domingo, 12 de febrero de 2017

Nacionalismo inútil (XXI): ¿venecos vs chibchas?

En las últimas semanas hemos sido testigos de muchas discusiones sobre la discriminación. El veto aprobado por el presidente Donald Trump a ciudadanos de siete países por poco más que discriminación y paranoia ha generado una respuesta furiosa no sólo de parte de los estadounidenses, sino también en otras naciones. En un momento en que México es oprimido por el gigante del norte, muchos llaman a la unión latinoamericana contra el abuso de Trump. Eso sí, mientras tanto, aquí entre Colombia y Venezuela hay un diputado y un vicepresidente discutiendo por estupideces como un apodo usado en un muy mal momento.

La verdad es que la cosa parece más de risa. Durante una entrega de casas gratuitas en Tibú (Norte de Santander), el vicepresidente Germán Vargas Lleras dijo que se trataba de casas que no eran para “venecos” -una forma coloquial de llamar al venezolano-, sino para los colombianos. Si bien la expresión usualmente no tiene fines de insulto -es como llamar gringo al estadounidense-, eso suele depender de la forma en que se use. Y definitivamente, el contexto de las declaraciones de Vargas Lleras fue grosero y un tanto discriminatorio.

Hasta ahí, todo bien. El gobierno de Venezuela exigió que el vice se disculpara. Vargas Lleras, fiel a sus principios de aceptar las peleas que se le ofrecen, se disculpó laxamente con los venezolanos diciendo lo que ya comenté del gentilicio, mientras se preguntaba cómo podía un gobierno nada democrático y en medio de una gran crisis enfocarse en algo simple como unas declaraciones inoportunas. A esto, el diputado venezolano Diosdado Cabello, conocido igualmente por sus modales de matón de barrio, no aceptó las disculpas de Vargas Lleras y dijo que si eso no le parecía insultante, entonces él podía llamar al vicepresidente “hijo del gran puto”. Vargas Lleras respondió llamando “patan” a Cabello, y puso sus palabras como ejemplo “del matoneo al que ha sometido al pueblo venezolano”.

Foto: revista Semana.

Por lo demás, ya vemos cómo ha escalado el asunto: Colombia envió una nota de protesta a Venezuela por las palabras de Cabello (ignorada como todas las que ha enviado, cosa que señaló también Vargas Lleras en su “disculpa”), Maduro le dijo al vice que con Venezuela nadie se mete, la canciller colombiana pidió respeto por ambas partes, Vargas Lleras le recriminó ponerse del lado del gobierno venezolano, quiere llevarse todo el asunto a la justicia internacional…

En principio, a este tema se le ha dado una trascendencia excesiva y ridícula. Sí, las palabras elegidas por Vargas Lleras fueron muy infelices, pero es cierto que veneco es más una forma resumida y coloquial del colombiano para referirse a sus vecinos, aunque el vice la usó con una intención muy diferente a la del cariño que pretende (ya veremos por qué). Tampoco es mentira que el gobierno de Maduro tiene sumido al país en una crisis económica y social espantosa como para concentrarse en un asunto que debió arreglarse con un par de llamadas y contriciones públicas. Lo de recurrir a la justicia internacional ya huele a despropósito: si bien es cierto que la disculpa de Vargas Lleras fue mediocre y tramposa, ocupar a instancias del exterior en asuntos diplomáticos por palabras mal usadas es risible.

Sin embargo, todo este rifirrafe tiene connotaciones más profundas de las que parecen, y es simplemente el juego político de personas que quieren explotar fervores nacionalistas de forma burda y descarada para mantener sus proyectos personales. Para nadie con dos dedos de frente, venezolano o colombiano, es un secreto que Venezuela está muy mal. Hay que ser muy ignorante o muy cínico para negar este hecho (cuáles son las causas de la crisis ya es diferente entre las partes). Y de esta tragedia, cada uno está sacando réditos políticos.

Todos sabemos que Vargas Lleras quiere ser presidente, y es probablemente la opción más fuerte que tiene la Unidad Nacional para triunfar en las elecciones de 2018. El vice lo sabe, no es tonto. De ahí que busca ser conciliador como Santos, pero a la vez fuerte como Uribe. Vargas Lleras va apoyando el proceso de paz con las FARC, tal como lo hace buena parte de los votantes, pero haciendo varias críticas a la forma como se hizo y como se está implementando, cosa que atrae igualmente a muchos escépticos de los que votaron por el No sin ser uribistas o cristianos.

Además, es sumamente obvio que, a raíz de la crisis en su tierra natal, hay un flujo creciente de venezolanos emigrando a nuestro país para tratar de ganarse la vida, lo cual ha generado resquemor en varios sectores de la población, temerosos de que los vecinos nos quiten el trabajo (¿no les suena familiar esa actitud?). De ahí la elección de palabras de Vargas Lleras y su tibia disculpa con Venezuela: él se está presentando como un candidato nacionalista, un demagogo que supuestamente quiere proteger los intereses económicos del pueblo colombiano ante la incertidumbre de los inmigrantes. A su vez, al criticar duramente al régimen venezolano también alivia los terrores de aquellos uribistas indecisos y críticos del proceso de paz que creen que seremos víctimas del castrochavismo y nos iremos a la ruina.

Del lado de Venezuela, tampoco es precisamente el orgullo patrio el que mueve enteramente las reacciones de Cabello y Maduro. Nuevamente, Venezuela enfrenta una crisis económica monumental, y gran parte del pueblo sabe que es culpa del gobierno. Por más que quieran echarles la culpa a agentes externos al país, la táctica usual de los ineptos, la popularidad del chavismo ha descendido mucho. Es por eso que, ante tal situación, los líderes del gobierno apuntan a despertar el fervor nacionalista del pueblo venezolano ante un acto de discriminación. Nada mejor para distraer a un pueblo hambriento y molesto que una pelea con otro país.

Y al final, como siempre, sin importar si llamar veneco al uno o chibcha al otro sea grosero o no, los jodidos somos los de abajo, tanto colombianos como venezolanos. Los colombianos, porque como siempre trataremos de elegir al menor de los males para la presidencia, y Vargas Lleras quiere presentarse como tal para la gente. Los venezolanos, porque seguirán sin ver medidas útiles para paliar la escasez y la inseguridad, mientras su gobierno se hace el inocente y la oposición se fragmenta y desprestigia.

Como siempre, si algún lector no está de acuerdo con lo expuesto aquí, puede tomarse un momento para reflexionarlo. Al final del día, nuestras élites no están preocupándose por nosotros: sólo quieren nuestro apoyo. Vale la pena preguntarse si debemos dejarnos distraer por un diputado cáustico, un presidente incompetente y un vicepresidente camorrero que sólo le ponen dibujitos patrios de frente a la gente mientras los usan para sus propósitos. Si hay algo muy sucio del nacionalismo excesivo es que se le explote de forma agresiva para saltar a la cima política.

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