miércoles, 6 de abril de 2016

Derecha amnésica, izquierda pendeja

Como mis compatriotas colombianos saben, el pasado sábado 2 de abril ese esperpento político mal llamado “Centro Democrático” decidió salir a marchar junto con las personas que apoyan la ideología de nuestro querido Gran Colombiano, en rechazo a las actuales negociaciones que el gobierno de Juan Manuel Santos adelanta con las FARC, además de distintos problemas críticos que enfrenta el país, como un aparentemente inminente racionamiento de energía, el fenómeno del Niño, el aumento del IVA y similares. Si bien no marcharon los millones que ostentosamente pregonaban Alfredo Rangel y Samuel Hoyos, lo cierto es que el movimiento fue importante en las grandes capitales del país (por suerte, no así en Santa Marta), y dejó un par de reflexiones a partir de las acciones de los protestantes, y de aquellos en contra pero que no saben pensar.

Foto de Pablo Andrés Monsalve, SEMANA.

Empecemos por todos los que apoyan a Uribe y salieron a protestar contra el gobierno de Santos. Es gracioso que muchos de ellos sufren de un maravilloso y conveniente Alzheimer, ya que gran parte de las problemáticas que hoy enfrenta el país son heredadas de los ocho años de gobierno de su mesías, y sobre las cuales, hay que admitirlo, Santos tomó muy pésimas decisiones.

¿Hablan del aumento del IVA hasta un 18%, y que con el salario de hoy es abusivo ese impuesto? Bueno, recordemos que fue él quien aumentó el IVA de un 8 a un 16%, eliminó la prima de junio, las primas de antigüedad, aumentó la edad de pensión y el número de semanas de cotización para la pensión. Creo que debería ser a otro al que deberían criticar.

¿La salud está en crisis? Adivinen quién fue el promotor de la nefasta Ley 100 en el país mientras fue senador. ¿Santos nos tiene en una grave crisis energética con la venta de ISAGEN? Si fue Uribe quien empezó a vender todo el gas natural a otros países, material con el cual se habría podido resarcir gran parte de la crisis de hoy (ISAGEN no es la causa de la crisis, pero sí puede tener un impacto en ella), sin mencionar que bastantes empresas públicas fueron privatizadas durante su mandato.

¿Los miembros de Centro Democrático y los “buenos muchachos de Uribe” sufren de persecución política? Dudo seriamente que el partido colombiano que actualmente tiene el mayor número de miembros investigados por las autoridades pueda realmente presumir de inocencia. Por otro lado, ¿saben en qué momento sí hubo persecución política al interceptar las comunicaciones de miembros de la oposición, magistrados y periodistas? Durante el gobierno de cierto presidente. Les doy una pista: el apellido empieza por U y termina por ribe.

¿Paz sin impunidad? ¿Es en serio? Quizás necesiten revisar un poco nuestro pasado reciente, para que recuerden cosas como los acuerdos de paz que realizó Uribe con los paramilitares, que culminó con, entre muchas otras cosas, el mayor número de víctimas por conflicto armado, la desmovilización falsa de un bloque de las AUC, la creación de la Bacrim, y ese proyecto atroz llamado Seguridad Democrática que propició los cientos de ejecuciones extrajudiciales que José Obdulio bautizó eufemísticamente como falsos positivos. ¿Ahora se quejan de regalarle el país a los terroristas?

Y no es que yo esté diciendo que no se puede o se debe protestar contra las malas decisiones de Santos, o contra las negociaciones en la Habana, porque sí se puede. Hay razones válidas para ello, y lo dice alguien que sin ser santista está de acuerdo con los diálogos de cese de armas de las FARC -no digamos de paz, porque para eso se necesitan muchas cosas-: hay muchos inconvenientes y decisiones cuestionables en la mesa de negociación. Ustedes, lectores uribistas (si es que de verdad hay alguno que se atreva a leer una crítica), tienen tanto derecho a existir y protestar como cualquier colombiano. No obstante, y permitiéndome un poco de rudeza, debo citar a Drossrotzank: agarren un trozo de papel higiénico y límpiense la boca antes de usar palabras como moral o frases como “paz sin impunidad” ya que, teniendo en cuenta todos los desastres que lleva su líder y pretendido salvador a cuestas, no tienen ni potestad ni uso de ninguna de estas cosas.

Ahora, si los derechistas descarados apoyan ciegamente a Uribe y su grupo de “honorables seguidores”, la gente de izquierda critica ciegamente a cualquiera. Internet dejó un par de ejemplos vergonzosos que comparto a continuación. El primero es más bien personal, y vino de parte de una amiga que publicó como estado el comentario de una vecina a favor de la marcha. Un tipo particularmente enérgico publicó como respuesta lo siguiente:


No creo que se necesite gran comprensión lectora o de las reglas de gramática para darse cuenta que ese estado es una cita y no una opinión personal. Por supuesto, más de uno le hizo ver su error, pero el tipo aparentemente se hizo el loco o el orgulloso, y no tuvo el valor de admitir que se había equivocado. Mi amiga fue, de hecho, un poco más directa:



Hay un tipo particular de izquierdista en Facebook, y es ese que quiere presumir de intelectual y gran pensador crítico atacando cualquier estado que vea como aparente apoyo a la derecha, utilizando más el hígado y la ira que los sesos y la razón, por lo que a menudo ignora que dicho estado puede ser una frase sarcástica o una cita, y por ende termina quedando en ridículo. El sujeto del estado anterior es, precisamente, un ejemplo de ello. Es muy negativo que estos ejemplos sean tan abundantes en las redes sociales, porque es un diagnóstico de la decadencia de la izquierda juvenil.

En un caso más general, el ex alcalde Gustavo Petro compartió en Twitter una imagen de una joven supuestamente asesinada en Córdoba por los paramilitares, como consecuencia del paro armado promulgado por el Clan Úsuga el pasado primero de abril en varios departamentos de la Costa Caribe. Casi de inmediato, otras personas le indicaron que la imagen no correspondía a un muerto, sino a una estudiante de criminalística que hacía parte de un ejercicio. Al poco tiempo el político borró el tuit, pero no se molestó siquiera en disculparse.

Mismo principio del pseudointelectual del ejemplo anterior, y en caso de Petro es mucho más irresponsable, pues se trata de una personalidad política con muchos seguidores que realmente creen en todo lo que publica. Aquí ocurrió una de dos cosas: o el ex alcalde publicó a propósito la imagen como un falso homicidio para criticar la pobre protección que otorga el Estado a sus ciudadanos; o alguien se la pasó con la información de que era un crimen, y él la publicó sin verificar si era cierto. Cualquiera de los dos casos es terrible, pues dejan muy mal parada su imagen de pensador incólume, y en cambio refuerza la noción bien fundamentada de que no es más que una molécula especular de Uribe: dogmático, descuidado, con más hígado que sentido común, e incapaz de reconocer cuando se ha equivocado, especialmente en un episodio tan serio como este.

Como mencioné antes, hay muchas cosas que criticar del actual gobierno, de las decisiones que nos han afectado, y de la forma y concesiones que se están dando en la Habana. De hecho, que a estas alturas de la vida se presente un paro armado en varios departamentos del país es algo sumamente criticable, y un ejemplo de cómo los diálogos con las FARC no son la paz. Sin embargo, no podemos dejarnos abrumar por las emociones y la indignación, y empezar a seguir a líderes inmundos o criticando sin raciocinio. Es necesario que empecemos a desescalar la polarización que enfrenta gran parte de la población si realmente pretendemos que este país alcance la paz.

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