martes, 24 de julio de 2018

Díptico de polémicas

Podría haber llamado a esto “díptico de Hollywood”, porque los casos de los que voy a hablar vienen del mundo del cine. Sin embargo, el contexto e impacto de cada uno de ellos son fáciles de enmarcar como discusiones de suma importancia para los tiempos que corren, donde se lucha por una apertura mayor de espacios para minorías fuertemente discriminadas o se busca la concienciación ante temas de índole sexual de los que se habla poco. Uno es un ejemplo de la bastardización de los movimientos a favor de los derechos de minorías, y el típico caso de cómo tener la razón se desdibuja ante los torpes métodos de lucha. Otro es más complicado, es la dificultad de trazar los límites entre el humor negro, la simple provocación descerebrada y la apología a la perversión.

1. Este mes ha sido muy agitado en cuanto a la representación en el cine se refiere. Dos casos en particular. El primero ya es un poco viejo, pero corresponde a una actriz de impacto internacional: Scarlett Johansson. Resulta que había sido seleccionada para el protagónico de la película Rub and Tug, un biopic sobre la vida de Dante Gill, un criminal transgénero. Esto desató las críticas de actrices trans como Trace Lysett (Transparent) y Jamie Clayton (Sense8), que lo consideraron una falta de oportunidades para que un papel así fuera interpretado por un intérprete trans, y que el problema no sería tan grave si tuvieran las mismas garantías de audición que actrices cisgénero como o Jennifer Lawrence. Aunque Johansson al principio desestimó las críticas, manifestando que podían hacer tales comentarios a los representantes de los actores Jeffrey Tambor, Jared Leto y Felicity Huffman, todos con papeles de personas transgénero en su carrera, esto desató críticas mucho más virulentas en Twitter, donde acusaron a la actriz de “robarles su narrativa y oportunidades”, y retando a las compañías a llamar a una actriz trans para hacer un personaje cisgénero. Ante la avalancha de críticas, Johansson decidió finalmente retirarse del proyecto.

Cabe resaltar, porque no lo he dicho hasta ahora, que el director de Rub and Tug es Rupert Sanders, el mismo que seleccionó a Johansson para la adaptación live action de 2017 de Ghost in the Shell, otro papel por el cual la actriz fue duramente criticada al no ser de ascendencia asiática.

La semana pasada también nos enteramos de que Dwayne Johnson fue criticado por su reciente papel en Rascacielos, donde interpreta a un protagonista con una pierna protésica. En una carta abierta, y de forma mucho más respetuosa de lo que fue Lysett, la actriz y atleta paralímpica Kate Sullivan le agradece por sus buenas intenciones al tomar el papel, pero resalta que “un intérprete con discapacidad nunca estará en el lugar de ser el nombre principal de una producción, menos si no se les da la oportunidad, en primer lugar. Con un elenco para estos roles con personas que brindan autenticidad (un actor realmente amputado), cambiarás la oferta de talento venidera”, al mismo tiempo que subraya que un niño amputado que sueñe con ser actor se verá desilusionado a luchar por su sueño al ver esto. La Roca, mucho más diplomático de lo que fue Johansson en su primera misiva, decidió visitar un centro de rehabilitación para personas amputadas en Nueva York, y agradeció por el diálogo directo que pudo tener con ellos.


Estos casos son muy complejos, porque partimos del hecho de que al final del día, en el fondo tanto Lysette y Clayton como Sullivan tienen razón en su inconformismo. Es cierto: Hollywood aún tiene mucho que mejorar en cuanto a igualdad de oportunidades. Los discapacitados son aún muy discriminados en cuanto a trabajos actorales, y las personas transgénero siguen limitadísimas en cuando a campo laboral en cualquier ámbito social, no sólo en Hollywood y el cine. Eso es muy difícil de refutar o incluso discutir, y estoy de acuerdo en ese punto.

No obstante, la nobleza de las causas jamás justifica los métodos, y en ese sentido las tácticas asumidas en estos casos, en especial el de Rub and Tug, son un tiro en el pie para la causa de las luchas de igualdad. Al hacer presión social para que una actriz abandone un papel trans, lo que se está haciendo es forzar a las compañías de cine a asumir una cuota de diversidad, lo cual muchas veces en una empresa conduce a que se seleccione una persona sin tener en cuenta las capacidades requeridas para un cargo, y esa no es la forma de conseguir la igualdad de oportunidades. Tanto Lysette como Clayton deberían comprender bien que seguramente hay muchas más razones de fondo para que Sanders seleccionara a Scarlett Johansson como protagonista en su proyecto: es una actriz consagrada por sus habilidades; es un gancho seguro de taquilla; y además ¡ya trabajó con ella en Ghost in the Shell! ¿Consideraron estas cosas cuando acusaron a Johansson de “robarles su narrativa y oportunidades”? Esto no es decir que Sanders haya estado en lo correcto o se equivocara al fichar a una actriz heterosexual, ni que Johansson no fue arrogante en su respuesta inicial, sino que el contexto es mucho más complejo que simplemente asumir que le cerraron intencionalmente las oportunidades a una actriz trans de asumir el papel.

Se supone que en un ambiente de igualdad laboral debería haber una apertura y condiciones iguales de audición para que cualquier intérprete, sea LGBTI o heterosexual, pueda mostrar sus capacidades actorales. Exigir una cuota de diversidad, que por cierto se ha convertido en un comportamiento tóxico dentro del fandom de muchos trabajos artísticos (ya hablaré en algún momento de esto), es todo lo contrario a un sistema con igualdad de oportunidades. La rabieta de Lysette (y me centro en ella por ser la más agresiva de las críticas a Johansson) hace un pésimo favor a la comunidad transgénero, pues en el fondo termina empobreciendo el espacio laboral para las minorías al generar un ambiente donde se les debe otorgar puestos por capricho y miedo al batacazo social, y no por sus dotes profesionales. Eso, en el fondo, también es discriminación pura y dura.

Finalmente, tal como expuso alguien en una columna de opinión de –y es sorprendente que venga de ahí- Cultura Colectiva, algo que se pasa por alto es que una película, un libro o una serie de televisión es al final la narrativa del autor, no de su público. Se puede exigir que por lo menos la historia sea fiel, objetiva y con un buen trabajo de investigación de fondo, pero el autor no está obligado a cumplir con las exigencias del público, ni mucho menos limitar sus opciones de reparto a lo que pide chillando la gente, ni siquiera si son de una minoría. Creo que este párrafo lo resume muy bien:

Estoy totalmente de acuerdo con que la igualdad de oportunidades no ha llegado. Aún queda muchísimo trabajo por hacer contra la discriminación para asegurar que el campo de juego es parejo. Sin embargo, no es responsabilidad de todos hacer que te sientas representado. La equidad trata construir una plataforma nivelada donde cualquiera pueda mostrar su talento, no de garantizar puestos en tal o cual proyecto para cumplir una cuota de diversidad. Esa clase de soluciones cosméticas no resuelven el problema de fondo.”

Sobre el caso de Rascacielos, la verdad tengo poco que añadir que sea diferente a lo que acabo de mencionar. Resalto de nuevo la nobleza de La Roca al aceptar las críticas y buscar a miembros de la comunidad de amputados para escuchar sus opiniones sobre su trabajo, y por supuesto la comprensión de Sullivan, pues la carta es más una serie de recomendaciones y sugerencias que una diatriba desaforada. Si bien es necesario que la visibilidad y concienciación de las minorías históricamente discriminadas pase por una mayor representación suya en papeles y trabajos artísticos, esto debe nacer de una disposición real y objetiva del mercado laboral para garantizar el acceso de cualquier persona, no de rabietas personales que ensucian un debate muy necesario.

2. Este caso está más fresco, y es incluso más espinoso para muchos. El pasado fin de semana, Disney decidió despedir a James Gunn, director de las dos películas de Guardianes de la galaxia. El motivo: alguien (ya explicaré más adelante quién es y por qué lo hizo) sacó a la luz una serie de tuis de hace diez años bastante escabrosos donde el cineasta hizo –o intentó hacer- chistes sobre la pedofilia. Aunque Gunn publicó rápidamente unas disculpas por su inmaduro comportamiento a inicios de su carrera profesional, y ha recibido del apoyo tanto de varios miembros del elenco de Guardianes como Dave Bautista, Chris Pratt, Zoe Saldana y Karen Gillan, así como de David Dastmalchian (actor en las dos películas de Ant-Man), la empresa del ratón malvado mantiene en pie su decisión.

Con ustedes, los controversiales tuits. Léanlos y júzguenlos a su parecer.

Todo este caso ha generado una discusión bastante fuerte sobre un tema que jamás muere: si el humor negro debería tener límites, y si Disney estuvo en lo correcto al expulsar a un miembro importante de la construcción de su Universo Cinemático de Marvel. ¿Nos arriesgamos a analizar este caso?

Primero, cartas sobre la mesa: el motivo tras el escándalo de Gunn no es nada inocente. El director es un conocido crítico del presidente Donald Trump, y quien escarbó en su pasado para desacreditarlo por los horribles tuits fue nada menos que Michael Cernovich, un reconocido conspiranoico y seguidor acérrimo de Trump que ya se había hecho famoso durante la campaña presidencial de 2016 por ser uno de los principales promotores del infame Pizzagate, una falsa teoría conspiratoria sobre una red de pederastia dentro de las altas esferas del Partido Demócrata conectada a una pizzería en Washington, y que llegó al punto en que un imbécil que se creyó el bulo abrió fuego contra el establecimiento. Ahora, esto no significa que Gunn sea inocente de sus acciones (si consideramos hablar de culpa con respecto a una mala broma), pero sí nos dice que a Cernovich no le interesa exactamente el bienestar de los niños, sino desprestigiar y arruinar la carrera del cineasta por sus críticas a Trump.

Pasemos ahora a los tuits en sí. ¿Son una apología a la pederastia, como sugieren algunos? No. Son horribles, sí, nada apropiados, y la verdad son algo que lo que no te puedes reír ni cinco, pero no es porque sean comentarios apologistas, sino porque son chistes negros muy malos; sólo buscan impactar e indignar al lector, y hasta creo que despertar una risa no estaba en las prioridades de Gunn cuando tuiteó esas frases. Dudo que a alguien se le pueda condenar por ser mal comediante. De nuevo, como he defendido siempre, para el humor negro no existe nada sagrado, ni siquiera un tema tan sensible como la pedofilia. Hacer humor no es fácil, especialmente de un estilo tan crudo y polémico, y no todo el mundo puede ser Sarah Silverman o los Monty Python. Es obvio que James Gunn quiso provocar con chistes de humor negro, y le salió muy mal porque sencillamente no tiene gracia para eso.

Apuesto a que muchos aún se ríen cuando se encuentran con un meme de Pedobear en Internet, y muchos de los que conocen los casos del padre Maciel y Jared Fogle seguramente batieron la mandíbula en Deadpool cuando el antihéroe hacía chistes al respecto burlándose del Reclutador. Pero es que es obvio que esas bromas son hechas con más sutileza y tacto (aunque no por ello menos provocadoras) que lo que hizo Gunn. El cineasta podrá haber sido un provocador sin cerebro al comienzo de su carrera, pero eso no lo hace un apologista de la pedofilia. Si buscan una verdadera apología al respecto, quizás deban ver las premisas de la NAMBLA o las patéticas excusas que dan líderes musulmanes en algunos países donde todavía se permite el matrimonio infantil.

Ahora, ¿la actitud pasada de James Gunn es completamente excusable? No exactamente. Es cierto que maduró mucho como profesional, pero al inicio de su carrera era conocido precisamente por hacer trabajos destinados a impactar y provocar a la gente, y si los tuits son evidencia de algo es que no siempre lo hizo de forma inteligente. Un problema que tienes cuando empiezas a hacerte conocido en el mundo artístico por ser un provocador sin sutilezas es que al crecer, no todos te toman en serio, y siempre habrá alguien que te eche en cara tu pasado para tratar de minar tu criterio. Gunn ya estaba bastante grandecito cuando hizo los tuis como para saber que podría tener un impacto futuro en su vida, aunque dudo que pensara en algo como esto. Y tal cosa es algo que también he dicho antes: si te haces conocido por decir estupideces, no es como que todos te vayan a recibir con los brazos abiertos, ni todo el que te critique va a ser un caballero al hacerlo, y eso no te hace inmediatamente una víctima. Creo que, al menos, el caso de Gunn le servirá como una lección a los que quieren hacerse conocer como malotes por opinar cosas grotescas sobre temas controvertidos.

¿Disney estaba en su derecho al expulsarlo? Pues le dolerá a muchos admitirlo –a mí no, no soy fanático de algún director en particular-, pero sí. Como una empresa orientada al público familiar, tener vinculada a una persona con una actitud tan transgresora para muchos, aún si fue en el pasado, es arriesgar su audiencia objetivo y sus ingresos. Irónicamente, cuando ocurrió el caso del tuit racista de Roseanne Barr y por el cual cancelaron el regreso de su serie, Gunn publicó un tuit donde defendía el derecho de expresión de la actriz, aunque al mismo tiempo aclaró que si ABC consideraba horribles sus palabras, no tenía por qué mantener el proyecto del que ella hacía parte. Y es el mismo caso con Disney: no tienen por qué obligar a la empresa a mantener al director en su nómina. La vida tiene una forma muy curiosa de hacerte tragar tus palabras.


Ahora, hemos hablado hasta ahora del derecho de Disney a terminar su asociación con Gunn. ¿Fue apropiada esa medida? No estoy convencido del todo, pero la verdad no lo creo. Nuevamente, estamos hablando del James Gunn de 2008, no del James Gunn de 2018. Esto no tiene nada que ver con su contribución al MCU o si la tercera parte de Guardianes de la galaxia se irá al carajo sin él: eso es lo que menos debe importar en el debate. Las personas que han trabajado con él dan cuenta de ser una persona respetuosa, y mientras no haya denuncias ni sospechas actuales de que haya incurrido en actos irrespetuosos directos contra un menor de edad, las medidas de Disney terminan siendo excesivas. No es un caso reciente de declaraciones infelices como pasó con Roseanne Barr, ni de una conducta abusiva reiterada, como lo sucedido con Chris Savino. Disney pudo haber tratado de expresar su respaldo a Gunn como la persona que es ahora, y poner en contexto (por difícil que pudiera ser) al idiota que fue antes. Sin embargo, en estos tiempos donde la indignación moral es tan rápida y fácil como sacarse una espinilla, y con algo tan difícil de digerir y contextualizar para la audiencia como el humor negro es comprensible, más no enteramente justificable, que prefirieran cortar por lo sano y echar al cineasta como un perro.


Conclusiones

Notarán que en ambos casos, un tema recurrente es la indignación fácil, aunque en ambos casos es marcadamente contrastante: se pide un mayor progresismo en la apertura de oportunidades para minorías discriminadas, pero se hace exigiendo cuotas a tal punto que quienes hacen parte de tales minorías terminan pidiendo sin saberlo que se conmiseren con ellos. Al mismo tiempo, he visto a muchos progresistas que no pueden ni saben tolerar el humor negro, y creen que cualquier persona que haga un chiste sobre el suicidio o el abuso sexual es un completo monstruo -aunque hay que admitir, el escándalo con Gunn surgió de una derecha ultraconservadora-. Encuentro sumamente debatible ambas actitudes. Pedir igualdad de condiciones no es darle un puesto de regalo a alguien sólo por ser de una condición especial, sino entregarles las mismas garantías y oportunidades que los demás. Exigir una mayor libertad para las opiniones implica también escuchar las opiniones que no nos gustan, y saber contextualizar cuándo alguien está defendiendo una atrocidad, y cuándo está simplemente jodiendo.

Adenda: dice mucho de la condición del colombiano que haya muchos defendiendo el nombramiento de Ernesto Macías como presidente del Congreso, argumentando que es noble el hecho de que una persona casi analfabeta llegue a un puesto tan importante. Que haya falsificado un diploma de bachiller, mentido en su hoja de vida y mentido al decir que en 2018 las elecciones serían suspendidas para dar paso a un gobierno transicional de las FARC como que se les hace bello con tal de lograr el éxito. Con ese tipo de, como diría mi papá, pensamiento cefalo-anal, no sorprende que nadie se inmute con el incesante asesinato de líderes sociales, pero en cambio se escandalicen con la estupidez que hizo Mockus.

2 comentarios:

  1. Por cierto, que gracias a la reacción al casting de Johannsen, parece que el proyecto en cuestión quedó cancelado o suspendido. Quizas vuelva con un nuevo casting, pero yo creo que lo único que la gente va a asociar esto con la polemica.
    Y en veinte años se van a hacer peliculas donde la sociedad de ahora van a ser los villanos, asi como existen películas villanizando a la sociedad de los 50s/60s.
    Eso será gracioso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, olvide mencionar ese detalle. No sé cómo siga, pero por las dificultades del caso, veo difícil que que el proyecto salga a flote.

      Y no dudo que seremos un buen material de guión para futuras películas.

      Eliminar