Sobre la relación entre el autismo y la diversidad sexual
El próximo 2 de abril es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, y como ustedes saben, uno de los propósitos de este blog en años recientes es contribuir al conocimiento general de esta condición y desterrar mitos y confusiones que todavía persisten en el imaginario popular. Hay diferentes esquinas que uno puede abordar para explicar a detalle un tema relacionado con la condición y la propia comunidad, y muchos de ellos son cuestiones tan cotidianas como las que se pueden ver con cualquier neurotípico.
Un
tema en el que seguro que mucha gente no piensa es el de la sexualidad dentro
del mundo autista, quizás porque algunos todavía tienen esa visión
estereotípica del autista y esa idea de que somos angelitos del cielo y no
podemos tener “tentaciones terrenales”. Pero lo cierto es que no sólo es algo
bastante presente en la comunidad autista, sino que además –y este es el punto
principal de esta entrada- hay una amplia diversidad dentro de ella, al punto
de que es mucho más probable que una persona autista se reconozca como LGBTQ+
en comparación con una persona neurotípica.
Además de ayudar a normalizar este hecho de la comunidad autista, hay dos razones en particular por las que explicarlo se vuelve especialmente importante. El primero es dejar claro que hay voluntad y consciencia detrás de nuestra propia sexualidad, y eso se puede expresar de muchas formas, lo que también nos ayuda a combatir ciertas narrativas patologizantes que intentan valerse del autismo, y de las que hablaremos más adelante.
La
segunda razón es que en estos momentos el creciente giro hacia la extrema
derecha en varios países es una amenaza latente tanto para la comunidad LGBTQ+
como para la de personas discapacitadas. Ya en Estados Unidos, no sólo Trump ha
tomado una serie de medidas que oprimen y restan derechos a la comunidad trans,
sino que ya hay varios estados proponiendo proyectos de ley que eliminen el
reconocimiento del matrimonio igualitario, y se están eliminando la presencia
de minorías en archivos oficiales del gobierno. Al mismo tiempo, la comunidad
discapacitada se ve amenazada por los recortes en salud y programas de apoyo en
manos de Elon Musk, algo que sin duda golpeará a la comunidad autista. Por lo
tanto, creo que reconocer cómo se intersectan las necesidades de ambas
comunidades puede contribuir a la construcción de decisiones políticas y
activistas que integren y fortalezcan sus luchas.
Como
explicaba al principio, la idea de que las personas autistas no estamos
interesadas en el sexo o las relaciones afectivas son bastante antiguas, en
buena parte por los estereotipos limitados que se tenían de la condición y el
propio conocimiento médico. Por tales motivos, miles de casos no fueron
diagnosticados, y por lo tanto no se podía saber que muchos autistas formaban
parejas e incluso familia. Y eso si hablamos de un escenario puramente
heterosexual y cisgénero.
Pero ya en los 90 se observaron los primeros atisbos de la relación entre el autismo y la diversidad sexual. Dentro de la terapia afirmativa de género, cuando muchos más niños buscaban atención con respecto a su identidad, los investigadores notaron que muchos de dichos menores eran autistas o tenían tendencias autistas. Esto generó curiosidad, y desde entonces se han realizado diversos estudios enfocados en cuantificar y comparar no sólo la frecuencia en la cual los individuos autistas manifiestan reconocerse en identidades de género diverso, sino también en la cual nuestra orientación sexual escapa de la heterosexualidad.
¿Qué
nos dice lo que sabemos hasta ahora? Bien, dentro de la población autista es
mucho menos probable identificarse como heterosexual en comparación con la
población no autista. Depende del estudio, pero entre un 30-70% de los individuos
autistas en investigaciones se han reconocido dentro de la comunidad LGBTQ+.
Descartando efectos potenciales de
muestreo, lo que esto nos dice es que, incluso siendo que la mayoría de los autistas son efectivamente heterosexuales,
una persona dentro del espectro autista tiene entre tres y nueve veces más
probabilidad de pertenecer a una identidad sexual minoritaria en comparación de
una persona alista, e incluso entre cuatro
y ocho veces más probabilidad de tener una identidad de género diferente al sexo
asignado. La evidencia sugiere igualmente que en comparación dentro de
la comunidad, las mujeres autistas tienden a identificarse con un mayor rango
de orientaciones sexuales, es mucho más probable que se involucren en actividad
sexual, y que lo hagan a una edad más temprana que los varones autistas.
Homosexualidad: si bien es cierto que en general hay una mayor
probabilidad de que un individuo autista sea homosexual, un estudio de la
Universidad de Cambridge de 2021 encontró ciertas diferencias dentro de la
propia comunidad autista. Mientras que el porcentaje de varones autistas
homosexuales no fue muy diferente al de alistas (7,59% en autistas vs 8,56% en
alistas), en mujeres es muchísimo más probable que una mujer autista se
identifique como homosexual (7,59% vs 2,44%). En otras palabras, las mujeres
autistas tienden a identificarse más como homosexuales en comparación con mujeres
neurotípicas. Al observarse por rango de edad, es además más probable que los
autistas jóvenes se identifiquen como homosexuales en comparación con los
adultos.
Bisexualidad: el mismo estudio de Cambridge encontró también
diferencias dentro de la población autista. Sin duda el porcentaje de mujeres
autistas que se reconocen como bisexuales es un poco superior al de mujeres
alistas (16,13% vs 13,29%), pero la diferencia es mucho mayor entre varones
autistas y varones alistas (9,40% vs 3,48%). En este caso vemos que la tendencia
dentro de la población es contraria a la de la homosexualidad: un hombre
autista tiene más probabilidad de identificarse como bisexual que un hombre
neurotípico. En cuanto a los rangos de edad, los autistas adultos son
particularmente probables de identificarse como bisexuales en comparación con
los más jóvenes.
Asexualidad: si bien ya pueden notar que la presencia de otras
identidades sexuales es importante dentro de la comunidad autista, yendo más
allá del estereotipo del autista asexual y desinteresado en el romance, eso no
significa que la asexualidad no tenga presencia. De hecho, es una identidad
sobrerrepresentada dentro de la comunidad autista, puesto que una persona
autista tiene de cuatro a ocho veces más probabilidad de identificarse como asexual
que una persona alista; en el estudio de Cambridge, por ejemplo, un 10,05% de
los individuos autistas se identificaron como asexuales, en comparación con un
1,51% del grupo de alistas.
Identidades trans: si bien los estudios enfocados en identidad de género dentro de la comunidad autista siguen siendo más bien limitados, hay bastante material al respecto para notar que hay una mayor presencia de incongruencia de género e identidades diversas de género en comparación con la población neurotípica. En un estudio de 2017, se encontró un mayor porcentaje de individuos AMAB autistas y autistas AFAB identificados como transgénero en comparación con el grupo de desarrollo típico (7,8% vs 3,9% en AMAB; 2,3% vs 0,6% en AFAB), así como presencia de individuos bigénero (2,2% vs 1,0% en AMAB; 3,3% vs 3,8% en AFAB) y genderqueer (1,1% vs 0% en AMAB; 12,0% vs 5,1% en AFAB). Una revisión sistemática de 2023 encontró no sólo una mayor presencia de incongruencia de género en la población autista en comparación, sino también mayor prevalencia de disforia de género; así mismo, el porcentaje de individuos transgénero y no binario con un diagnóstico de autismo o rasgos autistas es mucho mayor en comparación con la población cisgénero (14-15% vs 4% en un estudio de 2019). Así mismo, hay una mayor probabilidad de que personas autistas AFAB se identifiquen como no binarias en comparación con la población AMAB (26,5% vs 7%); y la no conformidad con el género es muchísimo más prevalente en la población autista (22% AFAB, 8% AMAB). En síntesis, en la población autista existe una enorme varianza de género en comparación con la población alista.
Tabla de la orientación sexual en autistas comparada
con personas no autistas. Weir, Allison & Baron-Cohen, 2021.
Comenté
sobre el tema no hace mucho en Twitter, y no faltó el que dijese “pues yo soy
autista y soy heterosexual, ja” en tono despectivo y burlón, como si yo
estuviese diciendo que si eres autista, es que tienes que ser obligatoriamente
LGBTQ+. Aparte de ser un ejemplo de que no todos los autistas son comprensivos
y amables con otras minorías, pues obviamente no es eso lo que quise decir.
Como he explicado en este texto, lo que significan estos datos es que, dentro
de la población autista, la presencia de identidades sexuales no cishetero es
muchísimo mayor que en la población neurotípica, por lo cual es mucho más
probable que un individuo autista se identifique como LGBTQ+. Es cuestión de
probabilidad, no una generalización de la identidad sexual en el autismo.
Otras reacciones que he visto son típicas del discurso lgbtfóbico, sugiriendo que la explicación más probable a esta tendencia es que las personas autistas somos más susceptibles a ser “convertidos” en gays o transgénero, lo cual por supuesto comentan sin ofrecer ninguna evidencia al respecto. Relacionado con esto, uno de los argumentos del bloque “crítico de género”/TERF sobre el incremento de los casos de disforia de género en años recientes, en particular entre personas AFAB, es que se trata de casos de autistas que se ven influidos por la presencia de temas transgénero en foros y páginas de Internet, así como por el discurso de los “activistas trans radicales” y su “ideología de género”.
Esto
es, por supuesto, otra
extensión de la posición CG/TERF de que existe un contagio
social de las identidades transgénero que está siendo promovida hacia los
adolescentes, evidenciado a través del concepto de “disforia de género de
inicio rápido” (DGIR), de modo que es necesario limitar o cesar por completo la
terapia afirmativa. Pero tal como he explicado en este blog, el
concepto de DGIR no cuenta con solidez en su construcción, la
evidencia en contra del concepto de contagio social es
fuerte y existen
explicaciones más parsimoniosas para las dinámicas demográficas
actuales en la población transgénero. El vínculo entre el autismo y la
identidad de género no es la excepción: la postura TERF sobre el caso descansa
en una visión patológica y condescendiente de esta condición, negando agencia y
autonomía a las personas autistas, mientras se ignoran hipótesis mucho más
plausibles acerca de la mayor prevalencia de diversidad sexual dentro de la
población autista.
¿Y
de qué hipótesis estoy hablando? Bueno, por supuesto, los estudios han
planteado sus propias explicaciones potenciales acerca de la relación entre las
diversidades sexuales y el autismo. En concreto, se plantean tanto factores
biológicos como psicosociales que podrían explicar esa mayor prevalencia de
identidades no cishetero, y de hecho es altamente probable que se trate de una
combinación de estos factores, en lugar de una única causa.
Empecemos
con los factores biológicos. Se sabe que un componente fuerte de la etiología
del autismo es la testosterona fetal, por lo que altos niveles de esta podrían
conducir a una mayor tasa de homosexualidad y heterosexualidad en hembras, así
como una mayor incongruencia de género y rasgos físicos masculinizados,
mientras que en machos los bajos niveles estarían relacionados con la
homosexualidad. Por supuesto, los datos obtenidos de estudios son
inconsistentes al respecto, sugiriendo que la variación se debe a la respuesta
a la testosterona prenatal más que a la exposición, y se sabe que las vías
hormonales parecen trabajar de forma distinta en el desarrollo entre individuos
AMAB y AFAB autistas, por lo que es necesaria una mayor investigación al
respecto.
Los potenciales factores psicosociales son también interesantes, pues sugieren que ciertos rasgos del autismo contribuyen a la mayor prevalencia de orientaciones no heterosexuales e identidades transgénero. Por ejemplo, es bien sabido que en general los autistas tenemos una menor adhesión y comprensión a las normas sociales que la población neurotípica, por lo cual nuestra interpretación de las normas de género tiende a ser más laxa, y por lo tanto nos podemos identificar más fácilmente en una orientación sin sentirnos juzgados. Otro factor puede ser la inflexibilidad cognitiva, que influiría en la adopción de roles de género fijos y el desarrollo de una identidad que no sea consistente con el sexo asignado, así como la búsqueda de parejas dentro del mismo sexo buscando un mejor apoyo y comprensión. Finalmente, se ha propuesto que un reducido acceso a parejas sexuales y románticas podría también reducir la relevancia del sexo asignado en la elección e incrementar la fluidez de las prácticas y preferencias sexuales.
La
asexualidad merece un comentario aparte, pues su alta prevalencia en el autismo
es un ejemplo concreto de cómo tanto factores biológicos como psicosociales
pueden interactuar en la manifestación de una identidad sexual. Algunos han
postulado que esto puede explicarse en parte por una reducida libido en varios
casos de autismo, debido a diferentes factores de excitación, perfiles
sensoriales y una dificultad de reconocer ciertas sensaciones físicas, lo cual
puede dificultar las experiencias sexuales por desregulación sensorial, así
como a factores prenatales compartidos por la identidad sexual y la condición
neurológica. Por otro lado, la dificultad de establecer o mantener relaciones
interpersonales dentro del autismo, en particular con personas neurotípicas,
puede también explicar la falta de deseo o necesidad de interacciones sexuales
en muchos casos.
Sé
que es un cliché señalarlo a estas alturas, pero es obvio que sigue siendo un
campo que requiere de investigación más profunda. No sólo porque la cantidad de
estudios dedicados a la relación entre el autismo y las identidades LGBTQ+ es
relativamente pequeña, sino además porque en general se enfocan en países del
norte global y tienden a sobrerrepresentar a la población blanca, por lo que se
necesitan estudios con un alcance más amplio y representativo de la población
en general. No obstante, no dejan de ser contribuciones importantes que ofrecen
explicaciones más plausibles a las tendencias observadas que acusar a un
supuesto “contagio social” medrado por la “ideología de género”.
Nuevamente,
es importante tener en cuenta las identidades LGBTQ+ dentro del autismo, tanto
por las cuestiones políticas y sociales mencionadas al inicio de esta entrada
como por salud y calidad de vida. En un estudio pequeño de 2019, los autistas
entrevistados manifestaron lo difícil que era carecer de los conceptos y
etiquetas para conocer su propia identidad sexual y de género, por lo cual es
importante y positivo seguir normalizando su existencia. En dicho estudio,
varios denunciaron el rechazo de familiares o amistades tanto por su identidad
de autista como por su orientación/identidad de género, así como reacciones de
incredulidad e incluso negación de que pudiesen conocer y entender su propia
identidad u orientación, claramente negándoles autonomía individual y
considerándolos confundidos, algo que todos los miembros del grupo de muestra
rechazaron de forma empática.
Por otro lado, las personas autistas somos altamente vulnerables a sufrir de ansiedad y depresión, y es bien sabido que la discriminación hacia las minorías sexuales también las pone en riesgo de problemas de salud mental y una menor calidad de vida. Por lo tanto, aquellas personas autistas que sean también LGBTQ+ pueden tener un riesgo incluso más alto de experimentar estos problemas. Al respecto, un estudio reciente que trabajó con una muestra de 681 personas autistas realizó una comparación entre la calidad de vida de los autistas LGBTQ+ (41,2% del total) y los heterosexuales. El estudio evidenció que la población autista dentro de las minorías sexuales reportaron más sintomatologías de depresión y ansiedad, así como de estrés percibido, mayores retos de salud mental y menor calidad de vida subjetiva en dominios de salud física, salud psicológica y ambiente. La investigación destaca la importancia de considerar las identidades sexuales minoritarias dentro del autismo y la forma en que se intersectan en los servicios de salud, así como la importancia del apoyo social, un factor que requiere ser considerado en estudios futuros.
Una
visión algo maliciosa de estos datos sugeriría que no parece conveniente que
una persona autista se identifique como LGBTQ+, ni siquiera sin hacerlo
público; y de hecho es cierto que en el estudio de 2019, algunos de los
evaluados respondieron que en ciertos escenarios y situaciones optaban por
mantenerse en silencio no sólo sobre su identidad sexual, sino incluso con su autismo.
Pero no es lo único que podría interpretarse. En el mismo estudio, los
participantes también manifestaron aspectos positivos con respecto a su
identidad dual, pues les permitía conectarse con distintas comunidades, poder
conocer a un mayor número de personas con las cuales compartir identidad, e
incluso forjar relaciones cercanas. Por lo tanto, es fundamental considerar la
intersección de las discapacidades y las identidades sexuales minoritarias, no
sólo como la fuente de problemáticas y desventajas a nivel social y de salud,
sino también como la base de amplias redes de apoyo e integración colectiva.
Y
este es el mensaje con el que quiero dejarlos al final: que podemos y
necesitamos ampliar y fortalecer nuestras luchas a partir del reconocimiento y
la interacción con otras identidades y factores. El capacitismo no se alimenta
sólo de la discapacidad en sí, sino también de elementos económicos, sexuales,
raciales y de género. Son dimensiones de discriminación que a menudo se
intersectan y agravan nuestra situación como autistas, dificultando acceso a
educación, servicios médicos e incluso el diagnóstico en sí. Reconocer los
factores de vulnerabilidad permitirá entonces construir propuestas más sólidas
sobre accesibilidad e integración de los miembros de nuestra comunidad.
Espero entonces que muchos puedan ver la importancia de reconocer el espacio que ocupa la diversidad sexual dentro de la comunidad autista, en especial en tiempos donde ambos grupos enfrentan la incertidumbre en varias sociedades. Ese es mi aporte a la concienciación del autismo en este año.
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