Tren al sur
Es
curioso que de forma nada intencional esta sea la entrada 200 del blog. No, es
en serio: nunca planifiqué que apareciera en tal orden, aunque no sería raro
que inconscientemente le estuviera haciendo este pequeño espacio.
Probablemente, si no hubiera salido la semana pasada a
ver Logan, habría hecho una
entrada basada en otro tema actual. En fin, aquí estamos.
Desde
esta semana me encuentro viviendo en Valdivia, al sur de Chile. Gracias a una
beca, me encuentro estudiando un posgrado en esta ciudad (me reservo el derecho
de comentar más al respecto). Basta con decir que podría ser una etapa muy
exigente e importante en la vida, y que requiere que me encuentre de cuerpo
presente durante todo el tiempo en Chile, así que debí embarcarme en un avión
con mis cosas y despedirme de mi familia. El viaje tuvo muchas cosas
interesantes que vale la pena comentar.
Desafortunadamente la cámara de mi celular es un asco,
así que esta no es una foto de mi autoría.
Empezando
porque desafortunadamente se nos perdió el almuerzo en Barranquilla durante el
trayecto al aeropuerto, al parecer en el taxi. Cosas que pasan, pero mi mamá,
que me acompañó hasta allá para despedirme, se sintió muy molesta al respecto.
Nos tocó tomarnos unos California dentro del aeropuerto (era como lo más barato
que había por ahí), y después de un rato me despedí de mamá para entrar a la
sala de espera. El funcionario de migración que me atendió debió ponerse
suspicaz porque estaba tan nervioso que no sabía a qué ventanilla acercarme,
pero fuera de eso no tuve más inconvenientes.
El
vuelo salió casi a las cuatro para hacer una conexión en Ciudad de Panamá.
Desde mi asiento de pasillo pude ver que de hecho, al menos desde el aire, es
una ciudad muy bonita, aunque dada la pésima calidad de la cámara del celular
no pude tomar fotos de ello (y bueno, desde pasillo tampoco se tiene toda la
vista de ventana). No hubo ninguna demora en el tiempo de espera, y a la hora y
media ya estaba abordando de nuevo de camino a Santiago. Durante los dos vuelos
nos sirvieron comida: un refrigerio en el primer vuelo, y una cena y un
refrigerio en el segundo. Aunque la comida de aerolínea generalmente no tiene
precisamente fama de ser buena, la cena de hecho estuvo bien, fuera de la
ensalada (cosa usual en comidas de cafetería), y pude ver Animales fantásticos y dónde encontrarlos, película que me pareció
muy buena.
En la madrugada del día siguiente, a eso de las tres, llegamos a
Santiago, y desde allí sí empecé a tener inconvenientes casi graciosos. Llegar
a la terminal de buses después de las cinco no fue problema, como tampoco lo
fue encontrar un viaje temprano a Valdivia (el bus desde Santiago tarda unas
doce horas, así que el tiempo de salida es muy importante), pero como casi no
tengo ropa abrigada, dejé mi único abrigo en casa y la madrugada en Santiago
estaba condenadamente fría, estuve literalmente tiritando durante la hora y
media de espera del viaje. Tuve que caminar de un lado a otro de la terminal
para no congelarme, y además compré un café que me ayudó en parte a soportar la
madrugada.
No, tampoco es mi celular; ojalá se viera así al
menos.
El
viaje en bus también tuvo sus problemas. Las primeras cinco horas fueron
relativamente cómodas, excepto por los varios episodios de microsueño que tuve
durante el trayecto (nunca duermo en los viajes largos), y que las películas
transmitidas tuvieron que verse subtituladas y mudas por la incomodidad de
algunos pasajeros (aunque siendo el remake de Ben-Hur y La era de hielo 5,
tampoco se perdía uno gran cosa). Por desgracia, por una confusión de detalles,
el bus me dejó durante una corta parada en Chillán y se fue con mi equipaje.
Asustado, me tocó hablar con la empresa, donde afortunadamente resolvieron el
problema asegurando mis cosas en la terminal en Valdivia. Eso sí, tuve que
tomar un bus con otra empresa para poder llegar a tiempo al sur a reclamar mi
equipaje.
Fuera
de allí, la cosa no dio problemas. Me impresionó bastante la vista a través del
resto del viaje, no sólo por el paisaje que es bastante llamativo, sino por las
casas de estilo prefabricado que se ven aquí, las cuales son algo muy ajeno y
extraño para alguien como yo, especialmente saliendo del país por primera vez. Tres
películas más durante el trayecto, y después de más de treinta horas de viaje
(contando el bus hasta Barranquilla), llegué por fin a mi destino y a la cabaña
donde ahora estoy alojado, no sin antes reclamar mi equipaje en la terminal y
disculparme por el percance.
Y
bueno, así está mi vida de momento. La cabaña es acogedora, los dueños son
amables y conseguir la comida no es problema. La universidad es cercana, así
que camino unos veinte minutos todos los días para llegar. El frío que hace a
veces sí me ha resultado un poco complicado, al igual que cuadrarme por
completo al cambio de huso horario, pero por suerte un amigo que estudia aquí
me prestó algunas chaquetas mientras consigo las mías, y salvo un sueño de sólo
cinco horas el jueves pasado, no he tenido inconvenientes con el dormir.
Parte de la cabaña. Es la cámara del portátil, y
créanme cuando les digo que desearía que con el celular se viera así.
Eso
sí, el comité orientador que me asignaron para el posgrado fue específico en
decir que el primer semestre tiene materias muy demandantes, y que mejor haga
de cuenta que no voy a tener vida. Eso ya lo suponía, claro, pero significa
también que no tendré tanto tiempo para publicar nuevas entradas en el blog. No
lo voy a abandonar, claro que no, pero es mejor informar desde ahora que tal
vez baje el ritmo a las publicaciones, aunque por cierta suerte no tengo un ritmo
fijo, y me puedo adaptar a cómo se presenten las cosas.
Sin
más, buen día y saludos a todos.
¡Mucho éxito en esta aventura, Martín!
ResponderEliminarPor cierto, yo pensaba que estaban en verano en Chile.
Un saludo,
-D
Justo acaba de terminar ayer, fíjate; llegué preciso unos días antes del equinoccio. Además, Santiago está muy cerca a la cordillera, y en el caso de Valdivia, aunque es costera está muy al sur, a sólo una región de Tierra del Fuego. Las madrugadas y la noche son frías, pero en estos días las tardes estuvieron frescas, y por suerte no ha llovido, cosa que es muy usual en esta zona.
EliminarBienvenido! Y buena eleccion. Valdivia es una de las ciudades mas bonitas de Chile. Yo la prefiero a Temuco, donde vivo. Recuerda pedirte un par de crudos y no te olvides de probar la mejor cerveza del pais. Y cuidado con los lobos.
ResponderEliminar¡Muchas gracias por tu recibimiento! Sí, me parece una ciudad muy bonita, y tiene muchas cosas que no podría haber visto en Santa Marta.
EliminarDe momento ya tomé cerveza (fuerte, pero muy buena) y fui a ver los lobos. Son muy impresionantes, aunque un par de veces agitan cuando se están montando en la plataforma, porque parece que quisieran subirse hasta donde está uno XD.
Me han contado que Valdivia es muy bonita y chevere (aunque un poco fría)¿como fue salir del calorcito a un frio no muy diferente a "la nevera"?
ResponderEliminarSí, es una ciudad muy bonita. Me gusta el poder encontrarse tantos árboles mientras caminas, y llegar al puente a ver los lobos marinos con sólo caminar un poco.
EliminarPues ha sido fuerte tratar de adaptarse, especialmente viniendo de un clima donde 34° ya es algo usual en el día. La temperatura fluctúa mucho: en la noche y muy temprano puede estar helado, pero en la tarde ya hace más calor (claro, mucho menos que en Santa Marta). Y siempre nos recuerdan que en realidad, todavía no está haciendo frío: que espere al invierno, y que este primer año va a ser como la prueba de fuego.