sábado, 21 de octubre de 2017

Pedagogía para intolerantes

El ex procurador destituido y ahora -es frustrante decir esto- candidato presidencial Alejandro Ordóñez fue entrevistado hace unos días en radio. Durante la conversación, la periodista sacó el tema de la famosa quema de libros que protagonizara Ordóñez durante su juventud. Para los que todavía no sepan del tema en Colombia, y los que no son de nuestro país, los pongo en contexto. En 1978, el día de la Virgen de Fátima, Ordóñez, entonces miembro de la Sociedad de San Pío X y la organización Tradición, Familia y Propiedad, organizó una hoguera con revistas pornográficas y libros que consideraba “corruptores” contra la moral católica, entre ellos obras de García Márquez, Rousseau, Marx e incluso una Biblia que simplemente “cometió” el “pecado” de ser una versión protestante.

Ante la pregunta de si volvería a hacerlo, Ordóñez respondió muy cínico: “Sí, el libro donde estén las frustraciones y las enemistades y los malos recuerdos”. Cuando la periodista recalcó que una quema de libros sería una agresión contra la libertad de expresión y la democracia, el ex procurador argumentó que “Es un acto pedagógico. Simplemente es pedagogía”.

Pedagogía… Creo que no me sorprende que para un lefebvrista furibundo como Ordóñez, que usó su cargo para acosar homosexuales, políticos de izquierda y mujeres que abortaran incluso dentro de la ley, que evita discutir sobre el tema del Holocausto nazi (el cual muchos en el lefebvrismo niegan), y a quien la Corte ha decidido por fin empezar a investigar por corrupción, una quema de libros sea un acto pedagógico. Para los intolerantes, los fundamentalistas, los radicales religiosos, la mejor forma de enfrentarse a las ideas contrarias a sus creencias es destruirlas físicamente. A menudo sólo en donde son plasmadas. Y no pocas veces, a los que las formulan.

El año pasado la revista Semana hizo una muy acertada comparación del suceso con la quema de libros de 1933 en Alemania, donde fueron incinerados, por parte de estudiantes universitarios, libros que se creía iban en contra del espíritu de la nación, entre ellos muchos de autores judíos como Marx y Freud, y que marcó el ascenso del nazismo y su persecución en contra de las minorías culturales que creían que contaminaban la raza aria. Sabemos bien cómo terminó todo eso, aunque lefebvristas, revisionistas criptonazis y más de un mamerto desubicado insistan en que no ocurrió, ¿cierto? Y todo empezó persiguiendo ideas.

Dudo mucho que a estas alturas del siglo XXI Ordóñez sea tan estúpido como para, de llegar a ser presidente -Tiamat no lo quiera-, seguir los pasos de Hitler y ejecutar a los indeseables que vayan en contra de sus ideas. Pero la persecución y censura de ideas transgresoras, especialmente cuando van en contra de morales conservadoras, a menudo termina convirtiéndose en persecución contra las personas que las profesan. Persecución política, maltrato policial, pérdida de derechos, etc. No es necesario llevarlos físicamente a la hoguera cuando puedes quemarlos simbólicamente en público al convertirlos en personas no gratas, en caricaturas infames que quieren degradar a la sociedad. Y Ordóñez ya tiene un prontuario de persecución y discriminación en sus espaldas. ¿Alguien espera realmente que sea diferente si logra llegar a la Casa de Nariño?

Creo que lo más terrible de esto es que a pesar de lo que he dicho, a pesar de las evidencias de corrupción en Colombia, a pesar de su comportamiento ramplón y grosero donde intenta ser el Donald Trump colombiano, sin mucho éxito, vendiéndose como un rebelde en contra del “sistema” (en contra de la democracia, la diversidad y el progresismo, realmente), este hombre cuenta aún con muchos seguidores, personas que están hartas de ver cómo minorías que ellos consideran como pecadores abominables son reconocidos como sujetos de pleno derecho, cómo en un país laico ninguna idea religiosa está por encima de otra por más que sea aceptada por millones. Eso es inquietante y hasta peligroso.

No creo que alguien tan controvertido como Ordóñez logre llegar a la presidencia, pero ya me he equivocado antes con Trump. Es arriesgado subestimar la ignorancia e inconformidad de la población. Insisto entonces en que debemos dejar claro las cosas como son: abrirle la puerta a un inquisidor como Ordóñez, temeroso de las diferencias de opinión al punto del absurdo, es darle poder a alguien que empezará a perseguir minorías, y no se detendrá allí. Sería condenar no sólo la blasfemia, sino la sátira e incluso el humor; sería oprimir el periodismo y la libertad de expresión. Y para los protestantes, los evangélicos que por alguna estúpida razón creen ver en alguien como el ex procurador a un aliado, un defensor de la familia y las costumbres cristianas, les recuerdo que una Biblia protestante estuvo entre los libros quemados por este hombre. Y es un admirador de la Constitución de 1886, esa bajo la cual ustedes eran ciudadanos de segunda clase, tal como ustedes mismos quieren hacer ahora con los LGBTI. ¿De verdad esperan que los apoye si lo llevan al poder?

Es una entrada corta, y seguramente algo floja en comparación con otras que he escrito, pero por el momento es lo que tengo que decir. Tenemos que dejar de ver las cosas con los ojos de Marge Simpson, de “si esto no me gusta, entonces no debería disfrutarlo nadie más”. Si le incomodan las ideas de otros, sean progresistas o conservadores, deje de ser un cobarde y enfréntese a ellas con argumentos, no con fuego y persecución.


Adenda: esta semana, después de muchos esfuerzos por dilatarlo, finalmente se dio el debate sobre corrupción en el Congreso, presidido por Claudia López y Jorge Enrique Robledo. La única defensa de los congresistas del mal llamado Centro Democrático y otros, vastamente relacionados con este delito, fue increpar a la senadora por el tono de su discurso. Sí, seguramente Claudia podría ser más cordial (y en realidad, el nivel de corrupción en el país es tan descarado que enfurecerse por ello es algo normal), pero que ese fuera el único argumento de los congresistas aludidos revela que en realidad ya no tienen argumentos sólidos para defenderse.

2 comentarios:

  1. Hola. Si bien considero, igual que con Piedad Córdoba, poco probable que Ordóñez llegue siquiera a tercer lugar, por desgracia no son pocos los que apoyan a Ordóñez (entre ellos, curiosamente, jóvenes https://twitter.com/Caromunozb/status/905938514688303104?s=09) lo cual ya es como para echarse a llorar.

    Hago un paréntesis a propósito.
    Hay tres posibilidades y probabilidades, de las cuales al menos una será realidad, acuérdense de mi:
    1 Piedad Córdoba (quien está haciendo candidatura independiente) hará coalición con el partido de las Farc y terminará de candidata por este
    2 Ordóñez formará coalición con el uribismo y parte importante de los conservadores de No
    3 El uribismo y el sector político representado por Vargas Lleras formarán coalición

    Por mi parte, hasta el momento las mejores opciones (o menos malas, depende de cómo lo vea cada quien) están entre la coalición "anticorrupción" y Humberto de la Calle

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    1. La verdad es que, entre esas tres opciones, a Piedad Córdoba la veo como la menos probable, porque aunque todavía tiene mucha gente que la apoya en la izquierda, las FARC todavía no tienen una buena posibilidad en la política. Ordóñez sí me asusta especialmente, porque son muchos los que lo siguen, y si el No hiciera una coalición, podrían llegar a la presidencia con toda la división en la Unidad Nacional; no estoy seguro si la alianza Fajardo-López-Robledo es lo bastante fuerte para enfrentar una coalición así. Esperemos que el ego lo impulse a seguir de independiente, y en todo caso por ahora una unión entre los del No no parece algo concreto; con excepción quizá de Marta Lucía, cada uno quiere capitalizar esos votos y ponerse como el salvador del país.

      Y sí, de momento creo que las mejores opciones son ellos y De la Calle, que fuera de López y Fajardo es como el más sensato.

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