miércoles, 20 de abril de 2016

Podemos ser más que Gabo y Vallejo

Les voy a ser sincero: desde el fin de semana, estos días han sido bastante duros. Fuera del casi gracioso episodio de bloqueo de mi última entrada en Facebook -que desafortunadamente afectó a otros compañeros en las páginas donde publico-, he tenido una seguidilla de problemas familiares y personales que me tienen mental y emocionalmente devastado. Patada tras patada, realmente ha sido la peor semana que he tenido en mucho tiempo. Mentiría si dijera que lo solucionaré pronto, aunque lo cierto es que encuentro algo de alivio en las cosas que hago. Y una de esas, que me ha ayudado mucho, es que desde inicios del mes pasado he estado leyendo la saga de Mundodisco.

Mundodisco, para quienes lo desconocen, es una saga de libros de fantasía cómica del gran autor británico Terry Pratchett. A través de cuarenta y un tomos, se nos presenta la historia de los habitantes del Mundodisco, un planeta plano sostenido por cuatro elefantes sostenidos a su vez por una tortuga gigante que se desplaza lentamente a través del Universo. Las historias pueden leerse de forma independiente, o agrupadas en diferentes sagas, de acuerdo con la relevancia de sus muchos protagonistas. El torpe mago Rincewind y los hechiceros de la Universidad Invisible; la Muerte y su nieta, Susan Sto Helit; la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork, con personajes como el simple y efectivo Zanahoria, el capitán Vimes o un guardia tan horrible que tiene que presentar constantemente sus papeles para demostrar que es humano; Yaya Ceravieja y las brujas del aquelarre de Lancre; Tiffany Dolorido y los Nac Mac Feegle… Hay muchos donde escoger, y todos son excelentes personajes a su manera.


Empecé a leer la saga al recordar que se acercaba el aniversario de fallecimiento de Pratchett (marzo 12), con el propósito de completarla este año (con excepción del último libro, La corona del pastor, que apenas fue publicado en español ese mismo mes), y hasta el momento llevo diecisiete libros. Debo admitir que son trabajos que te atrapan, y realmente hay momentos en que las parodias, los chistes y las frases sarcásticas de los personajes me hacen retorcerme de risa.

Y parte de lo que me motiva a escribir esta entrada (además de ser una terapia improvisada) es que, mientras profundizaba en la lectura de las novelas, me di cuenta que es poco o nada lo que la literatura colombiana tiene para ofrecer en el área fantástica. De hecho, fuera del costumbrismo, el realismo mágico o la literatura narco, ¡realmente la prosa de nuestro país es muy poco diversa!

Hace poco, el Pequeño Hereje (o mejor dicho, Javier) publicó una nota sobre la similitud entre el tratamiento despreciativo hacia la ciencia en nuestro país y la literatura de ciencia ficción, planteando cómo el estado de una influye en el desarrollo de la otra. Es sabido para los que aprecian la lectura que la ciencia ficción en Colombia es un género poco trabajado. Y profundizando, me doy cuenta que en realidad, hay muchos más géneros, como la fantasía, la fantasía oscura o el terror, que no han sido muy abordados por los escritores del país hasta años recientes. Siendo realistas, como comentaba en el párrafo anterior, la literatura en nuestro país se enfoca principalmente en poesía, novelas costumbristas o de realismo mágico, literatura narco, y por supuesto textos de literatura periodística (en ocasiones más novelesca que realista) y de humor que deben destacarse. Y ciertamente, la poca diversidad suele ser indicador de mediocridad.

No se asuste, amigo lector: no estoy diciendo que las obras literarias de nuestro país sean mediocres; es el rango de géneros abarcados lo que es mediocre. A decir verdad, me gustan algunas obras de Gabo -si bien es casi seguro que gran parte de su fanbase se debe a que ganó el Nobel, y no por una intención seria de apreciar su trabajo-, y me llamó bastante la atención Opio en las nubes, a pesar de su aire posmoderno (aún hoy a veces me confunde lo que intenta narrar). Pero admitámoslo, a veces uno no puede evitar pensar: ¿realmente eso es todo lo que puede ofrecer nuestra literatura? ¿De verdad la obra nacional sólo es equivalente a autores como Vallejo, García Márquez o Gonzalo Arango? ¿Dónde está nuestro Ray Bradbury, nuestro Julio Verne, nuestro George Orwell, nuestro Terry Pratchett, nuestro Neil Gaiman, nuestro Clive Barker, nuestro Stephen King?


Siempre es curioso pensar por qué parece haber tanta reticencia a explorar todas estas ramas de ficción. No es que no se haya hecho: Javier da varios ejemplos de trabajos de ciencia ficción, y en este enlace puede ver seis obras de terror creadas por colombianos. No obstante, es muy evidente que nos mantenemos muy aferrados especialmente al costumbrismo colombiano, a lo que sentimos como autóctono, y tristemente la violencia es parte de ello. Tal como se explica en el enlace anterior, estamos tan acostumbrados al miedo y la angustia por culpa del conflicto armado y los crímenes en la ciudad que no hemos necesitado monstruos en la literatura para producirnos desasosiego; sólo representar dicho conflicto nos basta. Y ciertamente, es una realidad tan cotidiana que ya no vemos necesidad de escapar a otros mundos para relajarnos: simplemente, hemos cultivado una indiferencia ante ello. Quizás esta sea la razón por la cual el terror y la fantasía han sido poco explorados en nuestra literatura.

Por supuesto, esto está cambiando. Como hemos visto en ejemplos anteriores, hay varios autores que se han atrevido a incursionar en géneros de ficción con poca tradición en la literatura colombiana. Son cambios lentos, pero es posible que en unos años podamos ver a grandes genios del terror, y encontremos páginas describiendo las utopías que Javier añora.

Espero que esta corta reflexión le sea de interés a algunos. Si a alguno le parece un sinsentido, pues de momento es lo que puedo hacer. Espero de verdad superar mi estado actual en poco tiempo, y mientras continuaré leyendo las historias que ocurren en el Mundodisco. Buenas tardes.

2 comentarios:

  1. Hola ¿como te parece Mario Mendoza, Jorge Zalamea, Gonzalo Arango o Soto Aparicio?. Sobre todo el primero como aporte nacional a la novela de thriller y misterio (los tres primeros como que son más de tu temática, es decir, thriller, sátira, crñitica, misterio), para salir un poco del tradicional "realismo mágico". No se si los conozcas, sobre todo a Mendoza. De ser así ¿como te parece?

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    1. No puedo decir que los haya leído mucho, en realidad, especialmente a Zalamea, del que menos he escuchado. De Mendoza vi la adaptación de Satanás y me gustó mucho, aunque sé que le cambiaron cosas, y tengo buenas referencias de su trabajo de misterio. De Soto Aparicio he escuchado referencias de La rebelión de las ratas, y no son tan buenas. De Arango conozco su poesía, pero en general no me gusta mucho (aunque lo admito, aparte de Baudelaire y Barba Jacob, no tengo precisamente ojo crítico para la poesía).

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