miércoles, 30 de mayo de 2018

Nacionalismo inútil (XXIII): el hastío de la insurgencia

“-[…] Estaba esa mierda de ‘el gobierno británico no hablará con terroristas’, pero los canales siempre estuvieron abiertos. Y en cuanto el I.R.A. se dio cuenta que las cosas nunca iban a cambiar, estaban listos para hablar también. Fueron listos, entraron al proceso de paz y se fueron tras el mejor trato que pudieron conseguir…
-Eres un puto bastardo cínico, ¿lo sabías?
-No más que tu tío Finn. Claro que yo no tuve que volarme la maldita cara para despertar. Pero si soy un cínico, ¿acaso es mucho mejor ser un creyente? ¿Acaso es tan grande el nunca rendirse, nunca comprometerse? ¿Cuando tantas partes de tu país se han convertido en un infierno? ¿Cuando tres mil personas han muerto por un carajo?
The Punisher MAX (2004), #11, “Cocina irlandesa: parte 5”.

Me disculpo nuevamente por estar tanto tiempo sin escribir nada, pero como supondrán las ocupaciones académicas, amén de cuestiones personales, me tienen alejado del teclado para el blog. Este es un tema más bien viejo, pero desde mi punto de vista es algo que vale la pena resaltar notablemente.

A comienzos de este mes, la organización terrorista nacionalista de origen vasco Euskadi Ta Askatasuna, conocida internacionalmente como ETA, anunció oficialmente su disolución, después de haber abandonado las armas en 2011. Aunque reconocieron haber dejado un legado de sufrimiento por más de 40 años, en la carta con la que hicieron pública su declaración no rinden perdón a las víctimas que han dejado a lo largo de los años, y reconocen que aún hay muchas diferencias entre el País Vasco y las naciones de España y Francia, ya que no han existido acuerdos entre el ETA y los gobiernos.

Tras el anuncio, en la página de Internet de BBC Mundo se publicó una nota con siete momentos clave de la historia del ETA para comprender sus orígenes, trayectoria y trascendencia en la memoria de los españoles. Puede palparse cómo, a pesar de tener un gran apoyo desde sus inicios por buena parte de la comunidad del País Vasco, a través de los años la situación política y la posición internacional de España, sumada a la creciente autonomía de los vascos y los delitos y atentados de la organización terrorista, hicieron que la población que supuestamente pretendían liberar rechazara sus actos con firmeza, al punto que incluso la parte de la izquierda abertzale (es decir, la izquierda nacionalista vasca) que en un principio apoyaba sus acciones terminaron por considerarlos un estorbo.

Ya en 2011 muchos vieron con escepticismo el anuncio de cese de actividades violentas del ETA. 

Si algo queda claro de la historia de ETA y de otros grupos insurgentes que ya mencionaré es que con el tiempo las acciones violentas terminan por generar repulsión no sólo de aquellos a quienes un grupo insurgente supuestamente combate, sino también de la población a la cual supuestamente quiere defender o liberar. Y esto es porque, en estas acciones, con frecuencia muchas víctimas de tales crímenes son precisamente de la población oprimida.

El terrorismo nacionalista es quizás la peor faceta de toda la noción sociopolítica esencialista del desarrollo de una identidad nacional propia. Ante la visión de que la independencia, autonomía y “pureza” de la nación son lo primero, es fácil justificar el uso continuo de la violencia. Y es igualmente fácil convencerse a sí mismo con la retórica de que las acciones realizadas son peldaños legítimos en pos de tal objetivo, y que el pueblo está en sintonía con la insurgencia. Y aunque ciertamente al principio suelen contar con el apoyo popular, con el tiempo el pueblo mismo terminar por pedir su desarme, encierro o incluso el total exterminio.

Otro caso similar, aunque más complejo que el de ETA, es el del IRA. El Ejército Republicano Irlandés no consiste en un solo movimiento, sino en diferentes organizaciones insurgentes nacidas a principios del siglo XX que buscan la unificación y completa independencia de Irlanda (por si alguno lo desconoce, Irlanda del Norte es parte del Reino Unido), aunque el término se puede rastrear incluso hacia finales del siglo XVIII. El primer grupo oficialmente reconocido del IRA (conocido ahora como el “viejo IRA”) luchó durante la Guerra de Independencia de Irlanda que ocurrió poco después de la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra se mantuvo activo rechazando el Tratado de 1921 hasta 1969, año en que se dividió en el OIRA (IRA Oficial) y el PIRA (IRA Provisional). El OIRA se desvaneció en otras insurgencias y/o partidos a principios de los 70, mientras que el PIRA continuó activo hasta el Acuerdo de Viernes Santo en 1998. Una parte de la organización que rechazó el acuerdo persiste como IRA Real o “Nuevo IRA” desde el 97, amén de otras milicias menores que han persistido desde las muchas escisiones que ha sufrido el IRA a lo largo de su historia. La verdad, la complejidad del conflicto republicano irlandés daría para toda una entrada propia.

Baste decir, por supuesto, que aunque el IRA gozó por mucho tiempo del apoyo popular, hubo un cambio importante en los 70 con la Masacre del Remembrance Day, donde una bomba mató a once personas, la mayoría civiles ancianos, y dejó a más de sesenta heridas en Enniskillen, Irlanda del Norte. Aunque el IRA se justificó diciendo que había sido un error, y que el objetivo eran los soldados británicos en el desfile, el atentado fue condenado por todas las facciones sociales, desencadenó el rechazo popular del IRA y el Sinn Féin (un partido republicano de izquierda que siempre ha sido señalado de vínculos con el IRA) y aumentó el apoyo a una solución diplomática del Conflicto de Irlanda del Norte. El escritor de cómics Garth Ennis, conocido por su sátira religiosa Predicador, y nacido en un pueblo cercano a Belfast en Irlanda del Norte, tuvo que crecer durante la parte más cruda del Conflicto, y ha aprovechado su trabajo en los cómics desde el inicio de su carrera para criticar no sólo la estupidez de las acciones y motivos del IRA y los republicanos irlandeses, sino también de aquellos que los apoyan sin haberlo experimentado de primera mano, y el inútil resultado de la lucha, como pueden ver en la cita al inicio de esta entrada.



Y si hablamos de luchas que se convirtieron en lastre para la gente, no hace falta más que mirar hacia nuestro continente y contemplar la historia de las guerrillas en Colombia. Si las FARC iniciaron como un grupo de campesinos e intelectuales descontentos con el fracaso del bipartidismo y la violencia que esto generaba, y la falta de políticas sociales y derechos, con el tiempo simplemente se convirtieron en un grupo terrorista que justificaba el narcotráfico, el secuestro y la extorsión con esos dichosos ideales. Y aunque no son propiamente nacionalistas, su discurso arcaico sobre el imperialismo yanqui y la influencia norteamericana en las decisiones políticas de Colombia (obviamente en el tema del narcotráfico y las ayudas para combatirlos) tuvo no poco peso sobre sus decisiones y acciones.

Del apoyo popular ni hablemos. Son pocos los que creen realmente en la lucha libertadora de las FARC, aparte de radicales de izquierda que creen que la culpa de todo es de Estados Unidos, una que otra organización estudiantil, o despistados que aún viven en la Guerra Fría y creen que toda guerrilla es noble y justa, como Oliver Stone. Los estrechos resultados del plebiscito, la desconfianza que despiertan figuras de la izquierda como Gustavo Petro (ya hablaré en la siguiente entrada sobre estas elecciones) y el apoyo a personajes oscuros como Álvaro Uribe y el extinto Carlos Castaño demuestran que en este país costará mucho perdonar los delitos cometidos por la insurgencia de las FARC, algo a lo que tampoco ayudaron en sus delirios de cruzados libertadores cuando respondían burlonamente que “quizás” estarían dispuestos a pedir perdón, o su completo cinismo al afirmar que no tenían un solo peso. Las reacciones generadas por algo tan simple como las palabras de Timoleón Jiménez al “ofrecer” perdón, y no pedirlo, son suficiente evidencia del desprecio que medio siglo de ideales obtusos ha generado en la gente.

Si eso ocurre con las FARC, ¿qué podemos decir del ELN que no haya mencionado ya hace unos meses? Estos en verdad se creyeron su propia fábula de lucha marxista mientras dinamitan puentes y aterrorizan a la población. Y cada vez que se sientan a dialogar en la mesa, usan la pausa entre combates para organizarse y escalar el conflicto. ¿A alguien le sorprende que el pueblo esté extrañando el regreso del Gran Colombiano, incluso a sabiendas de la corrupción, persecución y discriminación que eso conlleva?

Habrá excepciones, por supuesto, pero eso siempre es dependiente del contexto en que se enmarca el conflicto. Lo que quiero resaltar aquí es que muchas veces el fervor nacionalista de grupos insurgentes termina convirtiéndose en una falacia autocomplaciente, con la que justifican el sufrimiento y la muerte de civiles que casi siempre terminan por despreciarlos.

-¿Y ese es tu mensaje a la gente de Irlanda, no? ¿Eso es lo que nos dices, que renunciemos y nos rindamos?
-Oh, Jesús. La gente de Irlanda sigue adelante con su vida, pendejo.

P.D. Me alegra ver que después de un tiempo, el dibujante Matador decidió volver a las redes sociales después de las amenazas que había sufrido por parte de un seguidor del uribismo. Es muy bueno ver que decidió retomar el altavoz público, y desde ya reitero mi apoyo a su trabajo.

2 comentarios:

  1. Sin embargo, una guerrila que sí ha sido terriblemente sanguinaria (incluso peor que las FARC o el ELN, o incluso que el mencionado ETA) fue el Sendero Luminoso en el Perú (no suelo compararlos con el MRTA, que si era más moderado aunque igual de terrorista) o incluso el LRA de Uganda (aunque el caso de Africa si es bastante peliagudo).

    Pues respecto a lo de Irlanda (seguro ya conoces la canción Zombie de The Cranberries), si les ha ido bien y los dos bandos han demostrado voluntad de paz.

    Yo nunca justificaría la lucha armada (salvo ya casos puntuales), aunque si la entendería hasta cierto punto. Sin embargo, aquí se puede ver que objetivamente los paras han sido iguales o peores (pues la autora lo sustenta con cifras y datos), además la autora en ningún momento justifica las acciones de _ningún_ grupo https://laperorata.wordpress.com/2016/10/10/de-por-que-odiamos-a-las-farc-y-no-tanto-a-los-paras/ lo cual obviamente no quiere decir que uno aplauda los crímenes de las FARC y que no deba exigirseles rendir cuentas. Te asombraría sabe que he escuchado gente justificando masacres porque (supuestamente) eran o
    guerrillos o paras.

    Y bueno, así los grupos insurgentes que consideraría "rescatables" serían el EZLN y el M-19 (hasta cierto punto) http://noalcomunismonialcapitalismo.blogspot.com/2018/05/el-peronismo-y-el-m19.html

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro, pero no pretendía exponer solamente el problema de la crueldad de las insurgencias, sino su pretenciosa justificación con ideales nacionalistas. Sin embargo, creo que el sancocho de teorías comunistas de Sendero y el fundamentalismo religioso de LRA son muy equivalentes a lo que menciono aquí. Y sí, el caso de África es tan amplio que quizás daría para una serie de entradas por sí solo.

      Contemos con que las facciones en Irlanda realmente se comprometan con lo pactado (claro que conozco Zombie) y no ocurra otra división.

      A mí no me sorprende la forma en que la gente justifica masacres dependiendo de qué lado del espectro político eran las víctimas. Eso es tristemente común, porque para mucha gente no es tan obvio que la violencia extrema es injustificable. De ahí que aunque los paramilitares hayan igualado o incluso excedido en crueldad a la guerrilla, todavía haya mucha gente incluso lamentando la ausencia de Carlos Castaño, como hizo una vez ese repulsivo de Fernando Londoño. Si mantienes las condiciones de opresión y violencia sobre un pueblo, es muy fácil que terminen justificando las matanzas contra los violentos e incluso cualquiera que medianamente razone como ellos aunque aborrezca la violencia.

      Eliminar