miércoles, 29 de marzo de 2017

La marcha del CD y la autoridad moral

El próximo sábado, el -mal llamado- Centro Democrático, con su jefe absoluto Álvaro Uribe a la cabeza, junto a su nuevo aliado, Alejandro Ordóñez, marcharán por las calles del país protestando en contra de la corrupción del gobierno de Santos, golpeado recientemente por el escándalo de Odebrecht. Era natural que una fracción de la población decidiera manifestar su indignación ante tan desagradable asunto, y más después de las torpes defensas y argumentos de Santos -su “me acabo de enterar” pasará a la historia como el epítome del descaro, junto al “todo sucedió a mis espaldas” de Samper en el proceso 8000-. Lo que parece curioso es que lo haga un partido tan salpicado por la corrupción, especialmente cuando Uribe y su séquito estuvo al poder durante ocho largo años.



Para gran parte del país, como bien se lo señaló el senador Juan Manuel Galán durante un acalorado debate, ni Uribe ni su partido tienen la autoridad moral para salir a marchar en contra de la corrupción. El senador se defendió con vehemencia, acusando a Galán de hipócrita por haber participado en su gobierno, pero en realidad poco hizo para negar las calamidades democráticas gestadas durante ocho años de uribismo.

Por supuesto, los seguidores del -dizque- Centro Democrático seguro dirán que ese asunto de la autoridad moral es puro cuento, y que el senador Uribe y el ex procurador Ordóñez tienen tanto derecho a marchar el 1 de abril como lo tienen Gustavo Petro, Claudia López, Jorge Robledo y cualquiera de los demonios que les aterran en su concepción derechista de la realidad. ¿Qué tan cierto es eso? ¿Será que el argumento de la autoridad moral es pura paparrucha?

¿Qué es eso de la autoridad moral, para empezar? Bien, la Wikipedia en inglés la define como “el estatus de ser respetado por trayectoria moral, y adherirse y defender un estándar de justicia o bondad universalmente reconocido”. En palabras simples, la autoridad moral es cuando una persona rechaza actuar o defender actos reprochables desde un punto de vista moral, vengan de donde vengan.
Cuando a una persona se le dice que no tiene la autoridad moral para criticar tal o cual cosa, lo que se está asumiendo es que se trata de alguien, cuando menos, moralmente inconsistente, pues defiende unos hechos y critica otros, siendo que unos y otros son igualmente hechos moralmente indefendibles. Sin embargo, es otro de esos términos sobreestimados y prostituidos por el debate común, al punto de llegar a ser una falacia ad hominem. ¿Quizás en eso muchos defensores de Uribe tienen razón, al criticar a los que les dicen que el -falsamente titulado- Centro Democrático no tiene autoridad moral para organizar una marcha contra la corrupción, puesto que es necesario reconocerla? ¿Tan fácil es escaparse de la autorreflexión?


Maticemos.

Por ejemplo, si yo criticara en una entrada el proceder del ELN y sus estúpidos atentados que dejan en evidencia que su llamado a dialogar es pura boñiga, es probable que algunos izquierdistas de calle que apoyan las guerrillas (que no es broma, todavía hay gente que cree que enfrentarse al gobierno siempre es noble, con todo y las extorsiones que cínicamente la guerrilla llama “impuesto revolucionario”) me digan que yo no tengo la autoridad moral para criticar a los revolucionarios, pues no he manifestado por escrito el mismo desdén por las atrocidades de, por ejemplo, las bacrim (es un supuesto: para mí, ambos grupos son criminales). Pasó hace unos años algo similar con Andrés Hoyos, cuando le solicitó a la MANE que se pronunciara por el asesinato de cuatro militares secuestrados por las FARC, y un defensor de la organización estudiantil respondió que no tenía autoridad moral para pedir un pronunciamiento de la MANE, cuando Hoyos no había dicho nada por los crímenes de la fuerza pública y el Ejército.

¿Pesa el argumento de la autoridad moral para silenciar este tipo de críticas? En absoluto. El hecho de que yo no escriba críticas en contra de los crímenes de las bacrim no significa que yo los esté apoyando, ni mucho menos invalida el hecho de que las acciones del ELN son condenables bajo cualquier perspectiva. Tampoco el que Andrés Hoyos no se manifestara contra los crímenes perpetrados por fuerzas del Estado colombiano significa que se condonan tales delitos, ni eso hace que el asesinato de cuatro uniformados por la guerrilla sea poca cosa, ni mucho menos que la MANE, que tanto presume de rechazar la violencia, debería, por ser consecuente, rechazar públicamente las acciones de un grupo terrorista, que tienden a infiltrarse en las organizaciones estudiantiles. En este tipo de casos, al menos, el argumento de la autoridad moral no pasa de ser un ad hominem, una forma baja de atacar al interlocutor sólo porque no queremos escuchar lo que no nos gusta -curiosamente, Uribe tiende mucho a atacar a sus críticos y no a sus argumentos-.

Explicado esto, ¿es ese el caso del –llamémosle- Centro Democrático? ¿Se les está reprochando de forma falaz con el argumento moral sólo porque están cuestionando la corrupción en la campaña de Santos? Ni de lejos.

Tengamos en cuenta que mientras mi silencio no se traduciría necesariamente en un apoyo implícito a las acciones de las bacrim, la pretendida marcha del -mal llamado- Centro Democrático con la corrupción es un gigante con pies de barro, pues viene desde un partido cuyo máximo líder fue uno de los presidentes más antidemocráticos y corruptos de los últimos años. Ya en una entrada anterior mencioné mucho al respecto de otra marcha convocada por este mismo esperpento político, y no hay mucho que haya cambiado. Que un partido con tres ministros, dos secretarios y dos directores del DAS presos salga a protestar por la corrupción es el colmo del cinismo, a un punto en que ya no da risa sino ira. Es indignante que se presenten como mamasantas de la rectitud, cuando la verdad es que son tan corruptos que ni siquiera son capaces de admitir todas las irregularidades y decisiones antidemocráticas que se dieron durante los ocho años de Uribe. Y eso que ni siquiera estoy comentando que el asunto de Santos con Odebrecht se dio cuando era candidato de Uribe (y no, eso no lo exonera de responsabilidad alguna), y todas las linduras que Ordóñez tiene a cuestas como Procurador.

No, esto no les quita el derecho a protestar, ni hace que protestar contra la corrupción en sí sea algo malo. Lo que es indignante y descarado es que sea un partido tan ideológicamente sucio, con líderes tan terribles, y con un alto grado de corrupción a cuestas, sean justamente los que quieren presentarse como la autoridad moral sólo por ser la oposición contra un gobierno como el de Santos. Y lo que es más enervante de su cinismo es que esta marcha, en honor a la verdad, ni siquiera es realmente contra la corrupción. Ni a Uribe ni a Ordóñez le importa la corrupción, porque a la larga es gracias a ello que se mantuvieron tanto tiempo en el poder. Lo único que quieren lograr con esta convocatoria es calibrar su fuerza de convocatoria, su poder sobre las masas, para calcular cómo se enfrentarán a la coalición santista en las próximas elecciones presidenciales. No hay más que egoísmo y deseo de poder en sus acciones.

Colombia, este 1 de abril hazte un gran favor: no salgas a marchar. No acompañes a estos esperpentos ideológicos ni a su nefasta visión paranoica. A ellos no les importas, como tampoco les importa acabar con la corrupción: sólo te quieren como idiota útil al servicio de sus caprichos megalómanos. No seas ingenua y no les des esa satisfacción mezquina.

2 comentarios:

  1. Aunque te enfocas en la autoridad moral desde el título, yo añadiría que este tema tiene muchos más procesos de razonamiento defectuosos encima.

    Por ejemplo, la falacia desde el silencio (lo que le respondieron a Hoyos): que un individuo no exprese su rechazo a todas y cada una de las atrocidades no implica necesariamente que eso sea una forma implícita de aprobación.

    Pero si bien los individuos podríamos acogernos a este principio cuando nos preguntan por qué no nos hemos pronunciado por X, o por Y, no es dable que se acoja un partido (o una iglesia como el dichoso CD) cuando en últimas han sido responsables de esas mismas transacciones criminales.

    En fin, que lo uno es una imposibilidad de tiempo/espacio para estar enterado de todo, y lo otro hipocresía y cinismo (como bien señalas).

    Otro tanto va para el caso de los seguidores del CD, y la psicología del populismo. No hay mucho que se pueda hacer al respecto.

    Una mejor forma de arruinar la marcha es boicotearla. Aparecerse con carteles de Arias, de Ordóñez, de Santoyo, del hijo de OIZ, del propio OIZ y exigir que respondan. Es contra la corrupción, al fin y al cabo, y eso les daña el conteo de fuerza.

    ¡Un saludo!

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    1. Seguramente, pero no estaba enumerando falacias o malos razonamientos con la entrada: sólo analizar el argumento de la autoridad moral, que es uno de los que más usan para escudarse de un lado o del otro.

      No lo había pensado, pero boicotear la marcha también puede ser una forma muy buena de rechazar a sus organizadores. Saludos.

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