jueves, 25 de septiembre de 2014

Nuevamente, la indignación


Volvió a ocurrir. Una estudiante de la Universidad del Magdalena fue asesinada ayer en la tarde por desconocidos que buscaban robarla. Un compañero que la acompañaba resultó también herido. Aún no han pasado 24 horas del absurdo crimen, y ya es palpable en la gente el dolor y la frustración, al ver que ocurren estas cosas en una ciudad que se ufana a boca llena de caminar hacia el progreso.

Nuevamente habrá una marcha para manifestar el disgusto de la población ante una seguridad inexistente y una autoridad ausente. Es triste que deban ocurrir este tipo de cosas para que la gente exprese su inconformidad con los que supuestamente los gobiernan y los protegen. Es triste que no esta no sea la primera marcha que se hace por un estudiante muerto a causa de la creciente inseguridad. Y es aún más triste pensar que, a pesar de eso, nada ha cambiado para bien. Si no hay un cambio perceptible en las cosas, uno siente la futilidad de estos actos.

Es repugnante pensar que esta tragedia probablemente será usada como leña del discurso político de algunos desconsiderados. Muchos se regodearán diciendo que “en mis tiempos, eso no ocurría”. Como si eso fuera un alivio para una familia que perdió a su hija. Y otros sólo verán cosas negativas en cualquier extremo. Porque vote por quien se vote, nadie estará contento, nunca será lo correcto. Si votaste por X candidato, eres un paraco; si votaste por Y candidato, eres un guerrillero; si votaste en blanco, eres un pendejo y un pobre iluso; si no votaste, eres un cobarde. Y a la larga, esas opiniones tampoco importan para los que han tenido que afrontar este tipo de crímenes. Sea quien sea el que esté al mando, lo mínimo que se debería esperar de él es que garantizara la seguridad de todos los ciudadanos.

Y queda preguntar: ¿Dónde está, precisamente, esa seguridad? ¿Dónde están esos policías que siempre ve uno pasando en motos, supuestamente patrullando? Oh, se quedan persiguiendo a cualquiera que vaya en una motocicleta, porque eso les genera dinero (sin incluir a los que acepten un soborno). ¿De qué sirve exhibir un cuerpo de seguridad, cuando no pueden asegurar la vida de nadie? ¿Qué respeto puede exigir una institución, cuando tantos miembros parecen más preocupados por los cheques que puedan cobrar, que por la protección del derecho fundamental de un ser humano?

¿Dónde están los alcaldes y gobernadores que se ufanan de convertir esta ciudad, este departamento, en un paraíso? ¿Cómo pueden pretender aumentar la competitividad en una ciudad donde cada día parece que nos acercamos a un momento donde apenas podrás caminar por la calle sin que te saquen una navaja o un revólver y te despojen de lo que tienes, si no es que antes no te perforan un pulmón o la cabeza? ¿Cómo pueden mentir, diciendo que esta ciudad se dirige hacia el progreso, cuando la criminalidad cada vez parece mayor? ¿Qué importan las excusas de un gobernante, diciendo que no lo dejan trabajar, cuando una estudiante, con un porvenir, con un futuro, es asesinada sin ningún miramiento?


No reprocho ni desaliento, si eso pareció al principio, que haya una marcha este viernes. La apoyo. Muestra que podemos percibir la fragilidad de nuestras vidas, y lo poco que al Estado parece importarle. Pero no dejo que pensar en el terrible trasfondo. Marchamos antes. Se capturaron culpables antes. Y aquí estamos, nuevamente, pidiendo que haya una mayor protección para nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros amigos. Es simplemente triste.

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