a voz en cuello su misantropía (qué orgulloso estaría Fernando Vallejo).

Muchos basan su desprecio por su misma especie y su amor por los otros animales en el hecho de que el ser humano es el único que mata a otros animales por diversión, y no por necesidad, y que es el único capaz de lastimar a sus semejantes. Nada más alejado de la realidad. Sáquense esa idea idílica de la cabeza: la naturaleza no es el jardín de los Backyardigans. Si bien es una cuestión instintiva de competencia, hay muchos animales que matarán a otros de diferentes especies. Los africanos saben muy bien que los leones macho adultos acostumbran matar hienas si tienen la oportunidad. Y por instintivo que sea, ¡vaya que gozan al hacerlo!

Muchos animales matan a otros de su misma especie. Es común que entre leones y gorilas, el nuevo macho dominante mate a las crías del anterior para que las hembras entren en celo. Está bien documentado que distintas manadas de chimpancés organizan guerras tribales, e incluso dentro de una misma manada, pueden darse casos de infanticidio e incluso canibalismo. No es muy diferente de los rasgos exhibidos por el ser humano.

No obstante, esto no es prueba de que el ser humano es intrínsecamente malvado, otro argumento esgrimido por los animalistas misántropos. La evolución del altruismo en los animales es algo muy estudiado, y es claro que la cooperación entre miembros de una manada ayuda a la seguridad y estabilidad de una manada, puesto que el ayudar a un semejante garantiza un comportamiento recíproco. Entre los vampiros, muy a menudo algunos miembros del grupo se encargan de alimentar a aquellos individuos que se encuentran incapacitados para hacerlo; esto asegura una unión cooperativa que será recompensada en un futuro, si los papeles llegan a invertirse. Los lazos de cooperación en los chimpancés son igualmente muy estudiados, y la especie más cercana a la nuestra, los bonobos, podrían considerarse perfectamente el epítome de una sociedad pacífica.

¿Que Hitler condenó a seis millones de judíos a muerte, y arrastró el mundo a una sangrienta guerra? Cierto. ¿Armin Meiwes asesinó y devoró a un hombre que se ofreció estúpidamente a “vivir la experiencia” de ser comido? Muy cierto. ¿El rey Juan Carlos de España mató a un elefante? Cierto también. Pero esos son sólo algunos humanos. Hay miles de millones de personas en todo el mundo, y gran parte de ellos viven y mueren sin hacer daño a sus semejantes. Cientos de ellos han desarrollado las ciencias, las artes, las tecnologías y miles de cosas de las que disfrutamos hoy en día. ¿Debe uno sentirse avergonzado y despreciar tal legado?

La mayor contradicción de esos misántropos que pululan por ahí, la mayor frustración, es precisamente que son humanos. Nunca podrán escapar de eso. Vallejo detesta a la especie humana, pero recibe complacido el dinero que producen las obras que escribe para que otros humanos la lean. Ellos despotrican una y otra vez contra sus semejantes, y sin embargo, estarán encantados al ver el número de “me gusta” que obtienen sus comentarios en las redes sociales. Eso es lo realmente vergonzoso: que haya tantos dispuestos a sacrificar a sus semejantes por defender a otros animales.

No diré que simplemente los misántropos deberían ser fieles a su argumento y suicidarse. No es un argumento. Se trata de hacer ver que simplemente, la misantropía o un exagerado desprecio, una vergüenza por la humanidad, son sentimientos exagerados. Y los actos que puedan cometer por ello son aún peores. Yo no voy a maltratar nunca a un animal simplemente por gozo, y siempre protestaré contra su maltrato y su sacrificio innecesario en espectáculos como las corridas. No obstante, eso es muy distinto a matar a un hombre que decidió sacrificar a un rinoceronte para obtener su cuerno. Son actos despreciables, claro, pero no puedo simplemente cruzar el horizonte de eventos morales y matarlo a él. Eso me hace simplemente peor que él, nada diferente de un sociópata.

No puedo discutir el amor por los animales. Es un sentimiento noble. Pero, no dejemos que ese sentimiento se transforme en violencia. No podemos dejar de lado que nosotros somos igualmente animales, y merecemos también respeto por nuestra vida. Hay mejores formas de combatir el maltrato animal, y son la razón, la educación y la cultura. Por favor, úsenlas.

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