domingo, 10 de septiembre de 2017

¿Responder a la violencia con violencia? No tan rápido…

El choque de manifestaciones y la subsecuente tragedia en Charlottesville dejaron en evidencia los extremos de los supremacistas blancos, dispuestos a chocar violentamente contra aquellos que marcharon contra sus ideales racistas, y la rastrera moral del presidente Trump (como si necesitáramos más pruebas de ello), al condenar tibia y tardíamente los desmanes en la ciudad, y acusar a los manifestantes de izquierda de haber sido igual de violentos a los ultraderechistas que los atacaron.

Curiosamente, como nunca falta gente de izquierda que en verdad cree que el fin justifica los medios, algunos progresistas han recurrido al argumento de que, dadas las dimensiones discriminadoras del discurso supremacista de la ultraderecha y su disposición a la violencia, hay legitimidad en recurrir igualmente a la violencia. Esto no es decir que efectivamente, como insinuó el torpe Trump, los manifestantes en Charlottesville fueron también violentos con la marcha supremacista, sino que en un futuro no se debe descartar emplear la fuerza bruta para hacerse sentir (destacando, por alguna razón, lo ocurrido hace unos meses, cuando alguien golpeó al reconocido supremacista Richard Spencer).

Peor aún, de alguna forma, decir que no se debe golpear nazis lo hace a uno apologista nazi. La verdad es que eso es una completa estupidez. Pero como decirlo de esa forma tampoco es precisamente constructivo, hay que destacar con ejemplos que el debate, el diálogo y sobre todo la interacción comprensiva pueden en muchos casos cambiar la visión de personas que antes manifestaban ideas discriminadoras. Para ello, aquí está la traducción de una nota en Internet que hace agudas observaciones al respecto (si quieren consultar otro artículo sobre este tema, aquí está una entrada de David en De Avanzada).

Gacetas de vida atea: cómo convertirse en un simpatizante nazi
Año: 2017
Autora: Godless Mom



Pasé ayer en la noche escuchando a Dan Arel en el podcast de Lalo Dagach. El tema de discusión era golpear nazis, el problema cómicamente surreal que parece tener dividida a la comunidad escéptica… todavía. Escuché después que noté que Matt Dilahunty había sido mencionado en la conversación al igual que Stephen Knight en el podcast Godless Spellchecker. Estaba concentrada tuit tras tuit y encontraba difícil filtrar el evidente sarcasmo y conectar las ideas que Dan estaba presentando, así que pensé en buscar una mejor fuente. Necesitaba dejar de oír al tipo, porque nada de lo que estaba diciendo en Twitter tenía algún sentido.

Debe decirse que Dan Arel es un hombre al que he admirado por un largo tiempo, cuyos libros son adiciones invaluables a la conversación atea y quien, estoy segura, ha introducido pensamiento lógico en las mentes de muchos. Cuando lancé la campaña para ayudar a liberar a Mubarak y mi sitio web colapsó con demasiado tráfico, él fue el primero en contactarme para ofrecerme ayuda. Es apasionado, comprometido y trabajador y siempre he sido una admiradora desde que me crucé por primera vez con él en Twitter.

Supongo que es por eso que es tan decepcionante. Estoy muy feliz de verlo mantener una opinión diferente a la mía en este tema, esta no es la parte que encuentro decepcionante. La parte que encuentro decepcionante es que, parecería, cualquiera que se le enfrente con mucha fuerza con opiniones opuestas está siendo etiquetado, por Dan, como un simpatizante nazi o “participando en directa apología nazi”. Incluyendo, ahora, Matt Dillahunty. Matt Dillahunty y la apología al nazismo son dos cosas que nunca habría pensado ver juntas. Jamás.

Así que escuché el podcast de Lalo y a los diez minutos me preguntaba en qué carajo me había metido. Tenía muchos problemas con casi todo lo que Dan dijo, pero un problema que resaltó fue cuando aclaró que los nazis a los que animaba a golpear eran nazis que claramente pedían genocidio y tenían una plataforma e influencia para llevar sus mensaje entre la gente. No golpeamos nazis sin plataforma, le aseguró a Lalo. No golpeamos a supremacistas blancos que no abogan por la limpieza étnica. Sólo le pegamos a nazis como Richard Spencer. Sólo golpeamos nazis populares.

Naturalmente, tuve que preguntarme por qué. ¿Qué fin se logra con esto? Dan ofreció que los nazis que son golpeados serán más cuidadosos al hablar en público. La cosa es que Richard Spencer, en su mundo post-puñetazo, no parece haberse detenido para nada. Claro, salió y dijo que se siente menos seguro hablando en público, ¿pero realmente nos creemos eso cuando ha lanzado un tour universitario de los Estados Unidos y ha estado en los encabezados más ahora que antes? No creo que el golpe haya logrado, ni lograra jamás, lo que Dan sugiere.

Creo que Dan está confundiendo su inflada satisfacción ante la idea de Spencer con la quijada rota con disuasión efectiva. La violencia nunca ha sido un efectivo disuasorio. Es por eso que los niños que son golpeados no mejoran su comportamiento; es por eso que entrenamos cachorritos con refuerzo positivo; es por eso que los estados con pena de muerte tienen mayores tasas de homicidio. Estamos en el 2017 y ya sabemos, ahora, que la violencia no es disuasoria.

Lo extraño es, Dan sabe esto, también. Escribió una pieza una vez –una que me animó mientras la leía- sobre el porqué Estados Unidos necesita abolir la pena de muerte, en la cual él mismo escribió,

La pena de muerte claramente no funciona.

Estoy de acuerdo de todo corazón, Dan. La pena de muerte no funciona, porque la violencia no funciona. No funciona para los niños. No funciona para tu schnauzer bebé y seguro como el carajo que no funciona para hombres como Richard Spencer, actualmente disfrutando el resplandor crepuscular de la publicidad post-puñetazo.

El asunto tras pensar lógicamente y apoyarse enormemente en la razón para informar mis opiniones, es que hay muchas cosas que sé que son verdad porque pueden demostrarse como tales. Uno de tales asuntos es que incluso el intolerante más desahuciado y detestable puede cambiar su mente. Sabemos que esto es verdad, porque podemos demostrar que ocurre repetidamente.

Tomen como ejemplo a Christian Picciolini, quien era el líder de una notable pandilla skinhead estadounidense a los 16, recorrió el mundo con una banda supremacista blanca llamada The Final Solution y cuyo plan y almacenamiento de armas fue tomado tan seriamente, que fue invitado a formar una alianza con Muammar Gaddafi con ese fin. No se equivoquen, este hombre buscaba limpieza étnica. Como dijo en sus propias palabras,

Odiaba a los negros, los judíos, los hispanos, los gays, los musulmanes, cualquiera que no fuera ‘blanco’ con casi cada gramo de mi ser… gente a la que animé a aniquilar… [gente] que me había propuesto borrar de la faz de la Tierra.

Aquí está un hombre que subió hasta la prominencia en el movimiento supremacista blanco; un hombre que tenía una plataforma e influencia; un hombre que abogaba por el genocidio de toda la gente no blanca en Estados Unidos y a lo largo del globo. Era, sin ahorrarse palabras, un completo monstruo.

Hoy, sin embargo, Christian Picciolini dirige la organización sin ánimo de lucro llamada Life After Hate. Él dice,

En 1996, decidí dejar el movimiento violento que ayudé a crear porque ya no podía reconciliar mi ideología y pensamientos detestables con la empatía que empecé a sentir y la compasión que empecé a recibir de quienes menos lo merecía –aquellos a los que previamente odiaba.

Él es ahora un vocal opositor del movimiento supremacista blanco y neonazi, con una plataforma incluso mayor a la que jamás tuvo antes. En su AMA en Reddit, respondió varias preguntas de actuales skinheads neonazis pidiéndole consejos en cómo alejarse del odioso estilo de vida. No sólo se pronuncia en contra de los grupos a los que alguna vez perteneció y el odio que alguna vez compartió, sino que ayuda activamente a otros a abandonarlo también.

Incluso los monstruos más detestables con plataformas e influencia significativas que ruegan por una limpieza étnica real y actúan hacia ese fin formando alianzas y colectando armas pueden cambiar sus ideas. Lo que es más, pueden convertirse en una voz poderosa afectando el cambio real contra estos movimientos de odio una vez que han liberado sus mentes.

Demostrable. Evidenciado. Probado.

Consideren, también, al ex líder supremacista blanco Arno Michaelis. Como Picciolini, Michaelis se convirtió en un líder en el movimiento supremacista a temprana edad. Expresaba su ideología de odio a través de actos reales de violencia. Él dice,

La violencia de cualquier tipo, sin importar cómo pueda ser racionalizada, es el pan del odio. Ponemos mostaza sobre esta mierda y nos la engullimos alegremente y pedimos más.

Sin embargo, también como Picciolini, Michaelis eventualmente dejó el movimiento citando la abrumadora compasión que nunca dejó de recibir por parte de aquellos a quienes profesaba odiar,

Mi vida cambió porque la gente demostró el valor y la paz interior necesarios para desafiar mi hostilidad en vez de reflejarla. Ellos no estaban sujetos a mis acciones, como la persona que golpeó a Spencer estaba sujeta a las suyas. Personas a las que clamaba odiar –un jefe judío, una supervisora lesbiana, compañeros de trabajo negros y latinos- rehusaron rebajarse a mi nivel, escogiendo en su lugar moldear la forma en que los seres humanos deberíamos tratarnos unos a otros.

Ahora, como Picciolini, trabaja con Life After Hate y un puñado de otras organizaciones sin ánimo de lucro que toman la vanguardia contra la propagación de la supremacía blanca y odio de cualquier tipo.

Otro hombre que podría haber sido descrito alguna vez como un monstruo, que también tenía una plataforma y de hecho se involucraba en violencia contra aquellos que despreciaba, cambió de ideas tan drásticamente que ahora lucha contra aquellos con quienes una vez se identificó.

Demostrable. Evidenciado. Probado.

Consideren a Daniel Gallant, el ex reclutador supremacista blanco aquí en Canadá, quien reclutó a un hombre que efectuó una detonación en Columbia Británica. Pasó un año dedicado a meterse en un ataque diario y enfocó su violencia sobre individuos de First Nations. Gallant ahora se pronuncia contra el neonazismo y la supremacía blanca debido a,

’Educación transformativa’, aceptación por comunidades compasivas y amorosas, participación en prácticas curativas Cree con ancianos cristianos y tradicionales a la vez, y enfocar su trabajo social en asistir a individuos de los mismos grupos que señalaba en el pasado.

Tomen a Shannon Martinez, que dejó atrás la supremacía blanca y ahora trabaja contra ella en Life After Hate. ¿Qué hay de Derek Black, nieto de David Duke, quien estaba ascendiendo públicamente a través de los rangos del nacionalismo blanco cuando las cenas shabbat semanales con diversos estudiantes en la universidad lo sacaron lentamente de la oscuridad del odio? ¿Qué tal Angela King, Tony McAleer y Brydon Widner? ¿Qué hay de Frank Meeink, Maxime Fiset y Felix Benneckenstein?

Todos estos hombres y mujeres, una vez neonazis y supremacistas blancos repudiables con plataformas y reconocidas comisiones o llamados a la violencia etnias que despreciaban; todos ellos cambiaron su mente a través de la compasión, la lógica, la razón y la empatía.

Gracias al extraño nichito en el que me he anidado en los tubos internos, conozco a mucha gente por Internet. Muchos de ellos han confesado que alguna vez fueron cristianos fundamentalistas homofóbicos. Algunos me han revelado que una vez creyeron, con todo su corazón, que los apóstatas eran malvados y merecían la tortura eterna. Unos pocos han discutido conmigo el hecho de que solían apoyar la idea de que los judíos debían ser borrados de la faz de la Tierra. Un hombre, en particular, me dijo en confianza que solía ser un racista, xenófobo, homofóbico y violento supremacista blanco amante de Jesús. Todas y cada una de estas personas con las que he tenido la fortuna de cruzar caminos han cambiado sus mentes. Diría que más de la mitad de mis seguidores en Twitter han cambiado sus opiniones; ideas horribles que resultaban en daño real a personas reales que eran expulsadas de su visión del mundo.

La cosa es, que ni una sola de las muchas miles de personas con las que me he conectado que mantenían visiones diferentes me ha dicho jamás,

“Sí, cambié mi mente porque alguien me pegó.”

Todos y cada uno de ellos cambió sus ideas con diferentes mezclas de razón, lógica, verdad, compasión y empatía.

Está más allá de duda alguna que las mentes pueden ser cambiadas. Hasta los más terroríficos entre nosotros pueden cambiar sus vidas y dedicar sus días a compensar por cada segundo de dolor que han causado. Sabemos que sin importar cuán odioso sea alguien ahora, es demostrablemente cierto que puede cambiar su mente. Los ex extremistas de los que hemos hablado en este post son evidencia demostrable, que vive y respira, de que el odio no es una cosa eterna. Puede ser derrotado y ha sido derrotado, repetidamente, una y otra vez, con la exposición no violenta a nuevas ideas.

Así que hay dos cosas que sabemos: la violencia no actúa como disuasorio, y las mentes pueden ser cambiadas con exposición a nuevas ideas.

Dadas estas verdades, si estás ahí de pie en la calle enfrentando a un neonazi influyente y bien apoyado que abogue vocalmente por el genocidio y escogiste golpearlo, sólo puede ser porque careces del armamento mental para abrir su mente. Si escoges la violencia ineficaz por encima de una conversación de mente abierta, sólo puede ser porque la habilidad de enfrentar el odio con lógica, razón y compasión (las cuales sabemos, por demostración, que son efectivas) te evade por completo.

Es eso, o que en realidad no te importa lo que es efectivo para reducir el número de nazis, y sólo estás lanzando tu puño por ahí para satisfacer tu ansia de violencia.

Digo, lo entiendo. Se siente bien pensar en golpear a alguien directo en la mandíbula mientras divagan sobre cosas atroces –yo misma encuentro difícil escuchar a alguien hablarme sobre lo “bueno” que ha hecho la Iglesia Católica y cuando lo hago, frecuentemente lo acompaño con un puño cerrado y tensando los músculos de los brazos. Oh, calar a ese apologista de la pederastia justo en la sien… ¿no se sentiría tan bien? Hay, sin embargo, una vasta diferencia entre dejar correr la fantasía en tu mente y traducirla a la acción. A veces, lo que imaginamos que se sentiría bien, no es lo correcto. No es la acción más efectiva a tomar. A veces, tienes que calmar tu sed de violencia para satisfacer la rabia y ver la situación desde el contexto de los hechos. Un puñetazo no detendrá el genocidio. Un puñetazo no cambiará tu mente. Un puñetazo sólo servirá para hacerte sentir santurrón. Si escogiste el golpe, estás ignorando voluntariamente lo que puede y ha sido demostrado ser una forma efectiva de encoger los números nazis, a favor de tu furiosa erección de venganza.

Tu manera mantendrá igual la población de nazis, pero con unos pocos raspones más. Mi manera reduce el número de nazis. Eres capaz de ambas, y escogiste la opción que mantiene el status quo.

Casi parece comprensivo para su causa, para mí… evitar, voluntariamente, eso que sabes causará que menos personas sean nazis. Dicho esto, si estuviera tan inclinada, podría llamar a aquellos que abogan por golpear nazis simpatizantes nazis. ¿Pero saben qué? No lo haré, porque no tengo evidencia de que sea verdad. Probablemente no te gusta el nazismo igual que a mí no me gusta el nazismo. Puedo entender tu deseo de golpear a traición a un matón odioso, pero ni tú golpeando, ni yo refrenándome de golpear y optando por un enfoque demostrablemente más efectivo nos hace a ambos simpatizantes nazis. De hecho, parecería que los dos, con diferentes opiniones de cómo lidiar con nazis, estamos del mismo maldito lado.

Así que por favor, discrepa conmigo. Por favor, dime cuánto quieres golpear a ese jodido nazi en la coronilla. No puedo prometer que no me reiré con la idea, así que adelante y quéjate de tu gancho de izquierda destructor de nazis.

Pero no me digas que simplemente porque me rehúso a hacer lo mismo y no creo que sea efectivo, simpatizo con el odio que ellos vomitan. No digas que cualquier otro que esté en desacuerdo con tu diplomacia sándwich de nudillos está “participando en directa apología nazi”.

Eso es pura deshonestidad y no hay uno solo de nosotros leyendo esto que no lo sepa.

2 comentarios:

  1. A propósito encontré esto de Miguel Civeira, alias Ego, en el que se habla de golpear nazis, no se que pienses al respecto https://www.facebook.com/MaikEgosumQuisum/photos/a.480736032004529.1073741830.166462546765214/1249826791762112/?type=3&theater

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    1. La verdad no sé ni qué opinar. Entiendo de hecho el comentario político dentro de ese cómic, porque eran muchos los que en esa época no veían a Hitler como una amenaza, y que era necesario enfrentarse a su violencia directa contra las minorías. Aunque no veo cómo eso justifica realmente golpear a los nazis de hoy.

      Por otro lado, Ego fue, de hecho, quien publicó primero la nota que estoy traduciendo en esta entrada, así que al menos sabe que hay extremos a los que no se pueden llegar, y son esos de equiparar a los que se oponen a enfrentar a los fascistas de forma violenta con los mismos fascistas.

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