sábado, 30 de enero de 2016

Dictaduras universitarias

Todos los que hemos estado en una universidad pública sabemos que estas son un vivo reflejo de cómo funciona el gobierno de un país. Los estudiantes eligen a quienes los dirigen (en apariencia) y a quienes los representan; el rector puede impulsar proyectos o favorecer intereses personales; nuestros representantes a menudo se venden a quienes los gobiernan, etc., etc. Bien, como un reflejo de la forma tramposa y ambiciosa en la que suele razonar el dirigente de un país (y que puede pasar en cualquier país), algunos pretender dar el siguiente paso: la “dictadura democrática”.

Contexto. Recientemente, en la Universidad del Magdalena, durante una reunión del Consejo Superior de la Universidad el pasado 25 de enero, el Representante de los Docentes presentó una propuesta para modificar el Artículo 32 del Acuerdo Superior 012 del 2011, el Estatuto General de la Universidad, con el fin de ampliar el período rectoral de cuatro a cinco años, y eliminar el parágrafo que dice que una persona no puede ejercer el cargo de rector por más de dos períodos consecutivos. En otras palabras, que el rector dure más tiempo en el cargo, y que se pueda reelegir indefinidamente.



A un servidor le parece que esto es una pésima idea, y le aseguro que no soy el único en la Unimag que está pensando así. Es decir, pongamos esta propuesta en una imagen nacional: es exactamente lo mismo que propusieron aquellos distinguidos senadores que pretendían que la reelección en nuestro país fuera indefinida. ¿Qué era lo que buscaban con esto? Eternizar a Uribe en el poder, ya fuera por elección popular -lo que sólo es en apariencia democrático, como ya he dicho anteriormente- o amañando los resultados (el estilo de los que quieren eternizarse). Sería descarado que los docentes -o más bien algunos de ellos; sé de buena fuente que a más de uno no le pidieron su apoyo para esta propuesta- pretendan argumentar algo diferente.

Por supuesto, la propuesta se intenta justificar con tres argumentos, los que pueden visualizar en la imagen que acompaña esta entrada. Ninguno de ellos es particularmente sustancioso. El primero, donde destacan el desarrollo que ha tenido la Universidad en los últimos 18 años, deja de lado que en los últimos años ese “desarrollo” se ha limitado principalmente a infraestructura, y sólo a construcciones, no a arreglar lo que ya está. Por otro lado, los terribles cambios en el pensum de varias carreras, la elección de docentes mediocres y los problemas en los servicios en línea (sólo esta semana acaban de suspender la matriculación en línea porque la plataforma de AyRE colapsó) dejan mucho que desear sobre la “calidad” y excelencia que pregona Escorcia (de hecho, la Universidad fue multada el año pasado por el Ministerio de Educación, por cuestiones de administración y calidad*).

El segundo tampoco es muy convincente. Por muy buena que haya sido una administración, es necesario darle oxígeno a los procesos democráticos cediendo el puesto, ya sea a alguien de su misma línea, o a un contrario que también ofrezca buenas ideas. El pretexto de las “opciones” es un chantaje cursi que oculta la intención de aferrarse al poder hasta que se pudran dentro de la oficina del rector, y esa no debería ser la opción de nadie. A la larga, una misma persona en el poder agota las verdaderas opciones democráticas porque la gente se acostumbra a verlo allá arriba, y se cierran a mejores alternativas de liderazgo.

Finalmente, sobre el tercer argumento, debería ser prerrogativa del nuevo rector continuar con la gestión que inició otro -no como Peñalosa, que no había dejado enfriar la silla en el Liévano, y ya estaba reversando las cosas buenas que logró Petro-. De hecho, si somos rigurosos, fue así como lo hizo en realidad Escorcia: muchas de sus supuestas obras en realidad venían de administraciones anteriores. Claro que, desafortunadamente esa es una costumbre que mantienen muchos gobernantes en muchas escalas, desde la Alcaldía hasta la Presidencia, así que no es novedad que pase en una universidad, lo que no deja de ser molesto -la gente de Biología en la Unimag que conoce la historia de nuestra parcela sabe bien de lo que hablo-.

Es necesario que en la Universidad del Magdalena los estudiantes y docentes inconformes se pronuncien ante lo que es una alteración de un adecuado proceso democrático. Tenemos que comprender que un mandato adecuado, sea en la Rectoría o en la Presidencia, no necesita mantenerse eternamente en el poder, para agotamiento de las leyes y derechos de las demás alternativas políticas. Un verdadero mandatario, si es realmente respetuoso de la democracia, no debería buscar reelegirse una y otra vez hasta el cansancio. Debe entregarle a la gente lo que realmente necesita, y no lo que momentáneamente desea, si es que realmente lo desea así.

*Actualización: la revista El Tiempo rectificó que la sanción no fue contra la Unimag, sino contra Omar Hernán García, ex miembro del Consejo Superior de esta institución.

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