Dictaduras universitarias
Todos los que hemos
estado en una universidad pública sabemos que estas son un vivo reflejo de cómo
funciona el gobierno de un país. Los estudiantes eligen a quienes los dirigen
(en apariencia) y a quienes los representan; el rector puede impulsar proyectos
o favorecer intereses personales; nuestros representantes a menudo se venden a
quienes los gobiernan, etc., etc. Bien, como un reflejo de la forma tramposa y
ambiciosa en la que suele razonar el dirigente de un país (y que puede pasar en
cualquier país), algunos pretender
dar el siguiente paso: la “dictadura democrática”.
Contexto.
Recientemente, en la Universidad del Magdalena, durante una reunión del Consejo
Superior de la Universidad el pasado 25 de enero, el Representante de los
Docentes presentó una propuesta para modificar el Artículo 32 del Acuerdo
Superior 012 del 2011, el Estatuto General de la Universidad, con el fin de
ampliar el período rectoral de cuatro a cinco años, y eliminar el parágrafo que
dice que una persona no puede ejercer el cargo de rector por más de dos
períodos consecutivos. En otras palabras, que el rector dure más tiempo en el
cargo, y que se pueda reelegir indefinidamente.
A un servidor le parece
que esto es una pésima idea, y le aseguro que no soy el único en la Unimag que
está pensando así. Es decir, pongamos esta propuesta en una imagen nacional: es
exactamente lo mismo que propusieron aquellos distinguidos senadores que
pretendían que la reelección en nuestro país fuera indefinida. ¿Qué era lo que
buscaban con esto? Eternizar a Uribe en el poder, ya fuera por elección popular
-lo que sólo es en apariencia democrático, como ya
he dicho anteriormente- o amañando los resultados (el
estilo de los que quieren eternizarse). Sería descarado que los docentes -o más
bien algunos de ellos; sé de buena fuente que a más de uno no le pidieron su apoyo para esta propuesta- pretendan argumentar
algo diferente.
Por supuesto, la
propuesta se intenta justificar con tres argumentos, los que pueden visualizar
en la imagen que acompaña esta entrada. Ninguno de ellos es particularmente
sustancioso. El primero, donde destacan el desarrollo que ha tenido la
Universidad en los últimos 18 años, deja de lado que en los últimos años ese
“desarrollo” se ha limitado principalmente a infraestructura, y sólo a
construcciones, no a arreglar lo que ya está. Por otro lado, los terribles
cambios en el pensum de varias carreras, la elección de docentes mediocres y
los problemas en los servicios en línea (sólo esta semana acaban de suspender
la matriculación en línea porque la plataforma de AyRE colapsó) dejan mucho que
desear sobre la “calidad” y excelencia que pregona Escorcia (de hecho, la
Universidad fue multada
el año pasado por el Ministerio de Educación, por cuestiones
de administración y calidad*).
El segundo tampoco es
muy convincente. Por muy buena que haya sido una administración, es necesario
darle oxígeno a los procesos democráticos cediendo el puesto, ya sea a alguien
de su misma línea, o a un contrario que también ofrezca buenas ideas. El pretexto
de las “opciones” es un chantaje cursi que oculta la intención de aferrarse al
poder hasta que se pudran dentro de la oficina del rector, y esa no debería ser
la opción de nadie. A la larga, una misma persona en el poder agota las
verdaderas opciones democráticas porque la gente se acostumbra a verlo allá
arriba, y se cierran a mejores alternativas de liderazgo.
Finalmente, sobre el
tercer argumento, debería ser
prerrogativa del nuevo rector continuar con la gestión que inició otro -no
como Peñalosa, que no había dejado enfriar la silla en el Liévano, y ya estaba
reversando las cosas buenas que logró Petro-. De hecho, si somos rigurosos, fue
así como lo hizo en realidad Escorcia: muchas de sus supuestas obras en
realidad venían de administraciones anteriores. Claro que, desafortunadamente
esa es una costumbre que mantienen muchos gobernantes en muchas escalas, desde
la Alcaldía hasta la Presidencia, así que no es novedad que pase en una
universidad, lo que no deja de ser molesto -la gente de Biología en la Unimag
que conoce la historia de nuestra parcela sabe bien de lo que hablo-.
Es
necesario que en la Universidad del Magdalena los estudiantes y docentes
inconformes se pronuncien ante lo que es una alteración de un adecuado proceso
democrático. Tenemos que comprender que un mandato adecuado, sea en la Rectoría
o en la Presidencia, no necesita mantenerse eternamente en el poder, para
agotamiento de las leyes y derechos de las demás alternativas políticas. Un
verdadero mandatario, si es realmente respetuoso de la democracia, no debería
buscar reelegirse una y otra vez hasta el cansancio. Debe entregarle a la gente
lo que realmente necesita, y no lo que momentáneamente desea, si es que
realmente lo desea así.
*Actualización: la revista El Tiempo rectificó que la sanción no fue contra la Unimag, sino contra Omar Hernán García, ex miembro del Consejo Superior de esta institución.
*Actualización: la revista El Tiempo rectificó que la sanción no fue contra la Unimag, sino contra Omar Hernán García, ex miembro del Consejo Superior de esta institución.
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