martes, 27 de octubre de 2015

¿Se debe poner toque de queda en Halloween?

Como muchos ya sabemos, este sábado será Noche de Brujas, o como es conocido originalmente, Halloween. Una fecha que, como muchas, está envuelta de polémicas por parte de los típicos derechistas religiosos que creen que usando el miedo pueden conseguir que todos se comporten de acuerdo a sus principios, y de los izquierdistas religiosos que condenan toda intromisión cultural extranjera, como si sus propias costumbres (y eso incluye su nacionalismo) fueran las más indígenas y autóctonas. Ambas conductas ya fueron rebatidas antes en este espacio.


Pero no es de eso de lo que voy a hablar hoy. Podría repetir mil veces mis explicaciones, y aquellos que son duros de oído -y de mente- seguirán sin cambiar sus posturas ideológicas. Busco llegar a los otros, a los que están dispuestos a escuchar y confrontar sus propias creencias: ellos leerán detenidamente esas discusiones. Lo que quiero analizar hoy es una prohibición que suele levantarse en festividades como esta, que se han transformado principalmente en días de diversión infantil: el toque de queda.

Los toques de queda en Halloween no son una novedad, pues en varias ciudades del país se han realizado antes. El motivo, por supuesto, es de garantizar la seguridad y el bienestar de los menores de edad. Parece loable, pero no deja de haber ciertos cuestionamientos. Es decir, si todas las noches cualquier niño puede estar en peligro, ¿por qué sería Halloween diferente?

Bien, podría alegarse que en esta noche en particular, los niños salen más al descampado y en mayor cantidad, algunos sin supervisión de sus padres. Y, por supuesto, siempre están los temores raros de que estas fechas son escogidas por sectas satánicas para realizar rituales extraños que podrían involucrar niños, o que simplemente los matan en este día. Rumores todos, por supuesto, que muchos repiten, pero que en realidad nadie ha podido confirmar nunca -y considerando que dichos rumores vienen de la derecha cristiana, son puramente una farsa-.

¡Pero bueno! Dijimos que no discutiríamos sobre temas religiosos o nacionalistas. El punto es: ¿es necesario un toque de queda para los niños en Halloween?

Si lo vemos desde una perspectiva pragmática, el toque de queda no es una mala idea. En realidad, no es raro que una persona razonable se pregunte qué rayos haría un preadolescente en la calle, digamos, pasadas las diez de la noche. A esa hora ya sería muy raro salir a pedir dulces, y la mayoría de las fiestas para chicos de esa edad ya deberían haber terminado. Es un poco pernicioso, pues, que algún niño pretenda salir a esa hora.


Sí, suena paternalista, pero muchos de los que dicen esto no suelen tener ni idea de lo que es criar niños (como en realidad, tampoco la tengo yo), y por mucho que uno quiera que el Estado permita la libertad a sus ciudadanos para llevar sus vidas, también está obligado a garantizar su protección. Es por ello que esta medida, aunque restrictiva, se siente como algo bueno. Y a su vez, es la razón por la cual no debería ser necesaria.

¿Me explico? Trick ‘r Treat. ¿La conocen? Una película antológica de terror del 2007 (muy recomendada, por cierto), donde varias historias terminan entrecruzándose durante la noche de Halloween. En una de las historias, un grupo de chicos salen disfrazados a altas horas de la noche no sólo a la calle, ¡sino a una vieja cantera abandonada! Y sin un solo adulto vigilándolos o siquiera deteniéndolos para preguntarles a dónde se dirigían. Claro, podría alegarse que era más bien un pueblo pequeño donde seguramente casi todos se conocen, y los chicos no eran precisamente menores de diez años, ¡pero ellos viajan solos a una cantera oscura, junto a un lago!


Esa historia me hizo caer en cuenta de algo que es muy frecuente de observar en otras películas o series donde Halloween es representado: los niños salen solos. Y a horas en las que se supone que no deberían tener nada qué hacer. Y no les ocurre nada. Parece algo muy normal en países como Estados Unidos. ¿Por qué pasa esto? No es como si es Estados Unidos no ocurrieran crímenes contra menores de edad, claro que los hay. ¿Cuál es, entonces, la diferencia? ¿Por qué nosotros somos tan temerosos de dejarlos salir incluso acompañados con gente responsable, y en cambio ellos les permiten deambular solos?

Dos cosas: educación y protección. Obviamente, dado que Halloween lleva mucho más tiempo en Estados Unidos, las familias tienen una mayor tradición al respecto, y conocen bien las indicaciones que deben darles a sus hijos sobre cómo evitar problemas esa noche: andar en grupos grandes (si es posible con un adulto, claro), por qué calles deben ir, cómo reaccionar ante extraños en la calle… Aquí, aunque todos los años se repiten las mismas indicaciones, se siguen proponiendo toques de queda. Pero, vamos, si algunos padres no tienen la disposición siquiera de acompañar a sus hijos a pedir dulces, entonces es un poco descarado de su parte pedir que no los dejen salir después de cierto tiempo.

Por otro lado, la idea de que haya niños caminando tranquilamente muy tarde en la noche sin protección de sus padres también indica otra cosa: que la Policía cumple bien con su trabajo. Es claro que un padre de familia se sentiría más aliviado de que sus hijos salgan a esas horas si está seguro de la eficacia de los policías en la calle. Y que en Colombia este cuerpo del orden público sea tan criticado a la hora de cumplir su labor no siempre se debe a que al parecer no son suficientes, como podrían pensar algunos, sino a que los miembros presentes no siempre son lo bastante competentes. ¿Por qué no empezar por mejorar esto, antes de empezar a soltar restricciones a diestra y siniestra?

Es lo que quería compartir este año con respecto a Halloween. Como siempre, aquellos que tengan desacuerdos con lo mencionado en esta entrada pueden tomarse un momento a reflexionar. Antes de buscar prohibir algunas actividades infantiles, por nobles que sean nuestros propósitos, quizás deberíamos intentar educarlos primero sobre su seguridad, y asegurar que aquellos encargados de velar por su integridad sean realmente aptos para desempeñar tal labor.

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