El imperio viltrumita y los problemas de la “pureza genética”

 Advertencia: la siguiente entrada contiene elementos importantes de la trama en la cuarta temporada de Invencible, así como sucesos del cómic que aún no han sido adaptados en la serie animada. Se recomienda discreción.

 

Introducción

En estos días, estoy viendo la cuarta temporada de Invencible, la adaptación animada del cómic homónimo creado por Robert Kirkman y Cory Walker en 2003. Esta serie nos presenta un mundo con superhéroes, supervillanos y extraterrestres como algo habitual, mientras seguimos la historia de Mark Grayson, el epónimo Invencible, quien debe reemplazar en su oficio a su padre Omni-Man, el héroe más poderoso de la Tierra, después de que este queda mal herido durante un ataque a su equipo, del cual es el único sobreviviente. Mark lucha por adaptarse a su nueva vida y a sus poderes recientemente despertados, mientras poco a poco nos encontramos con amenazas y misterios a escala universal que se ciernen sobre el planeta.

Esta reciente temporada nos ha traído revelaciones que no sólo son importantes para comprender a Omni-Man y su relación con el planeta Tierra, sino que también nos ofrecen un vistazo de cómo las políticas de pureza racial pueden tener consecuencias en el devenir de una especie. Así que quiero aprovechar Invencible para hablar con detalle acerca de genética poblacional, entrecruzamiento de especies, y la pseudociencia detrás del darwinismo social y la eugenesia.

Un imperio en decadencia

La amenaza más importante a través de la serie es Viltrum, el planeta de origen de Nolan, el mencionado Omni-Man. Una especie entera de humanoides con todos los poderes físicos clásicos de Superman, se trata de un imperio militarista y colonizador que ha conquistado cientos de planetas a través de la galaxia, sometiendo civilizaciones enteras y en no pocas ocasiones aniquilando otras. De hecho, el final de la primera temporada nos revela que Nolan fue enviado originalmente como un agente infiltrado que pregonaba un supuesto mensaje de paz y solidaridad, pero con la misión de debilitar las defensas del planeta Tierra y prepararlos para la anexión al imperio viltrumita, algo para lo que intenta a su vez preparar a su hijo Mark.

El sangriento conflicto entre Mark y Nolan termina con el abandono de la Tierra por parte de este último, incapaz de asesinar a su propio hijo, y su exilio a un planeta lejano donde tiene otro hijo con una especie considerada inferior, tras lo cual es capturado por los viltrumitas y condenado a muerte tanto por traición como por romper sus leyes sobre el mestizaje. Por alguna razón, a pesar de que Mark intenta salvar a su padre, y se niega a seguir la misión de Nolan, los viltrumitas le exigen que continúe con ella, una postura extrañamente indulgente para una especie de imperialistas violentos.

En la tercera temporada, entendemos mejor la posición de los viltrumitas. Nolan es rescatado de prisión por Allen, otro extraterrestre miembro de una coalición de planetas que se opone al Imperio, y tras la fuga comparte un secreto importante, uno que ha sido ocultado por siglos: el tan temible imperio viltrumita se compone en su actualidad de menos de cincuenta individuos de sangre pura en todo el universo. Esto explica mejor la misión encomendada a Nolan, tal como este mismo expone en la temporada reciente: no sólo lo enviaron en solitario porque ya no tienen suficientes viltrumitas para una invasión a gran escala (aunque cada uno de ellos es lo bastante fuerte para someter un planeta entero por sí solo), sino también para encontrar otras especies genéticamente compatibles con las cuales reproducirse. O como lo pone Allen, cogerse a toda la galaxia.

Por supuesto, su futuro como especie no mejora al seguir muriendo. Y sí, va a pasar justo lo que imaginan.

Esto no sólo nos indica que los viltrumitas se encuentran en una posición precaria para sostener el control de su imperio y expandir su dominio, aunque aún cuenten con ayuda de planetas y especies vasallas, sino que su futuro como especie está prácticamente condenado si no encuentran otras especies tan compatibles como la humana. Esto nos sugiere que los viltrumitas como especie se encuentran en un estado de extinción funcional, es decir, que su población fue reducida de forma tan drástica que los individuos que quedan no serán capaces de sostenerla a largo plazo reproduciéndose.

Y aunque semejante reducción poblacional se debió a un evento catastrófico, de lo cual hablaremos más adelante, lo cierto es que los viltrumitas ya se encaminaban poco a poco a que su vasta población no fuese suficiente para mantener una reproducción efectiva de la especie a través de las generaciones. Y en esto cumplieron un papel importante las dinámicas políticas y sociales instauradas por sus líderes.

La filosofía “darwinista” del Imperio

Tal como Nolan explica al final de la primera temporada, Viltrum pasó a través de una brutal purga de su población con el fin de eliminar a los “débiles” de entre las filas de su imperio. De acuerdo con su descripción, al final de dicho proceso, la mitad de la población de Viltrum había sido aniquilada por completo, pero los sobrevivientes se reprodujeron y volvieron a repoblar del planeta, al punto que volvieron a ser miles de millones para tiempos del nacimiento de Nolan.

Por supuesto, Viltrum ya era un planeta imperialista y colonizador mucho antes de la Gran Purga. De hecho, Thaedus, líder de la Coalición de Planetas y un traidor viltrumita, se rebeló originalmente contra el Imperio asesinando al emperador Argall, creyendo que así podría detener las ansias expansionistas de su gente. Sucedió todo lo contrario: la muerte de Argall conllevó a la purga y a que los viltrumitas no sólo se volviesen más feroces en su proyecto de conquista, sino que a instaurar también métodos eugenésicos y darwinismo social para que su población fuese lo más pura y poderosa posible.

Recordemos que la eugenesia es un proceso enfocado en mejorar los rasgos hereditarios de una población a través de intervenciones selectivas que pueden ir desde el control de la natalidad hasta las esterilizaciones forzadas, con el fin de limitar o eliminar la reproducción de aquellos elementos de la sociedad considerados inferiores. Por su parte, el darwinismo social es una teoría pseudocientífica desarrollada en el siglo XIX a partir de la teoría de selección natural biológica de Charles Darwin que postula que los grupos y “razas” humanas están sujetos a las leyes de selección natural, y que las sociedades se encuentran estructuradas en jerarquías como consecuencia de ello.

Francis Galton, proponente de la eugenesia y el darwinismo social.

De acuerdo con los postulados del darwinismo social, las sociedades evolucionan de la misma forma que los organismos: con la selección natural actuando sobre variaciones dentro de la población, dando lugar a la supervivencia de los mejores competidores. Por ello, cosas como la estratificación de clases y las inequidades sociales son consecuencia de las inequidades “naturales” entre los individuos, reflejando no sólo una superioridad biológica, sino también moral. Los pobres, los desposeídos, son las personas menos “aptas”. Es gracias al darwinismo social que el principio de “la supervivencia del más apto” se ha corrompido en la malinterpretación popular de “la supervivencia del más fuerte”.

Las ideas del darwinismo social fueron consecuentemente usadas para justificar el conservatismo económico, el capitalismo de laissez-faire y el rechazo a la intervención estatal para reformar la sociedad, pues esto se consideraba interferir con las “leyes naturales”. Todavía podemos verlo sobrevivir en ideas como que la competencia a nivel económico y social es el orden natural del ser humano, tan popular en círculos libertarianos y de extrema derecha, o incluso en frases tan cotidianas como el célebre “el pobre es pobre porque quiere”, que condenan de entrada al precarizado: si no tienes la vida ni el empleo que querías, es consecuencia de tus decisiones individuales e incluso tus limitaciones y carencias naturales, no de las inequidades estructurales del modelo socioeconómico.

Volvamos con los extraterrestres bigotudos. La muerte de Argall generó un vacío de poder en el Imperio viltrumita, tras lo cual la población decidió que un nuevo gobernante surgiría de entre la sangre y cenizas de la Gran Purga. Aquí los viltrumitas optaron por una interpretación bastante literal de la “ley del más fuerte”, y aplicaron una intervención eugenista extrema, masacrándose entre sí hasta que sólo los mejores guerreros quedaran en pie para reconstruir el planeta y mantener en marcha la maquinaria imperialista. Bajo su lógica, los viltrumitas sobrevivientes y sus descendientes eran los mejores genes que podía ofrecer su especie, así que pronto repoblaron su planeta, al punto que cuando Nolan nació, Viltrum era considerado el mayor imperio de toda la galaxia.

Las políticas de darwinismo social no se limitaron a la Gran Purga. Los viltrumitas mantuvieron un feroz proceso de educación y adoctrinamiento militarista de los más jóvenes. A los guerreros de Viltrum se les enseñó desde niños que su gran poder significa que tienen el derecho de conquistar el Universo, que valores como la empatía y la compasión por otros eran debilidades, y que debían desechar todo tipo de sentimientos relacionados, quedándose sólo con la lealtad y el deber para con el Imperio, sea como conquistadores de nuevos planetas o como reproductores de la siguiente generación de viltrumitas. En otras palabras, se convirtieron en engranajes del Imperio, que viven sólo por y para el Imperio. Fascismo en estado puro.

Como consecuencia, los viltrumitas que hemos visto en la serie son individualistas y funcionalmente sociópatas, algo a lo que contribuye su larga vida, por lo cual desarrollar comprensión o cualquier tipo de vínculo con los habitantes de los planetas que invadían en secreto es algo en apariencia imposible. Ni siquiera entre los propios viltrumitas parece haber algo más que simple camaradería entre soldados, y el cortejo a la hora de aparearse es inexistente: tomas lo que quieres por la fuerza, como descubriremos de modo trágico más adelante en el cómic. Tampoco los niños y los jóvenes están a salvo de su visión calculadora y utilitaria del individuo: los preadolescentes pasan por pruebas de combate donde habitualmente alguno muere, es implicado que instructores asesinando a alumnos por algo tan simple como dudar o fallar en responder una pregunta es algo habitual, y el rito de paso a la adultez es un sangriento combate a muerte a los 18 años donde el joven debe resistir los ataques de sus propios padres. Si mueren, simplemente no eran aptos.

Como muchos gobiernos fascistas de nuestro mundo, los viltrumitas también tienen una estricta política reproductiva que prohíbe cualquier tipo de reproducción con especies que sean consideradas inferiores. Nolan fue condenado a ejecución no sólo por traicionar su misión y abandonar la Tierra, sino también por reproducirse con una mujer thraxana, una especie insectoide físicamente débil. Ni siquiera el hecho de que Mark tuviese poderes viltrumitas lo salvaba del darwinismo social de su sociedad: los tres viltrumitas enviados a capturar a Nolan pelearon con intención de matarlo también a él, y en palabras de Vidor, uno de ellos, Nolan no tenía nada que lamentar si el chico moría en el combate, pues eso significaba que nunca fue digno de sobrevivir.

Sin duda, Kirkman quiso representar a través de los viltrumitas la toxicidad de los proyectos supremacistas y una forma brutal de fascismo imperialista. Que todos los varones viltrumitas cultiven un bigote también los une a arquetipos de masculinidad tan comunes en los regímenes militaristas y totalitarios de épocas pasadas, algo que vale la pena señalar en tiempos donde charlatanes en redes sociales intentan manipular las inseguridades de los jóvenes para venderles modelos corruptos de masculinidad. Incluso, en los cómics es notable lo poco diversa a nivel fenotípico que parece la sociedad viltrumita, siendo pocos los habitantes de piel oscura, por ejemplo. En la serie animada hay una diversidad un tanto más notable, lo que irónicamente termina reflejando el hecho de que muchos de los promotores del supremacismo blanco o del imperialismo de naciones como Estados Unidos ni siquiera son parte de las etnias consideradas “superiores”. Obviamente no es lo mismo porque la pureza genética que buscan los viltrumitas va más allá de esos rasgos físicos, pero eso no rompe la analogía.

Sin embargo, lo que los viltrumitas nunca anticiparon es que su obsesión por producir una sociedad genéticamente “pura”, donde sólo los considerados aptos tenían la opción de sobrevivir y reproducirse, sería lo que terminó condenándolos a largo plazo. Y su empeño en desterrar cualquier atisbo de sentimentalidad de los corazones de sus soldados los hizo fuertemente vulnerables a uno de los sentimientos más universales: la empatía.

¿Por qué el Virus del Castigo fue tan efectivo?

En la reciente temporada nos enteramos cómo fue que los viltrumitas quedaron al borde de la extinción. Cientos de años antes, Thaedus, al descubrir que los viltrumitas se habían vuelto más violentos e imperialistas tras la muerte de Argall, diseñó un virus específicamente modificado para atacar el ADN viltrumita y lo liberó en el planeta. Esta arma biológica, llamada el Virus del Castigo por los científicos viltrumitas, diezmó ferozmente a la población de Viltrum durante un largo período -décadas, según el cómic- sin que pudiese encontrarse cura o tratamiento. Peor aún: los sobrevivientes a la infección experimentaban un período de tiempo donde su fuerza, resistencia y regeneración celular se reducían seriamente, por lo que muchos de estos también murieron como consecuencia de tales efectos secundarios.

Cuando la pandemia se detuvo, porque los pocos viltrumitas que quedaban ya habían sido infectados, el 99,9% de la población había desaparecido. La serie amplía visualmente el impacto de la tragedia, con pilas de miles de cadáveres a través de las ciudades, bahías clínicas con decenas de camas que pronto quedan vacías, y al propio Nolan sufriendo la infección y teniendo más tarde que desechar al espacio el cadáver de su propio padre. Es fácil olvidar por un momento que se trata de una especie sanguinaria e imperialista que ha sometido a cientos de planetas a través de la galaxia.

Los viltrumitas lograron ocultar muy bien la severidad de su condición como especie. Masacraron a los no viltrumitas dentro de su planeta que supiesen sobre el Virus del Castigo, cambiaron los protocolos de invasión, esparcieron el rumor de que enviaban agentes únicos porque se habían extendido demasiado a través de la galaxia, y retiraron la prohibición de procrear con otras especies, encargando a sus agentes invasores la tarea adicional de encontrar especies con la genética más similar posible al ADN viltrumita para intentar salvar su especie. Evidentemente, estaban desesperados.

Incluso teniendo en cuenta la extrema capacidad infecciosa diseñada del Virus del Castigo, tanto el impacto que tuvo la pandemia sobre la población viltrumita como la necesidad de aparearse con otras especies para salvar la suya propia fueron consecuencia de sus propias políticas eugenistas y su filosofía del más fuerte. En el momento en que la Gran Purga inició, los viltrumitas se habían condenado como especie, y para entender por qué, necesitamos hablar con detalle de genética poblacional.

El concepto básico para entender esto es la diversidad genética, las diferencias combinadas en la composición genética de todos los individuos de una especie. Esta diversidad es crucial para la supervivencia y evolución de las poblaciones, dado que una mayor cantidad de diferencias y combinaciones ofrece mayores posibilidades de adaptación a diferentes fenómenos. A toda esta colección de genes y sus diferentes alelos (variaciones) presentes durante un período de tiempo determinado en una población donde sus miembros se reproducen entre sí se le denomina acervo genético.

Ambos conceptos son importantes para comprender la crisis demográfica de los viltrumitas. La diversidad genética puede verse influida por procesos como el flujo génico (transferencia de material genético entre poblaciones, como la migración), la selección natural o artificial, las mutaciones (alteraciones aleatorias en el segmento de ADN) y la deriva genética (cambios aleatorios en las frecuencias alélicas de una población). El flujo génico y las mutaciones incrementan la diversidad, puesto que ingresan nuevos alelos a la población, mientras que la selección y la deriva la reducen. Esto significa a su vez que el acervo genético va cambiando a través de las generaciones, incrementándose o reduciéndose de acuerdo a la fuerza de los procesos mencionados. Entre mayor sea el acervo genético, mayor adecuación biológica y mayor probabilidad de supervivencia de las poblaciones y las especies.

Cuando los viltrumitas realizaron la Gran Purga, lo que iniciaron fue un proceso extremo de selección artificial de su población, matando a aquellos que consideraban débiles, y posteriormente lo institucionalizaron en sus procesos de adoctrinamiento y rituales de paso a través de las generaciones, con lo que siguieron eliminando a más individuos. Sus políticas eugenistas priorizaron sobre todo la fortaleza física y mental, pero al borrar la mitad de su población y seguir purgando a muchos más a través de dichas políticas, eliminaron gran parte de la diversidad genética de su especie, lo que significa que redujeron considerablemente su acervo genético, y por lo tanto su capacidad de supervivencia.

Esto es lo que se conoce en biología como cuello de botella, una reducción drástica del tamaño de una población como consecuencia de eventos ambientales o antrópicos, lo que se traduce a su vez en la pérdida de diversidad genética. Muchas especies que pasan por cuellos de botella quedan al borde de la extinción; en otros casos, las poblaciones sobrevivientes determinarán la composición genética de las siguientes generaciones (efecto fundador) sin ser representantes de la composición genética original, lo que conduce a que la especie tendrá ahora una menor variabilidad genética, y un mayor riesgo de que surjan variaciones genéticas perjudiciales y una menor adecuación biológica.

Los problemas no terminan ahí. Dado que repoblaron pronto el planeta con miles de millones de viltrumitas a partir de ese acervo disminuido, significa que su especie completa para tiempos de Nolan eran miles de millones de individuos que compartían las mismas pocas variables genéticas de la población original, y aún seguían reduciéndolas potencialmente a través de la eugenesia. Puesto que los viltrumitas vivían miles de años, significa también que había muchas generaciones superpuestas, lo que mantenía la dispersión no sólo de dichas pocas variables, sino también de potenciales variaciones y mutaciones recesivas dañinas. Y dado que seguían empeñados en mantener la “pureza genética” de su especie, sin el ingreso de nuevos alelos a sus poblaciones y la reducción progresiva de los que ya tenían, podría decirse que se estaban estancando en su capacidad adaptativa a amenazas desconocidas.

Creo que van entiendo hacia dónde voy. La razón por la que el Virus del Castigo fue tan letal para los viltrumitas no fue sólo porque hubiese sido diseñado para ser altamente contagioso, sino también porque la diversidad genética de la especie era tan baja, habiendo repoblado el planeta a partir de un acervo genético reducido, que la mayoría de sus miembros eran igual de vulnerables a la infección, y no contaban con variables genéticas o mutaciones que pudiesen potencialmente permitirles combatirla. El propio Thaedus se sorprende y horroriza al descubrir que su ataque biológico fue tan efectivo como para aniquilar a casi toda su especie. Los pocos viltrumitas que sobrevivieron fueron aquellos que contaban con un sistema inmune excepcionalmente fuerte, y aun así muchos de esos sobrevivientes debieron morir al poco tiempo durante el período de atenuación en sus atributos físicos.

Esto nos lleva de regreso al concepto de extinción funcional que mencioné. El general Kregg describe que los viltrumitas sobrevivientes son tan pocos que no pueden reproducirse entre sí, pues su descendencia sería endogámica y deficiente. Podrían pensar que siendo cincuenta de una población de miles de millones, tendrían que estar lo bastante alejados genéticamente como para tener descendencia sana, pero lo que ocurre es que la población sobreviviente era muy inferior en número al tamaño efectivo de la población viltrumita. El tamaño efectivo poblacional (Ne) es el tamaño de una población idealizada que experimenta deriva genética a la misma tasa que la población real, y es importante a tener en cuenta para calcular la deriva genética y la endogamia en una población. El Ne siempre es más pequeño que el tamaño real de la población, pero entre mayor sea el Ne, mayor potencial adaptativo y menor riesgo endogámico tendrá una población.

En el caso de los viltrumitas, de lo que vemos, la proporción de hombres y mujeres sobrevivientes era bastante desigual, con muchas menos mujeres, lo que significa que los individuos que pueden contribuir genéticamente a la siguiente generación son menos de esos 50 sobrevivientes: es decir, su Ne era bastante reducido, a menos que las obligaran a reproducirse con todos. Al ser una población original tan pequeña, en poco tiempo tendrían una alta endogamia entre sus descendientes debido a su baja diversidad genética por lo que, como lo describe Kregg, los pocos individuos sobrevivientes no eran suficientes para sostener una población viable a largo plazo. Es por eso que, si no hubiesen encontrado especies con las cuales reproducirse, estaban funcionalmente extintos. No habrían tenido un futuro.

Me preguntaron en redes, hablando acerca de este tema, si los viltrumitas podrían haber resuelto el problema con la clonación, algo que hemos visto que existe en la serie. La verdad es que no: habría facilitado sin duda el problema de mantener controlado su imperio y seguir con sus planes de conquista, pero sería el mismo acervo genético limitado como fuente. Eso sólo podría servir si se combinaba con el entrecruzamiento con otras especies.

Habiendo llegado hasta aquí, vale la pena señalar entonces los problemas con la eugenesia desde su propio concepto. Ya he hablado al respecto en entradas anteriores, tanto de lo problemático que es hablar de rasgos “inferiores” en general como de sus vínculos con el racismo científico y el supremacismo nazi. Y aunque se le ha intentado rehabilitar en décadas recientes a través de propuestas de edición genómica para el manejo de ciertas enfermedades, en el mejor de los casos serían tratamientos elitistas y poco accesibles para todos; en el peor, la llamada eugenesia positiva o liberal sigue nutriendo el delirio de los tecnócratas de Silicon Valley y sus absurdas ideas transhumanistas.

Un problema importante de la eugenesia es que no sólo la intervención a nivel genético está lejos de estar dominada para nuestra especie, sino que también ocurre que muchos de los rasgos a alterar, como enfermedades genéticas o aptitudes físicas/intelectuales, son menos comprendidos a nivel genético de lo que se cree. Muchos de ellos no son controlados por un único gen, sino que se trata de rasgos poligénicos, por lo que editarlos es muchísimo más complejo; tampoco se puede descartar que algunos actúen en pleiotropía (es decir, un único gen actuando en diferentes rasgos fenotípicos), de modo que podrías terminar afectando más rasgos de los que crees. Y de nuevo, muchos de los atributos que se han propuesto modificar son altamente subjetivos en su medición y valoración.

Y para tratarse de una especie tan avanzada tecnológicamente, que puede alimentar a los hambrientos y hasta restaurar el clima según Anissa, su sistema de purga es barbárico e incluso diría ineficiente. No sólo porque estás asesinando a otras personas, sino porque con una intervención tan drástica eliminas de golpe distintas variables genéticas que podrían ser ventajosas para otros rasgos que no estaban considerando, como por ejemplo un mejor sistema inmune, algo que les habría venido de perlas cuando llegó el Virus del Castigo. Centrarse en los atributos físicos para su selección de “los más fuertes” en detrimento de otras cualidades es tan ciego que casi podría maravillarme de lo imbéciles que fueron. Pero claro, una potencia imperialista no necesita precisamente de sabios, dirían algunos. O de gente que soporte mejor los efectos de una gripa.

Creo que ya será obvio en estos momentos para los lectores que, en contraposición a las políticas eugenistas viltrumitas y los discursos racistas del supremacismo que reflejan, una mayor diversidad genética siempre es más ventajosa para la adaptación y la evolución, de modo que la oposición a relaciones interraciales por el argumento de que “deteriorar los genes” es absurda. Es particularmente ridículo en el caso de nuestra especie, donde precisamente la diversidad genética en nuestras poblaciones se va reduciendo en su mayoría a medida que nos alejamos de África en el mapa. Si algo nos ayuda como especie es precisamente que nuestras poblaciones mantengan un flujo genético constante a pesar de las distancias. Hasta los viltrumitas se dieron cuenta, aunque ellos lo hicieron con especies diferentes, y desde luego cuando ya estaban desesperados por su casi segura extinción.

La empatía es la enemiga

El último tema del que quiero hablar, pero no por ello menos importante, es acerca del adoctrinamiento viltrumita, puesto que refleja muy bien no sólo el resurgimiento contemporáneo de las visiones erróneas del darwinismo social y la “ley del más fuerte”, sino también cómo, a pesar de la alienación y la socialización constante de la brutalidad y el individualismo, atributos naturales como la empatía, el altruismo y la compasión no pueden purgarse fácilmente de la sociedad. Y para explicarlo mejor, voy a tener que hacer unos spoilers del cómic y el futuro de la serie.

Al final del arco de la Guerra Viltrumita, la Coalición de Planetas lanza un ataque sorpresa al propio Viltrum que acaba con la destrucción del planeta y las muertes de varios viltrumitas, pero los Grayson acaban seriamente heridos a manos de Thragg, Gran Regente de Viltrum, y los viltrumitas sobrevivientes desaparecen de sus áreas de influencia. Cuando Mark y Nolan regresan a la Tierra, descubren que se han infiltrado entre los humanos, y Thragg les ofrece la rendición de su gente con la condición de permitirles vivir y reproducirse con la especie humana, sin interferir directamente en sus asuntos. Conscientes de que más de treinta viltrumitas son una amenaza demasiado grande para el planeta, Mark opta por aceptar los términos.

Para sorpresa de Thragg, que se mantiene aislado de los terrícolas en la Luna, sus súbditos empiezan a desafiar sus órdenes de reproducción y no interferencia, “envenenados” a sus ojos por los mismos sentimientos débiles que contaminaron a Nolan. Lucan, por ejemplo, elige mantenerse fiel a su pareja, contra las órdenes expresas de Thragg de procrear con diferentes mujeres, porque no quiere hacerle el mismo daño que su anterior pareja al engañarla. El propio general Kregg, uno de sus más fieles sirvientes, desarrolla afecto genuino por la docena de mujeres que embarazó, e interviene para salvarlas de accidentes y desastres, rompiendo la orden de no interferencia.

Thragg no puede entender lo que ocurre. Para él, los humanos son sólo criaturas inferiores, simple ganado que aprovechar como material genético para restaurar la gloria del Imperio. Sus súbditos ven más allá, ellos lo han experimentado de primera mano. Han caminado junto a estos humanos, convivido con ellos, los han escuchado, han tenido que trabajar en construir relaciones con ellos. Tal como Lucan lo describe: “Tener alguien que se preocupe por ti, que piense en ti, que puedas pensar en ella, el vínculo que se forma, es…”. Kregg continúa por él: “Asombroso. Lo cambia todo, Thragg. Nos cambia… a nosotros”.

Como hemos visto, la sociedad viltrumita priorizaba sobre todo el poder. Bajo sus enseñanzas, están destinados a gobernar el universo porque, si no fuese así, no habrían nacido con habilidades tan prodigiosas. Esto los hizo desarrollar una cultura tóxica en que la voluntad y el respeto se imponen a partir de la fuerza, y se suprimieron las emociones consideradas “débiles” que les hiciesen tener en cuenta a otros, de modo que los vínculos entre viltrumitas son más cadenas de mando y colegas de misión, y la reproducción es un deber antes que una relación de afecto.

Pero como dije, sólo son funcionalmente sociópatas. Aún podemos ver atisbos de que pueden manifestar y expresar emociones: en la serie, el padre de Nolan muestra cierto orgullo cuando su hijo logra herirlo, y detiene a su madre cuando esta se desquita a golpes contra él; el propio Nolan reflejó dolor en su rostro tras sobrevivir al Virus del Castigo y encontrarse no sólo con la desolación en su planeta, sino también con la tarea de tener que enviar al espacio a sus muertos, entre ellos su propio padre; y el tono del general Kregg al comunicar la noticia del fin de los viltrumitas es solemne y sombrío.

Y es que, a pesar de ser moldeados como soldados del Imperio, sin más profundidad que su deber y lealtad, los viltrumitas siguen siendo una especie naturalmente social. Nunca habrían logrado construir una civilización, ciudades tecnológicamente avanzadas e incluso un imperio si no hubiesen desarrollado la cooperación y la sociabilidad en los albores de su evolución. No es que sean monstruos completa y naturalmente insensibles, pero el adoctrinamiento en su cultura y la forma en que son socializados favorecen el desarrollo de personalidades distantes y calculadoras, donde no hay más cooperación que el seguir los parámetros de una misión encomendada.

Conquest, el agente más exitoso del Imperio viltrumita, encarna toda la toxicidad y corrupción de esta mentalidad. Es el segundo viltrumita más poderoso, y un agente de élite al que envían a someter planetas difíciles de conquistar, pero manifiesta una soledad inmensa porque es tan fuerte y exitoso que los otros viltrumitas le temen y lo evitan, y no puede ni siquiera llorar por ello, porque a nadie le importaría. Es tal su soledad que se entrega al sadismo en sus conquistas porque es la única forma en que puede tener contacto con otros, pero esto sólo aleja más a los demás viltrumitas, quienes lo ven como un simple perro de ataque. Ni siquiera recibe la dignidad de tener un nombre, sólo el título de su misión.

Vale la pena señalar entonces cómo el tiempo en la Tierra logró influir en Nolan, a pesar de que en principio ni él mismo lo entendía. Parte de él no quería que Mark despertase sus poderes porque se había acostumbrado a vivir en la Tierra, aunque decidió de todos modos priorizar su misión. Cuando masacró a los Guardianes del Globo, se podía ver al final de esa escena que él mismo estaba apenas procesando lo que acababa de hacer. Su quiebre al final de la primera temporada llega al darse cuenta no sólo que es incapaz de matar a su propio hijo, sino el descubrir que incluso después de hacerlo pasar por tantos horrores, una parte de Mark aún lo ama.

Tras un período de depresión y crisis existencial, Nolan se establece en Thraxa para apoyar a sus habitantes como gobernante, y se acostumbra a su estilo comunitario y cooperativo. Cuando la invasión viltrumita masacra a gran parte de los thraxanos, derrama lágrimas de furia sin entender aún por qué siente tanta culpa por criaturas tan frágiles y de vidas cortas. En prisión tiene por fin tiempo de darse cuenta de que realmente extraña a su familia en la Tierra, y al ser rescatado por Allen se siente un tanto desconcertado, afirmando que ningún viltrumita haría algo semejante por otro, aun cuando él mismo, resignado a su ejecución, se liberó de sus grilletes para ayudar a alguien que ni siquiera era viltrumita.

Es en este punto que quiero contextualizar todas estas experiencias de los viltrumitas a través de las tesis de Piotr Kropotkin, teórico político anarquista, y también geógrafo y zoólogo. Tal como propuso en El apoyo mutuo, las interacciones cooperativas entre los individuos han sido un motor evolutivo de muchas especies animales en contraposición a la competencia, como proponían los darwinistas sociales. Kropotkin no negaba la existencia del egoísmo o la lucha competitiva, pero señalaba que aquellas especies cooperativas y prosociales tienden a ser mucho más exitosas y alcanzar el mayor grado de desarrollo, incluyendo por supuesto al ser humano. Por supuesto que tenemos deseos y placeres individuales, pero como especie podemos alcanzarlos mejor a través de la cooperación entre los miembros del grupo social.

Lo que ocurre es que una sociedad militarista y darwinista social como la viltrumita, no se dan las condiciones para que se manifiesten adecuadamente los sentimientos que dan lugar a la cooperación, como la empatía y la compasión. Los individuos son convertidos en súbditos, soldados, que ejercen un papel como engranajes de una maquinaria imperialista que los atomiza. Es lo que sucede en gran parte de nuestras sociedades actuales, donde el modelo de producción capitalista fragmenta a las clases populares y los convierte en empleados individualizados que sueñan con alcanzar una mejor posición social, con discursos como la meritocracia y el esfuerzo, donde depende sólo de ti alcanzar tus metas, y si fracasas, entonces no fuiste apto. Es decir, las condiciones sociales actuales fomentan más el egoísmo que la cooperación.

Y tal como los viltrumitas desdeñan la empatía descubierta por Nolan como una toxina, una infección, tenemos a tecnócratas reaccionarios como Elon Musk y charlatanes de Internet como Gad Saad afirmando que la empatía es el veneno de nuestra civilización, que se ha vuelto suicida, un lastre para el progreso. En el caso de los primeros, la empatía por las especies a conquistar es peligrosa para su proyecto supremacista y de supervivencia; para los segundos, fomentar la cooperación y la crítica al impacto del capitalismo feroz sobre los derechos humanos, la igualdad social y el medio ambiente es peligroso para su proyecto antidemocrático y tecnofeudalista. La empatía es enemiga de las jerarquías, sean económicas, sociales, políticas, e incluso las supuestamente biológicas.

Nótese que la recomendación del libro citada no es de un escritor o un científico, sino de Elon Musk.

Resumiendo todo lo anterior, los viltrumitas infiltrados terminaron encariñándose con sus parejas terrícolas no sólo porque siempre tuvieron esas capacidades empáticas, sino también porque el ambiente social en el que se encontraban los fomentaba a expresarlos. A algunos les costaba más que otros, pero mientras mantuvieran ese contacto, era algo inevitable y, además, dado que no estaban acostumbrados a una experiencia emocional tan positiva, la mayoría conectó rápidamente con ello. Es curioso que a Nolan le tomase más tiempo comprender sus propias emociones, pero como su trabajo era integrarse progresivamente como agente durmiente, en lugar de una invasión inmediata con propósitos de procreación, y los humanos eran además la primera especie con la que encontraba compatibilidad genética y reproductiva, su período de asimilación fuese tan gradual que no fue consciente del grado de genuinidad en los vínculos que había formado.

Thragg, al mantenerse aislado en la base lunar, es ajeno a las experiencias de sus compatriotas, y posteriormente su soberbia y complejo de inferioridad al descubrir que el linaje del emperador Argall aún sobrevivía le impiden hacer conexiones emocionales, aun cuando engendra literalmente un ejército de hijos en el cómic. Se aferró a que su posición como el viltrumita más fuerte de todos era lo que lo hacía digno de permanecer como Gran Regente. En un giro irónico del destino, los demás viltrumitas revelaron que seguían a Argall por su sabiduría, no por su fuerza física, lo que resalta aún más lo trágico de que una especie con tanto potencial emocional e intelectual se destruyese a sí misma al creer que la ley del más fuerte produciría a sus mejores especímenes.

Conclusiones

A través de su tratamiento de lo que significa ser un héroe, el peso de un legado, y la importancia de cultivar la empatía y la humanidad, incluso cuando te enfrentas a grandes atrocidades, Invencible se ha convertido en una de las obras de superhéroes más importantes de los últimos años. La historia de los Grayson busca reconectar a los espectadores con los valores del heroísmo, que el idealismo puede triunfar incluso al recibir constantes ataques del mundo a tu alrededor.

Si la serie animada continúa adaptando el cómic hasta el final -ojalá con un mejor presupuesto, Amazon-, son estos valores los que derrotarán al Imperio viltrumita. No sólo porque dan impulso a los grandes protagonistas y a sus aliados a actuar, sino también porque conocer la Tierra a través de ellos les mostrará que hay un camino más allá de su obsesión imperialista y la ley del más fuerte. Una lección que todavía muchos de nosotros mismos necesitamos aprender con urgencia.


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