viernes, 18 de abril de 2014

Tonta indignación

Un poco antes de Semana Santa, fue estrenada Noé, la esperada película de Darren Aronofsky acerca de la vida del personaje bíblico, aunque adornada con lo que se suele llamar “libertades creativas”. Como suele pasar con las películas religiosas, o aquellas que aluden a la mitología cristiana, los grupos protestantes no tardaron en expresar su descontento ante la obra fílmica, y lo materializaron en las redes sociales en la siguiente imagen:


Esto no es algo infrecuente entre los cristianos, aunque tiende a ser más notorio entre los protestantes, más propensos a la literalidad y a la certeza de lo plasmado en la Biblia (los católicos más educados tienden a tomarlas como metáforas, aunque delirantes similares no faltan). Lo que llama bastante la atención es esa última frase: “Por favor comparte para que otros entiendan, que esta película ES FICCIÓN y no la verdadera historia bíblica”. Analicemos el asunto por partes.

En primer lugar, Noé va dirigida a todo el público que esté interesado en verla. No fue hecha sólo para los protestantes, sino también para los católicos, mormones, judíos, ateos, agnósticos, y cualquiera que esté interesado en una película de ese estilo, o que disfruten las producciones de Aronofsky (uno de los nuevos cineastas de culto). Como muchas superproducciones de Hollywood de tal calibre, es natural que existan cambios en la historia para crear una trama que sea entretenida para cualquier persona. Seamos honestos: las películas religiosas suelen ser bastante rancias, interesantes sólo para personas muy creyentes, y durante la Semana Santa se ven más por costumbre, o cuando no se tiene más que hacer, que por un verdadero interés. Seres sobrenaturales y algo de acción en la película puede diferir de la historia principal, pero eso mantiene interesados a un público más joven, o deseoso de ver una película más dinámica; y por supuesto, asegura que el costo de producción de la película se restituya con la taquilla. No es algo que vaya a arriesgarse por las pretensiones de una facción religiosa.

En segundo lugar, es curioso que, entre las “aclaraciones” que hacen en la imagen, la segunda diga: “Noé no trató de adivinar lo que Dios le pedía que hiciera – Dios habló y le dijo exactamente”. El rasgo más importante de una persona dentro del cristianismo es la fe: sin ella, no es posible la salvación. Uno esperaría que un cambio así en la película fuera un ejemplo para los cristianas de cómo la fe prevalece ante la duda; después de todo, en la película, Noé no entiende lo que Dios le pide, pero lo asume y empieza a trabajar a pesar de no estar del todo seguro. ¿No debería ser ese, para los protestantes, un ejemplo de fe? ¿Por qué, entonces, se indignan? ¿Acaso porque la película no es fiel a la historia de la Biblia?

Si nos atenemos entonces a la fidelidad y el rigorismo, no hay ningún versículo donde diga que Noé invitó a sus paisanos a entrar al arca, como alegremente asumen los autores de la imagen al principio de esta crítica. Dios es claro cuando dice: “Pero contigo estableceré mi pacto, y entrarán en el arca tú y tus hijos, tu esposa y tus nueras (Génesis, 6:18)”. Y hay una parte escabrosa que se infiere al hacer un ejercicio matemático: si se suma la edad que tenía Matusalén, el abuelo de Noé, al nacer su hijo Lamec (187 años), la edad de Lamec cuando nació su hijo Noé (182 años) y la edad de Noé al subir al arca (600 años), y la comparamos con la edad que tenía al morir (969 años), descubrimos que ¡Matusalén murió el año del diluvio! La Biblia desconoce si murió antes o después del hecho, pero si asumimos que hubiese sido real, y que Matusalén aún estaba vivo cuando ocurrió, entonces Noé no le permitió la entrada, y el anciano merecía morir. Si eso hizo Noé con un miembro de su propia familia, ¿cabía esperar piedad de él hacia sus coterráneos?


En tercer lugar, y esto ya está fuera de especulación, ¿cómo tienen los protestantes el descaro de llamar a la película “ficción”, y a lo relatado en Génesis “verdadera historia”? Hoy en día se sabe que la Tierra es muchísimo más vieja de lo que se calcula a partir de lo narrado en la Biblia; que no hay evidencias de un diluvio a nivel universal en la época de las civilizaciones de Oriente; y que el arca de Noé es un relato influenciado por la historia de Utnapishtim, del poema sumerio de Gilgamesh, posiblemente la narración más antigua de la historia (y para los ateos Zeitgeist, no, esto no es plagio: se le llama sincretismo, y es un rasgo común en el desarrollo de las religiones). Hay cientos de relatos acerca de grandes inundaciones en las culturas del mundo, pero tiene una explicación cultural: las civilizaciones y poblados suelen construirse cerca de grandes fuentes de aguas como ríos. El agua representa un papel importante en las culturas, y como tal, tiene una gran influencia en su imaginario y mitología.

Historias como las de la Biblia sólo pueden tomarse como ciertas con la fe. Loable, quizás, pero inaudito. Es claro que es un compilado de relatos, entre hechos mitológicos y registros culturales, realizado por hombres, y que no hay muchas razones para asumir su veracidad. Es, al fin y al cabo, una expresión artística, igual que Noé. Y por ello, no debería ser la base para criticar una película. Y si, después de todo, la película es simplemente una obra artística de ficción, ¿no se puede simplemente disfrutarla como tal, en lugar de preocuparse por su fidelidad?

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