Acerca del síndrome de Tourette y la coprolalia: ¿qué pasó realmente en los BAFTA?
Introducción
En estos días ha surgido una discusión tremenda acerca de las discapacidades y la responsabilidad del discapacitado al relacionarse e interactuar dentro de la sociedad, por causa de un incidente lamentable ocurrido en los premios BAFTA, durante el pasado 22 de febrero. El problema es que dicha discusión se ha enfocado en un modo erróneo que además devela, de nuevo, una profunda ignorancia general de cómo funcionan condiciones particulares de salud.
Seamos concretos. Al inicio de la ceremonia, cuando los actores Michael B. Jordan y Delroy Lindo, juntos en la película Pecadores -de la cual hablamos un poco en el blog-, subieron al escenario a presentar el premio a Mejores Efectos Visuales, se escuchó claramente a alguien gritando el insulto racista “¡Niggers!” (Negratas). Los actores se mostraron sorprendidos por lo repentino y fuerte de la grosería, pero continuaron con la entrega.
Quien profirió el
insulto fue John Davidson, un activista por la concienciación del síndrome de
Tourette entre la población. Davidson se encontraba presente en la ceremonia de
los BAFTA porque su historia fue la inspiración para la película I Swear,
que fue parte de las postuladas, así que se le invitó a la ceremonia. Aunque el
activista advirtió a la BBC -compañía que transmitió el evento- que un ambiente
tan concurrido y estresante podía exacerbar sus tics, y se
ha disculpado por el incidente, esto no ha evitado un
debate acerca de lo ocurrido, el cual se ha tornado en ocasiones bastante
capacitista e incluso agresivo.
Aunque yo no soy una
persona en condición de Tourette, como neurodivergente y discapacitado me veo
en la necesidad de explicar un poco sobre este síndrome, porque siempre es
necesario despejar mitos y malas interpretaciones acerca de ello, en especial
porque parece que la idea general y primer (y único) acercamiento de muchos hacia
el Tourette es ver a Cartman fingiéndolo para decir groserías con impunidad en
aquel episodio de South Park. Por lo tanto, es importante hablar no sólo
de la propia condición, sino también del enfoque erróneo que se le está dando
al debate, y cuestiones a criticar sobre las decisiones editoriales de la BBC
en cuanto a lo que eligieron mostrar de la ceremonia… o eliminar.
Una condición muy mal entendida
Para entrar a fondo en
el tema a discutir, necesitamos primero entender
lo que es el síndrome de Tourette. Se trata de un
trastorno del desarrollo neurológico, descrito y nombrado por Georges Gilles de
la Tourette en 1885, que se caracteriza por la presencia de movimientos
involuntarios (definidos como tics motores) y vocalizaciones involuntarias
(definidas como tics vocales o fónicos) que se presentan de forma repentina e
intermitente. Los tics usualmente empiezan en el individuo entre los 3-8 años
de edad, pero la severidad de los mismos a menudo se da entre los 8-12 años:
generalmente, los tics motores suelen presentarse antes que los vocales, pero
por supuesto esto difiere entre individuos.
Los síntomas del
síndrome de Tourette pueden ir de leves a graves, y en este último caso pueden
interferir con la comunicación y la calidad de vida del individuo, por lo cual
el síndrome se considera una discapacidad, en este caso física. Los
tics también se clasifican en tics simples -tics
repentinos, breves y repetitivos que involucran un número pequeño de grupos
musculares- y tics complejos -patrones diferentes y coordinados que involucran
la acción de varios grupos musculares-.
Los tics motores
simples comunes son parpadeos, sacudir la cabeza, encoger los hombros, mover
los ojos de forma repentina, retorcer la nariz y hacer movimientos con la boca;
por su parte, los tics motores complejos usuales involucran tocar u oler
objetos, repetir algún movimiento observado, caminar en un patrón determinado,
hacer gestos obscenos, inclinarse, girar e incluso saltar. En el caso de tics
vocales, los tics simples comúnmente involucran resoplar, toser, aclarar la
garganta, silbar e incluso ladrar; los tics vocales complejos usuales son
repetir palabras o frases, ya sean propias o escuchadas de otras personas, y
usar palabras obscenas, vulgaridades e insultos.
Me detengo brevemente en este último fenómeno, conocido como coprolalia, porque las groserías e insultos involuntarios son quizás el síntoma más conocido y asociado con el síndrome de Tourette por personas con un conocimiento superficial del Tourette. En realidad, se calcula que la coprolalia como síntoma neurológico se asocia con síndrome de tics como el Tourette en cerca del 10-33% de los casos, y apenas el 10% de las personas con Tourette presentan coprolalia.
Los mecanismos
neurológicos de esta condición son interesantes, aunque no totalmente
entendidos. El origen de los tics parece yacer en alteraciones de los
microcircuitos inhibidores estriados y la inhibición automática en los ganglios
cortico-basales sensomotores. El modelo neurológico sobre el Tourette sugiere
que las anormalidades en el procesamiento interoceptivo y exteroceptivo podrían
generar ansias premonitorias, que por causa de la alteración en los mencionados
ganglios da lugar a la iniciación de acciones y la ejecución de los tics. En
otras palabras, una persona con síndrome de Tourette tiene problemas para
suprimir movimientos no deseados y pensamientos intrusivos, y necesitan
liberarlos para calmar las ansias premonitorias. Esto también explica que en
momentos de gran tensión social puedan incrementarse la frecuencia de los tics.
En cuanto a la genética, el síndrome de Tourette parece tener una alta heredabilidad. Una persona con antecedentes familiares de Tourette o con otros trastornos de tics tiene un mayor factor de riesgo de desarrollar Tourette a su vez; por otro lado, los varones tienen entre tres y cuatro veces más probabilidad de desarrollar el síndrome. Los propios factores genéticos detrás del Tourette tampoco son completamente entendidos: se han identificado causas monogenéticas (es decir, asociadas a un único gen) en menos del 2% de los individuos, por lo que como muchos otros trastornos del neurodesarrollo, parece tratarse de una combinación de distintos genes que pueden variar entre individuos. También pueden darse coocurrencias con otros trastornos neurológicos como el trastorno obsesivo compulsivo, el TDAH y el autismo, así como trastornos de ansiedad e incluso dolores crónicos causados por los tics repetitivos.
Hay diferentes
tratamientos para manejar los síntomas del síndrome de Tourette, dependiendo del nivel en que puedan interferir con la vida diaria de la persona. Los
tratamientos conductuales y farmacológicos son bastante frecuentes: en
particular la intervención conductual comprensiva para tics (CBIT, por sus
siglas en inglés), que busca implementar respuestas físicas contrastantes para
reducir la frecuencia de los tics, es una bastante popular, aunque con una
efectividad media (40-50% de los casos). En algunos casos más severos, pueden
recomendarse terapias de neuromodulación con estimulación cerebral profunda,
incluso transcraneal.
Por supuesto, más allá
de datos médicos y técnicos, no debemos olvidar que se trata de personas.
Actualmente hay mucha ignorancia general acerca del síndrome de Tourette, y no
son pocas las personas que creen que se trata exclusivamente de coprolalia: que
muchas representaciones en la ficción se centren casi exclusivamente en este
tipo de tics tampoco ayuda mucho. Por ello existen activistas -como el
mencionado Davidson- y organizaciones que intentan comunicar a la población lo
que realmente significa vivir con esta condición, así como buscar un mayor
apoyo tanto a nivel de investigación como de integración a nivel social.
Todo esto es importante
porque, como he mencionado al inicio, la discusión acerca de los insultos
involuntarios de Davidson se ha tornado muy agresiva, y parte en su mayoría
desde un desconocimiento total del síndrome de Tourette, cayendo para colmo en
las típicas “Olimpiadas de la Opresión” que tanto daño han hecho a las posturas
progresistas y golpeado a la propia izquierda, sin mencionar el propio daño que
se hace a las personas con Tourette.
¿Son los tics una evidencia de prejuicios internos?
Antes de continuar
aquí, dejemos algo claro: tanto Jordan como Lindo tenían derecho a sentirse
ofendidos por el insulto que escucharon, aun cuando se tratase de algo
involuntario. Es una palabra con una carga racista muy fuerte, sobre todo en
Estados Unidos, por lo que escucharla de forma tan repentina y en un escenario
público donde estás siendo protagonista es, por supuesto, desagradable. También
las personas negras que vieron la transmisión de los BAFTA en vivo tienen
derecho a indignarse, pues ciertamente no es habitual tener que escuchar algo
así en un espectáculo de premiaciones.
Por otro lado, es
necesario entender que lo que ocurrió con Davidson fue un tic involuntario.
Nunca tuvo la intención de ofender a los actores, ni tampoco a las otras
personas en el evento a las que profirió otros insultos, y que convenientemente
la BBC sí decidió editar de la transmisión, tema del que hablaré en la última
sección de este ensayo. Aún más: a diferencia de lo que muchos en redes parecen
creer, la
coprolalia no refleja las creencias o convicciones de la persona.
Los insultos son tan incómodos para el individuo con síndrome de Tourette que
los expresa como para quien los escucha. Es como si tu cerebro buscara que
quedaras en ridículo de la peor forma posible fijándose en cualquier detalle de
las personas que te rodean. Además, la coprolalia es imposible de controlar en
la mayoría de los casos y, como mencioné antes, situaciones con alto estrés
emocional pueden incrementar la frecuencia de los tics, de modo que era de
esperarse que Davidson soltara tantos insultos involuntarios durante la
premiación.
El problema es que hay muchas personas en redes sociales, en particular de la comunidad afroestadounidense, que no aceptan ni las explicaciones sobre el síndrome de Tourette, ni las disculpas que ha ofrecido Davidson por lo ocurrido. Están empeñados en que independientemente del contexto, el uso de una expresión racista significa que Davidson tiene que ser racista, y no les interesa escuchar ninguna opinión que vaya en contra de ese prejuicio. Porque sí: a este punto ya estamos hablando de prejuicios que guían la forma en que están interpretando la situación.
Este tipo de personas
no entienden bien lo que significa un tic involuntario, y aseguran que el
Tourette no excusa a nadie de usar un insulto racista, independiente de si
había intención o no. Algunos creen, como pasa últimamente con las
conversaciones sobre discapacidades y neurodiversidad, que el síndrome es sólo
una excusa que se inventaron los blancos para insultar a la gente negra con
impunidad, cuando es conocido que Davidson insultó
públicamente a la reina Isabel II en su propia cara,
y que no se trata de racismo: con la coprolalia, insultos clasistas,
homofóbicos, xenofóbicos, o algo tan tonto como señalar la calvicie de alguien
están a la orden del día.
Peor aún: otros se han
manifestado de formas increíblemente agresivas e incluso violentas,
manifestando que, si Davidson no puede evitar tener tics en público, pues
debería ir amordazado a ese tipo de eventos, y he visto comentarios diciendo
que le habrían roto los dientes si lo hubiesen escuchado frente a ellos, o que
hay que sacarles el Tourette a pisotones a personas como él. Es decir, estamos
viendo a personas de una comunidad que históricamente tuvo que sufrir de
segregación social, pidiendo la segregación de otra comunidad: en
palabras de un post en Twitter criticando esta actitud, si despertaran con piel
blanca un día serían prácticamente nazis.
Ni siquiera el hecho de que divulgadores afro con síndrome de Tourette han intentado explicar el tema de los tics ha aplacado a esta gente. Los han mandado a callar, decirles que no les corresponde defender a un blanco de ser acusado de racista, e incluso insultarlos por “mantenerse dentro del código” y poner su discapacidad por encima de ser negros, convirtiendo encima todo este debate en una horrible discusión identitaria que no sólo estorba, sino que apesta. Todo acaba siendo bastante irónico, porque en su empeño por ignorar el contexto a la hora de buscar racismo, acaban siendo capacitistas a un nivel tremendo.
Una persona en redes
sociales incluso intentó usar una escena de I Swear para insistir en que
Davidson es racista y que no hay nada que interpretar ni entender de su
condición. La escena en particular es una donde Davidson, interpretado por
Robert Aramayo (Behind Her Eyes, Los Anillos de Poder), está
pintando una pared de color negro, y por un tic termina poniéndose pintura en
el rostro. Supuestamente esto evidenciaría un blackface, cuando la
realidad es que en el contexto de la película no hay ninguna señal de racismo
en la escena, y los colores oscuros en interiores son sensorialmente tranquilos
para muchas personas, lo que puede ayudar a reducir la intensidad de los tics
en personas con Tourette. Pero por supuesto, para este tipo de personas el
contexto no importó: sólo se empeñan en que Davidson de algún modo tiene que
ser racista para no admitir que se han equivocado en la forma en que abordaron
el incidente.
Tal
como señaló Kenan Malik en The Observer,
ignorar el contexto tras la coprolalia de Davidson es desvirtuar el significado
real y la comprensión del racismo, porque se ignora la diferencia clara entre
un problema neurológico y el uso consciente de intolerante de insultos
deshumanizantes. Además, la reacción en redes desnuda el problema de ver toda
interacción entre blancos y negros a través del prisma racial, y que ser blanco
es la única forma en que puede ocurrir racismo. Es aún más irónico cuando consideramos que, en comparación con Jordan y Lindo, quienes se han forjado carreras notables en Hollywood, Davidson ha tenido que trabajar toda su vida como cuidador en el Centro Comunitario Langley, en Galashiels (Escocia), y ni siquiera pudo terminar la escuela.
Que intenten además
empujar a las propias personas negras que han rechazado este tratamiento a
Davidson en un molde de “traición” es jerarquizar los distintos rostros que
pueden tomar la discriminación y la exclusión, como si diferentes identidades
no se intersectaran en elementos comunes a ambos fenómenos -algo de lo que, sin
duda, los divulgadores negros con Tourette podrían hablar mejor que yo-. La
inclusión de un grupo social históricamente excluido no puede ocurrir a costa
de la segregación de otro. Y si no somos capaces de poner en contexto los tics
involuntarios y la coprolalia de una persona con Tourette, realmente no la
estamos integrando a nivel social.
Eso me lleva a otro problema. Varias personas, blancas y negras, le han exigido a Davidson que se disculpe por lo ocurrido, siendo de nuevo que no sólo, por enésima vez, se trató de un tic involuntario, sino que además el hombre ha manifestado estar mortificado por lo ocurrido -de hecho, se retiró de la ceremonia de los BAFTA tras el incidente con Jordan y Lindo-, y se ha disculpado ya al menos dos veces. Para otros, pues esas disculpas no han sido suficientes, porque según ellos no quiere admitir que actuó mal. Se empeñan obtusamente en no entender la situación. ¿Qué necesitan que diga Davidson en la disculpa? ¿Cuántas veces más debe disculparse una persona por algo que no está en su control hasta que queden satisfechos?
De por sí, vivir con
síndrome de Tourette ya es una tensión constante. Tal como explicó Baylen
Dupree, la protagonista de la serie reality Baylen Out Loud (traído a
nuestra región como Mi vida con Tourette), en un post que compartió en
defensa de Davidson, “significa vivir con el miedo de que un momento pueda
definirte para siempre. Significa saber que no importa lo amable que seas, no
importa en lo que creas, un tic podría hacer que el mundo decida quién eres. Y
eso es devastador”.
No es razonable ni
saludable esperar que las personas con Tourette tengan que pasar el resto de
sus vidas disculpándose por cada gesto, expresión o insulto que pueda salir de
su cuerpo. Eso no es acomodación ni integración, y mucho menos aceptación de la
diversidad. A este punto en que se les ha explicado de forma reiterada lo que
significa que se trate de tics involuntarios, no le están pidiendo a Davidson
que se disculpe por la palabra: le están pidiendo que se disculpe por
existir, por ofenderlos con su presencia incluso si no hay intención alguna
tras lo ocurrido.
¿Estoy diciendo que
todas las personas con Tourette son santos? Claro que no, cretinos e
intolerantes siempre hay, incluso entre comunidades marginalizadas. Pero cada
caso se tiene que analizar en su contexto: esto no es South Park, donde
Cartman fingía tener Tourette para insultar gente con impunidad hasta que
perdió la capacidad de inhibirse -irónicamente, dejando de lado a Eric, ese episodio
mostró un retrato decente del síndrome de Tourette-. La idea de que hay
muchísimas personas dispuestas a hacerse pasar por miembros de minorías
históricamente discriminadas es una fantasía que alimentan sobre todo quienes
las desdeñan en primer lugar.
Finalmente, también está el problema de individualizar la responsabilidad de inclusión. Hay quienes han comentado que Davidson debería haber tomado terapias como la mencionaba CBIT para manejar menor sus tics y evitar incidentes como el ocurrido. Esto ignora, por supuesto, que muchas de esas terapias no tienen un porcentaje de éxito tan alto, que algunas son relativamente recientes, y que no todos pueden tener acceso a ellas por cuestiones económicas -créanme: la salud mental es especialmente cara-. Es pedir que la minoría se ajuste a las limitaciones de la sociedad, en vez de que la sociedad se ajuste a sus necesidades: es imponer un molde general para todos, el empobrecimiento de la diversidad.
Responzabilizar al
individuo con Tourette de su propia condición también puede tener consecuencias
peligrosas. Por ejemplo, las personas discapacitadas, en particular aquellas
con trastornos neurológicos, son
bastante vulnerables a la violencia policíaca en Estados Unidos, en
particular por movimientos o frases que pueden ser tomadas como una amenaza
potencial. Pretender que una persona con síndrome de Tourette es siempre
responsable de sus tics abre la puerta a que sean más víctimas de la brutalidad
policíaca, cosa especialmente peligrosa para las personas negras con Tourette,
que ya tienden a ser vulnerables a ello tan sólo por el color de su piel. E insistir en que la coprolalia surge de prejuicios internos o una intencionalidad silenciada es pedir una ejecución ilegal en manos del sesgo policíaco por causa de un tic inoportuno.
Como
dije, estas reacciones afortunadamente vienen sobre todo de la comunidad afro
de Estados Unidos en redes sociales. En contraste, en Reino Unido la mayoría ha
sabido entender tanto el contexto como las disculpas de Davidson, y eso da cuenta
de la importancia del trabajo que personas como él han realizado en estos años
por familiarizar a las personas con lo que significa el síndrome de Tourette.
Hay un enojo presente también, pero no va dirigido hacia el activista sino, y
así mismo le han pedido a la comunidad del otro lado del Atlántico que se
manifieste, hacia el manejo irresponsable que tuvo la BBC con la transmisión. Y
es que aquí hay mucha tela por cortar.
¿Y el papel de la BBC?
Una de las primeras
reacciones tras el incidente de los BAFTA fue el preguntarse por qué la BBC
decidió que era buena idea transmitir el insulto de Davidson en lugar de
editarlo. Esto resalta mucho más cuando se reveló que la cadena eligió
cortar parte del discurso de aceptación de los
cineastas Wale Davies y Akinola Davies Jr. al recibir el premio de Debut
Sobresaliente para un Escritor, Director o Productor Británico. En específico,
un fragmento donde hablaba de los padres que migran por una mejor vida para sus
hijos, de la persecución a los inmigrantes, y “Por Nigeria, por Londres, por
el Congo, Sudán, Palestina libre”.
Cierto es que la BBC ha
tomado recientemente la decisión de editar los discursos con carga política
luego de que el dúo Bob Vylan cantara “muerte a la IDF” en el Festival de
Glastonbury el año pasado, y de todos modos tienen que acotar las tres horas
del evento a dos horas en televisión. Pero ciertamente causa suspicacia que hayan
decidido dejar sin alterar un insulto racista en la transmisión de un evento
que se transmite con retraso y edición por tiempo, que aun sin intención tiene
una carga social y política fuerte, en particular cuando nos enteramos
que editaron cuidadosamente otros tics en vivo de Davidson.
Tal como reveló Jason Okundaye, editor asistente de opinión en The Guardian que asistió a los BAFTA -y ha criticado fuertemente a las personas afro que acusaron de racismo a Davidson-, y hubo otros exabruptos durante la ceremonia, como cuando Davidson dijo “aburrido” en presencia de Alan Cumming, presentador del evento, o “cierra la puta boca” durante el discurso de Sara Putt, la presidenta saliente de los BAFTA. El mismo Davidson reveló a la revista Variety que hubo por lo menos unas diez palabras ofensivas de su parte a lo largo del evento. El insulto del que ya hablamos fue usado al menos tres veces en la noche, dos al menos durante el evento en vivo, y una se alcanzó a editar. ¿Cómo se les escapó precisamente la más audible, al inicio de la ceremonia?
Obviamente, las
reacciones de los involucrados sobre el trabajo editorial de la BBC tampoco han
sido positivas. Aunque Delroy Lindo estuvo de buen ánimo durante la cena tras
la entrega de premios, le
dijo a Vanity Fair que, aunque tanto él
como Jordan “hicieron lo que tenían que hacer” en aquel momento, echó en falta
que alguien de BAFTA hablara con ellos después del incidente para saber cómo se
sentían, algo que sin duda habría sido importante. Por su parte, Davidson
manifestó su inquietud de que hubiesen puesto un
micrófono cerca de su asiento, pero cuando habló al respecto le dijeron que no
iba a amplificar el sonido en la sala, sino que era un analizador que
monitoreaba el ruido.
De acuerdo con él,
StudioCanal, el estudio detrás de I Swear, también había hablado de
antemano con BAFTA sobre la posibilidad de los tics, y les habían prometido que
cualquier
insulto sería editado de la transmisión. Y ciertamente
se les había explicado a los asistentes lo que podía ocurrir. Pero si bien la
incomodidad era inevitable, por lo comentado por Lindo es posible que no se les
explicara suficiente al respecto del Tourette, y tampoco evitó que se le
escapara el insulto al inicio. Para
Kirk Jones, director de I Swear, BAFTA
defraudó a Davidson en muchos niveles.
El control de daños
dejó mucho que desear. Al
final de la ceremonia, Alan Cumming explicó un poco lo
ocurrido con Davidson, añadiendo: “Nos disculpamos si se sintieron ofendidos”.
No fue la mejor forma de ponerlo: obviamente las palabras fueron ofensivas; el
tema era dejar más claro lo que significaba el Tourette de Davidson para evitar
otras implicaciones, y sobre todo acercarse a los actores que estaban en el
escenario cuando ocurrió. BAFTA tuvo que publicar una declaración más detallada
sobre el tema, agradeciendo además a Jordan y Lindo por su profesionalismo, y
presionó a la BBC para
retirar el vergonzoso momento de sus sitios de streaming.
Por supuesto, el interés de la BBC por evitar que incidentes como este lleguen al público a través de sus pantallas también ha sido puesto en duda. En la mesa de la BBC se encuentra Robbie Gibb, ex consejero político y periodista que fue consejero editorial del medio conservador GB News, consejero del gobierno para su reporte de la Comisión sobre Disparidades Raciales y Étnicas de 2021 -documento fuertemente criticado por su negación del racismo institucional en Reino Unido y su cuasi glorificación del comercio de esclavos- y también miembro del comité de guías y estándares editoriales de la BBC. En este último papel, ha estado relacionado con escándalos de sesgo editorial que parecen asociarse a lo que vimos con los BAFTA.
Gibb ha sido
cuestionado por sus sesgos proisraelíes, en particular por liderar un consorcio
que compró The Jewish Chronicle, portal sionista que respalda al
gobierno de Israel y publicó historias falsas sobre la guerra en Gaza en 2024-,
y sus vínculos con dicho medio. En mayo del año pasado, más
de 400 figuras en los medios publicaron una carta abierta
en la que criticaron la presencia de Gibb en las decisiones editoriales de la
BBC dada su cercanía con el Chronicle, en particular por la decisión de
no transmitir el documental Gaza: Medics Under Fire, que denunciaba la
tortura y asesinato de médicos trabajando en la franja de Gaza a manos del
ejército israelí. Para colmo, también se le acusa de estar implicado en las
acusaciones de sesgo editorial en la BBC del pasado
noviembre, al punto que un líder sindical de la empresa y el líder del Partido
Liberal Demócrata han pedido su renuncia.
Es difícil saber el
papel de Gibb en las recientes decisiones editoriales de la BBC tras lo
ocurrido con Bob Vylan, pero ciertamente es muy conveniente para sus intereses
que se eligiera suprimir un discurso que simplemente decía “Palestina libre”.
Eso de hecho también tiene fuertes implicaciones racistas, en especial en un
Reino Unido donde la extrema derecha está tomando fuerza con un discurso
antiinmigración. Entonces, que se transmitiera sin editar el insulto
involuntario de Davidson, ¿fue un error humano genuino, un desinterés por los
involucrados, un acto deliberado que dejó en manos de BAFTA el lío? Difícil
decirlo.
Conclusiones
Recientemente, Jordan y
Lindo recibieron
una ovación durante los NAACP Image Awards. Esto ocurrió después de una
oración en broma realizada por el comediante Dean Cole, la cual terminaba con: “Señor,
si hay hombres blancos en la audiencia con Tourette, te pido que les digas que
será mejor que lean el ambiente esta noche”. Más tarde, cuando Lindo pasó
al escenario a presentar un premio, agradeció a los asistentes por el apoyo y
sentenció: “Es un movimiento clásico de algo que podría haber sido muy negativo
volviéndose muy positivo”.
Sin duda es agradable
que los actores hayan recibido tanto apoyo después de lo ocurrido en los BAFTA,
pero es un poco decepcionante que Lindo tampoco hiciera referencia alguna al
contexto en que ocurrió, y la diferencia en impacto para los involucrados. No se
ha vuelto positivo para Davidson, quien sigue siendo injustamente acusado de
racista -y que, como vemos con el chascarrillo de Cole, es objeto de mofa frente a millonarios de la industria audiovisual-, y definitivamente no ha sido muy positivo para cientos de personas con
síndrome de Tourette en redes, quienes están siendo atacados y estigmatizados
por la ignorancia alrededor de su condición.
Pero bueno, tampoco es necesariamente responsabilidad de los actores. Para eso han estado otras personas a lo largo de esta semana esforzándose en explicar todo lo que implica el síndrome de Tourette, así como el testimonio de quienes tienen que vivir día a día con aquella condición. Y espero haber aportado un poco de mi parte para despejar inquietudes al respecto.














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