miércoles, 6 de enero de 2016

La importancia de ser cuidadosamente irrespetuoso

Hace algún tiempo, por la época que escribí acerca del cierre del Parque Tayrona, tuve un pequeño debate con una compañera del laboratorio, no sólo por el hecho de que los indígenas estaban usando argumentos de la misma validez que los del pastor Javier Soto cuando habla de terremotos, sino también por el hecho de que yo defendiera las recientes decisiones de la Corte Constitucional sobre las parejas LGBTI. En un momento, yo fui claro sobre mis principios: yo respeto las elecciones de creencias que pueda hacer la gente, pero eso no es lo mismo que respetar dichas creencias. Llegamos a la típica conclusión entre amigos: cada uno que viva su vida (política y religión siempre son temas espinosos entre colegas).

Hay un problema entre muchas personas, y es que malinterpretan bastante el concepto y límites de la tolerancia. Para esta clase de personas, la mejor forma de mantener un ambiente de paz es, al mejor estilo del buena onda promedio, vivir y dejar vivir. Parece muy noble, excepto que tolerar y respetar todas las ideas conduce, inevitablemente, a que haya intolerancia entre las personas.

Ya he hablado antes de este tema, pero enfocado principalmente en esa ideología bazofia que es el relativismo cultural. Hoy quiero centrarme mejor en las personas que, independientemente de su inclinación filosófica, política o religiosa, prefieren evitar los debates porque dicen que es mejor tolerarse entre todos.

La actitud es loable, pero sumamente errónea. Con frecuencia, el problema es que no se delimitan las diferencias entre tolerar a las personas y tolerar las ideas, y se cree que si se irrespeta lo segundo, invariablemente estás faltándole el respeto a lo primero. La cuestión, que ninguno debería cansarse de recordar, es que las ideas y creencias no son susceptibles de respeto, así que no son inmunes a la crítica. Si una creencia es errónea o peligrosa, ¿por qué sería una falta de respeto confrontarla y cuestionarla? Si a usted le afecta tal cosa, es quizás porque en el fondo sabe que se está equivocando, o simplemente tiene miedo de salir de su zona de confort. Pero de ninguna forma se le está faltando el respeto a usted.

Claro, habrá algunos que objeten lo siguiente: “Espera, si todos criticamos las ideas de todos, ¿no estaríamos siendo una sociedad muy intolerante?”. Y la verdad es que no. No a largo plazo, al menos. Sí, puede parecer molesto que todo el tiempo las personas sensatas estemos cuestionando ideas y creencias insensatas; sin embargo, el precio a pagar es poco, considerando que lo que buscamos es desterrar por completo ideas y creencias que, de permanecer gracias a la idea de tolerancia con todos, terminan siendo fuentes incluso mayores de intolerancia. ¿Quieren una idea al respecto? Puedo mencionarles a los que creen que las personas deben ser tratadas de forma diferente con respecto a su sexo, color de piel o estrato social; a aquellos que consideran que quienes tienen inclinaciones sexuales “aberrantes” deben permanecer como ciudadanos de segunda clase; a quienes creen que dibujar a su profeta merecen la muerte. Díganme, queridos lectores, a dónde esperan ustedes que podamos llegar si mantenemos esa ingenua idea de que la solución es tolerar y respetar las diferentes ideas que existen.

Sí, más o menos esto es lo que estás permitiendo.

Ahora, no es como que puedas expresarte de cualquier forma sobre las creencias de los demás. Bueno, sí, pero lo ideal es mantener cierto tacto dependiendo de a quién intenta dirigirse uno. No es lo mismo debatir con un amigo que con un sacerdote, y no es lo mismo hablar con cualquier persona en Internet que dirigirse a un político neonazi. Cada uno requiere una forma más adecuada de presentar el debate; no endulzarlo, sino adecuarlo a lo que cada uno merece. La burla y la sátira son importantes al momento de cuestionar creencias dañinas pero, de nuevo, de poco te sirven si quieres dirigirte a una madre cristiana, por ejemplo, para debatir con ella el tema de la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Bueno, al menos es la forma en que lo veo; seguro muchos tendrán una visión diferente al respeto.


Como es usual, invito a las personas en desacuerdo con todo lo anterior a que se tomen un momento para reflexionar. Usted puede esperar que se respete su elección de creencias; nadie debe obligarlo a cambiarlas. Pero la tolerancia llega hasta usted, no hasta sus creencias, mucho menos si avalan la discriminación o la violencia.

4 comentarios:

  1. Hay ciertos casos en donde la única opción es la sátira o directamente no decir nada.

    Normalmente en mi entorno yo ni abro la boca a menos que me pregunten, entonces digo directa y crudamente lo que pienso y como lo pienso, porque claro, si estas rodeado de creyentes en todo lo que se cruce, no puede uno estar todo el día cuestionandolo todo.

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    1. No, pues tampoco he dicho que va a estar uno buscando debate todo el tiempo. Sólo que, sencillamente, uno no va a limitar su postura por supuesta "tolerancia", y si la oportunidad se presenta, pues cuestionar sin tapujos. Eso sí, depende de con quién estás hablando para ajustar el estilo de debate a esa persona. Yo tampoco procuro abrir debates por iniciativa propia, sino que participo cuando me preguntan.

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  2. La gente tiende a repetir patrones cuando le funcionan, si alguien profesa y difunde ideologías fundamentalistas agresivas y nadie los censura o critica, lo tomarán como una aceptación (el que calla otorga) y continuarán haciéndolo, por ello es necesario confrontarlos, incomodarlos incluso, hacerles ver en la medida de lo posible la falacia en que están cayendo, y que en todo caso la crítica está dirigida hacia la idea o su mal comportamiento, no hacia su dignidad y persona.

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    1. Claro que sí. La cuestión es que no todos van a creer que te diriges a sus ideas o su comportamiento, y lo cierto es que a más de un escéptico se le olvida eso cuando está debatiendo, que los he visto atacando de inmediato a la persona junto a la idea, y con frecuencia sin provocación.

      Por decirlo de alguna forma, es cuestión de irrespetar con elegancia: comprender bien con quién debates, y de acuerdo a ello saber cómo dirigirte a sus ideas. No es guardarse nada, sino tener claro cuál es la mejor forma de transmitirle las ideas sin que se le ataque.

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