domingo, 19 de febrero de 2017

Díptico de loca y estúpida política

Terminando esta semana, hemos visto una serie de sucesos dentro de la política que nos hacen pensar que el oportunismo y la ignorancia es algo que brilla mucho dentro de nuestros dirigentes. Claro, esto en realidad no es ninguna sorpresa: lo innovador del asunto es que los ejemplos de la semana son tan estúpidos incluso para personas con un mínimo de sentido común (creo yo) que uno se pregunta cómo se les pudo ocurrir tal cosa.

1. Como muchos en Colombia y Venezuela saben, el líder opositor venezolano Leopoldo López se encuentra preso desde las manifestaciones de febrero de 2014, en las que murieron 43 personas, supuestamente por incitar a la violencia y a los desmanes públicos. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que eso sólo fue una excusa del gobierno de Nicolás Maduro para encerrarlo por cuestiones políticas, por lo que su condición es básicamente de preso político. Desde estos sucesos, ha sido su esposa, Lilian Tintori, la que ha liderado campañas y diálogos con diferentes autoridades y líderes políticos para solicitar la liberación de su esposo y de otros opositores encerrados tras las manifestaciones.

Sin embargo, esta vez Tintori hizo un movimiento muy torpe, y que probablemente le reste credibilidad entre algunos grupos. Esta semana, se reunió en la Casa Blanca con el presidente Donald Trump, e incluso posó con el vicepresidente Mike Pence y el senador republicano Marco Rubio. Tras esta reunión, Trump escribió en Twitter que el gobierno de Maduro debía liberar de inmediato a López. Tintori explicó poco después en un video los pormenores de la reunión con Estados Unidos, y al parecer fue acosada por miembros del gobierno venezolano tras regresar a su país.


La respuesta de Maduro, a estas alturas, no interesa. Poco puede decir este sujeto que pueda ser relevante para el asunto. El problema es que, si bien Lilian Tintori fue recibida con ovación por muchas personas, a la larga puede afectarla el haber recurrido a una figura tan controversial como Donald Trump para hacer visible al mundo la amarga situación que padece la oposición venezolana (sin embargo, las recientes marchas por la liberación de López indican que no ha habido mucho alboroto entre la oposición por ello).

Para nadie es un secreto que Venezuela prácticamente está atravesando por una dictadura, y como dije en una anterior entrada, habría que ser asombrosamente ignorante o repugnantemente cínico para pretender que no ocurre nada. La situación económica y social está por el piso, las elecciones regionales fueron retrasadas y la Asamblea, de mayoría opositora, ve todas sus decisiones anuladas por el sector judicial, con lo que el ejecutivo gobierna de facto todas las ramas del poder. Dudo seriamente que alguien como Trump pueda hacer más visible lo que sucede.

Por otro lado, es bien sabido que los gobiernos de Estados Unidos siempre han sentido poca simpatía por el régimen chavista, aunque sin intervenir directamente dentro de Venezuela -por más que los chavistas quieran achacarle la crisis económica a un complot entre Estados Unidos y la oposición-, y Donald Trump no es la excepción. Buscar el apoyo de un gobierno que es mal visto en general en la mayor parte de Latinoamérica, y especialmente ahora que es manejado por un misógino xenófobo e ignorante en ciencia y educación, es sumamente dañino para su misión personal. El enemigo de mi enemigo no se convierte en amigo automáticamente, y no todo el que critica o combate a nuestro opresor se convierte de inmediato en un héroe. Al buscar a Trump, Lilian Tintori sólo ha dejado ver que está tan desesperada que recurriría a cualquiera que pueda presionar a Venezuela para liberar a Leopoldo López, incluso a un patán como el nuevo ocupante de la Casa Blanca, y no faltará el tonto que ahora crea que realmente hay un complot de los gringos y la derecha venezolana para desestabilizar el país.

2. Que la Constitución de 1991 ha sido destazada y remendada una y otra vez desde su creación es también sabido por muchos, cosa que ha traído o mantenido muchos de los problemas políticos que nos encontramos siempre. Ante el panorama de los políticos de siempre, tan corruptos como clientelistas, demagogos y solapados, no es raro que el país enfrente porcentajes altos de abstencionismo durante las elecciones, si no se han resignado ya a votar por los mismos caciques regionales de toda la vida.

¿Y cuál es la brillante solución que propone el ministro Juan Fernando Cristo? Más o menos la misma propuesta que presentó en el 2014 durante la reforma del equilibrio de poderes, y que todos tiraron de la mesa en cuanto les empezó a apestar cual boñiga: ampliar el período presidencial a cinco años, eliminar la figura del vicepresidente, que se elimine el voto preferente en las elecciones legislativas y que el voto sea obligatorio y se rebaje la edad mínima del votante a 16 años. Cristo pretende aprovechar el fast track de los acuerdos de paz con las FARC para que su propuesta sea aprobada con prontitud.


La propuesta es risible y bastante antidemocrática en sí misma. Pasemos de largo la ampliación del período presidencial y la eliminación del vicepresidente, que al parroquiano pueden importarle poco o nada (no así a muchos que aspirarían usar la vicepresidencia como trampolín presidencial), y concentrémonos en la idea del voto obligatorio. Es una estupidez, y en muchas formas.

Cristo parece creer que la razón por la que la gente no sale a votar en las elecciones es porque, sencillamente, no están obligados a hacerlo. El voto es un derecho y un deber del ciudadano, pero es un deber facultativo, así que si no se tiene interés, la persona se queda en casa, ¿no? No es así, en realidad. El alto abstencionismo durante las votaciones ocurre porque la gente simplemente está cansada de elegir siempre a las mismas personas, los mismos partidos, y que las cosas jamás cambien: corrupción, inseguridad, inestabilidad social, pocas oportunidades de trabajo, impuestos absurdos… Así es muy difícil para los colombianos percibir que un voto hace la diferencia.

Podríamos seguir enumerando todos los problemas que enfrenta el colombiano común y corriente, y nos daríamos cuenta que las razones para no salir a votar son más que falta de incentivos y compromiso con la nación. Y al ministro al parecer ni se le ocurre que la gente que va obligada a votar no necesariamente va a votar realmente por alguien, ¿o cómo pretenderían vigilar eso? En síntesis, lo que hace Cristo es atacar la forma y no el fondo del problema.

Y lo de darle a los jóvenes de 16 la obligación de votar es también una cuestión risible. Fuera de darles una forma más de consolidar un número importante de votantes, la verdad no es una opción precisamente útil. En parte porque buena parte de los jóvenes, si tienen suficiente conciencia política, no tienen en alta estima a la derecha. Y además porque, precisamente y sin pretender generalizar, si los mayores de edad e incluso los ancianos pueden ser fácilmente embobados para votar por un corrupto o un demagogo, ¿qué efectos tendría incluir a menores de edad que muchas veces no tienen la suficiente madurez para escoger a conciencia a un buen candidato, y además siendo obligados a hacerlo?

Todo esto lo digo desde la perspectiva de alguien que ha coqueteado con el abstencionismo, pero que en realidad prefiere salir a votar. El abstencionismo y el voto nulo pueden ser expresiones atractivas para manifestar el descontento con la presente contienda electoral y lo poco que ofrece, pero en honor a la verdad tienen poco impacto a la hora de modificar el poder. Con esto en mente, prefiero realmente ejercer el derecho al voto, y si es posible escoger al mejor candidato que vea en la contienda, aunque tal vez tenga menos oportunidades, o votar por el menor de los males, si a eso se reducen las elecciones (y en el país es muy usual). Y esto último no es porque uno confíe en ese tipo de candidato, sino porque, si uno comprende bien cómo es la situación, sabe que no sería lo mismo un gobierno de Alejandro Ordóñez a uno de Petro, y siendo pragmáticos la idea es que el que quede de presidente sea el que nos afecte menos.

Sin embargo, el hecho de que lo ideal tal vez sería que la gente dejara el abstencionismo y se motivara a votar no es una razón válida para promover que se les obligue a votar. Forzar a la gente a escoger un candidato en unas elecciones que no les interesan ni les motivan es una fórmula opresora y nada democrática, además que difícilmente cambiará la problemática actual de la política. Yo no creo que el abstencionismo y el voto nulo sean la mejor opción en general, pero mi deber es respetar la libertad de las personas a salir o no a votar. Y ese principio también debería recordarlo Cristo, que se supone debería estar garantizando la libertad y los derechos del pueblo en lugar de coartarlos.

-O-

Si hay personas que discrepen con lo expuesto en esta entrada, son libres como siempre de tomarse un momento de reflexionar antes de comentar. La persecución política no debe cegarnos ante el hecho de que no todos los que critican o combaten a nuestro opresor son inmediatamente héroes por ello. Y si las elecciones no seducen al electorado, el camino no es obligarlos a ir a las urnas y multarlos si no lo hacen: es empezar a cambiar las razones que siguen alimentando la apatía del ciudadano.

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