El papel de los zoológicos en la conservación
La conservación de las especies es una tarea importante a la que nos hemos dedicado como seres humanos desde hace décadas, cuando comprendimos nuestro papel en la reducción de los ecosistemas y la desaparición de otros seres vivos. En este gran proyecto, por decirlo de alguna forma, participan no sólo científicos y comunidades, sino también instituciones y establecimientos cuyo objetivo y relación con los animales ha cambiado con el paso de los años. El ejemplo emblemático de esta cooperación radica en, por supuesto, los zoológicos.
Hago
esta introducción porque, nuevamente, un suceso trágico ocurrido en un
zoológico ha hecho que diferentes personas se planteen la necesidad y existencia
de estos establecimientos, a menudo con argumentos trillados y poco sólidos,
pero con mucho atractivo y carga emocional. La diferencia es que la tragedia
esta vez ocupa a los propios animales, en lugar de alguna persona que murió por
causa de un animal confinado, pero sigue siendo una tragedia en todo caso.
Sucede que a mediados de este mes falleció Indira, una tigresa blanca de Bengala del Zoológico de Cali. El animal, que vivió allí por 21 años –vida excepcionalmente larga para un tigre, que viven entre 10 y 15 años en estado silvestre-, terminó en una disputa territorial con su propio hijo, Kanú, con el cual había convivido en un mismo recinto por más de doce años, y a pesar de los esfuerzos de los médicos veterinarios por atender sus heridas, no logró sobrevivir debido a la severidad de su estado. El zoológico comentó con pesar la noticia, pues era uno de los animales más queridos por el público, mientras informó que Kanú se encuentra aislado y bajo observación.
La
muerte de Indira no es una cuestión que deba ser minimizada, y es cierto que hay
decisiones del zoológico que pueden cuestionarse. Puedo comprender, entonces,
por qué hay muchas personas sugiriendo que estos establecimientos deberían desaparecer,
o en su defecto ser transformados o reemplazados en santuarios naturales. Pero
muchas de ellas ignoran el cómo gran parte de los zoológicos de la actualidad, incluido
el de Cali, cumplen un papel importante en los esfuerzos de conservación de
hoy. Por ello, debemos hablar un poco de la historia de los zoológicos, cómo
empezaron a incorporarse en programas de conservación, y los resultados y
éxitos que se han logrado a través de ellos, para luego explicar confusiones
que se tienen sobre zoológicos, santuarios animales y reservas.
La
idea de buscar animales exóticos y exhibirlos en cautiverio, sea por
conocimiento o simple entretenimiento, es casi tan antigua como las civilizaciones.
Registros de colecciones de animales tan antiguas como 3000 AEC existen en
Mesopotamia, Egipto, India y China, y para los siglos XV y XVI, el incremento
de las rutas comerciales y el comercio intercontinental permitió el flujo de especies
no nativas a regiones como Asia, Europa y América. En Europa fueron no poco
comunes las colecciones privadas de animales en manos de reyes y nobles, llamadas
menageries, como una muestra de poder
y riqueza.
Fue hacia los siglos XVII y XVIII, con la Ilustración, que surgieron nuevas perspectivas sobre estas colecciones de animales, queriendo explorar de manera presencial cómo los animales salvajes se comportaban en sus entornos, de modo que aparecieron los llamados jardines zoológicos, que intentaban recrear exhibiciones naturales basadas en la ecología de las especies, con propósitos científicos y educativos, y la admisión de las clases populares se hizo más asequible, lo que incrementó la accesibilidad de un mayor público. El primer zoológico moderno nació oficialmente en 1828, con la apertura del Jardín Zoológico de Regents Park, mejor conocido como el zoológico de Londres.
Ilustración del siglo XIX del Zoológico de Londres.
Si
bien los zoológicos modernos nacieron desde sus inicios con un propósito tanto
científico como educativo, no pasó mucho tiempo antes de que se enfocaran más
en el entretenimiento. La razón es que hacia la segunda mitad del siglo XIX,
muchos zoológicos enfrentaban una enorme presión financiera, de modo que
debieron abrirse a un público general desde una perspectiva menos técnica y
científica y más de asombro ante lo desconocido. No se abandonaron los ajustes
y adaptaciones de los hábitats para gran parte de los animales, pero esto era también
parte del atractivo para llamar la atención del público al poder ver a las
especies en algo cercano a su espacio natural. Es decir, el bienestar del
propio animal no era precisamente lo que se tenía en mente al hacerlo.
El
paradigma de los zoológicos empezó a cambiar hacia los años 70 y 80, cuando se
empezó a reconocer la importancia de la supervivencia de la diversidad de
especies, y la necesidad de que los zoológicos empezaran a contribuir al
respecto. De tal manera, dichas instituciones empezaron a colaborar en programas
internacionales de conservación, desarrollando estándares altos de cuidado animal
y participando en proyectos de reproducción y cría de especies en peligro para
su reintroducción en hábitats naturales.
Actualmente,
gran parte de los zoológicos modernos construyen su misión alrededor de cuatro
componentes importantes: conservación (es
decir, contribuir en programas de restauración de especies amenazadas), recreación (hacer que educar al público
sobre la biología y ecología de las especies sea parte de las dinámicas de
recreación y entretenimiento), educación
(involucrarse en proyectos de investigación que ofrezcan información para mejorar
programas de educación) e investigación (que
los proyectos de investigación contribuyan en el conocimiento y mejora del
bienestar animal).
Estos enfoques han sido importantes en el éxito de la recuperación de especies que alguna vez estuvieron en peligro crítico de extinción, e incluso llegaron a desaparecer en estado silvestre. Los zoológicos han sido partícipes de programas de conservación que permitieron la supervivencia de especies como el órix de Arabia (Oryx leucoryx), el cóndor de California (Gymnogyps californianus) el hurón de patas negras (Mustela nigripes) y el sapo de Kihansi (Nectophrynoides asperginis). Así mismo, son importantes en la conservación de especies vulnerables que, sin estar en riesgo inmediato de extinción, requieren de nuestro apoyo para la estabilidad y supervivencia a largo plazo de sus poblaciones.
Órix de Arabia.
De
hecho, muchas de las exhibiciones que vemos temporalmente en algunos
zoológicos, como los lémures de cola anillada en el Zoológico de Barranquilla,
los gibones de manos blancas en Cali o los pandas en cualquier zoológico que no
sea de China, hacen parte de convenios con otros zoológicos que llevan adelante
programas de conservación. Así, estas especies son “prestadas” a otras
instituciones, de modo que se puedan adelantar proyectos de reproducción en
diferentes zoológicos, y a la vez permite que otras personas alrededor del
mundo los conozcan, lo que incrementa tanto el conocimiento general de la
diversidad como el apoyo económico y social de estos programas.
Este
tema del “préstamo” de especies entre zoológicos me lleva a hablar de algo
importante que a menudo se desconoce: el origen de los animales que están en
los zoológicos. Es cierto que antaño los ejemplares en cautiverio venían de cacería,
de la extracción de animales silvestres en perfecto estado de salud, pero con
el cambio de paradigma de los zoológicos esto se abandonó hace décadas. La mayoría
de los ejemplares que vemos hoy en día en zoológicos provienen de programas de
cría y reproducción, otros son producto del intercambio de especies que hemos
mencionado, y unos pocos son animales que vienen de procesos de rescate, y que
por diferentes cuestiones no pueden ser rehabilitados y retornados al medio natural.
Existen todavía unos pocos casos de extracción de ejemplares silvestres, pero
se hace bajo estrictas regulaciones, y sólo con propósitos de conservación o
proteger la diversidad genética de las poblaciones.
También
es necesario hacer distinciones entre zoológicos, santuarios de animales,
refugios de animales y reservas naturales, porque ni son lo mismo ni trabajan
los mismos objetivos. En un zoológico, sea llamado parque zoológico o jardín
zoológico, se exhiben los animales y se pueden ejercer labores de investigación
y conservación. Un santuario de animales,
por su parte, es una instalación donde se reciben y alojan de forma permanente animales
que han sido rescatados de situaciones de explotación como espectáculos,
experimentos o tráfico, y que por lesiones o cambios conductuales no pueden ser
reintegrados a un hábitat o exhibidos en zoológicos; no confundir con un santuario natural de flora o fauna, que
es un área protegida que preserva especies o comunidades de animales o plantas
silvestres con el fin de conservar recursos genéticos. Un refugio de animales hace
un trabajo similar al del santuario de animales, pero principalmente con animales
abandonados o en situación de calle como perros y gatos, y la estadía es temporal.
Finalmente, una reserva natural es
un área natural en la que existen condiciones primitivas de fauna y flora, por
lo cual se destina a la conservación y estudio de sus riquezas naturales.
Hoy en día, muchos de los zoológicos alrededor del mundo siguen prestando un servicio importante a programas de conservación. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) ha enumerado los papeles que jardines botánicos, acuarios y zoológicos pueden cumplir en la conservación de vida silvestre, como cuidado y manejo de especies ex situ e in situ (es decir, por fuera o dentro de su hábitat natural, respectivamente), salud y patología, translocaciones de conservación, investigación y ciencia ética, trabajos con comunidades y construcción de capacidad y recursos.
Este, de hecho, es un zoológico, el Zoológico de
Berlín.
Por
supuesto, no todos los zoológicos cumplen con este papel, y todavía existen muchos
de estos sitios que no participan en conservación, ya sea porque no deja de ser
un enfoque complejo y costoso que requiere de capacitación y adecuación de las
instalaciones, o porque se enfocan más en el entretenimiento y en el asombro
que producen las grandes especies. Pero eso no resta importancia a aquellos que
apoyan en la recuperación y la reintroducción de especies.
También
hay que destacar el papel de los zoológicos en la educación de la gente. El año
pasado, una revisión sistemática de estudios enfocados en el efecto de
intervenciones dirigidas por zoológicos sobre el conocimiento, creencias y
conducta de sus visitantes reveló que estos presentaron mejor conocimiento
sobre temas de conservación, defendieron una actitud favorable hacia la conservación
y manifestaron ser más probables a actuar en beneficio de la biodiversidad.
Esto es importante a considerar en tiempos en que también debemos hablar del papel
de la explotación de recursos naturales en entornos como la pesca industrial o
la deforestación, así como el incómodo papel de las especies invasoras en el
deterioro de los ecosistemas.
El
enfoque de los zoológicos como centros de conservación no carece de críticas y
limitaciones. Una muy frecuente se centra en el paradigma del zoológico como una
suerte de arca de Noé, es decir, un espacio de cría y reproducción para la
reintroducción de especies. Uno de los problemas de cumplir con esto es que
muchos zoológicos no tienen el espacio necesario para albergar especies en
peligro de extinción, y que de hecho muchas de las especies que resguardan no
se encuentran realmente amenazadas. Por otro lado, no es fácil lograr la
reproducción en zoológicos, ya sea por estos problemas de espacio, o porque las
poblaciones de las especies objetivo son demasiado pequeñas.
Es
normal, entonces, que ante estas complicaciones, se busque un cambio de paradigma
hacia la conservación in situ, en enfocarse en trabajar con las especies directamente
en su ambiente natural. Y es cierto que en términos biológicos y financieros,
puede decirse que la conservación in situ es mucho más efectiva en proteger la
biodiversidad, aunque no por ello más fácil. No obstante, esto no tendría por
qué representar una exclusión de los zoológicos en la conservación. Como he señalado,
los zoológicos no sólo han representado un papel importante en programas de
conservación, sino que también pueden tener una dimensión social, familiarizando
al público tanto con la diversidad de especies alrededor del mundo como con los
servicios y recursos que la naturaleza ofrece al ser humano, y los diversos factores
antrópicos que contribuyen a su reducción. Se trata, entonces, de superar ese
cuadro en blanco y negro de la conservación y la protección de la vida
silvestre, de trabajar desde diferentes enfoques hacia un mismo objetivo para
lograr el mayor éxito posible.
Eso también significa considerar nuevas perspectivas que refuercen mejor el vínculo entre lo científico y lo social. Una que se lleva aplicando poco a poco es que los propios zoológicos enfaticen el papel educativo sobre temas de la conservación ambiental, y los servicios y recursos que ofrecen las especies y los ecosistemas. Por su parte, una propuesta reciente propone modificar el modelo de cuatro componentes en la misión de los zoológicos por un modelo holístico en el que el zoológico ocupa el centro de una esfera de influencia en distintas áreas de conservación: conservación de hábitat y especies propiamente dichas, educación y entrenamiento, investigación científica, salud pública y bienestar, financiación de conservación, economía e incluso política. Esta esfera ejerce a su vez la influencia a distintos niveles a considerar: local, nacional, regional y global. Dicho modelo no sólo sería un reflejo más preciso del papel e influencia de los zoológicos en la actualidad, sino que también ofrece una herramienta para evaluar cómo estas instituciones se están involucrando en las áreas de influencia.
Esquema del modelo holístico de los zoológicos,
representando las áreas de conservación y niveles de influencia en cada una.
Tomado de Spooner et al (2023).
Volvamos
al Zoológico de Cali. ¿Es una buena institución? La verdad es que sí. Desde hace
mucho tiempo, el zoológico ha construido sus instalaciones de modo que los animales
se mantengan en espacios similares a su hábitat natural. Algunos de sus ejemplares
han sido individuos rescatados de situaciones de maltrato. El Zoológico de Cali
también participa en programas de cría, habiendo contribuido exitosamente en la
reproducción de especies como el suricata (Suricata
suricatta), la nutria gigante (Pteronura
brasiliensis) y la cebra de Crawshay (Equus
quaga crawshayi).
Entonces,
¿qué pasó en el caso de Indira y Kanú? Pues de momento no está claro, y prefiero
no especular demasiado sobre las acciones de este último, pues no soy biólogo
conductual. Lo que sí puedo señalar, y otros lo han hecho en redes, es que el
hecho de que ambos ejemplares compartieran un mismo espacio pudo ser un agravante
de la situación. Los tigres son animales solitarios y bastante territoriales,
especialmente los machos, por lo que al menos un factor detrás de lo ocurrido
es que Kanú tuviese mucha tensión al compartir espacio con su propia madre. No
obstante, debe tenerse en cuenta que convivieron por más de doce años, por lo
que si bien eso tuvo que ser un factor, probablemente no fue el único.
¿El
zoológico debió intentar adecuar un espacio aparte para Kanú, o enviarlo a otro
zoológico? Seguramente, aunque por supuesto imagino que eso no es un trabajo
sencillo en términos de costo. Y no tengo forma de saber lo que los profesionales
que trabajaron con ambos tigres evaluaron de su estado de convivencia, así que
no puedo decir si fue una evaluación incorrecta. En todo caso, no creo que por
este episodio se deba cuestionar la labor del Zoológico de Cali y lo mucho que
ha aportado en conservación a través de los años.
De
hecho, son sucesos como estos los que nos deben recordar que, si incluso
zoológicos con prestigio y actividades científicas pueden tener tropiezos
serios, con mayor razón se requiere hacer un gran trabajo en adaptar y adecuar aquellos
que en este momento no cumplen con las condiciones y regulaciones para poder trabajar
como centros de conservación. Como dije, es más lo que podemos conseguir trabajando
en proteger las especies en riesgo desde diferentes enfoques y metodologías que
pretendiendo suprimir algunos por completo, mucho menos sin entender plenamente
en qué consisten.
Quizás,
en un futuro ideal en el que hayamos podido rescatar y corregir el estado de
conservación de todas las especies de riesgo, podamos considerar la desaparición
de los zoológicos o su transformación en espacios naturales. Pero mientras ese
día llega –y, siendo realistas, es bastante lejano-, podemos aprovechar el
poder de estas instituciones no sólo para proteger tantos seres vivos, sino también
para que las personas puedan comprender y ser parte de su protección, y del papel
que podemos cumplir en ello.
Bibliografia consultada
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Gippoliti, S. 2011. Zoos and
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Resources
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Sistema
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de áreas protegidas. Parques Nacionales Naturales de Colombia. Disponible
en: https://old.parquesnacionales.gov.co/portal/es/sistema-de-parques-nacionales-naturales/categorias-de-areas-protegidas/.
Consultado
el 27 de agosto.
Spooner, S.L., Walker, S.L., Dowell,
S. & Moss, A. 2023. The value of zoos for species and society: The need for
a new model. Biological Conservation, 279: 109925. https://doi.org/10.1016/j.biocon.2023.109925
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