lunes, 21 de diciembre de 2015

Nacionalismo inútil (XV): el episodio de Miss Universo 2015

Como ya lo he mostrado en entradas anteriores, los colombianos somos criminalmente propensos a defender lo que consideramos injusticias contra las personas que nos representan. ¿Recuerdan el comportamiento en las redes cuando Falcao fue lesionado y tuvo que perderse la Copa Mundial? ¿O nuestra dignísima etiqueta al abordar la polémica de Nicolette Van Dam? Bien, ahora tenemos una nueva polémica para demostrar la brutal inmadurez de nuestra sociedad, y es el pasado concurso de Miss Universo.



Al igual que varias personas, me he enterado del asunto porque en Internet no se ha hablado mucho en las últimas horas de otra cosa, pero lo comprendo tan bien como todos. Durante la coronación de las finalistas del evento, se anunció como ganadora de la corona de Miss Universo a la representante de Colombia, Ariadna Gutiérrez. Sin embargo, a los pocos minutos el presentador, Steven Harvey, regresó avergonzado para decir que se había equivocado, y que la ganadora era realmente Pia Wurtzbach, la representante de Filipinas. La anterior Miss Universo, Paulina Vega, tuvo que verse en la embarazosa necesidad de quitarle la corona y el ramo a su compatriota. A pesar del aparente apoyo de las candidatas a Wurtzbach, el desconcierto fue evidente.


No tardó más que unos pocos minutos para que la polémica estallara en Internet. Pronto las redes sociales se llenaron de indignación e insultos ante lo ocurrido. Hay de todo, desde mensajes de apoyo a Ariadna Gutiérrez (en gran parte del mundo), pasando por críticas a Harvey y a los organizadores de Miss Universo (en gran parte del mundo), así como espacio para algo de humor  ante el bochornoso suceso. No obstante, como conozco bien a mis compatriotas, y sé hasta dónde llegan sus extremos, creo que es necesario ponerles un freno para que reflexionen un poco.

Como suele ocurrir con las polémicas de Internet, las opiniones pueden agruparse en unos cuantos tipos. En este caso, podemos agruparlas en tres clases. Tenemos a los que se sienten indignados por lo ocurrido, incluyendo desde acusaciones de fraude hasta amenazas de muerte a Harvey; están los que consideran que hay cosas más importantes de las que preocuparse; y la mamertada regular que saca conclusiones estúpidas al respecto. Y como siempre, cada una se equivoca en cierto punto.

A los indignados, comprendo que se sientan molestos. El error de Harvey fue una vergüenza con todas las de la ley. No obstante, poco se puede hacer, puesto que la corona ya pertenece a Filipinas, tal como estaba claramente expuesto en la tarjeta. Y lo cierto es que se puede excusar un poco, si bien no justificar, al presentador, puesto que la tarjeta tiene en una esquina los nombres de la primera princesa y la virreina en una forma un tanto confusa (2nd Runner-Up, 1rst Runner-Up), y en el extremo inferior el nombre de la Miss Universo, con este título dispuesto de forma tal que más parece una marca registrada que la casilla con el nombre de la ganadora, sumado a que, si se es diestro, se suele tomar una tarjeta así del extremo inferior donde reposaba dicho nombre. En medio del ruido y de la tensión ante un evento de dicha importancia, no es difícil equivocarse (eso sí, hay que ser muy pelmazo para que algo así pase cuando tienes los nombres en la mano). Así que lo siento, pero Ariadna no fue la ganadora y ya. Supérenlo. Tiene oportunidad de conseguir mucho más con lo ocurrido.

La diferencia en las fuentes de letra debería dejar muy en claro que la primera imagen es un fake.

Ya existen algunas imágenes y videos que hablan de un supuesto fraude, puesto que en el tarjetón original sí estaba el nombre de Colombia, además de las publicaciones en Twitter de un par de jurados. Lo siento, pero fotos y videos pueden alterarse sin gran dificultad, y de todos modos las evidencias son muy débiles. ¿Cómo podría darse un fraude de esa naturaleza? Si la elección se hizo realmente días antes, ¿por qué aun estaría el nombre de Colombia en la tarjeta? Si la orden del cambio se dio unos pocos minutos antes a los jueces, ¿por qué no avisarle a Harvey? Seamos sinceros, la idea de que le robaron la corona a nuestro país no son más que elucubraciones de paisanos frustrados, que gustan de celebrar los triunfos ajenos como si hubieran contribuido realmente en algo, y como si de verdad eso mejorara sus vidas.

Para concluir el primer núcleo de opiniones, cabe señalar lo interesante que son las reacciones vistas a extremo y extremo. Por un lado, hay personas tan solidarias que hasta iniciaron una campaña en Change.org para que le devuelvan la corona a nuestro país. No seamos tan patéticos, por favor. Del otro, hay decenas de personas dejando mensajes racistas y amenazas de muerte contra Steven Harley en Twitter y otros medios. Tristemente, cuando estos sucesos ocurren aflora lo más repugnante del colombiano. ¿Y así nos quejamos de que nos vean en el exterior como paramilitares y narcos? ¿De verdad vale tanto la pena una corona de belleza?

Sigamos con los que dicen que hay cosas más importantes de las que hablar, que con frecuencia son los mismos “intelectuales” que se ponen polémicos y miserables cuando ocurre una tragedia en un país desarrollado, mientras se lamentan por países que no les podrían importan menos. Esta vez tienen razón, y al mismo tiempo no la tienen. Sí, porque un concurso internacional de belleza no debería ser tan relevante para nuestras vidas, y siempre hay noticias más serias que usted puede buscar -a menos que sea lo bastante perezoso para no hacerlo, y luego quejarse de que Caracol o RCN no muestran lo que usted no ve hasta que otro mamerto lo pone en Facebook-. No, porque este bochornoso episodio nos puede servir como un momento de reflexión, al mostrarnos la inmadurez que aún tienen nuestra sociedad. Pretendemos conseguir paz y reconciliación del proceso con las FARC, cuando en reaccionamos muy agresivamente contra un presentador que leyó mal una tarjeta (y al parecer, no soy el único que ha reflexionado al respecto). Es evidente que aún nos falta mucho para crecer, y eso es preocupante, pues tolerancia y respeto son cosas que necesitamos si queremos entrar a lo que denominamos, usando una palabra tan prostituida, como “posconflicto”. ¿Creen que realmente no es importante analizar el comportamiento de los colombianos al respecto?

Pasemos a los más descarados. En la página de Facebook Juventud Revolucionaria Colombiana (otro nido del estúpido mamertismo colombiano de Facebook) ya publicaron una imagen según la cual Pia Wurtzbach ganó porque en la pregunta de actualidad que le hicieron, relacionada con la instalación de una base militar estadounidense en su país, respondió que no tendría problemas con ello. Fuera de hacer alarde de una paranoia imbécil antiyanqui, lo patente de su ignorancia es casi hilarante. Todas las preguntas hechas a las candidatas tenían que ver con temas políticos relacionados con su país de origen. Pensar que calibraban si Wurtzbach era lambona al “imperio”, y por tanto apta para la corona, tendría sólo un poco de sentido, y no demasiado, si se hubiera hecho la misma pregunta a todas las candidatas. Y no seamos cretinos, que Gutiérrez probablemente no habría contestado algo diferente: la corrección política es ley en estos eventos (por cierto, su respuesta a la pregunta sobre el abuso de drogas fue más bien simplona).


Por otro lado, como Wurtzbach indicó, filipinos y estadounidenses comparten mucho de su cultura (después de todo, ellos apoyaron su lucha por la independencia, si bien posteriormente entraron en conflicto), así que es muy probable que para muchos filipinos no sea un tema tan controvertido, a diferencia de una Colombia donde ni siquiera hemos superado el odio a los españoles. Y en todo caso, todo esto es un tema aparte, que en realidad poco tiene que ver. ¡Es un simple reinado de belleza! ¿Por qué tanta conspiranoia al respecto? ¿En serio piensan que hay un complot imperialista detrás de todo? Qué desperdicio de materia gris.

Lo más irritante es que, en un buen día, personas como las que comparten dicha imagen son en su mayoría las mismas que critican los concursos de belleza por ser pan y circo para el pueblo, porque son enajenantes, y porque crean falsas expectativas de belleza. No sabría decir si tan pútrida hipocresía me provoca más asco que risa, aunque creo que me quedaré con lo segundo.

Si hay personas que no estén de acuerdo con lo que he expuesto en esta entrada, les digo que reflexionen un poco. ¿Vale la pena molestarse tanto por un error en un evento de belleza como para inventar fraudes dudosos y conspiraciones inexistentes? ¿Y peor, amenazar de muerte a un pobre tonto por ello? Si realmente piensa así, le recomiendo que madure un poco. No le hará daño.

2 comentarios:

  1. Actualizado en el blog, andaba de vacaciones y ando poniéndole énfasis a mi otro blog de literatura, pero la serie no se olvida.

    Saludos.

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    1. Jaja! No hay problema. Espero que te haya ido bien. Tendré que estar más pendiente de tu blog de literatura. Saludos igualmente.

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