lunes, 3 de noviembre de 2014

Nacionalismo inútil (II): ¿Por qué hacer inmaculados los símbolos patrios?

La semana pasada se formó una polémica en Venezuela por cuenta de un colombiano. Durante un concierto, el cantante Maluma recibió la bandera de Venezuela, y al echarla hacia atrás a modo de capa, inadvertidamente terminó poniéndola de cabeza. Miembros del gobierno venezolano manifestaron de inmediato su disgusto y reproche, e incluso el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela pidió que se investigara el caso. Por fortuna, el cantante tuvo el buen tino de ofrecer disculpas por lo que fue un simple accidente.

Esto no habría pasado a mayores cuestiones en las redes sociales, si no fuera porque muchos colombianos lo pusieron como ejemplo de la ignorancia de los “malos artistas”. Para comparar, pusieron el ejemplo del siempre criticado Justin Bieber, quien durante un concierto en nuestro país hizo el mismo gesto con la bandera. Sirvió igualmente como ejemplo del poco sentido de pertenencia del pueblo colombiano, pues nadie pidió una disculpa pública del cantante canadiense.


Si ayer cuestionaba la idea de defender cualquier fiesta sólo por su carácter “tradicional”, hoy quiero sentarme a analizar esta nueva cuestión: que los símbolos patrios tienen un carácter de respeto casi sagrado, y que cualquier tipo de “ofensa” hacia ellos debe ser criticada. Cosas como la bandera y el escudo de Colombia son muy respetadas con fervor en el país, no sin cierta razón. Pero, ¿realmente debe considerarse un insulto o un delito algo tan nimio como una bandera al revés?

El primer problema que yo encuentro con esta costumbre es la exagerada reverencia hacia un abstracto como lo es un símbolo patrio. No se equivoquen: respeto lo que representan los colores de la bandera y cada una de las partes del escudo. Conozco desde niño lo que significa cada cosa. Sin embargo, esos simbolismos no los ponen en una esfera tan alta como para que actos como dejarla caer, mancharla o ponerla al revés, incluso quemarla, sean considerados ofensas tan graves, y menos si ocurren sin intención (de hecho, en Dinamarca, la forma más honrosa de deshacerse de una bandera nacional es quemarla). Los que manifiestan una adoración tan grande, casi religiosa, hacia el simbolismo de un objeto, son partícipes de un nacionalismo exacerbado que no es muy diferente de las ideas fundamentalistas de alguno grupos religiosos. Y aunque es largo el trecho entre la persona que cree que poner una bandera al revés es un delito, y los que matan a alguien por no llevar una conducta sexual acorde con el Corán, hay que saber mantener la cabeza fría ante episodios como el de Maluma.

En segundo lugar, al cantante se le entregó la bandera (no sé si momentáneamente, o como regalo), y él hizo lo que quería con ella mientras estuvo en su poder: esto no es reprochable. Quedó claro que el asunto fue un accidente, y que Maluma no se fijó en la postura de la bandera antes de echársela a los hombros; no obstante, supongamos que se la regalaron, y que hubiera actuado con plena conciencia de lo que hacía. ¿Y qué? La libertad de expresión implica que se tiene campo abierto para manifestar ideas tanto acordes con nuestro pensamiento como otras que puedan parecer desagradables. Además, si la bandera hubiera sido de su propiedad, él debería tener total libertad de hacer con ella lo que quisiera. Recordemos, finalmente, que no existe el derecho a no sentirse ofendido.

Sé que el irrespeto a los símbolos patrios está tipificado como delito, pero eso no significa que no sea un absurdo. Es decir: imaginen que el irrespeto a los símbolos religiosos de cualquier clase es un delito. Yo tengo un rosario en las manos, y se me rompe por accidente. Algún católico me ve, y me acusa de irrespeto, y debo entonces pagar una multa. ¿Alguien más nota lo ridículo que suena esto? ¿Es diferente esta idea a la de judicializar a aquel que “irrespete” un símbolo religioso? No, no lo es. ¿Es irracional pretender que el simbolismo de un objeto sea defendido so pena de multa o cárcel? Sí, lo es. Es una característica muy subjetiva: por ello, no es precisamente un motivo confiable para determinar un delito.

Ahora, separemos la libertad de expresión del daño a la propiedad ajena. Si usted rompe a batazos la estatua de un santo en una catedral o quema las banderas de un edificio del gobierno, entonces usted no se está expresando libremente; está actuando como un criminal. Que estos objetos no deban ser rodeados de misticismo y reverencia no está por encima del hecho de que usted está haciendo daño en algo que no le pertenece. No son de su propiedad, así que debe enfrentar las consecuencias.

Puede que algunos digan: “¡Pero hay gente que murió luchando por lo que representan esos símbolos!”. Sí, y millones murieron defendiendo el nazismo y el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, pero eso no hace que dichos sistemas sean más justos o éticos bajo ningún concepto. Apelar al sentimentalismo para defender una idea es un mal argumento. Ningún pensamiento es más o menos correcto por el número de personas sacrificadas en su nombre, aun voluntariamente.

Yo no tengo intención de decirle a la gente que ame o no a su patria, ni que respete o no los símbolos patrios. Simplemente, reflexionen si es realmente necesario manifestar tanta indignación por algo tan ridículo como lo es la postura de una bandera.

2 comentarios:

  1. Un poco tarde este comentario:

    Pero lo que yo (y mucha gente) le criticamos a justin biebergas, digo bieber, es que el tipo haya pintado un grafiti en una calle del centro de Bogotá (y escoltado por la policía!!!) sólo porque era famoso y se las daba de importante, cuando era recién el caso del grafitero Diego Felipe Becerra asesinado por la policía en un aparente caso de abuso de autoridad

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    1. Bastante tarde, y además fuera del tema que trata la entrada. Estoy consciente de la polémica que se formó por lo del graffiti de Bieber, y fui uno de sus críticos por la hipocresía y doble moral que mostró la Policía, pero es un caso aparte a la comparación entre artistas por la forma en que agarran la bandera, y toda la arena que eso conlleva.

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