Acerca del síndrome de Tourette y la coprolalia: ¿qué pasó realmente en los BAFTA?


 Introducción

En estos días ha surgido una discusión tremenda acerca de las discapacidades y la responsabilidad del discapacitado al relacionarse e interactuar dentro de la sociedad, por causa de un incidente lamentable ocurrido en los premios BAFTA, durante el pasado 22 de febrero. El problema es que dicha discusión se ha enfocado en un modo erróneo que además devela, de nuevo, una profunda ignorancia general de cómo funcionan condiciones particulares de salud.

Seamos concretos. Al inicio de la ceremonia, cuando los actores Michael B. Jordan y Delroy Lindo, juntos en la película Pecadores -de la cual hablamos un poco en el blog-, subieron al escenario a presentar el premio a Mejores Efectos Visuales, se escuchó claramente a alguien gritando el insulto racista “¡Niggers!” (Negratas). Los actores se mostraron sorprendidos por lo repentino y fuerte de la grosería, pero continuaron con la entrega.

Quien profirió el insulto fue John Davidson, un activista por la concienciación del síndrome de Tourette entre la población. Davidson se encontraba presente en la ceremonia de los BAFTA porque su historia fue la inspiración para la película I Swear, que fue parte de las postuladas, así que se le invitó a la ceremonia. Aunque el activista advirtió a la BBC -compañía que transmitió el evento- que un ambiente tan concurrido y estresante podía exacerbar sus tics, y se ha disculpado por el incidente, esto no ha evitado un debate acerca de lo ocurrido, el cual se ha tornado en ocasiones bastante capacitista e incluso agresivo.

Aunque yo no soy una persona en condición de Tourette, como neurodivergente y discapacitado me veo en la necesidad de explicar un poco sobre este síndrome, porque siempre es necesario despejar mitos y malas interpretaciones acerca de ello, en especial porque parece que la idea general y primer (y único) acercamiento de muchos hacia el Tourette es ver a Cartman fingiéndolo para decir groserías con impunidad en aquel episodio de South Park. Por lo tanto, es importante hablar no sólo de la propia condición, sino también del enfoque erróneo que se le está dando al debate, y cuestiones a criticar sobre las decisiones editoriales de la BBC en cuanto a lo que eligieron mostrar de la ceremonia… o eliminar.

Una condición muy mal entendida

Para entrar a fondo en el tema a discutir, necesitamos primero entender lo que es el síndrome de Tourette. Se trata de un trastorno del desarrollo neurológico, descrito y nombrado por Georges Gilles de la Tourette en 1885, que se caracteriza por la presencia de movimientos involuntarios (definidos como tics motores) y vocalizaciones involuntarias (definidas como tics vocales o fónicos) que se presentan de forma repentina e intermitente. Los tics usualmente empiezan en el individuo entre los 3-8 años de edad, pero la severidad de los mismos a menudo se da entre los 8-12 años: generalmente, los tics motores suelen presentarse antes que los vocales, pero por supuesto esto difiere entre individuos.

Los síntomas del síndrome de Tourette pueden ir de leves a graves, y en este último caso pueden interferir con la comunicación y la calidad de vida del individuo, por lo cual el síndrome se considera una discapacidad, en este caso física. Los tics también se clasifican en tics simples -tics repentinos, breves y repetitivos que involucran un número pequeño de grupos musculares- y tics complejos -patrones diferentes y coordinados que involucran la acción de varios grupos musculares-.

Los tics motores simples comunes son parpadeos, sacudir la cabeza, encoger los hombros, mover los ojos de forma repentina, retorcer la nariz y hacer movimientos con la boca; por su parte, los tics motores complejos usuales involucran tocar u oler objetos, repetir algún movimiento observado, caminar en un patrón determinado, hacer gestos obscenos, inclinarse, girar e incluso saltar. En el caso de tics vocales, los tics simples comúnmente involucran resoplar, toser, aclarar la garganta, silbar e incluso ladrar; los tics vocales complejos usuales son repetir palabras o frases, ya sean propias o escuchadas de otras personas, y usar palabras obscenas, vulgaridades e insultos.

Me detengo brevemente en este último fenómeno, conocido como coprolalia, porque las groserías e insultos involuntarios son quizás el síntoma más conocido y asociado con el síndrome de Tourette por personas con un conocimiento superficial del Tourette. En realidad, se calcula que la coprolalia como síntoma neurológico se asocia con síndrome de tics como el Tourette en cerca del 10-33% de los casos, y apenas el 10% de las personas con Tourette presentan coprolalia.

Los mecanismos neurológicos de esta condición son interesantes, aunque no totalmente entendidos. El origen de los tics parece yacer en alteraciones de los microcircuitos inhibidores estriados y la inhibición automática en los ganglios cortico-basales sensomotores. El modelo neurológico sobre el Tourette sugiere que las anormalidades en el procesamiento interoceptivo y exteroceptivo podrían generar ansias premonitorias, que por causa de la alteración en los mencionados ganglios da lugar a la iniciación de acciones y la ejecución de los tics. En otras palabras, una persona con síndrome de Tourette tiene problemas para suprimir movimientos no deseados y pensamientos intrusivos, y necesitan liberarlos para calmar las ansias premonitorias. Esto también explica que en momentos de gran tensión social puedan incrementarse la frecuencia de los tics.

En cuanto a la genética, el síndrome de Tourette parece tener una alta heredabilidad. Una persona con antecedentes familiares de Tourette o con otros trastornos de tics tiene un mayor factor de riesgo de desarrollar Tourette a su vez; por otro lado, los varones tienen entre tres y cuatro veces más probabilidad de desarrollar el síndrome. Los propios factores genéticos detrás del Tourette tampoco son completamente entendidos: se han identificado causas monogenéticas (es decir, asociadas a un único gen) en menos del 2% de los individuos, por lo que como muchos otros trastornos del neurodesarrollo, parece tratarse de una combinación de distintos genes que pueden variar entre individuos. También pueden darse coocurrencias con otros trastornos neurológicos como el trastorno obsesivo compulsivo, el TDAH y el autismo, así como trastornos de ansiedad e incluso dolores crónicos causados por los tics repetitivos.

Hay diferentes tratamientos para manejar los síntomas del síndrome de Tourette, dependiendo del nivel en que puedan interferir con la vida diaria de la persona. Los tratamientos conductuales y farmacológicos son bastante frecuentes: en particular la intervención conductual comprensiva para tics (CBIT, por sus siglas en inglés), que busca implementar respuestas físicas contrastantes para reducir la frecuencia de los tics, es una bastante popular, aunque con una efectividad media (40-50% de los casos). En algunos casos más severos, pueden recomendarse terapias de neuromodulación con estimulación cerebral profunda, incluso transcraneal.

Por supuesto, más allá de datos médicos y técnicos, no debemos olvidar que se trata de personas. Actualmente hay mucha ignorancia general acerca del síndrome de Tourette, y no son pocas las personas que creen que se trata exclusivamente de coprolalia: que muchas representaciones en la ficción se centren casi exclusivamente en este tipo de tics tampoco ayuda mucho. Por ello existen activistas -como el mencionado Davidson- y organizaciones que intentan comunicar a la población lo que realmente significa vivir con esta condición, así como buscar un mayor apoyo tanto a nivel de investigación como de integración a nivel social.

Todo esto es importante porque, como he mencionado al inicio, la discusión acerca de los insultos involuntarios de Davidson se ha tornado muy agresiva, y parte en su mayoría desde un desconocimiento total del síndrome de Tourette, cayendo para colmo en las típicas “Olimpiadas de la Opresión” que tanto daño han hecho a las posturas progresistas y golpeado a la propia izquierda, sin mencionar el propio daño que se hace a las personas con Tourette.

¿Son los tics una evidencia de prejuicios internos?

Sí, ya estamos en el nivel de comparación con la pedofilia...

Antes de continuar aquí, dejemos algo claro: tanto Jordan como Lindo tenían derecho a sentirse ofendidos por el insulto que escucharon, aun cuando se tratase de algo involuntario. Es una palabra con una carga racista muy fuerte, sobre todo en Estados Unidos, por lo que escucharla de forma tan repentina y en un escenario público donde estás siendo protagonista es, por supuesto, desagradable. También las personas negras que vieron la transmisión de los BAFTA en vivo tienen derecho a indignarse, pues ciertamente no es habitual tener que escuchar algo así en un espectáculo de premiaciones.

Por otro lado, es necesario entender que lo que ocurrió con Davidson fue un tic involuntario. Nunca tuvo la intención de ofender a los actores, ni tampoco a las otras personas en el evento a las que profirió otros insultos, y que convenientemente la BBC sí decidió editar de la transmisión, tema del que hablaré en la última sección de este ensayo. Aún más: a diferencia de lo que muchos en redes parecen creer, la coprolalia no refleja las creencias o convicciones de la persona. Los insultos son tan incómodos para el individuo con síndrome de Tourette que los expresa como para quien los escucha. Es como si tu cerebro buscara que quedaras en ridículo de la peor forma posible fijándose en cualquier detalle de las personas que te rodean. Además, la coprolalia es imposible de controlar en la mayoría de los casos y, como mencioné antes, situaciones con alto estrés emocional pueden incrementar la frecuencia de los tics, de modo que era de esperarse que Davidson soltara tantos insultos involuntarios durante la premiación.

El problema es que hay muchas personas en redes sociales, en particular de la comunidad afroestadounidense, que no aceptan ni las explicaciones sobre el síndrome de Tourette, ni las disculpas que ha ofrecido Davidson por lo ocurrido. Están empeñados en que independientemente del contexto, el uso de una expresión racista significa que Davidson tiene que ser racista, y no les interesa escuchar ninguna opinión que vaya en contra de ese prejuicio. Porque sí: a este punto ya estamos hablando de prejuicios que guían la forma en que están interpretando la situación.

Este tipo de personas no entienden bien lo que significa un tic involuntario, y aseguran que el Tourette no excusa a nadie de usar un insulto racista, independiente de si había intención o no. Algunos creen, como pasa últimamente con las conversaciones sobre discapacidades y neurodiversidad, que el síndrome es sólo una excusa que se inventaron los blancos para insultar a la gente negra con impunidad, cuando es conocido que Davidson insultó públicamente a la reina Isabel II en su propia cara, y que no se trata de racismo: con la coprolalia, insultos clasistas, homofóbicos, xenofóbicos, o algo tan tonto como señalar la calvicie de alguien están a la orden del día.

Peor aún: otros se han manifestado de formas increíblemente agresivas e incluso violentas, manifestando que, si Davidson no puede evitar tener tics en público, pues debería ir amordazado a ese tipo de eventos, y he visto comentarios diciendo que le habrían roto los dientes si lo hubiesen escuchado frente a ellos, o que hay que sacarles el Tourette a pisotones a personas como él. Es decir, estamos viendo a personas de una comunidad que históricamente tuvo que sufrir de segregación social, pidiendo la segregación de otra comunidad: en palabras de un post en Twitter criticando esta actitud, si despertaran con piel blanca un día serían prácticamente nazis.

Ni siquiera el hecho de que divulgadores afro con síndrome de Tourette han intentado explicar el tema de los tics ha aplacado a esta gente. Los han mandado a callar, decirles que no les corresponde defender a un blanco de ser acusado de racista, e incluso insultarlos por “mantenerse dentro del código” y poner su discapacidad por encima de ser negros, convirtiendo encima todo este debate en una horrible discusión identitaria que no sólo estorba, sino que apesta. Todo acaba siendo bastante irónico, porque en su empeño por ignorar el contexto a la hora de buscar racismo, acaban siendo capacitistas a un nivel tremendo.

Una persona en redes sociales incluso intentó usar una escena de I Swear para insistir en que Davidson es racista y que no hay nada que interpretar ni entender de su condición. La escena en particular es una donde Davidson, interpretado por Robert Aramayo (Behind Her Eyes, Los Anillos de Poder), está pintando una pared de color negro, y por un tic termina poniéndose pintura en el rostro. Supuestamente esto evidenciaría un blackface, cuando la realidad es que en el contexto de la película no hay ninguna señal de racismo en la escena, y los colores oscuros en interiores son sensorialmente tranquilos para muchas personas, lo que puede ayudar a reducir la intensidad de los tics en personas con Tourette. Pero por supuesto, para este tipo de personas el contexto no importó: sólo se empeñan en que Davidson de algún modo tiene que ser racista para no admitir que se han equivocado en la forma en que abordaron el incidente.

Tal como señaló Kenan Malik en The Observer, ignorar el contexto tras la coprolalia de Davidson es desvirtuar el significado real y la comprensión del racismo, porque se ignora la diferencia clara entre un problema neurológico y el uso consciente de intolerante de insultos deshumanizantes. Además, la reacción en redes desnuda el problema de ver toda interacción entre blancos y negros a través del prisma racial, y que ser blanco es la única forma en que puede ocurrir racismo. Es aún más irónico cuando consideramos que, en comparación con Jordan y Lindo, quienes se han forjado carreras notables en Hollywood, Davidson ha tenido que trabajar toda su vida como cuidador en el Centro Comunitario Langley, en Galashiels (Escocia), y ni siquiera pudo terminar la escuela.

Que intenten además empujar a las propias personas negras que han rechazado este tratamiento a Davidson en un molde de “traición” es jerarquizar los distintos rostros que pueden tomar la discriminación y la exclusión, como si diferentes identidades no se intersectaran en elementos comunes a ambos fenómenos -algo de lo que, sin duda, los divulgadores negros con Tourette podrían hablar mejor que yo-. La inclusión de un grupo social históricamente excluido no puede ocurrir a costa de la segregación de otro. Y si no somos capaces de poner en contexto los tics involuntarios y la coprolalia de una persona con Tourette, realmente no la estamos integrando a nivel social.

Eso me lleva a otro problema. Varias personas, blancas y negras, le han exigido a Davidson que se disculpe por lo ocurrido, siendo de nuevo que no sólo, por enésima vez, se trató de un tic involuntario, sino que además el hombre ha manifestado estar mortificado por lo ocurrido -de hecho, se retiró de la ceremonia de los BAFTA tras el incidente con Jordan y Lindo-, y se ha disculpado ya al menos dos veces. Para otros, pues esas disculpas no han sido suficientes, porque según ellos no quiere admitir que actuó mal. Se empeñan obtusamente en no entender la situación. ¿Qué necesitan que diga Davidson en la disculpa? ¿Cuántas veces más debe disculparse una persona por algo que no está en su control hasta que queden satisfechos?

John Davidson

De por sí, vivir con síndrome de Tourette ya es una tensión constante. Tal como explicó Baylen Dupree, la protagonista de la serie reality Baylen Out Loud (traído a nuestra región como Mi vida con Tourette), en un post que compartió en defensa de Davidson, “significa vivir con el miedo de que un momento pueda definirte para siempre. Significa saber que no importa lo amable que seas, no importa en lo que creas, un tic podría hacer que el mundo decida quién eres. Y eso es devastador”.

No es razonable ni saludable esperar que las personas con Tourette tengan que pasar el resto de sus vidas disculpándose por cada gesto, expresión o insulto que pueda salir de su cuerpo. Eso no es acomodación ni integración, y mucho menos aceptación de la diversidad. A este punto en que se les ha explicado de forma reiterada lo que significa que se trate de tics involuntarios, no le están pidiendo a Davidson que se disculpe por la palabra: le están pidiendo que se disculpe por existir, por ofenderlos con su presencia incluso si no hay intención alguna tras lo ocurrido.

¿Estoy diciendo que todas las personas con Tourette son santos? Claro que no, cretinos e intolerantes siempre hay, incluso entre comunidades marginalizadas. Pero cada caso se tiene que analizar en su contexto: esto no es South Park, donde Cartman fingía tener Tourette para insultar gente con impunidad hasta que perdió la capacidad de inhibirse -irónicamente, dejando de lado a Eric, ese episodio mostró un retrato decente del síndrome de Tourette-. La idea de que hay muchísimas personas dispuestas a hacerse pasar por miembros de minorías históricamente discriminadas es una fantasía que alimentan sobre todo quienes las desdeñan en primer lugar.

Finalmente, también está el problema de individualizar la responsabilidad de inclusión. Hay quienes han comentado que Davidson debería haber tomado terapias como la mencionaba CBIT para manejar menor sus tics y evitar incidentes como el ocurrido. Esto ignora, por supuesto, que muchas de esas terapias no tienen un porcentaje de éxito tan alto, que algunas son relativamente recientes, y que no todos pueden tener acceso a ellas por cuestiones económicas -créanme: la salud mental es especialmente cara-. Es pedir que la minoría se ajuste a las limitaciones de la sociedad, en vez de que la sociedad se ajuste a sus necesidades: es imponer un molde general para todos, el empobrecimiento de la diversidad.

Responzabilizar al individuo con Tourette de su propia condición también puede tener consecuencias peligrosas. Por ejemplo, las personas discapacitadas, en particular aquellas con trastornos neurológicos, son bastante vulnerables a la violencia policíaca en Estados Unidos, en particular por movimientos o frases que pueden ser tomadas como una amenaza potencial. Pretender que una persona con síndrome de Tourette es siempre responsable de sus tics abre la puerta a que sean más víctimas de la brutalidad policíaca, cosa especialmente peligrosa para las personas negras con Tourette, que ya tienden a ser vulnerables a ello tan sólo por el color de su piel. E insistir en que la coprolalia surge de prejuicios internos o una intencionalidad silenciada es pedir una ejecución ilegal en manos del sesgo policíaco por causa de un tic inoportuno.

Como dije, estas reacciones afortunadamente vienen sobre todo de la comunidad afro de Estados Unidos en redes sociales. En contraste, en Reino Unido la mayoría ha sabido entender tanto el contexto como las disculpas de Davidson, y eso da cuenta de la importancia del trabajo que personas como él han realizado en estos años por familiarizar a las personas con lo que significa el síndrome de Tourette. Hay un enojo presente también, pero no va dirigido hacia el activista sino, y así mismo le han pedido a la comunidad del otro lado del Atlántico que se manifieste, hacia el manejo irresponsable que tuvo la BBC con la transmisión. Y es que aquí hay mucha tela por cortar.

¿Y el papel de la BBC?

Una de las primeras reacciones tras el incidente de los BAFTA fue el preguntarse por qué la BBC decidió que era buena idea transmitir el insulto de Davidson en lugar de editarlo. Esto resalta mucho más cuando se reveló que la cadena eligió cortar parte del discurso de aceptación de los cineastas Wale Davies y Akinola Davies Jr. al recibir el premio de Debut Sobresaliente para un Escritor, Director o Productor Británico. En específico, un fragmento donde hablaba de los padres que migran por una mejor vida para sus hijos, de la persecución a los inmigrantes, y “Por Nigeria, por Londres, por el Congo, Sudán, Palestina libre”.

Cierto es que la BBC ha tomado recientemente la decisión de editar los discursos con carga política luego de que el dúo Bob Vylan cantara “muerte a la IDF” en el Festival de Glastonbury el año pasado, y de todos modos tienen que acotar las tres horas del evento a dos horas en televisión. Pero ciertamente causa suspicacia que hayan decidido dejar sin alterar un insulto racista en la transmisión de un evento que se transmite con retraso y edición por tiempo, que aun sin intención tiene una carga social y política fuerte, en particular cuando nos enteramos que editaron cuidadosamente otros tics en vivo de Davidson.

Tal como reveló Jason Okundaye, editor asistente de opinión en The Guardian que asistió a los BAFTA -y ha criticado fuertemente a las personas afro que acusaron de racismo a Davidson-, y hubo otros exabruptos durante la ceremonia, como cuando Davidson dijo “aburrido” en presencia de Alan Cumming, presentador del evento, o “cierra la puta boca” durante el discurso de Sara Putt, la presidenta saliente de los BAFTA. El mismo Davidson reveló a la revista Variety que hubo por lo menos unas diez palabras ofensivas de su parte a lo largo del evento. El insulto del que ya hablamos fue usado al menos tres veces en la noche, dos al menos durante el evento en vivo, y una se alcanzó a editar. ¿Cómo se les escapó precisamente la más audible, al inicio de la ceremonia?

Obviamente, las reacciones de los involucrados sobre el trabajo editorial de la BBC tampoco han sido positivas. Aunque Delroy Lindo estuvo de buen ánimo durante la cena tras la entrega de premios, le dijo a Vanity Fair que, aunque tanto él como Jordan “hicieron lo que tenían que hacer” en aquel momento, echó en falta que alguien de BAFTA hablara con ellos después del incidente para saber cómo se sentían, algo que sin duda habría sido importante. Por su parte, Davidson manifestó su inquietud de que hubiesen puesto un micrófono cerca de su asiento, pero cuando habló al respecto le dijeron que no iba a amplificar el sonido en la sala, sino que era un analizador que monitoreaba el ruido.

De acuerdo con él, StudioCanal, el estudio detrás de I Swear, también había hablado de antemano con BAFTA sobre la posibilidad de los tics, y les habían prometido que cualquier insulto sería editado de la transmisión. Y ciertamente se les había explicado a los asistentes lo que podía ocurrir. Pero si bien la incomodidad era inevitable, por lo comentado por Lindo es posible que no se les explicara suficiente al respecto del Tourette, y tampoco evitó que se le escapara el insulto al inicio. Para Kirk Jones, director de I Swear, BAFTA defraudó a Davidson en muchos niveles.

El control de daños dejó mucho que desear. Al final de la ceremonia, Alan Cumming explicó un poco lo ocurrido con Davidson, añadiendo: “Nos disculpamos si se sintieron ofendidos”. No fue la mejor forma de ponerlo: obviamente las palabras fueron ofensivas; el tema era dejar más claro lo que significaba el Tourette de Davidson para evitar otras implicaciones, y sobre todo acercarse a los actores que estaban en el escenario cuando ocurrió. BAFTA tuvo que publicar una declaración más detallada sobre el tema, agradeciendo además a Jordan y Lindo por su profesionalismo, y presionó a la BBC para retirar el vergonzoso momento de sus sitios de streaming.

Por supuesto, el interés de la BBC por evitar que incidentes como este lleguen al público a través de sus pantallas también ha sido puesto en duda. En la mesa de la BBC se encuentra Robbie Gibb, ex consejero político y periodista que fue consejero editorial del medio conservador GB News, consejero del gobierno para su reporte de la Comisión sobre Disparidades Raciales y Étnicas de 2021 -documento fuertemente criticado por su negación del racismo institucional en Reino Unido y su cuasi glorificación del comercio de esclavos- y también miembro del comité de guías y estándares editoriales de la BBC. En este último papel, ha estado relacionado con escándalos de sesgo editorial que parecen asociarse a lo que vimos con los BAFTA.

Gibb ha sido cuestionado por sus sesgos proisraelíes, en particular por liderar un consorcio que compró The Jewish Chronicle, portal sionista que respalda al gobierno de Israel y publicó historias falsas sobre la guerra en Gaza en 2024-, y sus vínculos con dicho medio. En mayo del año pasado, más de 400 figuras en los medios publicaron una carta abierta en la que criticaron la presencia de Gibb en las decisiones editoriales de la BBC dada su cercanía con el Chronicle, en particular por la decisión de no transmitir el documental Gaza: Medics Under Fire, que denunciaba la tortura y asesinato de médicos trabajando en la franja de Gaza a manos del ejército israelí. Para colmo, también se le acusa de estar implicado en las acusaciones de sesgo editorial en la BBC del pasado noviembre, al punto que un líder sindical de la empresa y el líder del Partido Liberal Demócrata han pedido su renuncia.

Es difícil saber el papel de Gibb en las recientes decisiones editoriales de la BBC tras lo ocurrido con Bob Vylan, pero ciertamente es muy conveniente para sus intereses que se eligiera suprimir un discurso que simplemente decía “Palestina libre”. Eso de hecho también tiene fuertes implicaciones racistas, en especial en un Reino Unido donde la extrema derecha está tomando fuerza con un discurso antiinmigración. Entonces, que se transmitiera sin editar el insulto involuntario de Davidson, ¿fue un error humano genuino, un desinterés por los involucrados, un acto deliberado que dejó en manos de BAFTA el lío? Difícil decirlo.

Conclusiones

Recientemente, Jordan y Lindo recibieron una ovación durante los NAACP Image Awards. Esto ocurrió después de una oración en broma realizada por el comediante Dean Cole, la cual terminaba con: “Señor, si hay hombres blancos en la audiencia con Tourette, te pido que les digas que será mejor que lean el ambiente esta noche”. Más tarde, cuando Lindo pasó al escenario a presentar un premio, agradeció a los asistentes por el apoyo y sentenció: “Es un movimiento clásico de algo que podría haber sido muy negativo volviéndose muy positivo”.

Sin duda es agradable que los actores hayan recibido tanto apoyo después de lo ocurrido en los BAFTA, pero es un poco decepcionante que Lindo tampoco hiciera referencia alguna al contexto en que ocurrió, y la diferencia en impacto para los involucrados. No se ha vuelto positivo para Davidson, quien sigue siendo injustamente acusado de racista   -y que, como vemos con el chascarrillo de Cole, es objeto de mofa frente a millonarios de la industria audiovisual-, y definitivamente no ha sido muy positivo para cientos de personas con síndrome de Tourette en redes, quienes están siendo atacados y estigmatizados por la ignorancia alrededor de su condición.

Pero bueno, tampoco es necesariamente responsabilidad de los actores. Para eso han estado otras personas a lo largo de esta semana esforzándose en explicar todo lo que implica el síndrome de Tourette, así como el testimonio de quienes tienen que vivir día a día con aquella condición. Y espero haber aportado un poco de mi parte para despejar inquietudes al respecto.

 

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