Mitos y realidades del autodiagnóstico autista

 

Introducción

Hoy es 2 de abril, Día Mundial del Autismo. Y este año probablemente se espera de forma especial, considerando lo que hemos tenido en los meses previos: dos estudios genéticos tratando de evaluar subtipos o diferentes factores genéticos en el autismo, los constantes ataques del alcornoque en Estados Unidos, y la nefasta entrevista de Uta Frith acerca del espectro autista. Sin duda, hay mucho de lo que se puede -y debe- hablar este abril.

Los temas mencionados ya fueron tocados previamente en el blog. De hecho, hace apenas unos días publiqué un ensayo bastante extenso acerca de la entrevista de Frith, lo que entendemos de las mujeres en el autismo, y qué tanta evidencia hay para llamarlo o no espectro autista (El Pensador Sereno, 2026). Fue un trabajo arduo, pero quise ser bastante detallado con la ciencia alrededor de los temas tocados por Frith, para dejar en claro que, por mucho que haya tocado temas interesantes, es una importante deficiencia que lo haya hecho sin contar con evidencia objetiva al respecto.

(Entre paréntesis: a propósito de la reciente polémica, la investigadora Chloe Farahar publicó un artículo hace poco explicando por qué ella tampoco cree que el autismo sea un espectro, pero rechazando las críticas de Frith (Farahar, 2026). Lo recomiendo, es bastante bueno para reflexionar un poco.)

Y ya que hablé con gran detalle de ese tema, hay otro del que quiero hablar para estas fechas, ya que es una parte importante de la discusión sobre autismo y activismo en redes sociales. Es el autodiagnóstico, un fenómeno del cual he dado algunas pinceladas ocasionales en otras entradas, pero de la que tenía pendiente hablar a detalle desde hace mucho tiempo en el blog. Considero que es el momento necesario para hacerlo, para dejar claro cómo se tiende a ver desde el propio autismo, desterrar algunos mitos y señalar ciertos problemas que sí pueden surgir si se malinterpreta o banaliza lo que es.

El ensayo anterior requirió bastante de mi tiempo y energía, por lo que trataré de que esta entrada sea más corta y amena. No obstante, también voy a tocar el tema desde el enfoque científico y las investigaciones en torno al autodiagnóstico, porque de esto también hay bastante material. Y eso siempre ayuda a tener una mejor perspectiva del fenómeno. Recuerden además que esto lo escribo no sólo como científico, sino también desde mi experiencia como persona autista, por lo que es sólo un comentario entre muchos otros. Siempre es importante acudir a las fuentes que presento, o buscar opiniones de profesionales de la salud que sean expertos en el tema.

¿Por qué existe el autodiagnóstico?

Desde que tengo memoria, recuerdo a personas cercanas definiendo las afecciones que tenían basándose en unos pocos síntomas, sin buscar algún tipo de información médica al respecto, y con ello decidían tomarse algún medicamento en particular o preparar alguna tisana de hierbas con propiedades farmacológicas, que les ayuden con dichos síntomas. Eso es bastante usual, y ciertamente es autodiagnóstico (y automedicación también).

Pero desde el surgimiento del Internet, se ha vuelto muchísimo más accesible para el ser humano buscar información acerca de sus dolencias, y encontrarse con alguna serie de síntomas describiendo enfermedades específicas, de modo que no pocas personas acaban decidiendo que están padeciendo alguna de esas enfermedades específicas. Ese es el autodiagnóstico en el que muchos pensamos en estos días.

Y por supuesto, condiciones neurodivergentes como el autismo no caen por fuera del autodiagnóstico. De hecho, hay una porción importante de personas autodiagnosticadas como autistas dentro y fuera de redes sociales. Y no hablo de los que hacen TikToks con mensajes como “si haces estas cosas, seguramente eres autista” -ya llegaremos a este fenómeno social-, sino de personas que han revisado a conciencia criterios de diagnóstico y han tomado pruebas diseñadas en línea como un acercamiento inicial a una potencial condición del neurodesarrollo.

Porque existen una serie de pruebas en línea, como el cociente de espectro autista (AQ) o el cociente sistematizado revisado (SQ), que han sido elaboradas para que personas adultas que sospechen una neurodivergencia las tomen y puedan resolver algunas dudas sobre su condición. Estas y otras pruebas relacionadas pueden encontrarlas recopiladas en este enlace de Embrace Autism (en inglés), o pueden ir directamente al AQ en este otro (en español). Antes de acceder a una evaluación médica profesional, y sabiendo lo difícil que puede llegar a ser acceder a una, este tipo de autoevaluaciones permiten tener una idea tanto de la condición autista como de la experiencia propia del individuo.

Y les sorprenderá saber que, a pesar de las críticas que surgen en redes hacia el autodiagnóstico autista (algunas por parte de los propios autistas, pero más a menudo de quienes no lo son), este tiende a ser apoyado por la propia comunidad autista. Por ejemplo, un sondeo de 2022 realizado con 7500 personas autistas encontró que el 64% estuvo de acuerdo con la frase “Un diagnóstico no debería ser necesariamente requerido para que alguien se identifique como autista” (Bonnello, 2022). Un porcentaje sorpresivamente alto para un tema tan controversial, ¿no? Por supuesto, eso no evita que existan opiniones contrarias al respecto, preocupadas de que el autodiagnóstico genere dificultades en el acceso a apoyo, o que se menosprecie la necesidad de un proceso de diagnóstico (Moseley et al, 2026).

¿Por qué existe entonces un respaldo importante al autodiagnóstico? Existen varias razones. Una de las más importantes es el tema del acceso: las evaluaciones de autismo para niños tienden a ser muy costosas -para adultos incluso más-, muchos planes de seguros no ofrecen cobertura para este tipo de condiciones, y los tiempos de espera pueden ser bastante largos (Engelbrecht, Marschall, 2025). Además, si eres adulto es más complicado, porque la atención y especialización de los profesionales en autismo tiende a enfocarse a niños, y no es raro que el evaluador descarte el diagnóstico basado en suposiciones erróneas, como el hecho de que te puedas comunicar con fluidez o incluso que tengas trabajo y estudios (Marschall, 2025), ignorando el papel del camuflaje. Por tanto, las herramientas de autoevaluación en línea ayudan mucho a resolver dudas e inquietudes acerca de tu experiencia personal.

Por otro lado, también ocurre que un autodiagnóstico puede verse como más conveniente para la persona que tener un diagnóstico oficial de autismo. Lamentablemente, los riesgos potenciales de estar diagnosticado como autista son variados, como la discriminación laboral y médica, la negación de visas en algunos países, o ser puestos bajo tutela financiera o médica, en clara violación de la autonomía personal (Marschall, 2025). Debido a esto, para algunas personas que sienten que podrían ser autistas, pero que temen las consecuencias sociales de serlo, sienten que es mejor evitar acudir a un profesional.

Y es que muchas veces estas personas están informadas de estos inconvenientes porque también se molestan en consultar las experiencias de las personas “oficialmente” autistas. Con las redes sociales, muchos de nosotros hemos aprovechado para compartir nuestra experiencia de vida, cómo es vivir dentro del espectro, las ventajas y las dificultades que podemos enfrentar, por lo que muchas personas pueden ver posts en Internet, videos o entrar a foros de comunidades autistas para tener una idea de lo que es vivir con la condición. Esto también es parte de lo que ayuda a muchas personas con el autodiagnóstico, pues a menudo pueden reconocer sus propias experiencias entre las nuestras.

Ahora, el autodiagnóstico en general tiene sus riesgos, como malinterpretar lo que se experimenta, caer en un sesgo de confirmación, y descuidar o subestimar la condición que se enfrenta. El autodiagnóstico autista no es una excepción. Si bien es importante la validación y el empoderamiento que te ofrece una autoevaluación, debido a que muchas otras condiciones tienen rasgos que se solapan con los del autismo, existe un riesgo importante de diagnóstico erróneo, como confundir autismo con TDAH, síndrome de estrés postraumático, trastorno de personalidad por evitación, trastorno de personalidad esquizoide y ansiedad social, sin contar con que algunos de estos pueden presentarse también como coocurrentes con el autismo (Fellowes, 2024; Engelbrecht, 2025).

Es por ello que, si bien el autodiagnóstico no deja de ser una parte esencial del viaje de autodescubrimiento de muchas personas autistas (más de esto en un momento), es necesario reducir las barreras de accesibilidad a evaluaciones y diagnósticos con profesionales médicos (Engelbrecht, 2025). Así mismo, cuando por ejemplo un adolescente manifieste un autodiagnóstico autista o con otra condición neurodivergente, es importante como padres no atacarlo, sino empatizar e intentar comprender qué es lo que experimenta y lo que le ha llevado a tal conclusión, así como, por supuesto, intentar consultar con un profesional (Ice, 2025). De hecho, y ahora profundizaremos en esto, les sorprendería la frecuencia con que un autodiagnóstico autista conduce a un diagnóstico oficial de autismo.

Lo que dice la ciencia al respecto

Como pueden ver por las citas mencionadas, el autodiagnóstico autista lleva su tiempo siendo vigilado de cerca por las ciencias médicas. Entre psicólogos y psiquiatras están bastante conscientes de dicho fenómeno -en especial con su presencia en redes sociales-, pero antes que desdeñarlo, se intenta comprender cómo surge, qué es lo que refleja acerca de la salud mental, y qué se puede aprender a través de ello para comprender mejor el propio autismo.

Por supuesto, no se trata de un fenómeno nuevo. El primer estudio en Estados Unidos que se enfocó en tener en cuenta el autodiagnóstico fue Kapp et al (2013). A través de una encuesta en línea, se evaluaron los conceptos del autismo y la neurodiversidad y el contraste entre el modelo médico del autismo y el movimiento de neurodiversidad en 657 personas, tanto autistas como parientes y amigos de personas autistas, y personas sin relación al autismo. En particular, se encontró que la autoidentificación se correlacionaba con una visión del autismo como una identidad positiva (Kapp et al, 2013). Los autores recomendaron que futuros estudios trabajaran en investigar las diferencias entre autistas diagnosticados y personas autodiagnosticadas, y las razones del por qué algunos no buscan un diagnóstico formal de autismo.

Tal como comenté al principio, una razón muy importante del autodiagnóstico son las barreras y dificultades que existen a la hora de acceder a un diagnóstico profesional. Una revisión exploratoria de 2023, enfocada en identificar los estudios realizados en torno al autodiagnóstico y lo que puede aprovecharse de los procesos de autodiagnóstico, identificó varios problemas enfrentados por las personas que se autoidentifican autistas, como explicar la experiencia individual a los profesionales de salud, el escepticismo y probable falta de especialización de algunos de ellos, visiones estereotípicas de lo que constituye el autismo, diagnósticos erróneos y tiempos de espera largos (Overton et al, 2023). Esta revisión destaca la importancia de desarrollar mejores herramientas clínicas para los procesos de remisión y diagnóstico en evaluaciones de autismo en adultos, de modo que se puedan superar estas dificultades.

Otros factores que pueden influir en el autodiagnóstico son el pertenecer a grupos sociales minoritarios. Si bien no he podido encontrar estudios que evalúen autodiagnóstico en poblaciones no blancas, se ha comprobado que existen disparidades raciales y socieconómicas en torno a obtener un diagnóstico de autismo, y que en particular las poblaciones negras y latinas en Estados Unidos, por ejemplo, tienen mayores dificultades para acceder a profesionales de la salud, e incluso a apoyo especializado tras obtener diagnóstico (Aylward et al, 2021), de modo que potencialmente pueden haber casos no diagnosticados de autismo en personas adultas de tales comunidades que optan por un autodiagnóstico. De manera similar, la orientación sexual y la identidad de género pueden también sufrir de estigma: un estudio pequeño que comparó a 32 individuos LGBTQ+ con diagnóstico formal y 28 individuos LGBTQ+ autodiagnosticados, encontró también experiencias compartidas de dificultad para acceder a servicios de salud, estigma social e invalidación de su identidad autista (Ardeleanu et al, 2024).

Teniendo en cuenta todos estos problemas, no es extraño que a esta población autodiagnosticada se le pueda relacionar con lo que se conoce como la “generación perdida” del autismo, es decir, todos aquellos que fuimos niños antes de la expansión de los criterios de diagnóstico, concienciación y acceso en los años 2010, y pasamos la infancia sin ser diagnosticados (Lai & Baron-Cohen, 2015). Por ello también se han evaluado de forma comparativa a personas oficialmente diagnosticadas o autodiagnosticadas. Ya mencioné el estudio anterior con personas LGBTQ+ (Ardeleanu et al, 2024), pero un estudio mayor que se enfocó en evaluar la validez estructural de la Escala de Identidad del Espectro Autista (ASIS), comparando 893 personas autistas con 245 autodiagnosticadas, encontró que ambos grupos fueron similares en el estigma reportado, la autoestima, y una menor calidad de vida en comparación con la población general (McDonald, 2020), reflejando que la población autodiagnosticada encaja con el perfil hipotetizado de la “generación perdida”, y sugiriendo de nuevo que muchos de ellos pueden ser efectivamente autistas.

De manera similar, un estudio publicado recién en enero comparó un grupo de personas autoidentificadas como autistas con otro de autistas formalmente diagnosticados (Ahuvia et al, 2026). El estudio encontró una similitud de rasgos diagnósticos -puntaje superior a 14 en la escala utilizada- en 93% de los individuos de ambos grupos, pero encontró diferencias importantes en otros rasgos. Los individuos autodiagnosticados tenían mayor probabilidad de ser mujeres cisgénero, experimentaron peor bienestar mental, enfrentaban barreras particulares para recibir apoyo y tenían mayor probabilidad de tener necesidades de apoyo sin cumplir (Ahuvia et al, 2026). Un 68,7% de los individuos manifestaron también un deseo de acceder a un diagnóstico formal, sugiriendo nuevamente que esta población autodiagnosticada puede ser un reflejo de la subdiagnosticación por dificultades de acceso a salud profesional y apoyos que se ha denunciado en general en los procesos de diagnóstico del autismo.

-¿Eres una autista diagnosticada oficialmente, o autodiagnosticada?
-Soy autodiagnosticada.
-Realmente deberías hacerte evaluar profesionalmente.
-¡Oh! ¿Vas a pagarlo tú? Porque me ENCANTARÍA ser evaluada profesionalmente. Pero verás, sufro de una aflicción conocida como "pobreza".
Ilustración de Autie Biographical

A diferencia del estigma sobre las “tendencias” de un autodiagnóstico por moda, el autodiagnóstico se busca sobre todo por cuestiones tanto de exclusión como de una mejor comprensión de sí mismo. Por ejemplo, un estudio exploratorio de 2016 evaluó la experiencia de 37 personas sin un diagnóstico formal de autismo. Se logró identificar cinco temas importantes tras el autodiagnóstico: el sentimiento de otredad, manejo de la autoduda, un sentido de pertenencia, un mayor entendimiento de sí mismo, y el cuestionar la necesidad de un diagnóstico formal (Lewis, 2016). Si bien el pequeño número del grupo de estudio limita bastante el alcance de los resultados, señala cuestiones importantes que deben tenerse en cuenta a la hora de ayudar a las personas autodiagnosticadas a transicionar hacia el diagnóstico formal.

Así mismo, la revisión de Overton et al (2023) encontró que muchos individuos autoidentificados como autistas ya percibían ser diferentes a sus pares en su forma de entender el ambiente personal, social y físico sin entender bien el porqué. Por ello, llegar al autodiagnóstico fue no sólo una experiencia positiva y satisfactoria a nivel personal, permitiéndoles comprender mejor su experiencia de vida, sino también a tener un mejor apoyo de sus familiares y personas cercanas (Overton et al, 2023). Incluso cuando existen críticas o inquietudes sobre el concepto del autodiagnóstico, también son muchos los autistas que entienden la necesidad de apoyos y servicios accesibles para personas autodiagnosticadas en cada etapa del proceso antes del diagnóstico formal: es decir, que el apoyo esté basado en las necesidades más que en el diagnóstico (Moseley et al, 2026).

Es importante destacar, por supuesto, que estos estudios mencionados cuentan igualmente con limitaciones importantes. Como habrán notado, algunos son estudios exploratorios que trabajan con una muestra bastante pequeña de personas como para hacer unas extrapolaciones a gran escala (Lewis, 2016; Ardeleanu et al, 2024). De manera similar, aunque los otros análisis tienen una mayor escala en el número de participantes, cuentan también con sus limitaciones, en particular el sesgo de selección: las muestras tienden a ser homogéneas, con poca diversidad a nivel socioeconómico o étnico (Ahuvia et al, Moseley et al, 2026). Así mismo, al enfocarse sobre todo en países como Estados Unidos y Reino Unido, puede que no sean totalmente representativos de las dinámicas y dificultades que enfrentan las personas autistas, con y sin diagnóstico formal, en regiones como Latinoamérica o Asia oriental.

Por supuesto, esto no invalida los hallazgos acerca del autodiagnóstico autista y su vínculo con el autismo no diagnosticado, o cómo se relaciona con las barreras que debemos enfrentar para acceder a un examen y un diagnóstico apropiados. Siguen siendo un aporte para comprender también cómo facilitar el acceso a salud y apoyo no sólo para estos autodiagnosticado, sino para todos aquellos autistas que siguen sin descubrir que lo son. Pero son apenas inicios de todo el trabajo que se requiere hacer a nivel internacional para poder dimensionar esta problemática en su totalidad. Hay bastante por hacer y mejorar.

“Autistas de TikTok” y otras generalizaciones

Tal como mencioné antes, el autodiagnóstico en general tiene sus riesgos. A pesar de lo que se ha registrado en los estudios citados, no deja de haber cierta inquietud con el autodiagnóstico autista, pues no todos tienen acceso a las herramientas adecuadas para evaluar su experiencia de forma independiente y llegar al entendimiento de que podrían ser efectivamente autistas. Y lo cierto es que ese proceso se puede ver entorpecido por la forma en que algunos contenidos en redes sociales confunden, tergiversan o explican mal la condición autista.

Dejemos algo claro antes: hay muchos divulgadores del autismo de calidad en Internet, en inglés y en español, y al final les compartiré algunas cuentas. Muchos han recibido ataques por atreverse a contar los aspectos positivos de su autismo junto con los negativos, pero así es la experiencia autista: no todo es maravilloso, pero tampoco resulta todo horrible. Y no todo lo que se encuentra en TikTok o Instagram es desinformación.

Desafortunadamente, también es cierto que existen varias cuentas que intentan “divulgar” acerca del autismo, pero que lo reducen a una serie de rasgos particulares, como diciendo “si haces esta serie de cosas, probablemente eres autista”, que a veces sí pueden ser rasgos autistas, pero sin el contexto adecuando de cuándo son señales autistas. Es decir, despojan de contexto muchos de los rasgos presentes en el autismo, transformándolo en una serie de “rarezas” particulares, mientras que pueden patologizarlas en personas neurotípicas.

Esto sí que es problemático, porque cae en las imprecisiones que he mencionado antes que vuelven arriesgado el autodiagnóstico. Primero porque por ejemplo cosas como la sensibilidad sensorial, rasgos de camuflaje social o escuchar una misma canción varias veces seguidas pueden estar presentes en personas neurotípicas: es la magnitud y la afectación que pueden generar lo que hace que se diferencie cuando se tiene una condición neurodivergente (El Pensador Sereno, 2026). Segundo porque, de nuevo, existen otras condiciones del neurodesarrollo y salud mental que comparten rasgos con el autismo o pueden presentarse de forma coocurrente, por lo cual una serie de atributos “peculiares” enlistados en un video de TikTok no es la mejor forma de descubrirte como un potencial autista.

Solapamiento entre rasgos del autismo, el TDAH, y el trastorno límite de personalidad (TLP).

Para algunos, el reducir el autismo a una serie de rasgos particulares sin contexto también es una forma de estereotipar y banalizar a las personas con la condición. De esto hablé un poco el año pasado cuando escribí acerca de headcanons autistas con personajes de ficción (El Pensador Sereno, 2025), ya que es una discusión en la que participan personas autistas, pero mucho más a menudo quienes no lo son. Algunos no logran sacarse de la idea la visión del autista como ese chico sentado en un rincón, balanceando el cuerpo en silencio; otros no entienden cómo es que rasgos que pueden ser vistos en otras personas pueden hacer que algunos autistas se sientan identificados con ello, o que puedan identificar a alguien autista a través de ellos.

¿Ha dicho algo la ciencia al respecto del autodiagnóstico y estos contenidos en redes sociales? Sí, por supuesto. Un estudio de 2023 identificó que TikTok manifiesta y facilita el autodiagnóstico autista a través del concepto de iluminación biográfica, ofreciendo espacios para discutir sobre esta condición y mejorar el sentido del yo individual tras la autoidentificación, pero también siendo guiados por las posibilidades de interacción dentro de la aplicación (Alper et al, 2023). En ese sentido, una revisión exploratoria propuso la creación de un protocolo para explorar el proceso de etiquetado de salud mental en estudiantes y el papel de redes sociales en ello (Alexander et al, 2024).

Otros estudios, más que quedarse con la narrativa mediática de que existe una “tendencia” de autodiagnósticos por redes sociales, se enfocan en los aspectos de la psicología social detrás de ello: es decir, qué es lo que lleva a las personas, en particular jóvenes adolescentes, al autodiagnóstico a través de redes sociales. Además de la información confusa o imprecisa que se pueden encontrar en redes como TikTok, para muchos jóvenes esta red puede ayudarlos a explorar su propia identidad, algo muy común entre adolescentes, a través de membresía de grupo, roles, identidades y etiquetas presentadas allí; al mismo tiempo, la discusión libre de las neurodivergencias y condiciones de salud mental evitan a los adolescentes asociarlas con estigmas de antaño (Foster & Ellis, 2024). Por supuesto, las diferentes barreras de acceso a servicios de salud profesionales (no sólo económicas, sino también demográficas e incluso afectivas) para obtener el diagnóstico oficial también influyen en estos autodiagnósticos fundamentados en redes sociales (Foster & Ellis, Isufi, 2024).

Aunque estos estudios no dejan de señalar los problemas de buscar el autodiagnóstico a través de redes que no siempre hacen una curaduría adecuada de la información que presentan, buscan alejarse del estigma mediático de la “moda autista” o de la “cultura de la enfermedad de TikTok”. De hecho, Foster & Ellis rechazan directamente el discurso del contagio social como un fenómeno sin evidencia tangible (Foster & Ellis, 2024). Las inquietudes vienen más de que el autodiagnóstico autista pueda afectar la autopercepción del individuo, e incentivar la patologización de conductas normales, afectando la autonomía personal del individuo, pero, aun así, no se propone la prohibición de este tipo de contenido en redes sociales (Isufi, 2024).

El énfasis, entonces, debe centrarse en acompañar tanto a adolescentes como a sus padres en comprender las razones que llevan al autodiagnóstico, y en reforzar los sistemas actuales de salud profesional y el acceso a los mismos, de modo que se reduzca la necesidad de acudir a contenido como el de TikTok (Foster & Ellis, 2024). Con esta red social, no sólo es necesario implementar advertencias sobre la veracidad del contenido que ofrece, sino que se ha propuesto que los profesionales de psicología educacional puedan transformarla en una herramienta de salud pública, al publicar contenido de calidad o colaborando con creadores de confianza, para incrementar el alcance de información basada en evidencia en torno al autismo (Foster & Ellis, Isufi, 2024).

Conclusiones

Aunque yo nunca me autodiagnostiqué como autista, tenía pensado hablar un poco de mi experiencia al vivir sin un diagnóstico formal por 28 años, pues en cierta forma puedo entender a aquellas personas que se han reconocido como distintas por mucho tiempo, no pueden acceder a servicios de calidad, e incluso son desdeñados por profesionales de la salud. No me sorprende que, a pesar de que se quiera vender una “epidemia de autismo por moda”, en realidad haya razones de peso por las que algunas personas se asumen como autistas sin tener el diagnóstico en la mano.

Decidí no hacerlo por dos razones. La primera es que creo que es una historia de la que podría hablar mejor en su propia entrada. La segunda es que, como pueden ver, el tema del autodiagnóstico es bastante más complejo, y no quería tratar de inclinarlo hacia una visión particular. Como han podido ver, es un tema que abarca diferentes experiencias, diferentes motivaciones.

En general yo apoyo el autodiagnóstico autista, siempre y cuando haya venido acompañado de herramientas adecuadas, como las pruebas de autoevaluación que mencioné antes, o la revisión de los criterios de diagnóstico actualizados. Eso al menos demuestra una comprensión adecuada de la condición, más allá de videos de TikTok o listas de comportamientos. Si tienen interés en seguir cuentas en redes sociales que divulgan sobre autismo con conocimiento y experiencia, pues puedo recomendar varias que sigo.

De primera por supuesto está Autiblog (tanto en Instagram como en su propia página), proyecto creado por una neurocientífica autista. Otras cuentas que sigo son las de Antonio Jiménez (Profesor Autista), Daniel Millán López, María de Santos (Chica en el espectro) Eira Psicóloga, Mónica Vallejo (quien hace ilustraciones simpáticas sobre experiencias autistas), Alejandra Aceves (Historias Cotidianas), Pempox (que ofrece una perspectiva como autista musulmana), Marisa Martínez (La Michi Autista), Moira en el espectro, y Nico AuDHD. Si les interesan en inglés, están Neurodivergent Lou, Peter Wharmby (también escritor y educador), Lil Penguin Studios (Autism Happy Place), Callum Stephen, Jenji Laut y Britney G. (Bahautistic), quien habla del autismo desde su experiencia como bahameña negra.

Entre las cuentas mencionadas hay tanto de divulgación dura como experiencias de vida narradas al público. Y es que me parece importante destacar que, aunque considero importante realizar al menos algunas de las pruebas en línea, también es importante que aquellos con inquietudes sobre sus diferencias puedan conocer cómo diferentes personas vivimos con el autismo, y quizás puedan llegar a reconocerse un poco en lo que se narra. Es por eso que no creo que haya que satanizar ni restringir este tipo de cuentas en redes -porque sí, he visto que a algunos de ellos se les reprocha compartir sus propias experiencias a pesar de ser autistas-, sino asegurarse de que sean las buenas, las que saben de lo que están hablando y lo hacen desde una experiencia genuina, las que tengan mayor difusión en general.

Espero que con este ensayo haya podido ofrecerles una perspectiva mucho más amplia e interesante de todo lo que involucra el autodiagnóstico autista, para que eviten caer a futuro en simplificaciones o exageraciones. Un gran Mes del Autismo para todos.

Bibliografía

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