miércoles, 4 de mayo de 2016

#TrigglyPuff, gatillos de traumas y el “orgullo gordo”

Introducción

Creo que para muchos, no es secreto decir que los justicieros sociales (SJW para los amigos) son desesperantes, y en muchos casos, se puede afirmar sin culpa que muchos son de plano ridículos y hasta estúpidos. No obstante, esto no significa que dichas personas ridículas y estúpidas no terminen representando un peligro para la sociedad que tanto dicen defender. La corrección política ha llegado a un punto en que intentar solucionar problemas universales de salud ya es un discurso un ejercicio de odio. Como ejemplo puntual de esta ideología basura (no hay otro modo de decirlo), les presento a Cora Segal, mejor conocida hoy en día como #TrigglyPuff.


Suspiro… Expliquemos de qué va el asunto. El pasado 25 de abril, la Universidad de Massachusetts, en Amherst, presentó un evento llamado Triggering: Has Political Correctness Gone Too Far? (algo así como Gatillismo: ¿ha ido la corrección política demasiado lejos?), en el cual se abrió un foro de discusión con tres invitados: la becaria del American Enterprise Institute Christina Hoff Sommers, el periodista Milo Yiannopoulos y el comediante Steven Crowder. Los tres apenas pudieron hablar, puesto que Segal se mantuvo interrumpiéndolos continuamente, gritando sendos argumentos como “¡Jódete!” y “Deja tu discurso de odio fuera de este campus”, mientras aseguraba que estaba ejerciendo la libertad de expresión -por favor, recuérdenme si gritar e interrumpir hace parte de dicha libertad-. En un punto, Segal grita: “¡Dejen de tratarnos como niños!”, a lo que Sommers respondió tranquilamente: “Entonces deja de actuar como uno”.

Internet se ensañó burlándose una y otra vez de Segal, apodándola Trigglypuff, en alusión a Jigglypuff, ese Pokémon que dormía a todos con su canto, para hacer referencia tanto al asco como la risa que, por una razón u otra, ha inspirado el incidente y la forma ridícula de actuar de Segal. Curiosamente, ahora una amiga suya decidió demandar al reportero de Campus Reform que subió el video a Internet.

Traumas y corrección política

Antes de continuar hablando de Segal y sus ideas, es necesario explicar qué significa eso de triggering. Es un término que hace referencia al gatillo de trauma (trauma trigger), es decir, una experiencia que provoca que alguien reviva un recuerdo traumático, aun si dicho gatillo no es traumático en sí mismo. Para que se hagan una idea al respecto, ¿recuerdan a Flippy, el oso militar de Happy Tree Friends? Cuando escuchaba o veía cosas que le recordaban momentos horribles de la guerra, como por ejemplo fuegos pirotécnicos (confundidos con sonidos de bombardeo) o salsa de tomate (obviamente semejante a la sangre), despertaba su personalidad violenta. En esos casos, los cohetes reventando o la salsa de tomate en una hamburguesa eran su gatillo de trauma (y de paso, el gatillo de la muerte de todos los que estuvieran cerca de él). Obviamente, no todos los que sufran de este problema, derivado del trastorno de estrés postraumático, van a atacar violentamente al vecino; es sólo para que comprendan el término.

Bien, el triggering es un término que se ha acuñado para definir el evento en que una persona es víctima de un gatillo de trauma; sin embargo, también hace referencia a una tendencia reciente conocida como trigger warning, algo así como advertencia de gatillo o, un poco más contextualmente, advertencia de provocación. Las advertencias de gatillo son mensajes para indicar que un material puede contener información o imágenes que pueden ser incómodas para aquellos con problemas de salud mental. Si bien empezó en los blogs de Internet, como una forma de moderar los foros para evitar lesionar emocionalmente a víctimas de abuso ante discusiones muy gráficas del tema, algunas universidades se busca implementar dichas advertencias en las clases, y los profesores deben informar de ello a los estudiantes -tal vez algo así era lo que buscaba Tara Schultz cuando se quejó por las novelas gráficas que le tocaban leer-.


Las advertencias de gatillo cuentan con muchas críticas, particularmente, en principio, por un hecho que en psicología es precisamente bien sabido: evitar la exposición a estímulos traumáticos sólo profundiza el trauma psicológico de trasfondo. Es el mismo principio con el que se trata a las personas fóbicas: no mantenerlos dentro de una burbuja donde nunca se enfrenten a las cosas que les dan terror, sino confrontarlos de forma gradual y constante al objeto de miedo, y de esta forma ayudarlos a superar poco a poco el problema. Con las víctimas de trastornos de estrés postraumático, precisamente hay más éxitos en las terapias de superación cuando se les expone a elementos que recuerden el trauma. Tristemente, parece que hoy en día se da menos importancia a las evidencias y más a la sensibilidad de los demás.

El segundo problema con estas advertencias es algo de lo que ya hablé antes: es virtualmente imposible, especialmente en la universidad, evitar encontrarse con ideas, opiniones o imágenes que nos hagan sentir incómodos al estar en contra de lo que creemos, pensamos y decimos. El propósito de una universidad es, precisamente, educar a la persona no en qué pensar, sino cómo pensar, y es por ello que debe ser permisible transmitir todo tipo de información, por más incómoda que sea, porque es esto lo que alimenta la libertad de pensamiento.

Finalmente, está el eterno problema de fijar parámetros de censura con base en la estabilidad emocional de alguien: nunca podemos estar seguros de dónde trazar la línea. Sencillamente, porque hay mucha gente que cree que tienen derecho a no ser ofendidos, y que si se encuentran con una idea que los incomode, enfade o asuste sólo por no ser acorde con sus propias creencias, van a exigir que expresar en público dicha idea sea suprimida. Y ese, definitivamente, no es el camino.

¿Aceptación de la gordura o elogio de la mediocridad?

Volvemos con Cora Segal. No voy a ahondar en toda la burla y humillación a la que la han sometido por Internet porque, para decirlo de forma contundente, ella misma se lo buscó. De manera similar a lo ocurrido con Zoe Quinn y Anita Sarkeesian (aunque de momento, dudo que Segal haya recibido amenazas de muerte, y eso en todo caso no cambia la crítica), no puedes estar pregonando ideas estúpidas sin argumento y comportarte como una tonta malcriada sin que nadie te escuche y, cuando menos, te ridiculice. No hay forma de justificar que no merece la burla o, cuando menos, las críticas de nadie: lo cierto es que Trigglypuff tiene bastante cola que le pisen.

Resulta que la “justiciera” social no es nueva en el campo de la polémica. En 2014 impartió un seminario en el Swarthmore College titulado Fat Justice and Feminism (Justicia para los gordos y feminismo), donde sus ideas se redujeron básicamente a que el índice de masa corporal (IMC) fue inventado por supremacistas blancos (sí, Michelle Obama es toda una neonazi), que las campañas de hábitos saludables de alimentación son una herramienta de opresión contra la gente gorda -digo “gorda” en un sentido general, pues Segal jamás hace la distinción entre sobrepeso y obesidad-, que el socialismo y el comunismo son sistemas económicos superiores al capitalismo porque este último promueve la opresión contra los gordos (¿?), y que Ronald Reagan “jodió” todo para esta gente (imagino que por lo antes mencionado, pero Trigglypuff jamás dio evidencia al respecto). Hubo peticiones de respuesta a Swarthmore sobre por qué los administradores consideraban que un seminario así era siquiera valioso, pero al parecer nunca hubo respuesta.


En la imagen anterior pueden ver los objetivos de uno de los talleres que imparte (al parecer Segal es bastante activa en su universidad). ¿Intentamos desglosar cada uno de ellos?

1. Conciencia del tamañismo y cómo opera como un sistema de opresión y sus intersecciones con el capitalismo, la supremacía blanca y el patriarcado. Es decir, la delgadez cómo estándar de belleza de hecho se trata de odio a la gordura. Pueden ver que ya escogió un término para definir su ideología absurda: sizeism, lo que viene siendo tamañismo, es decir, discriminación por peso.

No seré yo quien niegue que existe discriminación contra la gente con sobrepeso u obesa (hay que separarlos, pues no son lo mismo), pero de eso a colocarlo como un sistema de opresión relacionado con el capitalismo hay una distancia insalvable -irónicamente el capitalismo suele ser caricaturizado con gente obesa-, mucho menos si se le pretende comparar con la supremacía blanca y el siempre difuso término de patriarcado.

En cuanto a los ideales de belleza, hay razones más científicas para explicar dicha conducta más allá de que sea una simple construcción social y un reflejo del odio hacia la gordura. Es cierto que la exaltación de ciertos estereotipos de belleza puede afectar a aquellos que no se sienten cómodos con su cuerpo, pero no por ello podemos empezar a despotricar como los fanáticos religiosos que creen que el creciente laicismo de la sociedad es una muestra del odio que se tiene hacia la religión. Es el mismo defecto de razonamiento del que adolece no sólo Segal, sino muchas de las feministas que creen que delgadez y belleza son sinónimo de opresión y misoginia.

2. La gordura tiene poco o nada que ver con la salud. Antes, es necesario aclarar que no todos los problemas de peso se deben únicamente al exceso de comida. Hay enfermedades endocrinas, por ejemplo, que provocan un aumento considerable de peso, por lo cual una dieta y ejercicio no suelen bastar para combatir el sobrepeso, e incluso eso no significa que no deban mantener una dieta regular y actividad física tanto como sea posible.

Volviendo al objetivo 2: falso. Sí tiene que ver, y mucho. Volvemos a lo mismo: Segal no está haciendo una distinción entre sobrepeso y obesidad, y las diferencias en costo de salud al cuerpo son diferentes. Está bastante documentado que la obesidad es un problema de salud global, y que está fuertemente correlacionado con el aumento de diversas enfermedades. Sí, es cierto que con ciertas dietas y ejercicios, una persona obesa puede tener más o menos la misma salud que puede tener una persona con el peso adecuado, una dieta balanceada y actividad física habitual. Pero eso no sobrepasa el hecho de que no es un estado ideal; es estar balanceándose en un puente que se puede caer con cualquier falso movimiento. Lo adecuado es siempre tratar de alejarse lo más posible de ese puente.

3. La salud NO es una obligación moral, ni está enteramente bajo nuestro control. Moral, quizás no, aunque biológicamente hablando sí hay importancia en mantenerse saludable hasta donde sea posible para nosotros. A mi parecer, este objetivo no es más que el resumen de la siguiente idea, que muchos tienen: “Tengo el derecho de vivir como quiero, y de matarme como yo quiera. De algo se tiene que morir la gente”. Y sí, es cierto, pero entonces no deberían llegar después a echarle culpa a nadie por las críticas que les lluevan, o peor aún, a inventar un exagerado delirio sobre una herramienta de opresión contra las personas con sobrepeso. Y en todo caso, dicho argumento no apoya la idea de que la gordura no tiene nada que ver con la salud.

4. Abordar la gordofobia en nuestros espacios, especialmente en los movimientos sobre alimentos sostenibles/justicia alimentaria. Una vez desglosado el primer punto, este carece de cierto sentido. Aun así, aceptemos que sí puede haber personas que discriminan a la gente obesa por diversas razones (que se ven asquerosos, que no se esfuerzan, etc.). ¿Cómo se aborda esto? Tal como se abordan temas como el racismo, la homofobia o la xenofobia: educación. ¿Llegaría eso a requerir un movimiento de “justicia alimentaria”, afín a organizaciones que combaten el racismo? Es posible, pero no dejemos que se convierta en un grupo donde las personas se vanaglorien de tener una condición de poner en riesgo su salud, sino de cómo se pueden apoyar para superar esto.

5. Trabajar para combatir el tamañismo y priorizar la Liberación Gorda como parte de los movimientos radicales. El adjetivo “radical” ya está indicando connotaciones negativas al respecto. No es tan extraño, teniendo en cuenta que Cora Segal se ha definido como estudiante de “políticas izquierdistas radicales y anticapitalistas”. De nuevo, caemos en lo mismo: todo lo que se quiere parece ser rendir culto a una condición que difícilmente hace a muchos sentirse orgullosos, y que además puede ser peligrosa.

Cora Segal no es más que un ejemplo de la campaña del feminismo radical en contra de los prototipos habituales de belleza, debate que es muy válido, pero que es abordado de forma completamente incorrecta y absurda por parte de las representantes de dicho feminismo. Desde su postura, cualquier persona que esté por fuera de sus estándares no es simplemente un borrego oprimido por las medidas patriarcales, sino además un pérfido apologista de la discriminación. Es difícil debatir con gente así.

Además, Segal es un pésimo ejemplo a seguir, porque muy probablemente es el ejemplo de la víctima mediocre que se ha convertido en un victimario mediocre. Es muy probable que fuera objeto de burlas en el colegio por causa de su peso, pero en lugar de enfrentarse al acoso, o de hacer cualquier cosa al respecto, ha decidido entrar al juego de la culpa: la sociedad tiene la culpa de que ella sea así. Peor aún, pretende que ser una persona obesa -porque es evidente que ella lo es- sea considerado un motivo de orgullo, y que no se haga nada al respecto. Que se entienda que aquellos que le sugieren a una persona que se cuide, que sea responsable con su salud, están siendo opresores y discriminadores. Todo esto es un mensaje irresponsable y peligroso para los miles de niños que actualmente están en camino a este problema, y para los millones de personas que ya lo padecen. A la larga, lo que Segal está buscando es que no le digan en su cara lo que no quiere oír: que no está sana, y que en un futuro podría tener problemas serios de salud. Se ha cerrado ante cualquier sugerencia de cambiar sus ideas, de que podría mejorar su estado, porque quizás está tan acomplejada de sí misma que odia enfrentarse al mundo. Tristemente, es una víctima que trata de ser un victimario.

Irónicamente, si las dichosas advertencias de gatillo fueran aceptadas globalmente, ella sería perfectamente un objetivo de demanda por defender ideas que pueden agravar un problema mundial de salud.

Consideraciones finales

Sé que es muy probable que algunos se molesten por lo que estoy tratando de explicar aquí. Con respecto a las advertencias de gatillo, repetiré que no se puede temer a enfrentarse a ideas contrarias a las nuestras. Ese es el propósito que ha envenenado la intención de usar dichos mensajes, y es el más erróneo de todos. En cuanto a su propósito inicial, el de evitar discusiones incómodas para las víctimas de trauma, debo decir que yo no he pasado por algo similar, y quizás no comprendo del todo su situación. No obstante, la vida es dura y continúa, y nunca podrán esquivar por siempre el enfrentarse a esos recuerdos traumáticos. Es necesario que poco a poco decidan vencerlos, y debatir libremente al respecto de temas espinosos como los traumas que padecieron es un comienzo para superarlos.

Sobre el “orgullo gordo”, tengo más cosas que decir, porque eso es algo que conozco de primera mano. Siempre he sido el “gordito” entre mis hermanos, y aunque en el colegio nunca me vi como un tanquecito, el tener un poco de barriga al parecer ya calificaba. Recientemente subí bastante de peso, al punto que empecé a tener dolores en la rodilla y agotamiento, y en un chequeo médico me dijeron que ya estaba dentro del rango de obesidad temprana. Algo tenía que hacerse. He bajado bastante para como estaba a finales de año pasado, pero lo cierto es que mantenerme con las porciones adecuadas y el ejercicio suficiente no siempre es fácil. Es cuestión principalmente de voluntad.

Por eso me molesta profundamente que haya personas como Cora Segal, que dicen que no hay nada malo con ser gordo u obeso, que no es una condición de salud, que el resto del mundo está mal por querer que mejoren. Me molesta profundamente porque en su mayoría son personas a quienes tú no les importas en lo más mínimo como persona: sólo les importa que no los critiquen a ellos. Parafraseando un video que vi hace poco, son personas que no van a estar a tu lado para alabar tu “belleza interior” mientras mueres de una embolia cerebral o un infarto.

Y no, no estoy diciendo que todos debemos ajustarnos a cada estándar de belleza que vemos, o que sólo el físico no importa, o cualquier otra tontería con la que se quiera simplificar todo lo que he escrito aquí. No, nada de eso. Lo único que estoy tratando de decir es que, si nos sentimos incómodos por nuestro aspecto físico o nos preocupa nuestra salud, no podemos apresurarnos a sentir tranquilidad emocional escuchando a cualquiera que nos diga que estamos bien como estamos, que es el mundo el que tiene que adaptarse a nosotros, porque con frecuencia ese tipo de personas manejan un resentimiento que intentan transmitir a todos. Tenemos que ser lo bastante sensatos para comprender cuando tenemos que mejorar en algo. Puedes sentirte orgulloso de quien eres, sí, pero así como tu orgullo y valor no debe definirse por un estereotipo de belleza, tanto debería supeditarse al peso que tengas, sea mucho o poco.

Sin más, buena tarde.

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