viernes, 10 de marzo de 2017

Logan y las conspiraciones

Atención: esta entrada contiene spoilers de la película. Si aún no ha visto Logan, siga leyendo bajo su propio riesgo.

Pues, fíjense. Me fui al cine a ver Logan, la última película de la trilogía de Wolverine y última ocasión de Hugh Jackman como el epónimo personaje. Es muy buena. Después de un año de películas de superhéroes que, quizás salvando a Deadpool, oscilaron entre bodrios olvidables y trabajos nini (sí, te incluyo a ti, Doctor Strange), fue sumamente refrescante ver una película tan buena, fácilmente más disfrutable, al menos en mi opinión, que lo que hizo Marvel con su Fase II y lo poco que va de la Fase III, y claramente superior a lo que lleva DC. Ciertamente se sintió como un regalo de despedida para los fanáticos que crecimos con la saga original de los X-Men, y quizás es ahí donde radica su mayor encanto (y donde podría hacernos olvidar los pocos defectos que tiene). Y lo mejor es que, a diferencia de lo ocurrido con Deadpool y The Killing Joke aquí en el país, no tuve que toparme con ningún niño desubicado: la película fue clasificada para mayores de 15 años en Colombia, una categoría sensatamente restrictiva -por otro lado, Deadpool también lo era, así que supongo que depende del rigor del cinema al que uno vaya-.



Logan es, en muchos sentidos, una película más madura que sus antecesoras. No por la violencia tipo R, que aunque ayuda a hacer mucho a una película de acción, no hace por sí sola que una obra sea adulta. Lo es más porque abarca temas muy humanos y, en muchos aspectos, actuales. Donde los X-Men son una alegoría de la discriminación a las minorías, Logan podría ser perfectamente el drama de un hombre solitario y decadente que debe cuidar de un padre anciano y enfermo, y de una hija a la que jamás ha conocido (sí, marvelitas, Laura es técnicamente su hija en este filme, así que no jodan), en el que obviamente es uno de los clichés clásicos del género. A su vez, refleja también muchas preocupaciones actuales, como el maltrato a los extranjeros, la explotación y violencia infantil (ya hay gente quejándose al respecto del mal ejemplo que da Laura, pero vamos: ¿para qué diablos llevarías a tus hijos pequeños a una película con censura R en primer lugar?), el abuso de las corporaciones y la salud alimenticia. De estos temas se desprenden también proyectos y conspiraciones que hacen eco de las propuestas por los conspiranoicos en Internet, y a las que echaremos un rápido vistazo.


Empecemos con la más curiosa de todas. Logan parte de la premisa que desde hace 25 años, no ha nacido ningún mutante, y los pocos que quedan son cazados. En Old Man Logan, el cómic que sirvió de inspiración parcial para la película, han pasado 40 años sin el nacimiento de un mutante, y Emma Frost lo atribuye a que, a diferencia de lo que creía el Profesor Xavier, los mutantes no fueron más que una anomalía genética, algo que surgió espontáneamente dentro de la especie humana. Esta idea se asemeja a la teoría del equilibrio puntuado propuesta por Eldregde y Gould, la cual postula que la evolución no es gradual, sino que se mantiene en largos períodos de estabilidad seguidos por un rápido estallido de especiaciones.

En Logan, la razón detrás de la casi total extinción de mutantes va más de la mano con las conspiraciones sobre control poblacional. Al principio se hace una escueta mención de cómo campos en el país han sido llenados de maíz transgénico para producir jarabe de maíz, edulcorante utilizado en muchos productos en Estados Unidos. Más tarde, nos enteramos que un científico descendiente de uno de los miembros del Proyecto Arma X, el cual dotó de adamantium a Logan, desarrolló una especie de terapia genética causando que, a través de la alimentación con productos que incluyan jarabe de maíz, se eliminara el Gen X en la población, impidiendo de esta forma que nacieran más mutantes. Obviamente, esto está inspirado en muchos temores actuales: que comer OGMs produce enfermedades o mutaciones, que el jarabe de maíz de alta fructosa es culpable de la obesidad gringa, y los más disparatados aseguran que hay un plan del Nuevo Orden Mundial o alguna cosa parecida para controlar la población a través de esterilización y “homosexualización”.

En realidad, la idea de la manipulación y modificación genética a través de la alimentación no es algo nuevo en los medios audiovisuales. En la séptima temporada de Supernatural, los leviatanes desarrollaron un químico mezclado con el jarabe de maíz para atontar a los humanos y ralentizar su metabolismo, haciéndolos obesos y dóciles, a la vez que haciendo su sangre tóxica para vampiros, hombres lobo y cualquier otra criatura que se alimente de humanos; al mismo tiempo, crearon el aditivo 3.0, una sustancia agregada a la crema láctea, diseñada para eliminar a los humanos con rasgos indeseables (baja masa corporal, gran estatura, hemofilia y alto coeficiente intelectual), creando, en síntesis, el ganado perfecto.

Por supuesto, gran parte de esos temores son simplemente infundados. No hay estudios científicos serios que respalden la idea de que los OGMs causen mutaciones o enfermedades, aunque la problemática del monopolio de grandes empresas sigue siendo algo complicado e importante. Y la idea de que hay una conspiración mundial para reducir la población humana haciéndola estéril y homosexual es una sandez discriminadora sin ninguna evidencia seria; aunque ya hay metodologías propuestas para la aplicación de terapias genéticas (como la transferencia mitocondrial), estamos a años luz de modificar a la población a través de dicha tecnología, y menos con la comida. Por lo general, quien comparte este tipo de creencias tampoco será alguien a quien debas tomar en serio.

Por otro lado, el jarabe de maíz, en especial el de acta fructosa (JMAF), sí es una preocupación legítima en un país con un incremento alarmante en la obesidad de su población; sin embargo, no hay evidencias concluyentes de que el JMAF sea más dañino para la salud que otros tipos de azúcar, y las autoridades de salud y alimentación en general no recomiendan un control diferente al que se debe tener con cualquier otro tipo de azúcar, incluido el “natural”: limitar su consumo a mínimas cantidades. Convengamos, no obstante, que es un poco difícil cuando el JMAF está en una gran cantidad de productos, y la dieta estadounidense no sólo es altamente calórica en promedio, sino además de grandes porciones.

Otro tema de conspiración, quizás más ficticio que el anterior, es la recurrente idea de los súper soldados, esta vez entrelazada con un drama real: los niños soldados. Laura y otros niños son creados en Transigen usando material genético de diferentes mutantes, empleando además a mujeres mexicanas como madres sustitutas, y son entrenados en sus habilidades especiales como asesinos. Incluso se desalientan los intentos de las enfermeras por celebrarles cumpleaños y hacerlos sentir como niños, puesto que están tratando de crear armas, no personas. Eventualmente, los niños Transigen son considerados como demasiado inestables para ser útiles y cruelmente desechados.

¿Y por qué resultan siendo inestables? Porque, después de todo, son niños. No sólo porque pueden llegar a ser agresivos y violentos, sino porque también son infantiles y compasivos. Ninguno de ellos desea la vida que llevan, y aunque en Transigen se esfuerzan en convertirlos en asesinos sin emociones, las acciones de las enfermeras les hacen conservar su humanidad y parte de su inocencia, y son capaces de formar lazos de hermandad entre ellos. A pesar de su comportamiento huraño y silencioso, Laura tiene los gustos, aficiones y temores de una niña cualquiera; es capaz de tener un vínculo con Charles y acercarse poco a poco a Logan (esto quizás pueda sentirse un poco forzado), y aunque puede matar a un adulto sin problemas, aún es lo bastante compasiva para sentir remordimiento por recurrir a ello, incluso en defensa propia.


En fin, creo que ha quedado claro que una buena recomendación de cine para esta semana es Logan. Es una buena película que puede disfrutarse de principio a fin, tanto para sorprender como para conmover, y que se convierte en un digno episodio final para uno de los personajes más emblemáticos no sólo de los X-Men, sino también de la era de los superhéroes en el cine del nuevo milenio.


P.D. En los próximos días voy a entrar en un cambio importante para mi vida, y que espero pueda darle mayor perspectiva al blog. Comentaré más al respecto en la siguiente entrada.

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