miércoles, 15 de octubre de 2014

Contradicciones de la educación parental

En la página de El Espectador, se publicó recientemente un artículo acerca de las posiciones sexuales más adecuadas para evitar problemas de espalda. Como este tipo de noticias nunca escapa a la gente más conservadora de la Internet, una publicación directa hacia esta noticia en su página en Facebook recibió comentarios como el siguiente:


Pero si el anterior es grosero, el siguiente es más bien desconcertante e inaudito:


Del primer comentario, poco hay que decir. La persona que expresa su opinión parece creer que hablar de sexo en un periódico es incitar a la prostitución, particularmente en los niños. No parece muy lejana a las ideas de muchos conservadores, pero esta es incluso más reacia. En otras palabras, es una ridiculez que no merece mucha atención, salvo en la mención a los niños, que explicaré en corto. Creo que parte de la respuesta que le dio otra persona lo resume bien: “Piense antes de escribir”.

El segundo comentario, a su manera, es más insultante. ¿Por qué? Porque aquí tenemos un problema mayor: el de niños que navegan (u observan) en una red social que se supone es apta sólo para mayores de 14 años; y el de padres que, en vez de sentarse a analizar estas cosas, pretenden que un medio informativo cambie la forma en que transmite una noticia, simplemente porque puede afectar sus intereses.

¿Desde cuándo delegamos el deber de educar a nuestros hijos a los demás? Es claro que en el mundo tecnológico que vivimos se requieren nuevas estrategias de educación y comunicación. Pero no olvidemos que esa educación viene primero desde el hogar. ¿Para qué necesita un niño de ocho o diez años una red social, o un correo electrónico? No es que yo esté actuando como un conservador; al contrario, soy muy liberal en temas sociales. Pero, dejando de lado el hecho de que estos medios suelen ser un lago de pesca para pedófilos y semejantes (un problema quizás sobredimensionado, pero que no debe dejarse de lado), si se trata de que el niño se comunique con parientes lejanos, bien puede hacerlo desde la cuenta de sus padres o hermanos mayores. ¿Para qué, entonces, abrirle una cuenta en Facebook o en Outlook? Seamos prácticos.

Puede decirse, entonces, que los padres que tienen hijos con cuentas en redes sociales son más bien alcahuetas. Pero no es esto lo peor. Lo peor es que, al creer que los niños tienen la necesidad de estar dentro de una red social, entonces podemos decirles a otras personas en las redes sociales cómo deben comportarse, a fin de no “perturbar” a los pequeños. Y esto no es verdad. Si una red social está diseñada para ser utilizada por mayores de 14 años, los usuarios no tienen por qué ajustar sus publicaciones, estados o fotos a personas que no deben estar en ella: los menores. Es así de sencillo. Si usted le pide (o peor, le exige) a los usuarios que moderen su contenido por respeto a los niños, sólo se ganará críticas e insultos, y muchos con justa razón, porque, de nuevo, su hijo (o nieto, o sobrino, etc.) no necesita una cuenta en una red social, y por lo tanto no tiene por qué estar en una.

Con mucha menos razón deben pretender que un periódico como El Espectador cambie sus publicaciones por “respeto” a niños que no deben estar ingresando o viendo las redes sociales. Como medio de información, ellos tienen la libertad de publicar noticias que ellos consideren pertinentes, con las imágenes que ellos consideren adecuadas; pretender que supriman información por sensibilidad a las temáticas es censura. Si su problema es que los niños se informen del sexo sin entenderlo bien, entonces es su deber como padre educarlo acerca de la sexualidad. Si usted no ha hecho esto, no pretenda que un diario lo haga por usted. Es a usted a quien le corresponde hacerlo primero.

Como siempre, es probable que esta opinión no sea compartida por todos, pero mi interés primordial es que reflexionen. La educación comienza por casa. Si usted deja que sus hijos pequeños entren en una red social para mayores, y luego se ofende por su contenido, es mejor que se guarde sus quejas, y piense si realmente es necesario que tenga una cuenta para su hijo. Hay alguien que está fallando, y ese es usted.

4 comentarios:

  1. Por desgracia ese comportamiento es muy común, y se observa en muchos ámbitos, por ejemplo es la escuela los padres han volcado todo el peso de la educación en los docentes y parecen haberse desligado por completo de inculcar cosas básicas como el respeto por el otro o por las normas.

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    1. Muy cierto. Es muy fácil echarle la culpa al bombardeo de información en los medios de hoy en día, pero son los padres los que deben educar a los hijos y ponerles las normas y límites; no esperar a que los demás se ajusten a sus ideas.

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  2. Ya lo decía Bill Maher: Todo es por proteger a los niños y, ¿dónde quedaron los derechos de los adultos, tú sabes, los veteranos de la niñez?

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    1. Esa es una buena pregunta. Pero los autoproclamados guardianes de la moral lo responden fácil: "Tus derechos terminan donde empiezan mis sentimientos".

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