lunes, 13 de febrero de 2017

May y la dolorosa timidez

¿Han visto alguna vez esas películas de terror que transmiten más que miedo? Ya saben, esas que te causan, además de terror o al menos una incómoda impresión, pueden transmitirte tristeza o admiración por algún personaje. Son esas películas que pueden o no contar con una dosis perturbadora de realismo. Por ejemplo, Hush, del año pasado, transmite una sensación de claustrofobia y estrés impresionante. Este tipo de películas son, muchas veces, algunas de las mejores joyas del género, pero con frecuencia pasan desapercibidas por el público. Una de esas es May.



May es un thriller del 2002, donde la protagonista epónima, interpretada por Angela Bettis, es una joven trabajadora de una clínica veterinaria. Desde niña, May fue objeto de burlas por su estrabismo, y eso la ha hecho ser tímida y retraída. Desea profundamente tener amigos, pero nunca ha sido buena para acercarse a la gente. Después de años de terapia con gafas y lentes de contacto, May intenta finalmente conectar con algunas personas: Adam, un mecánico; y Polly, una compañera de trabajo. Desafortunadamente, las circunstancias pronto cambian para mal, y una desequilibrada May decide hacerle caso al viejo consejo que le dio su madre cuando era niña: “Si no puedes conseguir un amigo, hazte uno”.

Esta fue una película que me gustó bastante, e incluso me conmovió en algunos aspectos por varios motivos. En especial, porque May es una radiografía de la timidez y la discriminación, y cómo estas cosas pueden afectar la personalidad de un individuo. Salvo por una escena del principio, los primeros cincuenta minutos de la película son engañosamente realistas, más similares a un drama romántico que a un thriller psicológico, y reflejan cómo la crianza y la experiencia de May la han convertido en una persona tan tímida e introvertida que le cuesta hablar con las personas, incluso cuando sienten interés en conocerla.

Otro problema que aborda la película es la forma en que muchos llevan las relaciones sociales, especialmente desde la soledad. May siempre se ha sentido rechazada por su defecto, y no sabe cómo interactuar con la gente. Debido a esto, cuando personas como Adam y Polly le demuestran afecto, May interpreta dichas señales como algo más profundo o sincero de lo que realmente puede ser; se aferra excesivamente al cariño que le muestran, trata de ser lo que ellos desean, y es devastada fácilmente cuando se da cuenta que incluso esto es algo pasajero. Nunca ha aprendido cómo lidiar correctamente con estas situaciones, ya que nunca tuvo amigos, y sus padres (en especial su madre) no fueron precisamente los mejores guías en su infancia, así que enfrenta muy mal la decepción.


Desde otro punto de vista, uno también podría tomar la película como un análisis del típico debate innato/adquirido. Es obvio que la infancia de May y el rechazo que enfrentó han tenido una huella muy profunda en su personalidad, y es parte de lo que provoca posteriormente su colapso emocional. No obstante, la película también da varias pistas no muy sutiles de que ella tampoco parece ser una persona cuerda y equilibrada para empezar. ¿Fue su experiencia de vida lo que la llevó a ese estado fragmentado? ¿O acaso ya había nacido con trastornos mentales que el rechazo y la soledad simplemente sublimaron y sacaron a flote? Aun cuando sabemos que la dicotomía innato/adquirido está muy seguramente superada, dada la interconexión entre ambos aspectos, siempre es un enfoque muy interesante de observar en un thriller psicológico.

No sorprende, pues, que sea considerada por muchos uno de los mejores trabajos fílmicos de terror del nuevo milenio, especialmente cuando el género se ha plagado tanto de pésimas producciones. May es una cinta sobria y bastante humana, por lo que además de asustar, puede conmover al espectador. Y cuando uno también tiene ciertas deficiencias en las interacciones personales, puede también identificarse un poco con la protagonista.


Obvio, no estoy tan jodido como May, ni es probable que algún día entre en un colapso psicópata-homicida. Sin embargo, conozco muy bien lo que es ser objeto de burlas y lo que significa ser bastante tímido y algo raro. Entiendo lo que significa aferrarse en ocasiones a las personas con las que compartimos afecto para llenar el vacío que sentimos, y lo mucho que nos cuesta levantarnos después de eso. Y estoy plenamente seguro que no soy el primero en ver la película y darse cuenta de ello.

De hecho, siendo como soy, irónicamente tengo muchos amigos y conocidos, y hay algunas personas cercanas con estas mismas dificultades sociales. Todo eso es manejable, claro, pues muchos ambientes requieren inevitablemente que uno interactúe con otras personas, y es necesario romper el hielo aunque al principio no sepas cómo. Eso hace, al mismo tiempo, que uno valore muchas de las amistades que formamos, pero también que sepamos cuándo es mejor alejarse de los que no nos aprecian o nos hacen daño.

(De repente, esta entrada se puso muy psicológica…)

En fin, como ven, siempre hay mucho para decir alrededor de películas que parecen poca cosa. Como alguien aficionado al terror, y a quien le gusta ponerse a reflexionar con lo que ve, no puedo dejar de recomendarles May. No es una película fácil de conseguir, pero les aseguro que es una gran experiencia, y puede incomodarte a la vez que conmoverte sin necesidad de ser muy gráfica o tosca.

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