viernes, 23 de septiembre de 2016

¿Hay salvación para Santa Marta?

En la madrugada del martes pasado, se inició un incendio dentro de un negocio en el mercado de Santa Marta, al parecer por un cortocircuito. A pesar de las acciones de los bomberos, debido a la falta de capacidad de equipos y los problemas de agua que aún persisten en la ciudad, el incendio llegó a consumir aproximadamente unos 30 locales, y al menos siete edificios quedaron completamente destruidos. Las pérdidas ascienden a unos $12 mil millones de pesos, y decenas de personas quedaron sin trabajo. Es, con toda seguridad, una de las peores tragedias en la historia del Distrito, al menos económicamente hablando, pues por fortuna no hubo pérdidas humanas.

Foto: Montiner Alvis.

Es una lástima que tengan que ocurrir catástrofes como esta para que el samario se haga una idea de lo incapacitada que está la ciudad para manejar una crisis semejante, y lo mucho que está retrasada. La capacidad de los bomberos fue claramente insuficiente para contener la crisis, primero por ser unos pocos carros, la mayoría pequeños, segundo porque los pocos hidrantes que hay en Santa Marta se encuentran fuera de servicio. De esa manera, los bomberos pronto se vieron sobrepasados por el incendio: se tuvo que recurrir a refuerzos de Barranquilla y Cartagena, se pidieron carrotanques de agua a las empresas que manejan el líquido, y al final fue un avión con una espuma especial de la Aeronáutica Civil el que permitió contener el incendio (mas no extinguirlo; mientras escribo esto, jueves en la tarde, aún quedaron algunos focos menores de llamas) después de unas nueve o diez horas.

Es claro que el servicio de bomberos necesita una mayor inversión, pues al ser una fuerza voluntaria se le ha descuidado demasiado. Pero el problema no son sólo ellos. La red de hidrantes de la ciudad es prácticamente inútil, pues en cincuenta años no se han remodelado nunca, y la ciudad se ha desarrollado a pesar de ello, por lo que para restaurar esto seguramente habrá que romper las calles en toda la ciudad. Por otro lado, como buen samario sabe, otro problema en el mercado es que siempre ha tenido problemas de distribución, con quioscos que se acumulan en varios puntos y ventas ambulantes que aún se apiñan en algunas zonas, por lo que el tránsito es muy difícil. Esto también puede afectar la respuesta de las autoridades en el momento en que se dé una crisis a plena luz del día.

A Santa Marta se le quedaron pequeños todos los servicios hace mucho tiempo. No se le puede echar la culpa ni a Martínez ni a su antecesor Caicedo, pues esto es un problema de vieja data, y con la costumbre de los anteriores alcaldes de robar sin hacer, puede remontarse mucho más atrás. No obstante, es obvio que los alcaldes y gobernadores contemporáneos tampoco han tenido muy en cuenta este hecho. Los servicios en Santa Marta están muy desadaptados para satisfacer la demanda de una ciudad que se mantiene en crecimiento, y eso es preocupante.

Podemos señalar, para terminar con el tema de los bomberos, que algunas personas recomiendan una segunda sede en el sector del Rodadero, pues esta zona turística y todos los barrios adyacentes se encuentran lejos de la única estación en la ciudad, y en una emergencia como la del mercado el tiempo es fundamental. ¿Cómo están el resto de servicios?

Agua: el preciado líquido es una necesidad fundamental, y escasea de forma aterradora en muchos sectores de la ciudad. Claro, buena parte de esa carencia se debe al fenómeno del Niño que se estuvo sufriendo, pero pecaríamos de ingenuos si creyéramos que es el único responsable. La empresa Metroagua ha sido centro de críticas desde que tengo memoria por su mala calidad de servicio, y la reciente crisis no ha hecho más que resaltarla, al punto que las pasadas elecciones el agua se convirtió en un argumento destacado de los candidatos Martínez y Aristides Herrera. Ya es muy cotidiano ver mulas llevando botellones y tanques de agua, y si bien las recientes lluvias han aliviado un poco la situación, la realidad es que aún hay escasez en varios barrios, sin mencionar la delicadeza de que Metroagua fue tan “comprensiva” que recientemente, para aliviar el calor de los ciudadanos, envió agua de panela en las llaves de agua de muchos barrios (mis coterráneos comprenderán el sarcasmo).


Energía: para nadie es un secreto que Electricaribe es probablemente la peor empresa de servicio público de la región. Las redes en la ciudad carecen de mantenimiento adecuado, y constantemente son un problema: se caen, se desprenden durante la temporada de vientos, y las suspensiones programadas de servicio para el supuesto mantenimiento no parecen aliviar nada. Llevamos casi dos meses en un nuevo barrio, y debe haberse ido la energía unas doce veces, descontando un apagón programado (de hecho, el día que nos mudamos el barrio llevaba casi dos días sin servicio). Sin mencionar que en muchos sectores las facturas son un robo, y ciertamente los problemas del servicio dan a entender que no se está invirtiendo bien el dinero. No es sorprendente que también se quiera retirar la empresa de la región.


Transporte: los samarios sabemos que hay muchos problemas con el servicio de transporte, aunque en muchos casos se deben al estado de las vías. No obstante, también hay inconvenientes con el hecho de que muchos buses aún son viejos, y cuando se realizó el ingreso de nuevos vehículos a las empresas, no se desecharon los antiguos, sino que simplemente se pintaron y se mantuvieron en circulación, lo que genera mucha contaminación y demoras en el destino. Por otro lado, es muy frecuente encontrarse con conductores que manejan como si estuvieran compitiendo en la NASCAR, que son groseros cuando el pasajero reclama por esto, y algunos incluso son infractores. Para concluir, la mayoría de las rutas convergen en la Avenida del Libertador, y entre la restauración de vías y el cada vez mayor número de vehículos particulares en las calles, los trancones se están haciendo frecuentes.

De los taxis no hay mucho que decir, salvo las mismas quejas que se tienen en otras ciudades: precios descarados, mala actitud, mala forma de conducir y el popular “yo por allá no voy”. No son todos los taxistas, por supuesto, pero hay una cuota de conductores que dejan muy mala impresión en el pasajero.

Salud: las clínicas en la ciudad son tenidas por muchos como sitios peligrosos, y no les falta razón. A menudo la atención deja mucho que desear. Por otro lado, son necesarios más centros de atención en el Rodadero: nuevamente, la distancia del sector se vuelve problemática en casos de emergencia.

Basuras y acueducto: el servicio de basuras generalmente trabaja bien, pero en algunos sectores se retrasa en los días de paso. En otros, como ya señalé en una entrada anterior, se acumulan basuras que tardan en recogerse, y hay lotes abandonados que requieren una limpieza urgente. Por supuesto, gran parte de este problema viene del mismo samario, que gusta de la cultura del menor esfuerzo y, si no quiere tener basura varios días en su casa, va y la tira al otro lado de la avenida o en el lote más cercano; se necesita también mucho compromiso del ciudadano. El sistema de acueducto, especialmente en lo referente a desagües, es un desastre: es por la falta de adecuación que las calles en el centro histórico se llenan de aguas negras durante las lluvias.

Del servicio de gas no puedo quejarme, pues es al parecer la única empresa que cumple con su servicio, aunque sí he escuchado reclamos por los precios y el servicio al cliente; si alguien tiene más observaciones al respecto, bienvenidas sean. En cuanto a otros servicios como Internet y cable, no los menciono puesto que son empresas privadas, y es opcional de cada persona afiliarse a una. Eso sí, debe resaltarse que no todas las empresas tienen igual cobertura en todo el Distrito, por lo que no es raro que cuando una persona se muda, deba cambiar a una empresa de diferente calidad.

Después de indicar todos estos problemas, cabe preguntarse qué puede hacerse. ¿Acaso Santa Marta está condenada al atraso y el fracaso? No necesariamente. Todas estas cosas se pueden solucionar. Sólo piensen que en los últimos años nos hemos ido desprendiendo del nepotismo de las familias tradicionales que gobernaban la ciudad. Con todo y las críticas que tengo hacia la administración Caicedo, no puedo dejar de reconocer que ha hecho cosas destacables que no se habrían podido esperar de un Vives o un Diazgranados. Metroagua y especialmente Electricaribe se encuentran con una severa vigilancia, y muchos esperan que terminen perdiendo los contratos de servicios públicos.

Sin embargo, todos los cambios que Santa Marta necesita no se van a dar en sólo dos alcaldías: es una labor de muchos años. Puede que los próximos alcaldes y/o gobernadores sean de la línea de Caicedo, como puede que no. Si queremos ver un verdadero cambio en la ciudad, es necesario que seamos nosotros los vigilantes de la labor de nuestros gobernantes, y que como siempre nos esforcemos en cambiar esa mentalidad facilista e inculta que también ha contribuido al deterioro de Santa Marta. Después de todo, con gran frecuencia el mayor mal de una ciudad somos sus mismos ciudadanos.

2 comentarios:

  1. Aunque se te olvidó también mencionar lo de la ciénaga grande y el tayrona.
    Otra cosa, ¿como se encuentra la UniMagdalena? Pues pa nadie es secreto que la Nacho se está cayendo de a pedacitos aun siendo la mejor universidad del país. Yo no sé si las otras públicas estén igual

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    1. No se me olvidó, pero como estaba hablando de servicios públicos y problemas del Distrito, preferí no incluirlos.

      La Unimagdalena... Estructuralmente, están construyéndose nuevas cosas, pero por ejemplo el edificio Ciénaga Grande, que todavía no tiene diez años, tiene muchas goteras y paredes dañadas. A la entrada que tan orgullosamente estrenaron este año ya le han tenido que reparar como cinco veces los lectores de carnet, y una polémica con las sillas de los auditorios dejó claro que o inflan las cifras de inversión o están robando descaradamente. Y aunque la Universidad se acreditó hace poco, la verdad es que el pénsum de muchas carreras se ha reducido tanto que es como para ponerse a llorar.

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