martes, 17 de marzo de 2015

Acerca de la des-extinción

El animal extinto que se revive no tiene derechos. Existe porque nosotros lo creamos.
Peter Ludlow (Arliss Howard), en El mundo perdido: Jurassic Park (1997).

Ayer fui a visitar a unos amigos en la Universidad, y algunos colegas de biología me preguntaron sobre un tema que se está discutiendo dentro de una clase, en un foro sobre bioética. ¿Debería experimentarse para traer de vuelta a especies que ya están extintas? Para formarse una idea robusta del tema, decidieron preguntarles a estudiantes de cursos superiores o ya graduados. Así que me preguntaron qué opinaba sobre la llamada des-extinción. Hice una explicación relativamente detallada de mi postura, y se me ocurrió compartir el tema en esta entrada.

Expliquemos primero de qué se trata. La des-extinción, también llamada biología de resurrección o resurgimiento de especies, consiste en recrear un organismo que pertenezca a una especie ya extinta, o que guarde semejanza con ella. Gracias a los avances en las técnicas genéticas y el proceso de clonación, muchos científicos han propuesto el uso de dichas herramientas para “resucitar” especies desaparecidas como la paloma migratoria, haciendo uso de muestras de tejido almacenado. Otros prefieren usar cruces selectivos, como en el caso del quagga (una subespecie de cebra) y el uro.



Hembra de quagga, en una foto del siglo XIX

Como es habitual con la mayoría de prácticas biotecnológicas, la des-extinción no está exenta de objeciones. Las hay de varios tipos: utilitaristas, etológicas y éticas. Las críticas utilitaristas se basan en que los recursos en proyectos de resurgimiento de especies podrían invertirse mejor en programas de conservación para las especies que se encuentran actualmente en peligro; críticas que comparto en parte. Las críticas etológicas consideran que, puesto que la cría del animal resucitado sería cuidada por padres de una especie diferente, y por tanto su comportamiento será diferente al de su especie antecesora. En tal caso, no estaríamos resucitando en un 100% a dicho animal.

¿Qué hay de las críticas éticas? Seguro habrá muchos que consideren que la experimentación con otros animales es un comportamiento altamente inmoral. Son críticas comprensibles, pero no las considero válidas. De nuevo, considero que la experimentación animal es perfectamente válida, siempre y cuando no se someta a los especímenes de estudio a un sufrimiento innecesario, y para esto no se requieren derechos, lo cual sería además impráctico, puesto que sólo los humanos tienen agencia moral: sólo se necesitan bases metodológicas y éticas fuertes.

Aún sería más absurdo pensar en los derechos de un animal extinto, puesto que sólo se estaría trabajando con su ADN y no con un sujeto íntegro. Aquí hago eco de la frase que puse al inicio de esta entrada. Sí, es la expresión de un capitalista consumado, pero no carece de certeza científica, ya que el material genético de un organismo extinto no es intrínsecamente una vida. Hay, en cambio, objeciones más válidas en los ejemplares que serían usados como “madres de alquiler” de los fetos de las especies resucitadas, dado que los experimentos de fertilización in vitro y clonación con dichas especies hasta ahora tienen un alto índice de fracasos, y los pocos ejemplares nacidos mueren al poco tiempo, todo lo cual resulta en un estrés físico para la madre. Estas críticas serían más sólidas, y requieren una discusión más amplia.

Pero mi escepticismo hacia la des-extinción apunta más hacia otro rumbo, y así se los expuse a los amigos que me preguntaron sobre el tema. ¿Para qué hacerlo? Es decir, ¿qué motivos tenemos para resucitar a estas especies ya muertas? ¿Es necesario hacerlo?


Podría señalar en primer lugar que esto parece más un acto de prepotencia, de nuestra absurda pretensión de erigirnos como jueces y protectores de otras especies a las que hemos afectado terriblemente. Millones de especies se han extinto antes de nosotros, y muchas más se extinguirán después; quizás sólo retrasamos lo inevitable. Claro, es cierto que nuestra excesiva población ha traído muchas consecuencias ambientales que han afectado a otras especies, pero si bien tenemos toda la responsabilidad por lo ocurrido, no es intrínsecamente nuestra obligación salvarlas: lo hacemos porque lo consideramos necesario para el ambiente (pese a que muchas especies en peligro no son realmente ejes dentro de su ecosistema), o porque deberíamos ser amables con otras especies.

Podríamos considerar que la conservación es un acto superogatorio: moralmente loable, pero no intrínsecamente objetable si no lo hacemos. George Carlin lo definía bien: intervenir en salvar otras especies sigue siendo una intervención en la naturaleza y un acto de arrogancia y complacencia, ya que lo hacemos al fin y al cabo por nuestra propia supervivencia a largo plazo. Quizás también alteramos de esta forma los mecanismos de selección natural en el ambiente, por lo que sería mejor controlar nuestros propios hábitos y costumbres en vez de manipular lo que ya arruinamos. Quizás, como dice un refrán en Internet, “el planeta no necesita que lo salvemos. Con que no lo jodamos es suficiente”.

Pero ignoremos toda esa cháchara filosófica por un momento. Digamos que realmente tenemos el deber de resucitar a todas esas especies a las cuales llevamos a la extinción, y de proteger a las que están a punto de desaparecer. Después de todo, cosas como la deforestación, la contaminación y la introducción de especies invasoras como gatos y conejos son difíciles de ignorar. Sería insensato negar que tengamos la culpa de ello, y lo mínimo que se esperaría es que podamos regular nuestro impacto en el ambiente, si queremos que los cambios del medio ambiente no amenacen la vida del planeta; esto se puede hacer sin intervenir necesariamente a las especies amenazadas. Con eso en mente, sigue habiendo un gran problema, el cual es mi punto principal: ¿Son adecuadas todas las condiciones para traer a todas esas especies de nuevo a la vida?

Pensemos en una especie colombiana extinta: el Rhizosomichthys totae, conocido como runcho, un pez de agua dulce emparentado con los bagres. El runcho era endémico de nuestro país, y habitaba únicamente en el Lago de Tota. Hacia los años 40 del siglo pasado, se introdujo en el lago la trucha arcoíris, un pez que se ha convertido en invasor en muchos países, y en los años 50 se introdujeron otras especies de peces que le sirvieran como alimento; entre ellas, el capitán de la sabana (Eremophilus mutisii). Las consecuencias no se hicieron esperar: el runcho, un pez que no llevaba mucho tiempo de haber sido descubierto y descrito, desapareció del Lago de Tota, siendo colectado por última vez en 1958. Muchos investigadores culpan a la trucha arcoíris por su extinción; otros consideran que el capitán, al tener un nicho ecológico superpuesto con el runcho y ser más resistente a las especies introducidas, fue el responsable de su extinción. Lo único que está claro es que el runcho se extinguió, y fue culpa del hombre.

Supongamos que usando técnicas de clonación traemos al runcho de vuelta a la vida. ¿Qué ocurriría si lo reintroducimos? Previsiblemente, la especie no durará mucho tiempo. El runcho no pudo competir exitosamente contra los peces introducidos en el Lago de Tota, siendo una especie nativa; no lo hará mejor en su reintroducción. En tal caso, no sólo se perderían los recursos invertidos en el proyecto de clonación y reintroducción, sino que se estaría condenando a cientos de individuos de una especie extinta a desaparecer de nuevo. ¿Habrá valido la pena reintroducirlo en el Lago de Tota?

Este es un problema al que se enfrentarían las especies resucitadas: que el ambiente probablemente ya ha cambiado más allá de sus capacidades. ¿De qué serviría resucitar al mamut lanudo, si Eurasia probablemente ya no le ofrece tundras o bosques lo bastante extensos para sus requerimientos, y el clima es mucho más cálido que en eras anteriores? ¿Sería útil traer de nuevo a la vida al lobo marsupial cuando aún existen dingos y humanos que ejercerían una presión sobre sus poblaciones? ¿Para qué revivir a la paloma migratoria, que carecería de los bosques que antaño fueron su hábitat? A esto sumémosle que, posiblemente, los ecosistemas a los que pertenecían animales extintos en tiempos modernos encontraron una forma de mantener el equilibrio en los flujos de materia y energía tras perder estas especies. Reintroducirlas podría suponer un desequilibrio en el balance del ecosistema. Por tanto, someter a esas especies a todas estas dificultades realmente sería muy poco ético. Entonces, ¿realmente deberíamos esforzarnos, al menos ahora, en reproducir especies desaparecidas?

Si al leer todo lo anterior usted supone que yo me opongo a la conservación de especies amenazadas, le aseguro que se equivoca. Yo apoyo los programas de conservación de especies, pero a nadie le hace daño cuestionarse sus propios planteamientos, pues la autocrítica nos permite fortalecer nuestro pensamiento. Especialmente, porque de nada sirve des-extinguir a una especie si mantenemos semejantes o peores condiciones que las que se encontraban en el momento de su extinción. Es la misma metodología que se requiere para las especies actualmente en peligro: no sólo se debe trabajar en la reproducción  y el incremento de la población, sino también en controlar los factores que las llevaron a su estado actual.

Es así como debería trabajarse. Yo no considero que sea intrínsecamente malo intentar resucitar a una especie extinta. Sin embargo, antes de lanzarnos en una cruzada marcada de nostalgia y remordimiento, deberíamos invertir más esfuerzos en restaurar ambientes y reducir nuestro impacto negativo en los mismos. Después de esto, todo lo que se pretenda hacer en aras de la des-extinción, siempre que sea dentro de una metodología adecuada, bienvenido sea.

2 comentarios:

  1. Jejeje, cuando toqué el tema ( http://de-avanzada.blogspot.com/2013/03/Deextincion.html ) me dijeron que mis conocimientos en genética eran espurios, a pesar de que todo el contenido relevante del post era citando opiniones expertas sobre sus dudas frente a la de-extinción.

    Un saludo, Martín. Me gusta como llevas el blog :)

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    1. Lo acabo de leer, y tampoco veo de dónde sacó ese comentario. Pero a la gente le gusta agarrarse de cualquier absurdo para hacerse de oídos sordos.

      Gracias por el apoyo, como siempre.

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