jueves, 11 de agosto de 2016

Imposturas religiosas: malas analogías para Dios

Hace poco más de un año, escribí en una entrada anterior criticando una analogía que usaron en Ateísmo al descubierto para quitarle hierro a la crítica de las religiones. En ese momento, quedó claro que lo que estaban aplicando era una falsa analogía, pues el ejemplo de los cuchillos quizás podría permitir comprender cómo son las personas, y no las religiones, las que matan, pero no tiene en cuenta que no hay equivalencia entre un sistema de creencias y un utensilio de cocina. Bien, nuevamente encontré otras falsas analogías como la anterior, pero esta vez inspiradas para tratar de explicar la existencia de Dios -o si se es poco lógico, de probarla-.

Por lo general, las analogías con la que se intenta, de forma insuficiente, probar la existencia de Dios, son del estilo de “no puedes ver el viento, pero puedes sentirlo”, como si el efecto del viento en los objetos a nuestro alrededor o los distintos receptores en nuestra piel no nos permitieran percibirlo físicamente. Bien, precisamente de este estilo viene la primera:


Un poco confuso, ¿cierto? Parece un ejemplo legítimo, excepto que no lo es. Lo primero que es sorpresivo es que haya gente que crea que ese tipo de analogías realmente prueben que Dios existe. Lo segundo es que es una analogía limitada a la percepción física de las cosas. ¿Qué razones puede tener el primer bebé para creer en la vida después del parto, cuando no conoce otra evidencia que la de estar encerrado en un lugar oscuro donde se nutre sin esfuerzo? ¿Eso es realmente equivalente a que nosotros podemos creer en una deidad que se preocupa por nuestro bienestar, cuando en el único mundo que conocemos sólo vemos sufrimiento? No parece una comparación adecuada; antes deja claro que una de las razones por las que muchos creen en una vida después de la muerte es que nunca han conocido algo mejor en esta.

De acuerdo, podemos decir que estos bebés sí tienen evidencia de la existencia de Mamá, puesto que están rodeados por ella, ella los alimenta y pueden escuchar su voz. ¿Eso ejemplifica cómo se puede comprobar la existencia divina? Ni de lejos. Ellos pueden creer porque están, literalmente, dentro de ella; están rodeados físicamente por ella, y es ella quien los alimenta. Incluso, si pueden escucharla, es porque quizás su voz resuena dentro de su útero, y llega a los ya formados conductos auditivos de los bebés. Sin embargo, todo eso ocurre porque los bebés tienen los sentidos para percibir el mundo físico a su alrededor. No hay forma en que eso sea equivalente a sentir la presencia de Dios, porque ese es un asunto puramente emocional y mental. Y sabemos que las emociones producen efectos muy subjetivos.

Si acaso, esta analogía ni siquiera serviría para el Dios abrahámico, sino más bien para una visión pandeísta o más bien panteísta del Creador. En tal caso, de poco o nada sirve creer y rezar en dicha deidad, pues se trata de una deidad no interactiva ni trascendente, y por lo tanto no interviene de ninguna forma en nuestras vidas. Podría decirse, incluso, que es una evidencia de que el conjunto de las leyes físicas que dan forma al Universo sería lo más cercano a un Dios; no obstante, tal como dijo Carl Sagan, no hay satisfacción emocional en rezarle a las leyes físicas, pues no es como si la gravedad pudiera escucharte.

Si la primera analogía es tan inconsistente, la siguiente es de plano un desastre:


No parece necesario tener que explicar por qué esta analogía es inútil, pero vamos a hacerlo. Quien la creó, olvida un pequeñísimo detalle, y es que la música es sonido, y el sonido puede escucharse, pues se trata de una onda elástica que se propaga, en el caso de la música, en el aire. Tienes que escucharla para que produzca emociones en ti. Una canción es algo físico en tanto se compone de letra y melodía, puesto que todo esto se puede plasmar en papel, y se puede trasmitir en forma de sonido. Incluso si no la escucha, puede percibirla en su cuerpo por las vibraciones que producen las ondas sónicas. Por otro lado, ¿cuándo fue la última vez, amigo lector creyente, que Dios le habló físicamente, de modo que usted pudiera literalmente escuchar su voz? No es comparable una canción con la existencia de Dios, así que no hay forma de que esa analogía funcione. Y en cuanto a las emociones que sienta, ya lo comenté en el apartado anterior, así que no creo que deba repetirlo.

Así termina esta entrada. Como siempre, querido lector, mi intención primordial no es que usted abandone su fe. Si lo logro, bienvenido sea, pero no es lo que busco ni me interesa. Sólo le aconsejo que, si de verdad quiere persuadir a otras personas para que crean que realmente hay un Dios que vela por nosotros, tenga en cuenta que las analogías no le sirven de nada, y mucho menos si están tan mal construidas. Las analogías son útiles únicamente como explicación, no como evidencia, y es tiempo de que aprenda esto.

Adenda 1: a partir de esta entrada decidí formar la sección especial de Imposturas religiosas, donde analizo algunos argumentos que usan los creyentes para supuestamente probar la existencia de su dios, o rebatir a los escépticos. Pueden igualmente consultar la serie Nacionalismo inútil en el blog.

Adenda 2: ayer, cientos, quizá miles de personas, marcharon en Colombia en contra de la revisión de los manuales de convivencia de los colegios del país para evitar la discriminación por la orientación sexual o la identidad de género de los estudiantes. Qué tristeza causa que tantas personas estén dispuestas a marchar en contra del respeto y la prevención de la discriminación.

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