Díptico de miserias anti
Introducción
Estaba yo el otro día
preparándome para descansar antes de escribir acerca de veganismo inoculado,
cuando de repente me di cuenta que tenía que escribir acerca de discriminación
asexual y el peligro para el medio ambiente en Colombia.
Luego de robar descaradamente
el saludo de DaniboubeTV, pasemos al contexto. En efecto, me había organizado
las próximas entradas de los próximos cuatro o cinco meses, teniendo en cuenta
que cualquier evento extraordinario que llamase mi atención o requiriese mis
palabras ocuparía un lugar también en el blog. Y por desgracia, en estas
semanas he tenido que ser testigo de dos en particular que, dada la forma casi
inmediata en que ocurrieron, creo que me sale más práctico hablar de ellos en
un mismo ensayo.
Aunque en principio no
parecen tan relacionadas entre sí, ambas situaciones parten de un mismo
problema: una supuesta base científica y sólida que en realidad no es tal. Un
evento rechaza por completo la idea de que personas sin atracción sexual puedan
ser objeto de discriminación y violencia sexual, e incluso las acusa a ellas de
violencia. El otro otorga un enfoque corporativo, industrial y extractivista a
una cartera ejecutiva que debería trabajar en defender el medio ambiente en un
momento en que estamos ad portas de un colapso climático y ecológico global.
Otro vistazo a la discriminación as
En 2023 escribí una
entrada analizando
un artículo de Julie Bindel, una de las figuras transfóbicas
más cáusticas y reconocidas en Reino Unido, en el cual desconocía el concepto
de la asexualidad y la posibilidad de que las personas asexuales pudiesen ser
objeto de discriminación. Tal como señalé allí, no sólo muchas han sido objeto
de discriminación e incluso violencia, sino que, al presentar su argumento en
un tono desdeñoso y negacionista hacia la asexualidad, Bindel estaba
irónicamente dándoles la razón.
Casi quisiera que artículos como los de Bindel fuesen la única forma de discriminación as. Pero luego ocurrieron cosas como un post de Moldemort (perdón, J.K. Rowling) burlándose del Día Internacional de la Asexualidad -algo que sin duda debió doler mucho a los Potterheads que adoran a Charlie Weasley, personaje a menudo interpretado como asexual-, y en los últimos meses se han recrudecido los ataques de tránsfobos en contra de los asexuales, especialmente adolescentes, al punto que se hizo infame un comentario a un post de la activista asexual Yasmin Benouit en el que nos acusaban, cómo no, de ser groomers pedófilos intentando corromper a los menores de edad. ¿Les suena familiar esa fórmula?
En estos días también
se dieron conversaciones acerca de la violencia sexual y la asexualidad, en
particular acerca de las violaciones “correctivas”. En particular una cuenta
radfem (no sé si transexcluyente, pero la transfobia y la acefobia tienden a
coocurrir peligrosamente) preguntaba si existían personas as que hubiesen
sufrido abuso sexual, y cómo podría alguien saber que son asexuales, a lo cual
le replicaron que sí, hay muchas víctimas as de violación, incluyendo la
“correctiva”. Desgraciadamente, otros comentarios surgieron para decir que la
violación es algo que las mujeres sufren como parte de la opresión que sufren,
mientras que los asexuales simplemente lo “fingen”.
También se ha criticado la inclusión de la asexualidad en un proyecto de prohibición de prácticas de conversión criminales en Reino Unido que se presentó el pasado junio. El proyecto en general ha sido criticado por las “feministas” transexcluyentes por criminalizar terapias exploratorias que intenten “corregir” a los adolescentes trans, a pesar de que el documento especifica que las terapias exploratorias de identidad son permitidas siempre y cuando no impliquen que una identidad de género en específico sería preferible a otra. En ese sentido, la filósofa Kathleen Stock, otra profeta transfóbica a quienes recordarán por haber respaldado a Uta Frith a inicios de año en sus críticas al concepto de espectro autista, escribió otra columna en UnHerd asegurando que no se puede distinguir si la orientación o identidad profesada es una experimentación o algo permanente.
De acuerdo con Stock,
actualmente hay mucha más “condición queer obligatoria” que una heterosexualidad
normativa u obligatoria, de modo que no se puede confiar en que un joven que
afirme ser gay o trans lo sea, y se estaría evitando que una terapia
exploratoria o una discusión crítica del tema los ayude a superar esa fase.
Desde dicha suposición, Stock encuentra ridícula la protección de las
identidades asexuales en el proyecto, pues supuestamente le quitaría la
oportunidad a una madre preocupada de decirle a su hijo solitario que se busque
novia. Con el “apoyo correcto”, según Stock, “el asexual deprimido de hoy
podría fácilmente convertirse en el conquistador de mañana”, así que la ley
debería permitir el retar las identidades manifestadas por los adolescentes.
Para colmo, todo esto
sucede justo cuando nos enteramos que Níger, país en África occidental
gobernado por una junta militar, presentó un nuevo Código Criminal que castiga
las relaciones entre parejas del mismo sexo
con una pena de entre cinco y diez años de cárcel, además de una multa, y hasta
veinte años si contraen matrimonio. Esto se vuelve importante porque el texto
criminaliza a cualquiera que cometa un “acto indecente o antinatural, o
prácticas lésbicas, gay, bisexuales, transgénero, queer, intersexuales y
asexuales”, como si hubiesen tomado un listado de los acrónimos en la
comunidad y simplemente echaron toda identidad que vieron en el código. Con
esto, Níger se ha convertido oficialmente en el primer país en criminalizar la
asexualidad.
Es casi sorprendente que haya una porción de feministas radicales, y una gran cantidad de transfóbicas, que no parecen entender que la heterosexualidad obligatoria y la cisheteronormatividad pueden afectar también a las personas asexuales. Sin necesidad de tomar en cuenta el caso -por ahora, y ojalá por mucho tiempo- excepcional de Níger, el hecho es que los roles de género se imponen no sólo de acuerdo a tareas sociales, sino también a cómo se contribuye a la prolongación de la sociedad en sí: la reproducción. Las personas asexuales, sean hombres, mujeres, no binarias, el género en que puedan pensar, son también oprimidas y discriminadas porque su falta de atracción sexual significa, a ojos de la discriminación lgbtfóbica, que no se van a reproducir, y por tanto no ejercerán la función social de perpetuación.
Además, el sexo se
considera una actividad primordial en nuestra especie, y la sexualización es un
fenómeno constante y extendido a nivel social, por lo que aquellos que no
manifiestan atracción sexual son vistos como algo ajeno, menos humano. Por eso,
como se reseña en
esta encuesta de 2015 y este
artículo académico de 2019, el acoso y la
violencia sexual están presentes para muchos asexuales, especialmente mujeres,
y muchas en efecto han sido víctimas de violaciones “correctivas”. Está lejos
de ser el escenario fingido o incomprensible que pregonan algunos.
En cuanto al artículo
de Stock, en general es un horrible intento de proteger a padres y figuras de
autoridad de cuestionar la sexualidad de los jóvenes si esta no encaja en su
visión de lo que significa, sólo que atribuye dicha actitud a una “condición queer
obligatoria”, lo que no es más que un hombre de paja. Al argumentar que incluso
la homosexualidad en la adolescencia podría asumirse como identidad por cuestiones
de pertenencia a un grupo o tendencias populares, Stock propone que toda
identidad sexual o de género en un adolescente es susceptible de ser maleable,
abriendo así un camino no sólo a terapias criminales de conversión, sino
también a situaciones de abuso y maltrato intrafamiliar, subestimando además la
autonomía y capacidad de autoconocimiento de los jóvenes.
Irónicamente, al
presentar la sexualidad adolescente como algo potencialmente falso o
transitorio, Stock echa mano de los discursos constructivistas radicales en las
teorías queer a las que tanto cuestiona. Y si he sido crítico de
enfoques teóricos como la performatividad de género y el constructivismo
escrito al hablar de la sexualidad en el ser humano, no puedo ser menos
indulgente con alguien que considera que incluso la homosexualidad debería ser
sujeta a discusión en un menor de edad. Al hacer esto, Stock parece implicar
que la heterosexualidad es la orientación preferible para el ser humano, al
menos socialmente hablando. Y esa es la declaración de derrota más triste que
puede ofrecer alguien que se ufana de un feminismo bien argumentado, pero que
no le importa sacrificar a miles de jóvenes en una cruzada absurda contra un
posmodernismo que ha acabado por devorarla a ella también.
Pensando en Jurassic Park: extractivismo desmedido en el nuevo Minambiente
Comentaba hace unas
semanas acerca
del triunfo de Abelardo de la Espriella en la segunda
vuelta presidencial en Colombia. Aunque quise enfocarme en evaluar los errores
de la campaña de Iván Cepeda y reflexionar un poco en el trabajo acerca del
papel que debemos tomar desde la izquierda y la sociedad en general con el
próximo cuatrienio, no oculté precisamente mi pesimismo con el rumbo potencial
que puede tomar el país con un mal remedo de Bukele y Milei servil a Donald
Trump. Si antes de segunda vuelta ya estaba actuando como si tuviese la banda
presidencial, amedrentando al Congreso y arreglando la captura de opositores
políticos en Estados Unidos, era previsible que sus decisiones tras ganar las
elecciones no serían más reafirmantes.
En efecto, así han
sido. Empezó con el
grupo que organizó para el empalme con el saliente
gobierno de Gustavo Petro, un autodenominado “arca de Noé” que incluye
personajes tan variopintos como Carlos Alonso Lucio, ex miembro del M-19,
aliado del Centro Democrático y ex esposo de Viviane Morales; Diego Dorado,
subdirector del DNP durante el (sub)gobierno de Duque; y ad honorem Jerome
Sanabria, una activista de 20 años cuyo mayor mérito son un par de años de
videos en Internet hablando incoherencias acerca de los sistemas pensionales
desde un perfil libertariano. Y por sus declaraciones, parecen más empeñados en
encontrar irregularidades que pongan a Petro y su gabinete en la cárcel -y si
no las encuentran, en crearlas- que en conseguir una transición tranquila hacia
el próximo cuatrienio.
Los
nombres revelados en las carteras ministeriales hasta ahora
tampoco van mejor. En el Ministerio del Interior fue asignado Rodrigo Lara
Restrepo, miembro del corruptísimo partido Cambio Radical. En Hacienda se
nombró a Miguel Gómez Martínez, miembro del ex presidente Laureano Gómez y
hermano de Enrique Gómez, jefe del Movimiento de Salvación Nacional que avaló a
de la Espriella. El abogado Diego Cancino recibió el Ministerio de Justicia,
con la tarea de adjuntarse a Mininterior en la visión de Estado reducido de
Abelardo. Indalecio Dangond, un hombre que estructuró
la operación que le entregó millones de pesos para “productores
pequeños” al hijo de José Félix Lafaurie, ocupará el Ministerio de Agricultura,
en un movimiento que hace temer por un nuevo escándalo al nivel de Agro Ingreso
Seguro. Y el nombramiento más inquietante para la mayoría ha sido sin duda el
de Viviane Morales, una cristiana fundamentalista que ha
dirigido ataques por años contra
los derechos LGBTQI+ en Colombia, en
el Ministerio de Educación.
Como un biólogo que ha estado años intentando concienciar acerca del problema de especies invasoras en el país, y en concreto de la población de hipopótamos en el Magdalena medio, estaba especialmente pendiente del nombramiento en el Ministerio de Ambiente. El designado fue Fabio Arjona, un biólogo marino de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y director ejecutivo de Conservación Internacional Colombia por 24 años. Teniendo por fin a un profesional del campo en la cartera ambiental, y con los avances irregulares, aunque presentes, del saliente gobierno en dicha área, muchos biólogos estábamos expectantes con los objetivos que plantea, sobre todo porque en el escueto programa de gobierno de de la Espriella no hubo espacio para temas ambientales, y sí mucho para la reactivación de extracción de hidrocarburos y el inicio de proyectos de fracking. Algunos incluso guardaban esperanzas de que se mantuvieran los logros alcanzados durante el gobierno Petro.
No tuvimos que esperar
mucho, y las metas propuestas son incluso más lamentables de lo que al menos yo
temía. En una entrevista realizada por Noticias Caracol, Arjona manifestó que buscará
formalizar la minería ilegal montada en el páramo de Santurbán,
una zona de importancia ecológica entre Santander y Norte de Santander, y que
podría evaluarse la participación de Aris Mining, una empresa multinacional
canadiense que ya está trabajando en Antioquia. Según el ministro designado, “hay
que avanzar, delimitar el páramo, mirar cuáles son las zonas de aprovechamiento”.
En
una entrevista al diario El País, Arjona
manifestó que se iniciarán proyectos de fracking en Colombia, en áreas
del valle interandino y el Magdalena medio, contando con pólizas de seguridad
“por si acaso” ocurren desastres ambientales. También manifestó que se buscará
reducir y acortar los períodos de consulta previa a las comunidades en áreas de
interés minero y petrolero para agilizar la asignación de licencias ambientales,
afirmando que dichas consultas son un tipo de “extorsión ideológica”.
Finalmente, en declaraciones que replicó en El Espectador, Arjona afirmó que no van a implementar el control letal de la población invasora de hipopótamos -logro que apenas se había concretado hace unos meses, luego de años de insistencia e investigación- por “cuestiones de sensibilidad”, y se buscará “una solución más inteligente”. Aunque no dio pistas de cuál es su propuesta alternativa para manejar el problema como plan de manejo total, sí que habló de construirles un santuario financiado por un magnate indio como una de las estrategias. “Sólo te puedo decir que pienses en un Jurassic Park”, comentó en El País, referenciando a la famosa saga cinemática de dinosaurios clonados y exhibidos en parques de atracción que siempre terminan en un desastre monumental. De acuerdo con él, hay que dejar de lado la “histeria ambiental” para hacer buenos réditos económicos de los parques naturales y otras áreas protegidas.
Lamentablemente, Arjona
tiene el perfil típico del biólogo y científico que es más cercano a las
empresas para las que trabaja que a las comunidades que debería proteger con su
oficio; más parece el ministro de Minas y Energías que el de Ambiente. De
hecho, Urrá E.S.P., empresa de servicios públicos de la que Arjona es gerente
ambiental, fue
indagada por la Procuraduría en 2024 por irregularidades en
la adjudicación de contratos energéticos sin criterio técnico de asignación, y
a inicios de este año la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) inició
un proceso sancionatorio contra la empresa
por incumplimientos reiterados en el embalse de Urrá, en concreto la superación
sistemática del volumen máximo permitido, lo que ha afectado a cientos de
familias en el área que no fueron notificadas. Arjona encarna a la perfección
el problema de la ciencia cuando se convierte en cómplice del poder económico y
político.
La idea de que se puede
hacer fracking sostenible y seguro en el Magdalena medio, una región que
alimenta a millones de personas en el país, es risible. Existe bastante
evidencia de estudios en otros países dejando claros los problemas y riesgos de
esta tecnología de extracción, y dado que gran parte de la industria de
hidrocarburos no convencionales es altamente automatizada, ni siquiera se
traduciría en grandes oportunidades laborales en las zonas objetivo de
extracción. Tal como ha explicado la ingeniera de petróleos y candidata
doctoral en Cambio Climático Juliana Arbeláez Gaviria, el
fracking no sólo no puede ser nunca responsable, sino que tampoco es
económicamente provechoso.
¿Y de qué servirían las
pólizas de seguridad? El dinero no podrá recuperar las fuentes de agua que
puedan acabar contaminadas, ni los ecosistemas deteriorados por la actividad
extractivista en la zona. Y eso ni siquiera hemos entrado en el problema de
reactivar e intensificar las extracciones de hidrocarburos en un momento en el
que el cambio climático ha dado lugar a intensas olas de calor en Europa que ya
llevan miles de muertos, y con un Súper Niño a nuestras espaldas. La
descarbonización energética es urgente. La
ética ecocéntrica, imperativa.
En cuanto a los hipopótamos, los biólogos llevamos años agotándonos de tanto explicar una y otra y otra y otra vez los problemas que causa la presencia de estos animales en el Magdalena medio, y la necesidad de incluir la eutanasia como estrategia de control en el plan de manejo de la especie, como para que Arjona vuelva a frenarlo con el argumento de las “sensibilidades”. Es el mismo argumento por el que después del sacrificio de “Pepe” los gobiernos dejaron dilatar la problemática hasta el tamaño poblacional que tenemos ahora, en un nivel en el que, y discúlpenme por ser tan reiterativo en el blog, la castración y la traslocación son completamente insuficientes para frenar la tasa de crecimiento poblacional que tenemos hoy. Y pensarías que después de seis películas de siete películas de Jurassic Park, habríamos entendido que el cuidado animal y la codicia desmedida no hace una buena combinación para a nivel de seguridad y conservación ecosistémica, pero creo que Arjona sólo se concentró en que había dinosaurios comiendo gente en el baño.
Como reiteró también
Juan Millán Villaneda, biólogo y máster en biología de la conservación, en un
artículo de opinión publicado en La Silla Vacía,
el control letal, aunque incómodo y con desafíos éticos reconocidos, lleva
décadas como estrategia de control en programas de conservación alrededor del
mundo. Es imperativo incluirlo en el plan de manejo de los hipopótamos, porque
a largo plazo causarán un daño ambiental que el castrarlos y trasladarlos de
sitio no va a frenar a tiempo. Fabio Arjona no está hablando con conocimiento
científico a la mano: lo hace con preocupaciones electorales, porque entiende
que el tema de la eutanasia siempre ha sido un golpe de opinión, y una porción
nada desdeñable de animalistas apoyó a De la Espriella por incluir un enfoque
mascotista en sus tres páginas de programa de gobierno.
Conclusiones
Como habrán podido
comprender de este ensayo, las situaciones planteadas parten desde una visión antagónica
de las problemáticas que analizan. En el caso de la discriminación as, no sólo se
puede apreciar directamente una antiasexualidad, sino un rechazo o
ignorancia de las evidencias en torno a la violencia que puede llegar a sufrir
la comunidad por no encajar dentro del modelo social de los roles asignados por
género. Y desestimar el riesgo de las “terapias de conversión” y el abuso
intrafamiliar al desconocer la validez de las identidades asexuales es una
actitud que ya se vuelve anti-LGBT.
En cuanto al ministro Arjona, no se puede hablar de decisiones tomadas con solidez científica cuando se rechaza por completo las evidencias y recomendaciones científicas en torno al manejo de las especies invasoras por “cuestiones de sensibilidad”, pasando incluso por encima del Convenio de Diversidad de Especies. Y tampoco se puede considerar solidez científica proponer proyectos de fracturación hidráulica en zonas ecológicamente vulnerables, cuando ya existen bastantes estudios a nivel mundial de su impacto ambiental, económico y financiero, mientras culpa a la pobreza, la ignorancia y la “histeria ambiental” del deterioro ambiental. No hay nada de solidez científicas tras semejantes propuestas: es pura y dura anticiencia. Con semejante escenario en la “Patria Milagro”, será un milagro que quede patria al final del cuatrienio.
Con el primer tipo de
antis, espero al menos que la información que presente aquí y en otras entradas
ayude a que haya una mejor comprensión de la asexualidad, de modo que se pueda
combatirla argumentativamente en redes y debates entre más personas. Enfrentar
a un ministro es más difícil dada su posición, pero contrastar y refutar estas
y otras decisiones potencialmente ecocidas que se tomen durante los próximos
cuatro años será un deber fundamental de cualquier biólogo y escéptico, y
tenemos también que saber llegar a la población general, y combatir también
desde las esferas legales. Ni la discriminación ni el extractivismo irrestricto
deben permitirse, si queremos sobrevivir no sólo como sociedad, sino también
como especie.









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