Definiendo la neurodivergencia… y sus límites

 Introducción

El regreso de tendencias ultraconservadoras alrededor del mundo ha representado un fortalecimiento de discursos capacitistas a nivel periodístico, intelectual e incluso político y médico (El Pensador Sereno, 2026; Stock, 2026). En un momento en que la representación y los esfuerzos de inclusión social de las personas discapacitadas ha incrementado su presencia en los espacios públicos y su atención médica, algunas personas en posiciones importantes ven esto como una “tendencia” de moda, una epidemia, o una señal de mala praxis médica (Amass, 2026; El Pensador Sereno, 2026a; Frith, 2026; Stock, 2026). Momentos así requieren una posición firme tanto de la comunidad científica como de los movimientos en apoyo a la discapacidad.

En este entorno, las neurodivergencias son una de las discapacidades más atacadas en estos momentos, en particular el espectro autista y el TDAH. Ambas están siendo señaladas por un supuesto sobrediagnóstico que está patologizando conductas frecuentes y normales entre otras personas (El Pensador Sereno, 2026a; Lester, 2026). Mientras que, en el caso del espectro autista, se habla de la necesidad de volver a los subtipos clásicos o establecer una nueva categorización (El Pensador Sereno, 2026a; Frith, 2026), del TDAH se está incluso cuestionando su existencia misma (Reppas, 2025; RCPsych, 2026). Esto obliga a hablar no sólo en defensa de los diagnósticos de condiciones del neurodesarrollo, sino también de un paradigma biopsicosocial de la neurodiversidad.

Por lo mismo, hablar de la neurodiversidad implica tener una posición firme en torno a su definición, las condiciones que la componen y, por supuesto, los límites de lo que se puede considerar o no neurodiversidad. Esto es importante, pues con el apogeo de redes sociales se han disparado el número de divulgadores sobre neurodiversidad y, si bien en general hay un buen trabajo al respecto, también es frecuente que algunos cometan errores a la hora de establecer una neurodivergencia, y todo lo que implica. Debido a esto, una defensa apropiada de la neurodiversidad requiere que tracemos unos criterios mínimos en torno a las neurodivergencias que pueden componer esta diversidad en el desarrollo y las experiencias y perspectivas que ofrece el cerebro humano.

¿Por qué se ha vuelto tan difícil hablar de neurodivergencia y neurodiversidad?

Imagen tomada de Autiblog.

Las críticas en torno al “sobrediagnóstico” y el autodiagnóstico de ciertas condiciones del neurodesarrollo son, en parte, un reflejo del discurso reaccionario en contra de lo que se consideran tendencias postmodernas de necesidades sociales que permean en el discurso científico (Long, 2025; El Pensador Sereno, 2026b). Es de notar, por ejemplo, que Katleen Stock, reconocida filósofa y activista transexcluyente, replique el discurso del “contagio social” para explicar desde el reconocimiento de la asexualidad hasta la presencia de mujeres discapacitadas en el espacio público (Stock, 2026), pasando por supuesto por el autismo. Y la verdad es que en todos los casos en que usa esta afirmación, la evidencia que ofrece es sumamente débil o ya de plano inexistente.

Cuestión diferente son afirmaciones de profesionales como Frith. Estos se basan en que la unión de los diferentes subtipos de autismo dentro del diagnóstico del espectro autista (TEA) acabó afectando la calidad de los procesos de diagnóstico, patologizando conductas regularmente vistas entre personas neurotípicas (Amass, 2026; Frith, 2026). Nuevamente, y esto es un tanto desconcertante en particular de parte de Frith -quien lleva años siendo una profesional del autismo-, sus temores tienden a fundarse también sobre una incomprensión profunda de los criterios de diagnóstico de condiciones neurodivergentes, y un rechazo a rasgos plenamente establecidos bajo argumentos igualmente endebles. De hecho, informes relacionados con el TEA y el TDAH han indicado que, en la actualidad, más que excesos de diagnóstico enfrentamos un subdiagnóstico (Engelbretch, 2025; Ahuvia et al, 2026).

Ahora, si este tipo de discursos ignorantes hacen problemático hablar o divulgar acerca de neurodiversidad, también existen problemas desde el propio movimiento neurodiverso. Las luchas en torno a la inclusión de las personas discapacitadas en espacios públicos y laborales, y los logros que se han alcanzado en estos años, son tanto admirables como necesarias (Enna Global, 2026), y lejos de mí está tratar de menospreciar sus logros. No obstante, al ampliar el alcance del discurso de la neurodiversidad, no sólo ha abarcado más allá de su significado original, sino que, al centrarse mucho en la identidad como eje, dejando de lado el componente económico y estructural de la discriminación, ha acabado también siendo cooptado y neutralizado en parte por la maquinaria capitalista, por empresas que ejercen una inclusión superficial, la presencia de sesgos capacitistas y neuronormatividad en la inclusión, el ignorar otros factores de injusticia y discriminación, y la captura de las élites de las políticas de identidad (Chapman, 2024; Enna Global, 2026). Es decir, una inclusión sin cambios radicales en el modelo económico y social tenderá a toparse con los límites de intentar desarrollar la justicia social dentro de dicho modelo.

Aparte de estos problemas políticos, existe también la forma en que algunas personas divulgan en torno a las neurodiversidades. A propósito de esto, hace poco hubo una reacción por parte de defensores del “autismo profundo” como una etiqueta válida (Nelson, 2026) a una entrevista realizada al actor Edward Norton en el podcast Armchair Expert, donde supuestamente el famoso respaldaba dicha etiqueta como el único diagnóstico válido de autismo. El problema es que Norton no hizo nada remotamente parecido. Durante la conversación, el actor hizo referencia como tal a dos aspectos que desde la propia comunidad neurodiversa se han criticado por bastante tiempo de -por suerte sólo- algunos divulgadores y activistas: el discurso de las neurodivergencias como condiciones con “súper poderes”, y el hecho de usar la neurodivergencia como una excusa para todo tipo de comportamiento, incluso algunos despreciables (Willingham, 2026).

Esto no es novedad. Por un lado, aunque se reconoce la importancia de destacar que las personas neurodivergentes tienen rasgos que, bajo ciertos escenarios y circunstancias, pueden ser bastante útiles a nivel profesional y social, llamarlo “súper poder” puede acaban invisibilizando un poco tanto las dificultades que enfrentamos día a día, como a aquellos neurodivergentes con mayores necesidades de apoyo (Chapman, 2024; Willingham, 2026), sin mencionar que es caer en el paradigma capacitista de valorarnos por nuestra capacidad de integración al sistema laboral (El Pensador Sereno, 2025a). Por el otro, las personas neurodivergentes por lo general somos tan conscientes como cualquiera de nuestras acciones, y podemos ser tan egoístas y crueles como un neurotípico dependiendo de nuestra crianza y entorno (El Pensador Sereno, 2025b; Willingham, 2026); ni siquiera aquellos con altas necesidades son imposibles de reconocer cuando hacen algo inapropiado si se les educa y prepara bien.

Finalmente, algo que también dificulta hablar con amplitud y precisión de la neurodiversidad es que el TEA y el TDAH tienden a estar sobrerrepresentados o, mejor dicho, cuentan con muchísima más difusión en redes sociales y discusiones en activismo de neurodiversidad, de modo que la persona promedio puede llegar a creer que sólo estas dos condiciones son neurodivergencias reconocidas. Esto no necesariamente es culpa de los activistas como tal, sino más bien por cuestiones estadísticas y de los algoritmos en redes sociales. Sin embargo, no deja de ser un problema que entorpece la charla en torno a la neurodiversidad y las neurodivergencias.

Identificando una neurodivergencia

Sí: ahí a la izquierda dice "neurodiverent". Ignoremos por un momento ese gazapo.

Hablar apropiadamente de qué significa la neurodiversidad requiere, antes que todo, hablar con propiedad de las neurodivergencias. Y este es un concepto que se puede hacer confuso porque, mientras que algunos lo usan de una forma más específica, otros lo aplican de un modo tan amplio que el propio concepto se puede desdibujar y decir poco de lo que realmente es (Bellato et al, 2026). Por lo tanto, intentemos desenredar la confusión.

Los conceptos básicos para comprender son tres: neurotípico, neurodivergente, y neurodiversidad. Una definición muy sencilla es que una persona neurotípica es aquella cuyo desarrollo y funciones mentales o neurológicas son similares a lo que se considera típico o “normal” dentro de nuestra sociedad, mientras que una neurodivergente es aquella en la cual el mismo desarrollo y funciones difieren de esta “normalidad” prestablecida (Whitehead-Smith, 2024; Shape Arts, 2026). Una persona neurodivergente procesa la información y los estímulos externos en formas que no son comunes a la mayoría de la población, lo cual es importante a tener en cuenta cuando se intentan enmarcar dentro de los distintos modelos de discapacidad. Cabe señalar, por supuesto, que se trata de un concepto descriptivo de origen sociopolítico, no médico: no hay un diagnóstico de neurodivergencia, sino muchas neurodivergencias reconocidas con diagnósticos clínicos (ReachLink, 2026).

Por su parte, neurodiversidad es un término más amplio, y por ello no tan fácil de definir. Nacido en 1994, en un artículo periodístico de Harvey Blume, pero introducido en el discurso popular por la socióloga Judy Singer, el concepto tiene al menos tres usos diferentes: el hecho fáctico de que existe una variación natural en el desarrollo neurológico, el pensamiento, el procesamiento de información y la experiencia del mundo, lo cual abarca tanto a neurodivergentes como neurotípicos; el paradigma o marco de la neurodiversidad, el cual señala que la discapacidad del individuo neurodivergente es resultado de una interacción entre sus características particulares y las condiciones del ambiente a su alrededor; y el movimiento de la neurodiversidad, es decir, el activismo político que busca mejorar los derechos y el bienestar de aquellas personas neurodivergentes (Dwyer, 2022; Shah et al, 2022; Helmond & Martensen, 2025).

Para efectos de este ensayo, me centraré principalmente en la neurodiversidad como el primer concepto, el que cada ser humano tiene un sistema nervioso particular con sus capacidades y necesidades (Helmond & Martensen, 2025), a menos que deba especificar alguno de los otros usos. Así mismo, es importante entonces no usar neurodivergencia y neurodiversidad como si fuesen términos intercambiables, pues es claro que abarcan cuestiones distintas, aunque relacionadas (Grant et al, 2025). Es algo en lo que incluso divulgadores sobre el tema podemos caer.

Volviendo a la neurodivergencia, ¿qué condiciones del neurodesarrollo son consideradas neurodivergencias? Ese es un tema más complejo que el concepto de neurodivergencia en sí. Típicamente, las listas no exhaustivas de neurodivergencias incluyen, además del TEA y el TDAH, la dislexia, la dispraxia, el síndrome de Tourette y otras discapacidades de aprendizaje como la discalculia y la disgrafía (Beckner, 2025; HealthDirect, 2026). Una reciente revisión sistemática encontró el término neurodivergencia asociado también a la depresión, trastornos neurológicos de origen traumático, síndromes genéticos como el síndrome de Down, discapacidad intelectual, trastorno bipolar, dificultades de procesamiento sensorial, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), dificultades motoras, trastorno límite de personalidad (TLP), trastorno de estrés postraumático (TEPT), y evitación de demanda patológica (EDP), entre otras (Bellato et al, 2026).

¿Por qué se ven estas diferencias en cuanto al número de condiciones que son consideradas neurodivergencias? Bien, las discrepancias entre profesionales se deben a que se emplean tres marcos distintos de definición de neurodivergencia (no confundir con los marcos de la neurodiversidad), cada uno con diferentes criterios de demarcación, lo cual influye en lo que se reconoce como neurodivergencia: un marco estrecho, un marco moderado y un marco amplio (ReachLink, 2026). El marco estricto de la neurodivergencia la limita a aquellas condiciones clasificadas y reconocidas dentro del DSM-V, entre las cuales se encuentran el TEA, el TDAH, la dislexia, la discalculia, la dispraxia y el Tourette. Por su parte, el marco moderado de la neurodivergencia extiende la definición hacia otras condiciones que incluyen variaciones cognitivas y sensoriales, incluyendo así diferencias de procesamiento sensorial, hiperlexia y epilepsia. Finalmente, el marco amplio de la neurodivergencia lo lleva hasta condiciones de salud mental, comprendiéndolas como diferencias de base cerebral en vez de respuestas situacionales o psicológicas, lo cual incluiría el TEPT, el TOC y el trastorno bipolar.

Podemos ver, entonces, que al hablar de neurodivergencias tenemos que considerar el marco que se está empleando. Condiciones como el autismo, el TDAH y la dislexia son coincidentes como neurodivergencias en los tres marcos, mientras que trastornos del ánimo como la ansiedad generalizada o el trastorno depresivo mayor pueden ser reconocidos en un marco más moderado o amplio, e ignorados por el marco estricto (ReachLink, 2026). Cada uno difiere en los criterios que emplea, y tiene sus fortalezas y debilidades, algo de lo que hablaremos después.

Parece más fácil decir qué cosa no es una neurodivergencia, y, de hecho, en cierto modo lo es. La neurodivergencia, claramente, no se trata sólo de ser autista o de atención divergente, de modo que decir que una persona es neurodivergente no es sinónimo de ninguna. Tampoco se pueden tomar rasgos de la personalidad como neurodivergencias; si bien algunos son más frecuentes en personas neurodivergentes, también hay gran variedad en personalidad y conducta. La neurodivergencia tampoco es reconocerse como neurodivergente sin más, sin tratar de buscar apoyo o consulta médica y psicológica para ampliar el conocimiento propio (ReachLink, 2026). Y por supuesto, expandir el concepto de neurodivergencia sin mucha precisión acaba afectando, sobre todo, a aquellos por los cuales se construyó en primer lugar.

Errores comunes sobre el tema de la neurodiversidad

Como mencioné antes, un problema frecuente cuando se habla de neurodiversidad y neurodivergencia es usar ambos términos de forma intercambiable, como si fuesen equivalentes. De manera similar a lo que ocurre cuando se intenta hablar de la discapacidad como “capacidad diversa” -si bien el concepto de neurodiversidad es más informativo-, esos intentos de crear una equivalencia acaban siendo superficiales y hasta condescendientes (El Pensador Sereno, 2025c; ReachLink, 2026), puesto que la neurodiversidad es un concepto más bien poblacional, no individual. Decir que soy neurodiverso, por ejemplo, en realidad no le está diciendo nada a la persona con la que me comunico, porque todos hacemos parte de la neurodiversidad; en contraste, cuando digo que soy neurodivergente, la misma persona puede entender que mi funcionalidad y procesamiento son distintos al promedio de las personas (ReachLink, 2026).

Este es apenas un error de comunicación. Otros son un poco más complicados. Por ejemplo, el hecho de que el autismo y el TDAH sean las condiciones más dominantes en la conversación a menudo deja de lado que los criterios de diagnóstico de estas y otras clasificadas como neurodivergencias -al menos bajo el enfoque estricto- presentan rasgos compartidos, y si esto no se tiene en cuenta, se pueden llegar a confusiones serias durante la búsqueda de un diagnóstico (ReachLink, 2026). A esto sumemos que pueden darse coocurrencias, donde dos o más condiciones neurodivergentes se presentan en un mismo individuo, ofreciendo un cuadro mucho más complejo que no siempre se aprecia al comunicar al respecto incluso usando un enfoque estricto de neurodivergencia (Grant et al, 2026).

Como bien señalaba Edward Norton en la entrevista en Armchair Expert, hay una confusión también entre vincular la neurodiversidad y el comportamiento expresado como si la primera fuese una explicación o, peor, una justificación de lo segundo (Willingham, 2026). Esto es algo que incluso desde el movimiento neurodivergente se ha criticado por dureza. Recuerdo cuando, durante su presentación en Saturday Night Live revelando que era autista, Elon Musk quiso bajarle el fuego a los comentarios cuestionables que ya hacía en redes sociales por aquel entonces, diciendo: “Sé que a veces digo o publico cosas extrañas, pero así es como funciona mi cerebro. [...] ¿Creyeron que también iba a ser un tipo normal y relajado?” (Yahr, 2021), y cómo salieron a defender su saludo nazi el año pasado con el discurso de que simplemente era stimming ante el público presente (El Pensador Sereno, 2025b).

Digamos las cosas como son: que Musk sea un racista y tránsfobo despreciable es de cosecha propia, no por ser autista. En lo que podría influir el autismo relacionado con esas ideas es que la búsqueda de una estructura regulada en nuestra relación con el mundo puede tanto ayudarnos a compaginar con ideas de justicia social como a defender ideas tóxicas que son difíciles de abandonar por ello (El Pensador Sereno, 2025b), pero la decisión de Musk de comprar el discurso ultraderechista por sus propias frustraciones personales y sus valores particulares es enteramente suya, no de su divergencia neurológica. Por lo mismo, muchos neurodivergentes y activistas de la neurodiversidad rechazan el uso del diagnóstico de neurodivergencia como excusa para comportamientos despreciables o inapropiados, incluso la persona es efectivamente neurodivergente (Willingham, 2026).

Relacionado con esto, el discurso de las neurodivergencias como “súper poderes” también es una que tiende a manejarse de modo erróneo. La visión ideal de esto, enraizada sobre todo en el modelo social de la discapacidad, es que nuestros rasgos cognitivos, conductuales y sensoriales cumplen un rol variable dependiendo de las condiciones en que nos encontremos, de modo que aquellas particularidades que nos generan limitaciones o dificultades en un escenario pueden ayudarnos a destacar en otro (ReachLink, 2026; Bresssman et al, 2026; Willingham, 2026). Por ejemplo, una hiperacusia puede ser algo doloroso de sobrellevar en la calle, tan llena de ruidos y escándalo, pero para un ingeniero de sonido puede convertirse en una herramienta valiosa.

El problema, por supuesto, es que el hecho de que el peso incapacitante de esas divergencias dependa del contexto social no cambia la realidad de que tienen una base biológica (Kapp, 2025), por lo que, incluso en escenarios donde los criterios de inclusión en espacios públicos y laborales se cumplen, siguen presentándose dificultades con ellas (Chapman, 2024; El Pensador Sereno, 2025c). La idea de que en una sociedad perfectamente inclusiva no existirá la discapacidad es noble, pero a efectos prácticos es ilusoria, porque los factores biológicos/psicosociales de las discapacidades seguirán estando presentes y susceptibles a afectarnos, y eso sin entrar en el incómodo hecho de que buena parte del discurso inclusivo se enmarca en un modelo de funcionalidad bajo el modelo económico capitalista, por lo que enmarcar las neurodivergencias como fortalezas puede contribuir directamente a la neuronormatividad de las sociedades neoliberales (Chapman, 2024; El Pensador Sereno, 2025a).

Nada de esto es rechazar la presencia del discurso sobre la neurodiversidad en el ámbito médico, o el activismo de neurodiversidad. Es importante que progresivamente se vaya incluyendo esta perspectiva afirmativa entre los profesionales e investigadores, para desarrollar una relación más profunda y adecuada con los pacientes y las condiciones con las que trabajan, e ir superando el modelo médico que individualiza los efectos de las discapacidades sin considerar contextos socioeconómicos e incluso políticos (Physiopedia, 2022; El Pensador Sereno, 2025a; Bellato et al, 2026; Salladin, 2026). Lo necesario es saber balancear las motivaciones políticas y sociales con la información médica y científica en torno a las neurodivergencias, con el fin de construir un movimiento mucho más sólido y mejor informado.

Entre la medicina y la política

El paradigma de la neurodiversidad y sus enfoques médicos sigue siendo motivo de debate y análisis profundo. Por ejemplo, más que rechazar los distintos marcos de la neurodiversidad, como el estricto o el amplio, se han propuesto formas en las cuales se pueda construir un caso a favor de ellos -por ejemplo, aplicar la neurodiversidad a rasgos individuales en lugar de poblaciones-, sin dejar de lado la información científica ni las necesidades de apoyo a las personas neurodivergentes (Ne’eman & Pellicano, 2022). La influencia del movimiento de la neurodiversidad en el paradigma de la neurodiversidad no tiene por qué ser un proceso ideologizado o en rechazo de apoyos e intervenciones médicas, siempre que busquen antes que nada el bienestar del individuo.

Hay que saber distinguir, por supuesto, los límites entre un movimiento sociopolítico y un paradigma médico. Estudios en torno a la recepción de la propia comunidad neurodivergente en el segundo caso han reflejado que, mayoritariamente, recibimos de forma positiva las ventajas y consecuencias de ver nuestras condiciones no en términos no patológicos, sino de diversidad funcional; no obstante, algunos son más críticos de la búsqueda de un modelo más amplio de la neurodiversidad, temiendo que esto despoje de significado y valor a dicho paradigma (Roblson, 2020; Ne’eman & Pellicano, 2022; Grant et al, 2026). Algunos directamente rechazan cualquier identificación tanto con el paradigma como con el movimiento de la neurodiversidad o llamarse a sí mismos neurodivergentes (Roblson, 2020; Grant et al, 2026).

He ahí también el conflicto con los distintos marcos de neurodivergencia. Aunque es necesario mantener una base científicamente informada, un marco muy estricto puede acabar excluyendo a muchas otras condiciones que influyen a nivel de percepción y procesamiento neurológico, ignorando a muchas personas que no podrían reconocer sus experiencias. Por otro lado, un marco demasiado amplio y laxo se arriesga a dejar la neurodivergencia sin poder analítico a nivel médico (ReachLink, 2026). Por ello, un equilibrio moderado entre la precisión y la inclusión es necesario.

El uso de los conceptos de neurodivergencia y neurodiversidad dentro de la comunidad médica y científica sigue siendo algo valioso e importante. No obstante, para poder aprovechar al máximo tales perspectivas, se requiere no sólo saber distinguir el papel médico de la visión política, sino también el saber incluir el paradigma de la neurodiversidad tanto en el entrenamiento y preparación de los profesionales de la salud como de los científicos enfocados en la neurodiversidad como tema de investigación (Heasman & Gillespie, 2019; Dwyer, 2022; Gray et al, 2025; Ostaszewska et al, 2025). Esto también requiere usar un lenguaje preciso tanto en diagnósticos como en investigaciones publicadas, de modo que se reduzca la heterogeneidad en las categorizaciones y el riesgo de perder rigor científico en investigaciones neurobiológicas relacionadas con condiciones del neurodesarrollo (Bellato et al, 2026).

Si bien el modelo social de la discapacidad sigue siendo importante dentro del modelo de la neurodiversidad, y ha dado lugar a logros importantes, es necesario seguir teniendo en cuenta los factores biológicos y psicológicos detrás de las condiciones neurodivergentes, incluso aquellas que se reconocen dentro de un marco amplio de neurodivergencia, así como las limitaciones de los ajustes inclusivos dentro de un modelo de sociedad neoliberal (Dwyer, 2022; Chapman, 2024). Con respecto a lo primero, por ejemplo, Patrick Dwyer propone un enfoque interaccionista/ecológico de la neurodiversidad, que tome las perspectivas afirmativas del modelo social y las combine con las fortalezas empíricas del modelo médico: la discapacidad es resultado de una interacción entre las características del individuo neurodivergente y el ambiente a su alrededor, y si bien esto puede abordarse reformando el ambiente y la sociedad y/o enseñando habilidades adaptativas a la persona, el objetivo no es curar o normalizar, sino valorar y aceptar la diversidad neurológica (Dwyer, 2022).

Ya hablando en un terreno más estrictamente político, el movimiento de neurodiversidad necesita dar un paso más allá del reformismo y la inclusión, no para dejarlos de lado, sino para abogar por transformaciones más radicales. Pasamos actualmente por disyuntivas similares a las que enfrentaron otros movimientos de justicia social, como el feminismo o el movimiento de liberación negra, y nuestra propia liberación y emancipación no vendrá de individualizar nuestras capacidades “súper heroicas” o limitarse a una inclusión fácilmente capturable por élites institucionales y económicas (Chapman, 2024; El Pensador Sereno, 2026c), sino de construir un poder colectivo, no sólo para cuestionar las instituciones y prácticas sociales que fomentan el abuso y la exclusión capacitista, sino también las relaciones socioeconómicas profundas que mantienen la estructura neuronormativa (Chapman, 2024). El diálogo entre los diferentes enfoques de neurodiversidad y con la academia sigue siendo importante (Ne’eman & Pellicano, 2022), pero desarrollar instituciones culturales, establecer organización y uniones activistas con objetivos concretos para abordar las problemáticas de la población neurodivergente será fundamental para alcanzar una verdadera integración de nuestra comunidad.

Conclusiones

Hace diez años, publiqué en este mismo blog un ensayo sobre la neurodiversidad que ahora veo como bastante desinformado e incluso tendencioso por momentos, más producto de un contrarianismo que de una reflexión seria (El Pensador Sereno, 2016), sin mencionar con ciertos visos capacitistas y comentarios sobre exclusión que en realidad no eran ciertos en aquel entonces, y mucho menos lo son ahora (Dwyer, 2022). El presente ensayo es, en cierta forma, una redención de aquel trabajo. La ventaja desde aquel entonces, aparte de los años de diferencia e investigación acumulados, es que la propia comunidad médica y científica ha empezado a integrar una perspectiva más afirmativa y menos patológica de las condiciones del neurodesarrollo, y eso ha dado lugar a sus propias reflexiones y discusiones profundas al respecto (Dwyer, 2022; Bellato et al, 2026) que he podido incluir en este análisis.

En este punto, me doy cuenta que definir y limitar el concepto de nuerodivergencia es una tarea aún en proceso, con diferentes perspectivas y marcos por aplicar, pero eso no lo hace un concepto inútil. Hablar sobre neurodivergencias y la neurodiversidad, tanto como paradigma como un movimiento, se vuelve fundamental en tiempos donde los discursos excluyentes y eugenistas en torno a las discapacidades vuelven con fuerza, disfrazados de preocupaciones por el “contagio social” y las vidas “incompletas” de los propios discapacitados (El Pensador Sereno, 2025a). Incluso ante la dificultad de lograr una definición concreta y satisfactoria para todos, las discusiones y reflexiones al respecto siguen siendo una herramienta poderosa en la defensa de nuestros derechos.

Espero que este ensayo sea por lo menos un punto de partida para que otros divulgadores y personas en redes despierten su curiosidad y busquen informarse mejor en torno al paradigma de la neurodiversidad y las formas en que comprendemos las neurodivergencias. El camino por nuestra integración y liberación completa sigue siendo largo y difícil, pero un manejo apropiado de los temas y conceptos relacionados a nuestras divergencias es una base para empezar a forjar un necesario futuro en la sociedad del cual hagamos parte.

Bibliografía

Ahuvia, I.L., Gurbuz, E., Cuda, J., Kapp, S.K., Houck, A. et al. (2026). Identifying as Autistic Without a Formal Diagnosis: Who Self-Identifies as Autistic and Why? Autism in Adulthood OnlineFirst: 25739581251409920. https://doi.org/10.1177/25739581251409920

Amass, H. (2026). Uta Frith: why I no longer think autism is a spectrum. TES Magazine. Consultado el 14 de septiembre de 2026. https://www.tes.com/magazine/teaching-learning/general/uta-frith-interview-autism-not-spectrum

Beckner, D. (2025). Types of neurodivergence: essential guide to ADHD, autism and more. Beckner Counseling. Consultado el 18 de septiembre de 2026. https://becknercounseling.com/types-of-neurodivergence/

Bellato, A., Long, M.R.P., Barilà, M., Frigeri, G., Rizzo, L., Serafino, S., Bilbow, A., Hovén, N., Baranger, A., Cirrincione, P. et al. (2026). Mapping Clinical Diagnoses Associated With Neurodiversity and Neurodivergence in Mental Health Research: A Scoping Review. JAMA Psychiatry. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2026.2851

Bressman, N.R., Fritz, H.L., Freeman, A.R., Bradley, C.J., Koehl, M.A.R., Müller, U.K. & Carlson, H.R. (2026). Strengths, Challenges, and Experiences of Neurodivergent Faculty in Academia. Integrative and Comparative Biology, 66: icag019. https://doi.org/10.1093/icb/icag019

Chapman, R. (2024). The Future of Neurodiversity. Boston Review. Consultado el 20 de septiembre de 2026. https://www.bostonreview.net/forum/the-future-of-neurodiversity/

Dwyer, P. (2022). The Neurodiversity Approach(es): What Are They and What Do They Mean for Researchers? Human Development, 66(2): 73-92. https://doi.org/10.1159/000523723

El Pensador Sereno (2016). Neurodiversidad: ¿inclusión o condescendencia? El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 20 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2016/09/neurodiversidad-inclusion-o.html

El Pensador Sereno (2025a). La cruzada de Robert F. Kennedy contra el autismo. El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2025/05/la-cruzada-de-robert-f-kennedy-contra.html

El Pensador Sereno (2025b). No, ese saludo de Musk no es stimming autista. El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2025/01/no-ese-saludo-de-musk-no-es-stimming.html

El Pensador Sereno (2025c). ¿Qué significa la discapacidad? El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2025/07/que-significa-la-discapacidad.html

El Pensador Sereno (2026a). ¿Debe abandonarse la idea de un espectro autista? El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2026/03/debe-abandonarse-la-idea-de-un-espectro.html

El Pensador Sereno (2026b). Mitos y realidades del autodiagnóstico autista. El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2026/04/mitos-y-realidades-del-autodiagnostico.html

El Pensador Sereno (2026c). ¿Reformar lo woke, o trascenderlo? El Pensador Sereno en Blogger. Consultado el 20 de septiembre de 2026. https://elpensadorsereno.blogspot.com/2026/09/reformar-lo-woke-o-trascenderlo.html

Engelbrecht, N. (2025). Is self-assessment enough? Embrace Autism. https://embrace-autism.com/is-self-assessment-enough/

Enna Global. (2026). How Neurodiversity ‘Wokeism’ Impacts Neurodivergent Employees. Ennaglobal.org. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://enna.org/how-neurodiversity-wokeism-impacts-neurodivergent-employees/

Frith, U. (2026). Autism spectrum disorder: has it lost its meaning and is it leading to misdiagnosis? Psychological Medicine, 56:e240, 1-5. https://doi.org/10.1017/S0033291726105376

Grant, A., Leigh, J., Botha, M., Macdonald, S.J., Williams, K., Williams, G., Rose, K., Memmott, A. & Pearson, A. (2025). ‘A Lovely Safe Umbrella to Describe Yourself With’ or ‘Meaningless’: An Online Survey of UK-Based Neurodivergent Adults’ Views of Neurodiversity-Related Terminology. Neurodiversity, 3. https://doi.org/10.1177/27546330251390590

Gray, L., McNeill, B., Pecora, L., Macfarlane, S., Hayley, A., Hitch, D. & Evans, S. (2025). Navigating neurodivergence: A scoping review to guide health professions educators. Medical Education, 59(10): 1037-1048. https://doi.org/10.1111/medu.15676

HealthDirect. (2026). Neurodiversity and neurodivergence. Healthdirect.gov.au. Consultado el 18 de septiembre de 2026. https://www.healthdirect.gov.au/neurodiversity-and-neurodivergence

Heasman, B. & Gillespie, A. (2019). Neurodivergent intersubjectivity: Distinctive features of how autistic people create shared understanding. Autism, 23(4): 910-921. https://doi.org/10.1177/1362361318785172

Helmond, M. & Martensen, M. (2025). Neurodiversity and Neurodivergence: Subject and Definition. En: Helmond & Martensen. (2025). Leadership in Neurodiversity and Neurodivergence: Cases, Best Practices and Recommendations for Leaders and Organizations. Springer. Págs. 1-14.

Kapp, S.K. (2025). Sensory–movement underpinnings of lifelong neurodivergence: getting a grip on autism. Frontiers in Integrative Neuroscience, 19: 1489322. https://doi.org/10.3389/fnint.2025.1489322

Lester, C. (2026). UK ADHD over-diagnosed? Really? ADHD Dude’s Blog. Consultado el 14 de septiembre de 2026. https://craiglesteradhd.substack.com/p/uk-adhd-over-diagnosed-really

Long, C. (2025). The Dangerous Creep of Pseudoscience in Clinical Psychology: A Wolf in Neurodivergent Clothing. Dr. Colleen Long en Medium. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://medium.com/@drcolleenlong/the-dangerous-creep-of-pseudoscience-in-clinical-psychology-75f0d35cc531

Ne’eman, A. & Pellicano, E. (2022). Neurodiversity as Politics. Human Development, 66(2): 149-157. https://doi.org/10.1159/000524277

Nelson, J. (2026). Edward Norton Says He Hates the Romanticization of “The Idea Of Being On The Spectrum.”. Thought Catalog. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://thoughtcatalog.com/january-nelson/2026/08/edward-norton-says-he-hates-the-romanticization-of-the-idea-of-being-on-the-spectrum/

Ostaszewska, A., Harper, G., Davis, R. & Joseph, H. (2025). Beyond Diagnosis: Setting Research Priorities with the Neurodivergent Community. Neurodiversity, 3. https://doi.org/10.1177/27546330251374236

Physiopedia (colaboradores). (2026). Conceptual Models of Disability and Functioning. Physiopedia. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://www.physio-pedia.com/Conceptual_Models_of_Disability_and_Functioning

ReachLink. (2026). What Neurodivergent Actually Means and What It Does Not. Reachlink.com. Consultado el 18 de septiembre de 2026. https://www.reachlink.com/advice/autism-spectrum-disorder/what-neurodivergent-actually-means-and-what-it-does-not/

Reppas, M. (2025). The Polite Fear and Quiet Loathing of ADHD. ADDitude Magazine. Consultado el 14 de septiembre de 2026. https://www.additudemag.com/adhd-is-fake-skeptics/

Roblson, J.E. (2020). The Limits of Neurodiversity. Psychology Today. Consultado el 20 de septiembre de 2026. https://www.psychologytoday.com/us/blog/my-life-with-aspergers/202003/the-limits-of-neurodiversity

Royal College of Psychiatrists (RCPsych). (2026). RCPsych statement on Channel 4 ADHD documentary. RCPsych.ac.uk. Consultado el 14 de septiembre de 2026. https://www.rcpsych.ac.uk/news-and-features/latest-news/detail/2026/08/19/rcpsych-statement-on-channel-4-adhd-documentary

Salladin, C. (2026). Sensory Profiles in Neurodivergent Populations. NeuroSpark Health. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://neurosparkhealth.com/sensory/sensory-profiles

Shah, P.J., Boilson, M., Rutherford, M., Prior, S., Johnston, L., Maciver, D. & Forsyth, K. (2022). Neurodevelopmental disorders and neurodiversity: definition of terms from Scotland's National Autism Implementation Team. The British Journal of Psychiatry, 221(3): 577-579. https://doi.org/10.1192/bjp.2022.43

Shape Arts. (2026). What is Neurodiversity? ShapeArts.org.uk. Consultado el 18 de septiembre de 2026. https://www.shapearts.org.uk/News/what-is-neurodiversity

Stock, K. (2026). Why are young women using walking sticks? The Times. Consultado el 14 de septiembre de 2026. https://www.thetimes.com/comment/columnists/article/young-women-walking-sticks-gen-z-disability-2ssv95mws

Whitehead-Smith, E. (2024). Neurodiverse vs neurodivergent. The Happiness Index. Consultado el 18 de septiembre de 2026. https://thehappinessindex.com/blog/neurodiverse-vs-neurodivergent/

Willingham, E. (2026). Thought Catalog’s post on Ed Norton and autism is thoughtless and ahistoric. Thinking Person’s Guide to Autism Newsletter. Consultado el 16 de septiembre de 2026. https://buttondown.com/TPGA/archive/thought-catalogs-post-on-ed-norton-and-autism/

Yahr, E. (2021). Elon Musk reveals he has Asperger’s syndrome during SNL monologue. The Washington Post. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://www.washingtonpost.com/arts-entertainment/2021/05/09/elon-musk-hosts-snl/

 

¡Hola! Si les gusta mi contenido y quieren apoyarme para que pueda generarlo más seguido, pueden hacer un aporte voluntario en mi cuenta de Ko-fi. Podrán recibir adelantos de los próximos proyectos de este blog. Así mismo, pueden seguirme en mi página de Facebook, Twitter y Bluesky.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando “debatir” se convierte en una trampa moral

¿De dónde vino el Dios de Israel?

Berserk 83 y la noción de los dioses