viernes, 27 de febrero de 2015

Nacionalismo inútil (IX): ¡Quéjate primero de tu propio país!

Hoy en día es difícil no estar informado de lo que ocurre alrededor del mundo. El terror que siembra ISIS en Oriente Medio, las protestas en México por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la crisis económica y política de Venezuela, los diálogos entre Estados Unidos y Cuba… Muchos sucesos a los cuales el ciudadano común tiene acceso a través de una gran diversidad de medios de comunicación.

Por consiguiente, es fácil para uno empaparse de suficiente información y emitir opiniones acerca de estos problemas. Sin embargo, parece ser que a algunas personas les fastidia sobremanera que un coterráneo proteste por lo que ocurre en otro país sin fijarse en lo que pasa en el nuestro. Estoy seguro que el lector ha escuchado alguna vez algo como lo siguiente: “Se quejan por lo que pasa en (inserte nombre de un país aquí), cuando en el país estamos mucho peor”.

Quizás la presente entrada suene menos a una crítica del nacionalismo que las anteriores, pero si hay algo peor que el chovinista es el que critica las opiniones de otros alegando patriotismo, cuando resulta ser una farsa autocomplaciente.

Me parece muy curioso que la mayoría de los que dicen que debemos quejarnos primero de lo que ocurre en nuestro país son los que mantienen ideas de izquierda, y de una izquierda algo primitiva. No es que todos los izquierdistas se quejen porque alguien manifieste descontento con los sucesos de otro país, ni que ninguna persona de derecha pida atención primero a lo que pasa en el nuestro, pero al menos en lo que yo he visto, son izquierdistas quienes predominantemente piensan así. Y no es porque tengan un arranque de amor patrio, no en realidad. Es simplemente un berrinche porque, cuando alguien opina de forma negativa sobre la política de un país, por ejemplo, están criticando sus ideales. Y no les gusta cuestionarse a sí mismos: la autocrítica les cae fatal.


¿Me explico? Analicemos el tema de Venezuela de nuevo. Seguramente el lector está informado que, a un año de las protestas de febrero y la captura del líder opositor Leopoldo López,  el alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, fue capturado por órdenes del gobierno, acusado de estar fraguando un golpe de Estado, con base en un documento donde se habla de una transición en el gobierno (no veo cómo eso pueda evidenciar un golpe, pero en fin). Inmediatamente la comunidad internacional se indignó por las irregularidades del proceso. No poco después, más de una persona comenta en las redes sociales cosas como: “Mira a todos esos que critican el gobierno de Maduro, mientras que aquí nos están robando”, o “Nos encanta mirar los problemas del vecino y no los nuestros”.

Otro caso, este ya un poco menos viciado por política. Cuando ocurrió la masacre de los cuatro niños de Caquetá, no fueron pocos los que compartieron en Facebook una imagen que decía lo siguiente: “Eran niños campesinos, no caricaturistas. Vivían en El Cóndor, Caquetá, no en París. 4, 10, 14 y 17 años. Y Colombia como si nada”. Una clara alusión a la indignación mundial que siguió a la masacre de Charlie Hebdo, y al supuesto poco cubrimiento que tuvo el crimen de Caquetá. Digo supuesto porque en las redes sociales casi no se habló de otra cosa, y después los noticieros hicieron un seguimiento exhaustivo de la noticia.

Y por supuesto, quienes piensan que criticar a Venezuela está mal porque tenemos nuestros propios problemas o que es incorrecto indignarse por la masacre de Charlie Hebdo mientras cuatro niños eran asesinados aquí se equivocan. Por completo.

Fundamentalmente existen dos razones para cuestionar lo que ocurre en otros países, por mal que esté igualmente el nuestro. La primera es que cualquier conflicto en tierra extranjera puede afectar potencialmente a nuestro país. Por ejemplo, es bien sabido que el conflicto armado en Colombia tuvo repercusiones en otros países, debido a la presencia ilegal de grupos insurgentes en territorio extranjero o al tráfico de drogas. ¿Realmente vamos a decirles a los brasileños, por ejemplo, que no pueden cuestionar el mal manejo que tuvo por muchos años el conflicto en nuestro país, porque ellos tienen sus propios problemas? ¿Incluso si parte de ellos se originaron por causa de nuestros problemas? Por favor. Habría que ser un idiota moral para defender semejante cosa.

En otro ejemplo, después del 11 de septiembre, las políticas de inmigración y las libertades civiles fueron seriamente restringidas en Estados Unidos tras el Patriot Act. ¿No había derecho a protestar, siendo que era un abuso contra los colombianos que querían buscar una nueva vida en ese país? Entonces, ¿por qué no protestar por la crisis económica de Venezuela, que es nuestro vecino cercano, y con quien tenemos relaciones económicas, si la crisis ha sido tan mal manejada por el gobierno, sea quien sea el culpable?

La segunda razón es que lo que ocurre en otros países puede ser un ejemplo de los problemas que podríamos afrontar en un futuro. Opinar acerca de dichos problemas es, entonces, mostrar la preocupación que sentimos al ver nuestro propio futuro amenazado. Si en Venezuela, un país socialista que debería estar mucho más comprometido con los derechos humanos, a diferencia de nuestra república neoliberal, se autoriza la represión violenta de las protestas, aun si es como último recurso, ¿qué evita que, en un futuro, algún presidente del talante de Uribe recurra a la misma táctica despreciable? ¿Cómo no expresar disgusto ante esto? Y en el caso de la masacre de Charlie Hebdo, ¿cómo no indignarse, cuando se asesinaron tantas personas simplemente por unos dibujos? ¿Hasta eso hemos llegado? Ya aquí en Colombia hay grupos como el MIRA que pretenden denunciar cuando los critican, y otros religiosos que se indignan por una obra artística erótica y un poco satírica. ¿No es mejor sentar de una vez las bases racionales necesarias para evitar que ocurra aquí un episodio similar?


A los que dicen que no deberían criticarse los problemas de orden público en Venezuela, que sean honestos. No es simplemente por indignación justa con nuestra situación que ustedes afirman estas cosas, sino porque otros cuestionan los modelos que admiran con celo ideológico. Apostaría que si tal situación ocurriera en Estados Unidos o Francia, apoyarían las quejas contra sus gobiernos con todo gusto, aun con todas las protestas y masacres que ocurran aquí. Pero es difícil soportar que se cuestione su modelo ideológico favorito, aunque la queja venga de la derecha o de la misma izquierda (que seguramente denotarán como una falsa izquierda). Sería mejor que dejaran de ser hipócritas.


A los que se indignaron porque se le prestó atención masiva a la masacre de Charlie Hebdo (recordemos que la masacre de Caquetá fue después), debo decir que su posición es injusta y ridícula, más emocional que racional. Sería una estupidez de mi parte categorizar ambas tragedias, pues ambas son crímenes, y así deben comprenderse en general. Pero es increíblemente absurdo que se le de muerte a alguien por una broma o una sátira. No es que diga que es legítimo dar muerte a cuatro niños por un problema de tierras, ni que sea peor la masacre de Charlie Hebdo; sólo resalto lo ridículo del motivo tras esta última, algo por lo que cualquier persona medianamente decente tendría que haberse indignado. Pueden estar inconformes por el cubrimiento de los medios ante las dos noticias, pero banalizar la postura de muchas otras personas que se solidarizaron con la revista francesa es una actitud rastrera.

Con esto termino. A las personas que puedan estar en desacuerdo con mis opiniones, los invito a reflexionar como siempre. Es cierto que tenemos problemas en nuestro país, pero eso no tiene por qué impedirnos expresar nuestra inconformidad por lo que ocurre en otras partes del mundo. Después de todo, debería ser prerrogativa del ser humano buscar el máximo bienestar de sus semejantes, ¿no es así?

2 comentarios:

  1. Bien, últimamente he leído su blog y me ha parecido un lugar lleno de contrastes, donde en ciertas entradas se da un apoyo a las exposiciones bien expuestas (como en el caso de los bebes de tres padres) pero en otras como esta se crea cierto desacuerdo por algunas cosas planteadas o que se omiten en la entrada. Digo que siempre y cuando los críticos de lo que suceda en Venezuela tengan un conocimiento de primera mano (y no me refiero a que lo lean de periódicos o lo que vean en noticieros), bienvenida su crítica; pero si solo tienen esos referentes teóricos y no van más allá de un titulo sensacionalista como que la esposa de Leopoldo López se va al extranjero a hablar pestes sobre el gobierno, esta grave la cosa.

    Según el artículo se anota que quienes dicen que los críticos de un país extranjero deberían enfocarse mejor a los problemas locales son los nacionalistas y no quienes hacen las críticas hacia el país, en el caso que expongo, muchos de los detractores del sistema político venezolano hacen sus aseveraciones basados en los prejuicios que por mucho tiempo se han cultivado con tanto esmero acá en Colombia sobre la “hermosura” de país que es este, y con la aun mas mentirosa afirmación de que la democracia colombiana es la más antigua de Sudamérica; y usted de pronto lo habrá visto más de una vez, las criticas que pudieran ser validas hacia el vecino país en cuanto a sistema político y económico dejan de serlo cuando la actividad se traslada a criticar defectos personales de los políticos de ese país (principalmente de Nicolás Maduro) es ahí donde la critica deja de tener sentido y se transforma en una burla despreciable sin ton ni son hecha por estúpidos que solo quieren ser los más chachos burlándose de las torpezas de Maduro por medio de las redes sociales o en la vida diaria.

    Yo soy uno de los que repudio el actuar chovinista y barato de quienes se gastan grandes cantidades de tiempo hablando pestes de Venezuela basándose solamente en lo que ven en los medios de comunicación y usando el discurso patriotero de que esta es una tierra agradable y un estado muy democrático que está en el filantrópico deber de luchar contra la dictadura venezolana; la actitud empeora cuando de las críticas políticas no muy sustentadas de la mayoría se transforman en simples y llanas burlas frente a las torpezas de presidente de esa nación, ¿como se pretende guardar la compostura cuando lo que se ve es una clara bajeza de los bípedos que vivimos en esta tierra llamada Colombia hecha de forma muy gratuita y con una intención degradante?

    Que quede claro por cierto que no me siento en la capacidad de dar un concepto positivo o negativo sobre el vecino país, pues ni vivo allí ni soy un especialista en él, ni mucho menos soy un “partidario que admira con celo ideológico” lo que representa Venezuela.

    Un saludo.

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    1. Saludos igualmente. Un texto bastante largo. Sin embargo, trataré de contestar lo que expones:

      1. En principio soy un biólogo, así que temas como la des-extinción o la transferencia mitocondrial son cosas que manejo con más soltura. Uno de los problemas que tengo a veces es encontrar las palabras adecuadas para expresar mis opiniones.

      2. Me parece que te centras demasiado en mi ejemplo de Venezuela y dejas de lado el punto central: que no hay falla en emitir juicios sobre un evento ocurrido en el extranjero, por mucho que nuestro propio país tenga problemas.

      3. No creo que sea necesario sufrir en carne propia para opinar sobre la crisis en Venezuela o la masacre de Charlie Hebdo: debería ser suficiente con empaparse de diversas fuentes de información, y por supuesto un honesto análisis crítico para obtener una conclusión.

      4. No niego que hayan críticos del sistema venezolano basados en simples prejuicios, ni que aquí tenemos bastantes problemas como para ensalzar el país; sin embargo, eso no invalida de ninguna manera que otros puedan ejercer una opinión positiva o negativa de su situación.

      5. Que haya burlas o no al comportamiento de Maduro no tiene que ver con lo que trato de explicar. Suele pasar que se ridiculice a un jefe de Estado de un país que se critica (como se hizo por ejemplo con Bush); sin embargo, no son ese tipo de críticas o burlas a las que me remito en el texto, sino a la que podría tener cualquier parroquiano que lea del asunto. Y aún así, una parte de la opinión que alguien emita (los errores léxicos de Maduro, por ejemplo) no necesariamente invalida la opinión completa.

      Bien o mal planteada la opinión de alguien, decir que no debería hacerlo porque en el país también hay problemas es un poco deshonesto, al menos como yo lo he visto, y así lo digo en la entrada: es principalmente de mi experiencia que comento (aunque claro, yo preferiría que fuera una opinión robusta y bien sustentada).

      Saludos de nuevo.

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