Bienvenidos al Zoológico Electoral (I): de camino hasta las puertas


 Introducción

Nos encontramos en Colombia de cara a la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el próximo 31 de mayo, las cuales definirán quién será el reemplazo de Gustavo Petro en la Casa de Nariño. A poco más de tres semanas la expectativa es enorme, pues el triunfo del político del Pacto Histórico fue la primera victoria de la izquierda a nivel ejecutivo en 216 años, y se espera que se elija a quien mantenga la continuidad del proyecto progresista, o a alguien que decida revertirlo por completo.

Si bien las pasadas elecciones legislativas dieron un respiro de fuerza a la izquierda, y las encuestas en su mayoría sugieren que logrará mantener el poder con Iván Cepeda, el ambiente electoral ha sido bastante agitado. Candidatos radicales y amigos de poderosos que se presentan como outsiders ajenos a las maquinarias, otros que intentan maquillarse como moderados, aunque representan narrativas tradicionales de derecha, un centro que sigue sin encontrar el norte, y discusiones cada vez más virulentas en redes sociales.

Aristóteles describía al ser humano como un zoon politikon (animal político), una criatura cuya naturaleza lo llevaba a vivir y organizarse de modo político en sociedades y ciudades, pues era el modo de alcanzar los fines de su especie. Un animal social. Eso sí, no creo que el célebre filósofo llegase a imaginar que 2300 años después tendríamos tigres, palomas y hasta hipopótamos como temas en la campaña política colombiana. Seguro que no era ese tipo de animales en los que pensaba cuando se refería al animal político.

A la vista de que se trata de una coyuntura importante para Colombia, voy a escribir una serie de dos partes. Esta primera entrada hablará un poco del panorama político que hemos tenido durante el cuatrienio de Petro y los sucesos importantes en la campaña electoral. La próxima estará dedicada a un perfil de los principales candidatos a ocupar el solio de Bolívar, y una reflexión acerca del papel ciudadano más allá del voto. Por supuesto, a mí no me corresponde decirles por quién deben votar -o incluso si deberían votar-, pero sí me interesa hablar un poco de los actores en este sainete, y que sea el lector quien tome su decisión final. Y sí, sugerir por quién (o quiénes) sería mejor no votar.

Lo que representó el triunfo de la izquierda

Gustavo Petro resultó siendo el triunfador de las elecciones presidenciales de 2022, tras derrotar al ex alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, un tipo chabacano, politiquero y supuestamente antisistema. El senador, ex alcalde de Bogotá y ex miembro del M-19 escaló no sólo por su discurso sobre la reivindicación del pueblo y sus demandas históricas, sino también por los fracasos y abusos del (sub)gobierno de Iván Duque, el heredero del uribismo -en este blog pueden encontrar varias entradas al respecto-, así como por el temor de ver a los partidos tradicionales y caciques locales reunidos alrededor de Hernández.

Entre las propuestas más destacables del programa de Petro se encontraban una reforma agraria que permitiera redistribuir latifundios y tierras improductivas, la transición del sistema de pensiones hacia un marco mayormente público, un sistema de salud universal para el país, una reforma tributaria que gravara principalmente a las grandes concentraciones de riquezas, y la reducción gradual del uso de combustibles fósiles a favor de energías verdes. Se diga lo que se diga de Petro y su carácter, las propuestas eran tanto ambiciosas como importantes, pues recogen varias de las exigencias que se han elevado por décadas desde las clases populares urbanas y el sector campesino y rural.

Si el proyecto político de Petro es algo a lo que se pueda llamar “verdadera izquierda” es, francamente, un debate que no me interesa. No obstante, aun cuando el propio Lord Petrosky ha intentado desvincularse del término, creo que el sociólogo Jaime Nieto López lo ha sabido definir bien: Petro hace parte de una “nueva izquierda” hegemónica surgida tras la Constitución del 91, de carácter reformista y populista, enfocada en la búsqueda de la paz y el abordaje al desgaste ecológico y humanitario dentro del territorio. No llega ni siquiera a una socialdemocracia, pero es probablemente lo más de izquierda que se pueda ser desde el gobierno sin rechazar el marco liberal.

Entonces, ¿qué tal le ha ido a Petro en estos cuatro años? Lo cierto es que no tan mal como vaticinaban muchos de sus detractores o aquellos que siempre han desconfiado de su estilo y personalidad (me incluyo entre estos últimos). Si hablamos en términos económicos, esos que suelen ser la primera inquietud del ciudadano, entre 2022 y 2025 ha habido un crecimiento económico importante, junto a una caída de la inflación. La tasa de desempleo ha bajado a niveles históricos, aunque con un crecimiento en la informalidad, y la pobreza se ha reducido significativamente en varios factores (monetaria, monetaria extrema y multidimensional). A pesar de que hubo vaticinios y pánicos desde inicios de la campaña de 2022 que con Petro el dólar podría llegar a $5.000 e incluso $10.000 COP, este se ha mantenido estable, e incluso se encuentra por debajo de los $4.000.

Con la reforma tributaria, se buscó incrementar la recaudación para la financiación de programas sociales; después de varias modificaciones en el Congreso, logró ser aprobada, y aunque con una recaudación proyectada menor a la anterior, sigue representando un logro. El gobierno también ha incrementado el salario mínimo de forma significativa en estos años. Aunque para algunos analistas esto podría tener consecuencias en cuanto a la generación de empleo, los aumentos del salario y el auxilio de transportes han elevado el poder adquisitivo de los hogares. También se incrementaron los ingresos para los auxiliares de la Policía y el Ejército, algo que, para lo mucho que los exaltan desde la derecha, nunca se les ocurrió en veinte años de uribismo.

En cuanto a la reforma agraria, el gobierno Petro logró establecer una conciliación con el gremio Fedegan, algo sorpresivo dado que su presidente, el cuestionado José Félix Lafaurie, ha sido uno de los mayores opositores a movimientos de izquierda en el país. La reactivación del Sistema Nacional de Reforma Agraria ha permitido un avance notable en la redistribución de tierras al campesinado y el fortalecimiento del sector agropecuario y la Agencia Nacional de Tierras, así como la titulación de tierras no reguladas. Incluso Paloma Valencia, una de las principales opositoras del gobierno, ha destacado este como un logro positivo del gobierno Petro.

La educación también vio un importante impulso, no sólo por el crecimiento del presupuesto destinado a ello, sino también por la Ley 2307, que da vía libre a la gratuidad de programas de pregrado en universidades públicas, con lo que jóvenes de escasos recursos puedan acceder más fácilmente a enseñanza superior. Esto refuerza la Política de Estado de Gratuidad en la Matrícula, más comúnmente llamada “Matrícula Cero”, que lleva al Estado a asumir el pago total de la matrícula ordinaria neta en universidades públicas para estudiantes de los estratos 1, 2 y 3 o beneficiarios de Sisbén IV.

Las grietas en la gestión

Por supuesto, no todo ha sido miel sobre hojuelas para Lord Petrosky. Otras reformas, como la laboral, la pensional y la de salud, se han encontrado con una fuerte oposición en el Congreso, y acabaron estancadas. La transición energética ha ido lenta, y aunque al principio la deforestación se redujo bastante, se ha incrementado en tiempos recientes. La crisis en el sistema de salud arrastrada de gobiernos anteriores se ha agravado en este, y la respuesta desde el poder no ha sido la más efectiva. Y si bien parece poca cosa, el estilo frentero y veloz de Petro lo ha hecho ganarse críticas por comentarios desubicados tanto en discursos como -sobre todo- en redes sociales. Su estilo personalista en la toma de decisiones y nombramientos también ha provocado roces con la vicepresidenta Francia Márquez, así como con varios ministros y miembros de su gabinete, al punto que ha tenido que restructurarlo unas tres veces.

Comparado con el tema de educación, los presupuestos para ciencia e investigación se han ido reduciendo, lo que amenaza la continuidad de programas de investigación. El gobierno recientemente sacó pecho por los más de 25.000 profesionales que se postularon para becas de postgrado anunciadas desde Minciencias, pero cuya disponibilidad no llega ni a mil. Y no puedo dejar de mencionar lo poco que se ha escuchado a los científicos con el tema de las especies invasoras, en particular el fracaso que ha sido manejar la población de hipopótamos en el río Magdalena desde Minambiente sin incluir la eutanasia por complacer a su bancada animalista.

Las relaciones internacionales han sido un tema ambiguo. Por un lado, Petro se ha enfrentado con firmeza a los desvaríos del Agente Naranja en Estados Unidos, incluso llegando a hablar con él de igual a igual, así como denunciado consistentemente el genocidio en Gaza por parte de Israel. Eso sin duda ha estado muy bien. Por otro lado, fue muy pusilánime al analizar políticamente el fraude electoral en las elecciones de Venezuela de 2024 -algo que critiqué en esta entrada-, y su falta de disposición para intentar concertar con los aliados de la región una salida al conflicto interno del país vecino con Maduro dejó que la situación fermentara hasta la invasión de enero por parte de Trump. Y recientemente se encuentra en una guerra diplomática con Ecuador, pero de eso hablaré en la próxima entrada.

Toca hablar de los mayores problemas que han enturbiado el cuatrienio de la izquierda: los escándalos internos y la seguridad. En el primer caso, a pesar de sus denuncias sobre corrupción, Petro no ha podido escapar de señalamientos judiciales. Apenas en 2023, su hijo Nicolás Petro Burgos terminó investigado y capturado por denuncias de su ex esposa acerca de un enriquecimiento ilícito, algo que golpeó la imagen del presidente a pesar de que él mismo pidió que se investigase a Nicolás hasta las últimas consecuencias.

Posteriormente se sumó el caso Laura Sarabia, que involucró a la entonces jefa de Despacho de Presidencia, ficha política de Armando Benedetti, en denuncias de abuso de autoridad. A pesar de las denuncias, Sarabia estuvo rondando dentro de varios cargos del gobierno, algo criticadísimo incluso por sectores afines a Petro, hasta que en 2025 renunció al cargo de ministra de Relaciones Exteriores y se fue como embajadora de Colombia en Reino Unido.

Tampoco podemos olvidar el caso de corrupción dentro de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), en 2024, cuando se destapó una red de sobornos, malas prácticas. sobrecostos en la contratación para la adquisición de carrotanques de agua potable destinados a la Guajira, y desvío de fondos destinados a la atención de desastres, lo que terminó por salpicando sobre todo a Olmedo López y Sneyder Pinilla, exdirector y exsubdirector de la UNGRD respectivamente. Y debo mencionar la reciente polémica de Juliana Guerrero, una candidata a viceministra de Juventud, y quien se ha mantenido como delegada del Gobierno ante la Universidad del Cesar a pesar de las denuncias en su contra por falsedad en los títulos universitarios que acredita.

Por supuesto, la principal crítica desde los sectores conservadores -y razón no les ha faltado, todo hay que decirlo- es el problema de la seguridad. De acuerdo con datos de Indepaz, las masacres han ido de hecho reduciéndose desde 2023, con un ligero repunte en 2025, pero las dinámicas del conflicto armado se han recrudecido en puntos clave como Antioquia, Cauca, Valle del Cauca y Norte de Santander, debido al fraccionamiento de los grupos armados y su diversidad. Los conflictos entre grupos como las disidencias de las FARC, el clan del Golfo y el ELN han repercutido en la población, y el gobierno no siempre actúa con tiempo debido a que tales grupos emplean otros mecanismos de control que no sean fácilmente detectables para las fuerzas armadas. Intentos de diálogo con estos grupos, más notablemente el ELN, en el marco de la Ley de Paz Total han fracasado de forma estrepitosa, por lo cual se le ha intentado responsabilizar por las masacres recientes, aunque sin suficiente fundamento. Finalmente, aunque los asesinatos de líderes sociales han disminuido en comparación con 2020, que tuvo un récord de 245 víctimas, no han parado en absoluto.

Con todo, a pesar de tantos problemas, Petro sigue gozando de un amplio respaldo, lejos de la imagen de desgaste que se pregona desde medios tradicionales. Su candidato, Iván Cepeda, lleva más de 15 puntos de ventaja en la reciente encuesta de Cambio sobre su principal contendiente, De La Espriella, y tiene altas probabilidades de ganar en segunda vuelta contra cualquier oponente. El gobierno ha sabido recoger las demandas de sectores históricamente excluidos, y aun con una fuerte oposición ha logrado cumplir parte de lo prometido en campaña: el cambio, al menos en ciertos aspectos, ha sido palpable para millones de colombianos.

Sobre el panorama político que llevamos

Desde el año pasado, el escenario político colombiano, como de costumbre, se ha enmarcado alrededor de alcanzar la Casa de Nariño después de Petro, por lo que se ha generado sobre todo una tensión hacia dos visiones del país. Una busca que se mantengan los logros que ha alcanzado el gobierno, mientras se corrigen y se eliminan las deficiencias que ha tenido. La otra destaca sobre todo los fracasos de la gestión actual, o no la considera legítima en absoluto, y añora volver a fórmulas ya probadas con gobiernos anteriores, o incluso meter una terapia de choque con nuevas propuestas radicales.

El evento que más marcó la contienda preelectoral fue sin duda el asesinato de Miguel Uribe Turbay, uno de los aspirantes a convertirse en el ungido de Álvaro Uribe para la principal campaña de la derecha, a manos de un adolescente durante un mitin político en el occidente de Bogotá. A pesar de que se trataba de un sujeto con la típica visión conservadora y económicamente neoliberal de un gobierno, un crimen político siempre es algo reprochable. Condolencias a la familia y llamados a desescalar el lenguaje agresivo de las campañas surgieron desde diferentes lados del espectro político. La investigación de la Fiscalía apunta a que parece haber sido un crimen ordenado desde la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las FARC, aunque una carta anónima recientemente publicada sugiere, con poca evidencia de momento, que fue un plan concertado desde Ecuador y con mediación del actual gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar.

Por supuesto, ni bien había terminado de exhalar su último aliento el precandidato en la clínica donde agonizó por más de un mes, y ya estaban haciendo un circo con su imagen y su sufrimiento. El uribismo señaló a los problemas de la Paz Total de Petro por el crimen contra Uribe Turbay, algunos incluso se aventuraron a acusar sin evidencias de un intento de asesinato desde la izquierda del gobierno -desconociendo por completo los llamados a desescalar el lenguaje-, exaltaban a Miguel por cualidades que -la verdad sea dicha- nunca tuvo, y la entrada de la clínica se convirtió en otra tarima para los precandidatos buitres que querían sacar réditos de un precandidato al que ni siquiera apreciaban por haber aterrizado en el Centro Democrático no hacía mucho y convertirse rápido en un favorito. Fue sobre todo habitual la presencia de Vicky Dávila en la clínica, al punto que incluso se hicieron chistes al respecto.

Y oh, Vicky Dávila… Pocas veces he visto a una persona quemar en tan poco tiempo el notable capital político que se había construido. Desde su espacio de periodista en el hebdomadario que algunos aún llaman Revista Semana, se convirtió en la principal voz opositora del gobierno Petro, al punto de que cualquier atisbo de objetividad se diluía en una evidente campaña preelectoral antes de la propia temporada preelectoral. Con sus denuncias logró recoger un importante apoyo popular, y a finales de 2024, en un movimiento que no sorprendió a nadie, renunció a la revista y se lanzó como candidata presidencial, teniendo en junio un apoyo de 22% del electorado. Nada mal para alguien que supuestamente carecía de vínculos políticos, a pesar del poder de la familia de su marido, los Gnecco, y el respaldo de los Gilinski desde Semana.

Todo esto hace más placentero su desplome. Vicky se lanzó demasiado pronto al ruedo, muchos meses antes que los otros precandidatos, y nunca tuvo un programa concreto ni nada que ofrecer más allá de un estilo de confrontación e indignación que intentaba replicar la campaña de Javier Milei en Argentina. Las denuncias y críticas sólo te pueden llevar hasta cierto punto: una vez allí, necesitas tener una propuesta concreta de nación para ampliar tu electorado más allá del antipetrismo. Para colmo, cuando irrumpió otro supuesto candidato outsider, Abelardo de La Espriella, igual de chabacano, pero con un norte mejor trazado, recogió rápidamente los reflectores que Dávila había quemado con su sobrexposición. La pseudoperiodista terminó aterrizando en la Gran Consulta de la derecha, y culminó sus sueños de ser la ungida de Uribe con un miserable 4,06% de los votos, regresando a Semana en otro movimiento que acabó con su poca credibilidad.

Eso sí, mantiene su gusto por el melodrama barato.

Y hablando de la consulta de la derecha, tres de estas se ubicaron dentro de las elecciones legislativas el pasado 31 de marzo: la Gran Consulta por Colombia, de una supuesta centroderecha que acabó fagocitada por el uribismo; la Consulta por la Vida, una consulta de izquierda que acabó malherida cuando el Consejo Nacional Electoral anuló la inscripción de Iván Cepeda; y la Consulta de las Soluciones, convocada por Claudia López para el centro político. La primera tuvo una participación de seis millones de votos, dando como ganadora a Paloma Valencia; las otras dos tuvieron una participación paupérrima, con Roy Barreras ganando la del Frente por la Vida con un apoyo de 257 mil votos, y Claudia López llevándose una votación mayoritaria en la de las Soluciones, con poco más de 574 mil.

En cuanto a las elecciones legislativas, el Pacto Histórico se convirtió en la primera fuerza, con 25 senadores y 42 representantes en la Cámara, seguidos por el Centro Democrático, con 17 senadores y 30 representantes. La Alianza por Colombia (los verdes) perdieron fuerza, así como Cambio Radical y el Partido de la U. La reconfiguración del Congreso vio la salida de políticos otrora mejor apoyados, como Angélica Lozano e Inti Asprilla (Verdes), María Fernanda Cabal (que renunció al Centro Democrático) y el propio Álvaro Uribe (que se posicionó más abajo en la lista cerrada para arrastrar votos), y la presencia de figuras cuestionadas como Nadia Blel (Conservadores), JP Hernández (Verdes) y Daniel Briceño (Centro Democrático).

Por otro lado, se quemaron senadores inconsistentes en su discurso político, como Catherine Juvinao (Verdes) y Jorge Enrique Robledo (Dignidad y Compromiso), y personajes nefastos como el impresentable Miguel Polo Polo (circunscripción afro), así como aspirantes de la talla del cristiano transfóbico Jonathan Silva y el adefesio Oswaldo Ortiz (Salvación Nacional). Caciques como los Char perdieron representación en el Congreso, y el Verde Oxígeno de Ingrid Betancourt perdió su personería jurídica, con lo que (con suerte) dejaremos de verla regresar cada cuatro años para acariciar a las derechas tradicionales.

Movimientos importantes se han dado tras las consultas y las legislativas. El segundo más votado de la Gran Consulta, Juan Daniel Oviedo, se sumó como fórmula vicepresidencial de Valencia, esperando así atraer el voto de la centroderecha. El Partido Conservador, “la Fuerza que decide (a quien arrodillarse)”, anunció su respaldo a la candidata uribista, al igual que el Partido Liberal, aunque la decisión de este último generó una división interna por algunos miembros que prefieren apoyar a Iván Cepeda. Por su parte, la Alianza Verde decidió por mayoría respaldar al candidato del Pacto Histórico, y dio vía libre a la escisión de JP Hernández, opositor del petrismo, lo cual generó malestar en una minoría que prefería adherirse a la candidatura de Claudia López.

¿Conspiraciones mediáticas?

El papel de los medios no ha pasado desapercibido. Ha sido imposible notar que, mientras que a Paloma se le fue comprando la imagen de moderada que ha intentado vender desde la adhesión de Oviedo, perfiles más críticos se han construido en torno a los candidatos de “los extremos”, Cepeda y De La Espriella. En particular fue bastante criticado un post en Twitter de Carlos Cortés, del portal La Silla Vacía, en el cual acusó a Cepeda de ser responsable indirecto del magnicidio de Miguel Uribe por ser gestor de paz durante los acuerdos con las FARC. El periodista tuvo que borrarlo más tarde y afirmar que había sido malinterpretado, pero el episodio levantó de nuevo cuestionamientos sobre el papel supuestamente imparcial de La Silla Vacía en la actual contienda electoral.

Entonces reventó el escándalo del Proyecto Júpiter. El programa Señal Investigativa, una alianza entre Señal Colombia y Revista Raya, publicó hace unas semanas un programa que revelaba un plan elaborado para manipular la opinión pública de frente a las elecciones presidenciales para favorecer al uribismo, desarrollado por Jaime Bermúdez, un estratega de comunicación política vinculado con el propio Álvaro Uribe. El plan consiste en instalar narrativas de crisis desde los medios y las redes sociales, así como la conformación de “talleres de democracia” diseñados por centros de pensamiento de corte uribista y libertariano en empresas privadas, enfocados en condicionar el voto de los empleados.

La mayor bomba de la revelación es que, en las conferencias que dio Bermúdez acerca del proyecto, mencionó a La Silla Vacía como una de las agencias digitales que les había permitido crecer con el proyecto. El señalamiento cayó justo en un mal momento para el portal, pues por aquellos días se conoció una foto de Mauricio Cárdenas, parte de la campaña de Valencia, donde estaba reunido con el Banco Santander, y en la cual aparece Juanita León, directora de La Silla. A esto se sumó una columna en Semana escrita por Germán Calderón España, cercano a Abelardo de La Espriella (todo hay que decirlo), donde detalla vínculos empresariales y familiares que ni León ni el portal han mencionado.

Si bien es cierto que algunos señalamientos de la investigación son cuestionables, las respuestas de La Silla Vacía sobre el Proyecto Júpiter no han sido exactamente satisfactorias, como tampoco la revelación de que fungen en ocasiones como consultores políticos para instituciones como el Banco Santander. Las contradicciones de Juanita León en sus versiones sobre el tema tampoco han ayudado precisamente. Por su parte, varios medios del abanico privado han cerrado filas en torno al portal y acusaron a Revista Raya y a RTVC de dirigir un ataque político desde el sector público hacia el periodismo que cuestiona al gobierno. Mientras tanto, Señal Investigativa publicó un segundo capítulo de la investigación acerca de cómo se intentan desaparecer las evidencias de Júpiter, y Raya no se ha dejado amedrentar por las acusaciones.

La realidad es que el escándalo del Proyecto Júpiter ha puesto sobre la mesa otro tema importante en el clima político actual, y es el papel de los medios en la conformación de relatos como la normalización de los grupos paramilitares y los ataques a figuras de izquierda. Así mismo, denuncias recientes sobre cómo la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ha sido cooptada desde hace años por León y La Silla Vacía abren el problema de para quién es la libertad de prensa que realmente se dice defender en el país, en especial cuando el mencionado portal ha lanzado acusaciones peligrosas a medios rurales sin ningún llamado de atención. Que tantos medios principales estén en manos de unos pocos grupos poderosos los hace fáciles de dirigir hacia los intereses económicos de las grandes fortunas en torno al próximo presidente.

Un reciente ejemplo vergonzoso debería dejar en claro del problema con esto. La página del periódico El Tiempo, en Twitter, compartió una nota acerca de una sentencia del Tribunal de Bogotá que condena el estallido social de 2021 como orquestado por grupos al margen de la ley. Pero el post deja de lado no sólo que la sentencia viene de 2024, sino que además dicha sentencia está limitada a los sucesos en Bogotá, ni siquiera en toda Bogotá, lejos de ser la única ciudad que enfrentó estallidos, e ignorando todo el contexto económico y social que dio lugar a las manifestaciones a nivel nacional -que, de nuevo, pueden consultar en esta entrada-.

La noticia ha sido replicada por gran parte de los medios en poco tiempo, muchos sin ofrecer ese contexto particular. Y no puede dejar de notarse la conveniencia de que, en este preciso momento, en el que los medios privados se ven cuestionados desde medios públicos, y la derecha parece reconocer que por lo menos no puede ganar en primera vuelta, se publique una noticia sobre una sentencia de 2024 que busca deslegitimar los reclamos de 2021, siendo la seguridad uno de los grandes problemas del actual gobierno. ¿Estamos realmente seguros que el perfil de los conglomerados detrás de los principales medios no tiene un papel aquí?

Creo que nadie en Colombia se hace ilusiones acerca de los sesgos y posiciones ideológicas de varios medios; el problema es que muchos no son realmente honestos con ambas cosas y presumen de una imparcialidad que realmente no tienen. Y eso sin mencionar las noticias que se comparten sin verificación, como el impresionante chasco que se llevó hace poco El Espectador tras publicar acerca de una supuesta red de desinformación rusa que no existía.

La confianza en los medios tradicionales ha sido herida de muerte hace mucho tiempo, y estamos en una seria necesidad de reestructuración. No espero que el próximo presidente vaya a restringir los medios de comunicación (aunque en este país nunca se sabe), pero definitivamente necesita abrir una conversación nacional sobre sus responsabilidades. Suficiente tiempo llevamos viendo cómo han promovido discursos sesgados y ataques políticos poco velados, y sin enfrentar ninguna consecuencia.

Conclusiones

El gobierno de Gustavo Petro ha experimentado una serie de triunfos importantes, así como de limitaciones y deficiencias en su gestión. No ha sido el paraíso que muchos avistaron al votar en 2022, pero tampoco es el escenario de “así venezó Empezuela” del que hablan sus críticos, ni mucho menos algo cercano a una dictadura. Los logros que ha conseguido han sido suficientes para que gran parte del electorado le dé su apoyo para continuar el proyecto progresista, con todo y las necesarias críticas.

Esto ha sido ignorado en su mayoría por gran parte de la oposición de derecha, que lo responsabilizaron directamente de eventos trágicos como el asesinato de un precandidato político. Pero definirse por aquello a lo que se oponían en lugar de presentar sus propias ideas acabó limitando a algunos de ellos, y las elecciones legislativas dieron lugar a una nueva configuración donde la izquierda tiene el primer lugar, aunque sin dominar.

Esto no ha evitado que desde el uribismo se orquestaran distintas tácticas para socavar la campaña oficialista, entre ellas uno que se apoyaba en el papel de empresas y medios para manipular la opinión del electorado. Las revelaciones del Proyecto Júpiter demuestran la vulnerabilidad de confiar en los relatos de medios tradicionales, pero es problemático que tenga que denunciarse desde medios afines al gobierno, pues tampoco se puede dejar toda la responsabilidad del cuarto poder en sectores afines a uno de ellos.

Con todo este escenario, los candidatos tienen una enorme responsabilidad de definir sus propuestas para los próximos cuatro años. Pero de ello hablaremos en la segunda parte de este trabajo.

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